Los Alamos National Laboratory

 

En 1942, un grupo de científicos, ingenieros y técnicos liderados por J. Robert Oppenheimer, profesor de física de la Universidad de California (UC) en Berkeley, llegaron a Los Alamos para iniciar el proyecto Manhattan, la misión secreta para desarrollar la bomba atómica. Los Alamos era una pequeña localidad situada a unos 55 km de Santa Fe, Nuevo México, la histórica ciudad fundada por los españoles en 1610. Está situado en un altiplano a unos 2.200 m de altura, desde donde se ven las Sangre de Cristo Mountains, así llamadas por el brillante resplandor rojo que muestran en algunos atardeceres de invierno desde una altura de 3.900 m. Este lugar bellísimo y remoto fue escogido por razones de seguridad.

A partir de 1943, UC se hizo cargo de la gestión del laboratorio por encargo del Gobierno Federal; esta gestión ha durado ya 60 años. En la actualidad, el laboratorio sigue teniendo una misión esencial en la defensa nacional,  pero se ha convertido también en un gran laboratorio multidisciplinar que se distingue, entre otras cosas, por disponer de superordenadores extraordinariamente potentes con los que está jugando un papel importante en el desarrollo del mapa del genoma humano y de otros organismos vivos.

En Los Alamos trabajan 7.500 empleados de UC y unos 3.000 empleados de empresas contratistas. El presupuesto anual es de unos $2.000 millones, y es sufragado enteramente por el Gobierno Federal. El personal técnico del laboratorio está integrado por físicos (1/3), ingenieros (1/4), químicos y especialistas en materiales (1/6), y el resto por matemáticos e informáticos, biólogos, geólogos y otros profesionales. Los Alamos es un centro de excelencia que atrae a científicos y estudiantes de todo el mundo, los cuales visitan el laboratorio para participar en proyectos científicos concretos. El personal técnico coopera con industrias y universidades en investigación básica y aplicada.

 

Objetivos. Antes de entrar en materia, es importante señalar que Los Alamos realiza actividades enmarcadas en programas concretos de interés nacional, es decir, su misión principal es llevar a cabo investigación aplicada a la solución de problemas nacionales. Como continuamente surgen problemas nuevos, sobre todo en la defensa nacional, las áreas de investigación tienen que cambiarse también dinámicamente. 

 

Defensa nacional. Durante la época de la guerra fría, los programas de defensa estaban orientados al diseño, desarrollo y pruebas de armas nucleares. Como consecuencia del Tratado de Prohibición Total de Pruebas Nucleares, firmado en 1996 por la mayoría de los países,[1] hay una moratoria en la realización de pruebas nucleares y, de hecho, en el diseño de nuevas bombas. La misión principal en el ámbito de la defensa es ahora el mantenimiento del stock de armas nucleares, con el fin de asegurar, sin realizar pruebas, que sigan operativas a pesar del paso de los años. Este mantenimiento no se limita a almacenar las bombas en un lugar “seco y fresco” y a cerrar la puerta con llave, sino que requiere una serie de operaciones delicadas y complejas para garantizar su operatividad y seguridad. Estas últimas son afectadas negativamente por los efectos de la radiación emitida por el plutonio,[2] la cual causa la creación de burbujas de helio que deben ser eliminadas periódicamente. Otro problema es determinar cual será el estado del plutonio dentro de 10-50 años. Para lograr este fin, se han desarrollado técnicas para “mezclar” el plutonio 239 usado en las bombas con cantidades pequeñas de plutonio 238; este último isótopo es mucho más radiactivo y  produce un deterioro más rápido de la mezcla. Esto permite que en un plazo breve, como 4-5 años, la mezcla de los dos isótopos de plutonio exhiba el mismo deterioro que sufrirá el plutonio 239 de las bombas dentro de 50-60 años. Además, un componente esencial de las bombas de hidrógeno es el tritio, un isótopo radiactivo del hidrógeno con una vida media de 12,5 años, lo que quiere decir que la mitad de él se desintegra en ese tiempo y tiene que ser repuesto.

Con sus superordenadores, el laboratorio ha desarrollado a lo largo de los años unos programas de simulación extraordinariamente potentes, con los que se pueden medir y visualizar con bastante detalle explosiones nucleares virtuales. Esta visualización se lleva a cabo en dispositivos gráficos de tres dimensiones. La cuestión perenne con los programas de simulación es en qué medida son una representación fiel del mundo físico real. Estas cuestiones se investigan mediante la comparación de los resultados de los experimentos numéricos virtuales con los resultados de experimentos físicos reales, diseñados y realizados con este fin. Estos experimentos físicos permiten la verificación del funcionamiento de ciertos componentes, pero excluyen naturalmente las explosiones nucleares.

Con el fin de la guerra fría y de la Unión Soviética, los Estados Unidos y Rusia han acordado reducir sus arsenales nucleares a 3.500 bombas cada uno, a partir de un stock anterior aproximado de 30.000 bombas por país,  un número suficiente para destruir varias veces la vida en la tierra. Esto ha dejado en herencia un problema inmenso: ¿cómo se dispone de las toneladas de plutonio en el interior de decenas de miles de bombas? Ambos países han firmado un acuerdo para “desmontar” 50 toneladas de plutonio cada uno. Este proceso consiste primero en extraer el plutonio fisible de las bombas, luego se  transforma en óxido de plutonio (no apto para bombas) y finalmente se encapsula para su almacenamiento perpetuo. Esto requiere el desarrollo y puesta en práctica de nuevas y complejas tecnologías, cuyo coste es muy elevado. Con el descalabro económico de Rusia, la financiación de este programa corre a cargo de los Estados Unidos y su realización se lleva a cabo en Los Alamos, el cual colabora estrechamente con los laboratorios nucleares rusos.[3] Esta cooperación es vital para la seguridad global.

También se ha firmado entre los dos países un acuerdo denominado “Iniciativa de las Ciudades Nucleares”, cuyo fin es facilitar la transformación y reducción de las infraestructuras nucleares rusas y crear empleos no militares para los trabajadores nucleares rusos desplazados.

Después del 11 de septiembre, Los Alamos y Livermore[4] han iniciado nuevos programas orientados a la defensa interior y a la lucha contra el terrorismo. Un ejemplo de estas actividades es el desarrollo de una nueva herramienta basada en el uso del sonido con la que se pueden identificar los fluidos en el interior de recipientes cerrados; esto permite descubrir la presencia de armas químicas.

En 1998, se ha creado una nueva Dirección de Reducción de Amenazas, para ocuparse de las nuevas amenazas que presentan las armas de destrucción masiva, tanto nucleares, como biológicas y químicas. Esta es ciertamente una actividad necesaria de defensa nacional, pero no es suficiente para  contrarrestar completamente dichas amenazas, ya que las medidas políticas son también esenciales.

Recientemente, el inversor más famoso de Estados Unidos, Warren Buffet, ha expresado su convencimiento de que es una certeza que una bomba nuclear terrorista estallará en Norteamérica. En sus propias palabras: “Es inevitable. No veo ninguna posibilidad de que esto no suceda. Pero podemos reducir las probabilidades...”[5]

El holding de Buffet, Berkshire Hathaway, tiene uno de los grupos de seguros y reaseguros más grandes del mundo. Tuvo que hacer frente a unos pagos de $2.000 millones como consecuencia del 11 de septiembre. Sus declaraciones sobre la bomba las hizo para pedir al Gobierno que estableciera un seguro federal contra el terrorismo, ya que un ataque nuclear causaría la bancarrota de toda la industria de seguros.

Se puede hacer una cuantificación de este riesgo utilizando algunos conceptos del cálculo de probabilidades. Suponemos que el ataque hipotético será llevado a cabo por terroristas suicidas que introducen una bomba nuclear portátil. Definimos un ataque nuclear como el intento de introducir la bomba y de hacerla explotar. Si se produce un ataque por año y si la probabilidad de éxito es del 1%, esto significa que son necesarios un promedio de 100 ataques para que la bomba estalle; dicho de otro modo, debe transcurrir un promedio de 100 años, antes de que se produzca la hecatombe. Si aumentamos la probabilidad de éxito de un ataque al 3%, entonces sólo debe transcurrir un promedio de 33 años antes de la hecatombe. Si la probabilidad aumenta al 6%, el promedio de años transcurridos antes de la hecatombe sería 17.

Los Alamos ha creado también un Centro Nacional para la Simulación y Análisis de Infraestructuras, cuya función es aplicar técnicas de modelación y simulación para analizar infraestructuras grandes y complejas, y determinar los efectos de posibles ataques terroristas sobre las mismas.

 

Investigación no militar. Históricamente, Los Alamos y Livermore han tenido siempre una gran prominencia en la supercomputación orientada a la solución de problemas físicos y de simulación. Una de las revistas de computación científica de mayor difusión mundial, Journal of Computational Physics, fue creada y editada inicialmente en Livermore antes de ser transferida a Academic Press-Elsevier. Es esta prominencia en supercomputación, lo que ha conducido al Departamento de Energía del Gobierno Federal  a crear una asociación, Joint Genome Institute, entre los tres laboratorios nacionales gestionados por UC (Los Alamos, Livermore y Berkeley[6]). La misión del nuevo instituto con sede en Walnut Creek, casi equidistante entre Livermore y Berkeley, es desarrollar y explotar las nuevas tecnologías de secuenciación del genoma y de computación para descubrir y caracterizar los principios básicos de la organización, función y evolución de los seres vivos. El Departamento de Energía espera que los resultados obtenidos en este instituto tendrán aplicación en sus programas en el campo de la energía y del medio ambiente.

Las áreas más avanzadas de investigación en Los Alamos se engloban bajo el título de “investigación estratégica”, e incluyen las siguientes: química, energía y medio ambiente, supercomputación, ciencia de materiales, nanociencia, seguridad nacional, física, ciencia cuántica y ciencia espacial. En todas estas áreas de investigación se persiguen, no obstante, objetivos aplicados.

Por ejemplo, los principios de la mecánica cuántica se están aplicando para desarrollar “claves cuánticas” (grupos de fotones) que garanticen la seguridad de las comunicaciones. Estas claves se basan en las leyes cuánticas naturales que gobiernan el comportamiento de los fotones. El hecho mismo de la observación de la clave fotónica por un intruso causaría su destrucción, por lo que su descodificación es teóricamente imposible.

En el área de energía y medio ambiente, se está iniciando un programa de investigación y desarrollo para atacar el problema inmenso de los residuos resultantes de las centrales nucleares de fisión. En la actualidad, existe en Estado Unidos un inventario de 40.000 toneladas de residuos radiactivos, y cuando las aproximadamente 100 centrales nucleares americanas hayan terminado su vida útil, el inventario ascenderá a 100.000 toneladas. Si este material altamente radiactivo se almacena en un depósito geológico, seguirá constituyendo un peligro después de 1 millón de años, tanto por su propia radiación como por su contenido en plutonio que puede ser utilizado para hacer bombas. Los Alamos, junto con otros laboratorios nacionales, está poniendo a punto un programa denominado Transmutación de Residuos, para el tratamiento de los residuos en aceleradores o en reactores nucleares, con el fin de transmutar los isótopos radiactivos de vida larga en otros de vida más corta. Los objetivos son reducir la radiación de los residuos por factores de hasta 10.000, y naturalmente transmutar el plutonio de uso militar en otros isótopos.

Otra área de investigación aplicada con un enorme potencial es la de las células de combustible, en la que Los Alamos ha estado trabajando durante más de 20 años. Las células de combustible pueden producir electricidad y calor a partir del hidrógeno, del gas natural, de productos del petróleo, y de gases derivados del carbón y de la biomasa. La característica excepcional de las células de combustible es que usan los combustibles sin combustión, extrayendo su energía por medio de reacciones químicas de forma extremadamente limpia y eficiente. Las células de combustible son atractivas para el uso en coches, autobuses, etc., que en la actualidad son responsables de la emisión de 1/3 de los gases invernadero. Tanto Toyota como Honda tienen prototipos de coches con células de combustible, aunque todavía son prohibitivamente caros. Su implantación masiva depende de su abaratamiento y de la creación de una red de estaciones de servicio que complemente o sustituya a la actual de gasolina y gasóleo. Es posible que esto no guste a las compañías petroleras y a los países productores de petróleo, pero este desarrollo se impondrá.

Esta descripción de algunas de las actividades de investigación y desarrollo de Los Alamos muestra claramente lo que es un verdadero laboratorio nacional, es decir, una institución dedicada a la solución de problemas nacionales importantes, con todo el dinamismo que esto requiere.

 

Organización. El principio básico de la organización del laboratorio es que la Universidad de California (UC) es plenamente responsable de la misma. El Gobierno Federal decidió hace 60 años y en plena guerra confiar a UC la dirección y gestión del laboratorio, por razones cuya validez se ha mantenido hasta el presente. Estas razones son esencialmente las siguientes: el laboratorio tiene una misión científica y técnica sin fines lucrativos, y las personas idóneas para dirigirlo deben pertenecer al ámbito de la administración científica, es decir, a la administración universitaria. UC tiene una administración central desde la que se gestionan y controlan nueve universidades,[7] y es también una institución cuya pervivencia en el tiempo es, en principio, ilimitada.

Por otro lado, hay que considerar que la decisión del Gobierno Federal fue de hecho la decisión natural, puesto que casi todas las figuras clave que participaron en el proyecto Manhattan eran profesores universitarios. Tres de ellos eran profesores de UC Berkeley: Oppenheimer, Lawrence y Alvarez.[8] El Gobierno comprendió desde el primer momento que no podía contratar a los científicos idóneos para el proyecto, porque sencillamente no tenía ni los conocimientos ni los contactos necesarios, como era el caso con los líderes del proyecto, todos miembros de la comunidad universitaria.

Una vez dicho esto, puede comprenderse un poco mejor el funcionamiento del laboratorio, considerando la expresión común: “Los Alamos es un laboratorio del Departamento de Energía (del Gobierno Federal) gestionado por la Universidad de California”. En la práctica esto significa que el Departamento comunica a la Universidad las misiones que el laboratorio tiene que llevar a cabo, pero deja a esta última el cómo llevar a cabo estas misiones.

En particular, la cuestión clave del personal a todos los niveles es responsabilidad exclusiva de UC. Esto significa que todos los empleados de Los Alamos lo son de UC y no son funcionarios del Gobierno Federal.[9] Por tanto, es UC quién determina el organigrama del personal, hace los nombramientos del personal directivo y otro personal, determina las condiciones salariales y de empleo, establece las medidas disciplinarias, etc. En breve, esto es una delegación o transferencia de autoridad con todas las consecuencias. Y funciona.

El contraste con España es profundo. Si consideramos una institución como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), es el Gobierno de la nación, a través de un estatuto aprobado por decreto y promulgado en el Boletín Oficial del Estado, quién regula directamente todas las cuestiones anteriores que en el contexto de Los Alamos son responsabilidad de UC. En particular, el Gobierno controla directamente el nombramiento y la destitución del Presidente del CSIC, la especificación de los cargos directivos y otros empleos, el establecimiento de las condiciones de contratación y de empleo, la homologación de los títulos universitarios de los aspirantes a un puesto,[10] etc. Simplemente, no es el papel de un Gobierno actuar como un Departamento de Recursos Humanos, no puede funcionar y, de hecho, no funciona.

La dirección de Los Alamos tiene la estructura siguiente:

 

-        Director del Laboratorio

-        Director Adjunto para Seguridad Nacional

-        Director Adjunto para Ciencia y Tecnología

-        Director Asociado para Ingeniería y Fabricación de Armas

-        Director Asociado para Física de Armas

-        Director Asociado para Reducción de Amenazas

-        Director Asociado para Investigación Estratégica

-        Director Asociado para Operaciones

-        Director Asociado para Administración

 

En esta organización se muestran claramente las dos misiones fundamentales de Los Alamos: la seguridad nacional, y la ciencia y tecnología de usos generales no militares. Ya hemos mencionado anteriormente que la expresión “investigación estratégica” designa la investigación avanzada en temas no militares como el tratamiento de residuos nucleares, células de combustible, energía y medio ambiente, biología, etc.

Cada uno de los directores asociados es responsable de su dirección, por ejemplo, Dirección de Ingeniería y Fabricación de Armas, la cual a su vez consta de varias divisiones. El número total de divisiones en todo el laboratorio es 21, y cada una está dirigida por un jefe de división y un jefe adjunto.

Por poner un toque humano detrás de esta organización, me refiero a los acontecimientos recientes sucedidos a lo largo de 2002 que han desencadenado la destitución del Director del Laboratorio a principios de 2003. Se trata de la cuestión de compras a los proveedores, algunas de las cuales se hacen utilizando tarjetas de compra. Se propagaron rumores de que algunos empleados habían utilizado las tarjetas de forma indebida, lo cual  resultó en un escándalo que puso en peligro la reputación del laboratorio. El Director nombró una comisión de investigación externa que descubrió una serie de irregularidades contables de diversa cuantía, que una vez examinadas a fondo dejaron un descubierto de algo menos de medio millón de dólares. Estos son detalles imprecisos porque la investigación no ha sido cerrada todavía, y se incluyen simplemente para dar una idea de la cuantía de las irregularidades.

Una vez presentado el informe escrito de la comisión de investigación, el Director presentó su dimisión al Presidente de la Universidad de California. En la carta expresaba su pesar de que el uso indebido de operaciones de compra por unos pocos empleados habían manchado la reputación del laboratorio; pero que, como Director, tenía que asumir la plena responsabilidad de todo lo que sucedía en el laboratorio, tanto lo bueno como lo malo. Esta dimisión fue seguida por la destitución de los responsables de la administración y finanzas.

El Presidente de UC nombró un nuevo vicepresidente para la supervisión de la administración de Los Alamos y de los otros dos laboratorios nacionales que UC administra (Livermore y Berkeley); asimismo, ha nombrado a un Director en funciones de Los Alamos, un contralmirante retirado con un doctorado en física de la Universidad de Princeton, que ya desempeñaba un puesto directivo en el laboratorio. Como es común para altos cargos, el Presidente de UC ha nombrado también un comité de búsqueda para seleccionar al próximo Director de Los Alamos.

La lección de todo esto es la flexibilidad y la eficacia que se alcanza en la gestión de un laboratorio vital para los intereses nacionales, cuando éste se organiza de forma racional y no política. Este tipo de instituciones no pueden estar gestionadas ni por los políticos ni por los funcionarios de un ministerio; simplemente, no funciona y, además, no es por la “falta de medios”.

Sin entrar en demasiados detalles sobre la organización del laboratorio, como ya he mencionado, éste consta de 21 divisiones, las cuales constituyen su estructura básica. Como ejemplo, doy algunos datos sobre la División Teórica (T Division). Está dirigida por un jefe y por un jefe  adjunto; la división está estructurada en varios grupos, cada uno con su propio jefe. El personal de nivel profesional tiene, salvo raras excepciones, el título de doctor y sólo hay una categoría, staff member, investigador o ingeniero. No hay esa profusión de jerarquías tan comunes en el CNRS francés y en el CSIC español. La División Teórica cubre muchas disciplinas, incluidas las matemáticas aplicadas, química, biología, ingeniería y física teórica. Areas concretas de su competencia incluyen las siguientes:

 

-        Física de la materia condensada y ciencia de materiales    

-        Biología teórica y bases de datos de secuenciación

-        Física y química atómica y molecular

-        Hidrodinámica y modelación de sistemas reactivos

-        Teoría nuclear y de partículas

-        Astrofísica

-        Matemáticas aplicadas

-        Física de plasma y modelación de sistemas de plasmas

-        Bases de datos atómicas, nucleares y de materiales

 

El sistema de contratación del personal es exactamente el mismo que el utilizado en las empresas privadas. En un laboratorio científico con 7.500 empleados, la mayoría de los cuales son científicos, ingenieros y técnicos, la contratación de personal no cesa nunca, debido al dinamismo de las actividades. El inicio de una contratación se basa siempre en un contacto personal. En un área científica dada, por ejemplo, en física de plasma, hay una comunidad de investigadores en las distintas instituciones del país que se conocen personalmente por la asistencia a las reuniones y congresos de física de plasma, o a través de las publicaciones en las revistas científicas, en fin, lo mismo que en Europa. Los contactos personales revelan quién esta buscando un primer empleo o un cambio de empleo, y quién tiene puestos vacantes. Un científico interesado en un puesto en la División Teórica de Los Alamos establece contacto con el Jefe de División y le envía su currículo, su lista de publicaciones y, como referencia, los nombres de tres investigadores relevantes en el campo del candidato a los que el laboratorio contactará directamente. Si hay interés en el candidato, se le invita a una entrevista (con todos los gastos pagados). La entrevista puede durar un día laborable o un día y medio. Cada miembro interesado de la División entrevista al candidato en privado, con el que establece un diálogo bastante profundo tanto sobre las investigaciones del candidato como sobre las del miembro de la División. Estas entrevistas se interrumpen para el almuerzo, en el que se invita al candidato a compartir mesa con algún personaje famoso del laboratorio.[11] Luego, vuelta a la carga y más entrevistas, y así hasta el final del día o hasta el día siguiente.

Los miembros de la División que han entrevistado al candidato se reúnen, y debaten sobre sus méritos y sobre la conveniencia de contratarlo o no. Al cabo de unas pocas semanas se recibe la oferta de empleo por escrito, con el sueldo[12] y todas las condiciones detalladas del empleo (seguro médico, de jubilación, gastos de traslado, etc.); o una carta “gracias por su visita, sentimos comunicarle que ...”. La carta con la oferta de empleo está firmada en nombre de la Universidad de California. Como en las empresas privadas, esta carta no es un contrato de trabajo en el sentido español,[13] y no tiene ninguna fuerza legal. Esto significa concretamente que el empleado puede ser  despedido por cualquier razón que el laboratorio estime oportuna: reducción del presupuesto, falta de rendimiento, razones disciplinarias, etc.

En mis 12 años de vida laboral en Estados Unidos, tres años trabajando en General Electric y nueve años en IBM, nunca presencié ni conocí un despido arbitrario. En General Electric trabajé en el Vallecitos Atomic Laboratory en Pleasanton (California), en donde hacíamos investigación sobre los reactores nucleares de agua hirviendo. Esta investigación era financiada por la Atomic Energy Commission del Gobierno Federal. A finales de los 60, la Comisión retiró la financiación, al considerar que General Electric estaba vendiendo e instalando centrales nucleares con reactores de agua hirviendo, y que debería pagar su propia investigación. General Electric decidió que, dado el avanzado estado de desarrollo de la ingeniería de los reactores nucleares, no necesitaba proseguir las investigaciones con su propio presupuesto y suprimió la División de Física Nuclear de Vallecitos. Todos los miembros de la División, sin excepción, fuimos despedidos. En un plazo máximo de un mes, todos los investigadores encontramos nuevos empleos, la mayoría en la misma zona geográfica; otros tuvieron que cambiar de domicilio.

 

Cooperación con la industria. El laboratorio de Los Alamos tiene una Oficina de Programas de Desarrollo Industrial cuya misión es transferir las tecnologías propias al sector privado,  y así contribuir positivamente a la economía regional y nacional.

Esta oficina gestiona todo lo relativo a las patentes y a los convenios con terceros para su explotación. También se asocia con  industrias, universidades, organismos del Gobierno Federal y otros laboratorios nacionales para llevar a cabo actividades estratégicas.

Como ejemplo de estas asociaciones, menciono las que el laboratorio ha establecido con Procter & Gamble (P & G) y con Motorola.

P & G contactó con Los Alamos para desarrollar software de control de sus líneas de producción continuas. En el marco de un acuerdo de colaboración, ambas organizaciones desarrollaron un software de ingeniería de fiabilidad que ha mejorado notablemente la capacidad de producción de P & G, logrando un ahorro de $1.000 millones en sus operaciones de producción en los últimos siete años. P & G está vendiendo esta tecnología a otras empresas.

La asociación con Motorola empezó con un proyecto de modelación y simulación de tecnologías de proceso de semiconductores. En la actualidad cubre varias actividades en las áreas de modelación de empresas, procesamiento de imágenes y células de combustible. Como resultado de esta colaboración, Motorola se ha comprometido a ocupar 1.100 m2 de espacio en el nuevo Parque Industrial de Los Alamos.

 

Folklore de la bomba atómica. El general de ingenieros del ejército Leslie Groves fue nombrado jefe ejecutivo del proyecto Manhattan en 1942, con plena autoridad. Había supervisado la construcción del Pentágono. Era un individuo con una capacidad excepcional de decisión. Sus primeras decisiones fueron dos: elegir al director del laboratorio y decidir su emplazamiento.

Hay que comprender que el trabajo teórico y experimental sobre la bomba había sido iniciado en varias universidades, en particular en UC Berkeley y la Universidad de Chicago. Los participantes formaban un grupo compenetrado, entre los que destacaba Lawrence, Director del Berkeley Radiation Laboratory,[14] inventor del ciclotrón y pionero de la gestión de grandes proyectos científicos, lo que hoy se llama la “gran ciencia”. Como tal, creía tener la autoridad para nombrar al director del nuevo laboratorio, y propuso a McMillan, un miembro destacado de su propio Berkeley Radiation Laboratory. Pero Groves tenía otras ideas. Había tenido un primer encuentro con Oppenheimer en octubre de 1942, y éste le había causado una fuerte impresión por lo que decidió nombrarlo. Cuando se enteró, Lawrence se puso colérico. Había coincidido con Oppenheimer en los años 30 en UC Berkeley y ambos tenían caracteres antagónicos. Oppenheimer tenía ideas izquierdistas y había tratado de organizar un sindicato en el Berkeley Radiation Laboratory,  mientras que Lawrence era el prototipo del hombre del establecimiento. Lawrence expresó la opinión de que Oppenheimer fracasaría, a pesar de que éste había creado dos grupos destacados de física teórica, uno en UC Berkeley y el otro en Caltech[15]. Groves tomó la decisión correcta, pues eligió al hombre que conduciría al laboratorio a cumplir su misión con éxito en poco más de dos años.

Con respecto al emplazamiento, Groves tenía dos requisitos: que el laboratorio estuviera como mínimo a 300 km de la costa, y que estuviera situado en un lugar aislado y con mucho espacio para poder llevar a cabo las explosiones necesarias. Envió a un oficial, el comandante Dudley,  a buscar un sitio adecuado en Nuevo México, uno de los estados menos poblados del oeste. Este oficial recorrió durante unas semanas el estado utilizando todos los medios de transporte, incluido el caballo. Al final recomendó dos sitios, Jemez Springs y Los Alamos. Groves y Oppenheimer, después de inspeccionarlos, se decidieron por Los Alamos. Uno de los factores fue su aislamiento y la existencia de Los Alamos Ranch School, una escuela interna para muchachos de familia rica con algunos edificios funcionales (cafetería, dormitorios, aularios, etc.) que podrían servir para satisfacer las necesidades iniciales del laboratorio.

El Ministerio de la Guerra comunicó a la escuela en diciembre de 1942 que el ejército la expropiaría en febrero siguiente. La escuela era un lugar paradisíaco en donde sus alumnos, unos cuarenta chicos de 12 a 16 años, tenían clases por las mañanas y por las tardes se dedicaban a trabajar en el rancho, y a actividades y deportes al aire libre. Su uniforme era el de los boy scouts. El coste anual por alumno era unos $30.000, al valor actual. El director les comunicó el 7 de diciembre que, debido al cierre inminente, se suprimirían las vacaciones de navidad, para poder terminar de forma acelerada el curso académico.

Cuando la escuela cerró el 8 de febrero de 1943, las excavadoras ya estaban funcionando a pleno rendimiento para iniciar la construcción de los edificios del laboratorio, una serie de estructuras variopintas e indescriptibles de madera construidas con urgencia para satisfacer una multiplicidad de necesidades: laboratorios, administración, alojamientos civiles, cuarteles militares, escuelas, economato, hospitales, etc. El ambiente era el de una pequeña ciudad de aluvión, como en los campos mineros del siglo XIX. La supervisión principal de la construcción estaba a cargo del cuerpo de ingenieros del ejército, aunque Oppenheimer y sus colaboradores científicos intervenían continuamente para modificar sobre la marcha las especificaciones de los edificios, y tenían que ocuparse además de la adquisición de los equipos científicos, requisando algunos de laboratorios universitarios.

Simultáneamente, Oppenheimer atacó el problema del reclutamiento de los científicos. Groves le había dicho que quería que los científicos y otro personal técnico fueran convertidos en oficiales militares en uniforme, y Oppenheimer inicialmente estuvo de acuerdo (con 38 años, esperaba que lo hicieran teniente coronel). Cuando empezó a contactar a los científicos en las distintas universidades, la mayoría rechazó de plano ser militarizados. Esto creó un impasse con Groves, que no tuvo más remedio que ceder. Aunque al principio sólo dio su acuerdo a que el laboratorio fuera civil en la primera fase, pero insistió en que  cuando el “dispositivo” estuviera listo para su prueba, quería que todo el mundo estuviera militarizado. Con el paso del tiempo, ante la buena marcha del laboratorio (if it doesn’t break, don’t fix it, “si no se rompe, no lo arregles”), el tema de la militarización no volvió a mencionarse.

No es mi objetivo describir paso a paso el progreso del laboratorio hacia la construcción de la bomba, sino centrarme en algunos aspectos humanos de interés. ¿Cómo era la vida de los científicos en Los Alamos durante la guerra? Una buena fuente es la descripción de Feynman,[16] que se incorporó a Los Alamos en abril de 1943, cuando acababa de doctorarse en Princeton.  Al principio, todo era un barullo, y los científicos vivían en casas alquiladas fuera del laboratorio, durmiendo en literas de dos pisos. Los físicos experimentales no tenían sus laboratorios y equipos listos, y como no podían hacer nada, se dedicaban a ayudar en la construcción dirigiendo el tráfico de los camiones con los materiales de construcción, e indicando a los capataces cuantas conducciones de gas, agua, y electricidad eran necesarias para cada estructura, ya que los planos de construcción estaban incompletos. Los físicos teóricos empezaron a trabajar desde el primer momento.  Feynman estudiaba y leía, y se enteró de que Hans Bethe (Jefe de la División Teórica, recibió el premio Nobel de Física en 1967)  era el único de los científicos senior presente al principio. Bethe necesitaba a alguien con quién debatir sus ideas. Entraba en el cuchitril de Feynman, y empezaba a discutir explicándole  una idea. Feynman: “No, no, estás loco. Tiene que ser de esta forma.” Bethe: “ ‘Un momento,’ y me explica por qué él no está loco, sino que soy yo quién está loco.” Y siguen así. Feynman cuenta que cuando empezaba a hablar de física, sólo pensaba en ésta y se olvidaba de con quién estaba hablando y les decía cosas así: “estás loco”. Pero eso era exactamente lo que Bethe necesitaba, e hizo a Feynman jefe de grupo.

Feynman se había casado con su mujer, Arlene, cuando ésta ya sufría de tuberculosis. Arlene estaba en un hospital en Albuquerque, a unos 150 km de Los Alamos, en donde murió en 1945. En preparación de esta emergencia, Feynman había pedido a un colega, Klaus Fuchs,[17] que cuando llegara el momento le dejara su coche para ir al hospital. Durante la guerra, no se fabricaban coches ni neumáticos para los civiles, y en el viaje de Los Alamos a Albuquerque, Feyman tuvo tres pinchazos y, como se había quedado sin rueda de repuesto, tuvo que abandonar el coche.[18] Llegó al hospital unas horas antes de la muerte de su mujer.

Los dos explosivos nucleares para la bomba eran el uranio 235, obtenido en las enormes instalaciones de difusión gaseosa en Oak Ridge (Tennessee), y el plutonio 239, obtenido en los “reactores de producción” de Hanford (estado de Washington). Al principio, Oppenheimer creyó que el diseño basado en el “cañón” serviría para “ensamblar” tanto la bomba de uranio como la de plutonio.[19] Pero el trabajo de Emilio Segre (premio Nobel 1959, discípulo de Fermi) sobre la fisión espontánea del plutonio estableció que antes de que las dos masas de éste se juntaran, se produciría una predetonación muy poco eficiente. Fue preciso abandonar el “cañón” para la bomba de plutonio, y desarrollar un nuevo método para “ensamblar” la masa de plutonio y provocar la explosión nuclear. El método fue el de la implosión, es decir, rodear una esfera hueca de plutonio con explosivos convencionales que al explotar producirían una onda compresiva esférica simétrica dirigida hacia el interior, es decir, a la esfera hueca de plutonio. La esfera hueca se colapsaría en una masa crítica sólida que produciría la explosión nuclear. Fue Luis Alvarez (premio Nobel 1968, de origen asturiano[20]) quién diseñó el detonador para la bomba de plutonio. Este era un dispositivo complejo en el que eran precisas unas “lentes de explosivos” para que la onda de la implosión fuera perfectamente esférica y así colapsara de forma simétrica la esfera hueca de plutonio, con el fin de lograr la máxima “eficiencia del ensamblaje”. No obstante, el detonador era tan complejo que se estimó absolutamente necesario hacer una prueba con la bomba de plutonio, para asegurarse de que funcionaba.

En mayo de 1943, Kenneth Bainbridge, un físico nuclear experimental de la Universidad de Harvard, fue contratado por Los Alamos. Su misión era dirigir la construcción y equipamiento de una instalación para realizar la primera explosión de la bomba nuclear, la llamada Trinity Test (“Prueba Trinidad”). En la madrugada del 16 de julio de 1945, instantes después de la explosión nuclear en el lugar conocido por Jornada del Muerto, a unos 200 km de Alamogordo (Nuevo México), Bainbridge primero felicitó a Oppenheimer y a los otros testigos presentes, y luego les dijo: “Ahora somos todos unos hijos de puta.” Más tarde, Oppenheimer comentó que ésta fue la observación más profunda hecha por nadie justo después de la explosión.

Después de la guerra, desde su posición como presidente del Comité Consultivo de la Comisión de Energía Atómica, Oppenheimer se opuso por razones de conciencia al programa que conduciría al desarrollo de la bomba de hidrógeno. El Presidente Truman, informado de que los rusos podían alcanzar este objetivo y como no creía en los motivos de conciencia de Stalin, dio la orden de iniciar el proyecto. En 1952, durante el macartismo[21] y la guerra de Corea, una vez que el nombramiento de Oppenheimer como presidente del Comité Consultivo llegó a su fin, fue sometido a una serie de audiencias secretas por la Comisión de Energía Atómica tendentes a probar que era un riesgo para la seguridad nacional. Se desenterraron sus simpatías izquierdistas (ciertas) de los años 30 y sus asociaciones con comunistas a lo largo del tiempo,[22] aunque estos antecedentes eran ya conocidos cuando fue nombrado director científico del proyecto Manhattan, durante el cual demostró su lealtad y devoción al país. Todos sus colegas, excepto Teller[23] que hizo una declaración ambigua, afirmaron que su lealtad al país estaba fuera de toda sospecha. En 1953, su autorización de seguridad (security clearance) fue revocada, excluyéndolo para siempre de los consejos de gobierno. Su prestigio era tal, que fue nombrado Director del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton (institución privada en donde estaba Einstein). En 1963, el Presidente Johnson lo rehabilitó en una ceremonia pública en la Casa Blanca en la que le entregó el premio Enrico Fermi. Murió en 1967.

Después de su regreso a Harvard en 1945, Bainbridge adoptó una posición opuesta a las armas nucleares y a favor de su control. Cuando Wendell Furry, un colega del Departamento de Física, fue atacado por el Senador McCarthy, el Profesor Bainbridge se volcó en su defensa dedicándole mucho tiempo y esfuerzo. Tuve el privilegio de tener a Bainbridge como profesor de física nuclear en el curso 1960-61, y lo recuerdo como un hombre muy amable y modesto.[24] Antes de la guerra en 1936, Bainbridge había construido un ciclotrón que fue juzgado como el mejor de los existentes, y como tal, fue requisado para Los Alamos. Después de la guerra, dirigió la construcción de un nuevo ciclotrón en Harvard que todavía hoy sigue funcionando. Es utilizado por los médicos del Massachusetts General Hospital para tratamientos clínicos y para investigaciones de terapias con haces de protones.

El proyecto Manhattan atrajo a los mejores científicos americanos y europeos, la mayoría de estos últimos refugiados de Hitler y del fascismo, que sabían exactamente lo que estaba en juego: o Hitler consigue primero la bomba o nosotros. Eran en su mayoría investigadores básicos, que abandonaron el trabajo fundamental para llevar a cabo el trabajo aplicado de determinar las propiedades físicas esenciales del uranio y del plutonio, desarrollar métodos para producir estos materiales en gran escala, y por último, diseñar y construir la bomba. Casi la totalidad de ellos abandonaron Los Alamos en 1945, una vez terminada la guerra, y regresaron a la universidad. Un gran número de ellos ganó el premio Nobel de Física o de Química.[25]

En la actualidad, la tecnología básica para construir una bomba nuclear de fisión es de dominio público, y de hecho ha sido utilizada por varias naciones para lograrlo.[26] Pero el lector no experto no debe creer que el problema no tenía dificultades fundamentales. Un núcleo de uranio 235 o de plutonio 239 se fisiona cuando es bombardeado con neutrones rápidos, libera la energía de fisión, y produce a su vez nuevos neutrones rápidos (del orden de 2,5 por fisión). Estos neutrones producidos en la fisión bombardean nuevos núcleos de uranio 235 o plutonio 239, producen su fisión, etc., es decir, tiene lugar la reacción en cadena. La posibilidad de lograr una explosión nuclear dependía, entre otros factores, de la rapidez con que se producen los neutrones después de la fisión. De hecho, una fracción de los mismos se llaman neutrones retardados (delayed neutrons) porque se liberan mucho después de los neutrones inmediatos (prompt neutrons). Pues bien, si las leyes físicas hubieran sido distintas y la mayoría de los neutrones de fisión hubiesen sido “retardados”, no habría sido posible construir una bomba nuclear, porque la liberación de energía en la reacción en cadena habría sido más lenta, es decir, no explosiva. Esto no se sabía cuando comenzó el proyecto Manhattan que, en este sentido, fue una gran apuesta. La tarea de las naciones que desarrollaron la bomba después fue bastante más fácil, ya que sabían que el invento funcionaba y por tanto iban “a tiro fijo”.

¿Qué ha quedado de todo esto en Los Alamos de hoy? Lo más valioso en una institución científica: una tradición de excelencia y un orgullo manifiesto en los logros históricos del pasado, que sirven de inspiración al trabajo de los investigadores actuales. Un ambiente en el que el trabajo sigue considerándose importante y urgente, como en tiempo de guerra. Si se necesita algún equipo o instrumento para un proyecto, se materializa en un par de días. Si se pide un artículo de una revista científica a la biblioteca, te lo envían al día siguiente. Si no se puede esperar, se va a la biblioteca: está abierta las 24 horas del día.

El proyecto Manhattan fue el primero en la historia, en el que un gobierno decidió resolver un problema transcendental, para lo cual reunió una banda de científicos e ingenieros y les dio durante un poco más de un par de años el 2% del producto interior bruto. Y lo resolvieron.

Los investigadores de Los Alamos hoy, como los de Livermore, se dividen en dos clases: los que trabajan en investigaciones militares y los otros. Los investigadores de defensa tienen sus revistas internas en donde publican sus trabajos, con una distribución limitada a los otros investigadores de defensa de Los Alamos y de los otros laboratorios nacionales. Reciben reconocimiento por su trabajo, siempre en actos internos. Esto es contrario a la esencia de la comunicación abierta que es una de las bases de la ciencia; pero hacen su trabajo como una contribución y un deber al país. Naturalmente, no tienen que dedicarse siempre al trabajo de defensa, sino que pueden transferirse a investigaciones abiertas no militares.

Los Alamos es una institución de una naturaleza completamente desconocida en Europa: un laboratorio científico en un altiplano a 2.200 m de altura con unos 7.500 empleados, cuya mayoría vive en urbanizaciones de casas unifamiliares en plena naturaleza. El pueblo de  Los Alamos tiene del orden de 10.000 habitantes, y hay otro pueblo satélite, White Rock, de 8.000 habitantes. La ciudad más próxima, Santa Fe, está “allá abajo”, a 55 km. Ser investigador en Los Alamos requiere una decisión de abrazar una vida centrada en el trabajo, y un ocio que gira alrededor de todo tipo de actividades y deportes al aire libre: ski, golf, tenis, patinaje sobre hielo, acampadas, senderismo, excursiones a caballo, caza y pesca, etc.  Los miembros del laboratorio son conscientes de que se pierden lo que sucede “allá fuera” (out there, el mundo urbano).[27]  Nadie usa corbata, y no se necesita un jefe de protocolo como en el CSIC, a pesar de que el laboratorio recibe visitas de científicos ilustres de todo el mundo, y de los presidentes americanos y otros políticos. Con tantos doctores por metro cuadrado, la calidad de la educación en las escuelas públicas secundarias es extraordinaria, y se dispone también de una excelente biblioteca pública. En el verano, la gente de Los Alamos puede asistir a la temporada de ópera en el auditorio al aire libre de Santa Fe.

Un hecho sorprendente es el viaje a Los Alamos. Se vuela a Albuquerque, y si uno va a visitar el Laboratorio, una compañía de taxis aéreos te lleva del aeropuerto de Albuquerque al pequeño aeropuerto del Laboratorio, en donde te recoge un coche con chofer que es “español(descendiente de españoles) y que habla castellano.

Nuevo México ofrece un mosaico encantador de tres culturas: india, española y “anglo”. Hoy en día existen 19 grupos de indios “pueblo”, así llamados por los exploradores españoles porque vivían en comunidades con casas de varios pisos que les recordaban a pueblos españoles. Cada una de estas 19 tribus tiene su propio territorio, en donde disfrutan de autogobierno. Algunas aun tienen pueblos con casas de varios pisos que han sido habitadas continuamente desde antes de la llegada de los españoles; el más famoso es el Taos Pueblo, declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO. En general disponen de mucha más tierra de la que necesitan sus habitantes. Por esto, alquilan parte de sus tierras a compañías mineras, o para canteras; la actividad más lucrativa es el establecimiento de casinos de juego, los cuales no están sujetos al permiso ni a las regulaciones del gobierno del estado. Trabajan en artículos de artesanía que venden en el “palacio del gobernador” en Santa Fe, una estructura de adobe de una sola planta con soportales, construida en 1610 por Don Pedro de Peralta, el tercer gobernador español de Nuevo Mexico. Los americanos lo valoran mucho y lo designan como “el edificio público de uso ininterrumpido más antiguo de los Estado Unidos”. Los indios tienen plena libertad para integrarse en los Estados Unidos, si así lo desean. Algunos van a la universidad, se casan al margen de la tribu, y de hecho se integran. Hay algunos indios americanos que trabajan en el laboratorio de Los Alamos y que por las tardes regresan a su pueblo.

En Santa Fe, una de sus mayores atracciones es la Capilla de Loreto (Loretto Chapel), construida para un colegio de chicas regentado por unas monjas enseñantes llamadas Hermanas de Loreto. Terminada su construcción en 1878, se planteó el problema de cómo comunicar la nave con el coro. Ningún carpintero veía una solución clara, ya que cualquier escalera ocuparía mucho espacio. Las monjas hicieron una novena a San José, el patrón de los carpinteros, y en el último día de la misma apareció un hombre montado en un burro con una caja de herramientas, y construyó en unos meses una escalera de caracol sorprendente que da dos vueltas y sólo está soportada en el suelo de la nave y en el coro (a unos 6,6 m de altura); no tiene clavos metálicos. El hombre desapareció sin recibir ni paga ni gracias. Las monjas no pudieron localizarlo: concluyeron que había sido San José en persona.

Hay un pueblo cerca de Santa Fe, llamado Chimayo, en el que uno parece estar en un pueblo de Castilla: la plaza con los soportales, las casas de adobe, la iglesia. Hay una creencia sobre un crucifijo milagroso en la iglesia de Chimayo que atrae a peregrinos, sobre todo en Semana Santa. Muchos “anglos” (como los españoles y mexicanos llaman a los anglosajones) participan en las romerías de Chimayo; no son católicos, pero creen que es una tradición “étnica” muy bonita. En los alrededores de Santa Fe, hay bastantes habitantes que se saben descendientes de los colonizadores españoles que ocuparon y colonizaron Nuevo México a partir del siglo XVI y hasta principios del XIX. Te dicen: “yo soy español, no mexicano.”

 

 

Conclusión

 

Los Alamos constituye un hito en la historia de la ciencia. Un gobierno decide crear un laboratorio para lograr un objetivo transcendental en plena guerra. Dada su suprema importancia militar, el control absoluto se pone en manos de los militares. Estos, como es natural, consideran que para ejercer este control sobre el proyecto tienen que militarizar a los científicos: Oppenheimer, teniente coronel; Fermi (premio Nobel 1938), ¿teniente coronel también?. Se producirían situaciones surrealistas: “teniente coronel Fermi, la semana que viene me investiga Ud. la fisión espontánea del plutonio 240”. Los científicos se niegan en redondo, y los militares lo aceptan primero a regañadientes, y luego con la marcha del proyecto llegan a comprender claramente la diferencia entre el control militar sobre la seguridad y el control científico, que sólo puede estar en manos de los científicos.

Oppenheimer juega un papel crucial, porque tiene el respeto de los científicos clave, y puede interaccionar con ellos y criticarlos y orientarlos hacia el objetivo; algo normal en el ámbito científico, en donde la publicación de un artículo en una revista con revisión por pares (peer-reviewed journal) implica eso: la crítica y petición de revisión de un artículo hechas por expertos anónimos, aunque el autor del mismo sea una científico famoso. Una vez comprendido este concepto, el Gobierno Federal decide poner la gestión del laboratorio en manos de la Universidad de California, un arreglo que ha funcionado bien y que dura ya 60 años.

Después de haber regresado a España en 1976, todavía hoy me sigue produciendo estupor el control político ejercido por los gobiernos españoles sobre organizaciones como el CSIC y el CIEMAT; un control que se mete de lleno en la especificación detallada del organigrama de personal, la definición de multitud de categorías del personal científico y técnico, la especificación de las condiciones de contratación (hecha de acuerdo con las normas generales de la Administración del Estado, es decir, las normas para los funcionarios en general), etc. Este paroxismo de control alcanza su nivel máximo cuando el Ministerio de Educación controla la convalidación de títulos universitarios extranjeros. En primer lugar, exceptuando lo obvio (medicina, derecho, arquitectura, ingeniería de caminos, pilotos de líneas aéreas, etc.), el concepto mismo de convalidación de títulos científicos no existe ni se usa en los países avanzados. Si una organización gubernamental extranjera quiere contratar a un ingeniero electrónico de Stanford o del MIT, o a un físico de la Universidad de Cambridge, no se le pasa por la mente “convalidar” estos títulos. Si alguien alega tener un doctorado por una universidad americana por correspondencia (haberlas, hailas),  pues no se le contrata y ya está. Esta decisión corresponde por ley natural a la organización contratante.

El sistema español de control de los laboratorios públicos está diseñado para que no funcionen, como es el caso. Este sistema sirve solamente para satisfacer las ansias de control de los políticos, que de esta forma condenan al país a un subdesarrollo científico y tecnológico perpetuos. El problema no es el dinero.

 



[1] Ha sido ratificado por Rusia, Reino Unido y Francia, pero no por los Estado Unidos y China.

 

[2] El plutonio es un elemento artificial que se produce por irradiación del uranio en el interior de los reactores nucleares, y cuyas propiedades físicas lo hacen idóneo como explosivo nuclear.

 

[3] Esta colaboración ha resultado en situaciones impensables hace algunos años, como la presencia de científicos rusos tanto en Los Alamos como en Livermore (véase el capítulo 2).

 

[4] Véase el capítulo 2.

 

[5] Warren Buffet, Fortune, 11 de noviembre de 2002, pág. 30.

 

[6] Véase el capítulo 2.

 

[7] Véase el capítulo 2.

 

[8] Véase el capítulo 2.

 

[9] Dado el carácter secreto de las investigaciones relativas a la defensa nacional, se exige como condición de empleo que los empleados potenciales obtengan una “autorización Q” (Q clearance). Esta se obtiene después de presentar una relación de todos los empleos y domicilios que el interesado ha tenido en los últimos 15 años, y el historial educativo a partir de la escuela secundaria. Esta información es en principio investigada por el FBI.

 

[10] Este tema es un arcano que me fascina. ¿Cómo hace esto el funcionario del ministerio? Antes de homologar un doctorado en física de la Universidad de Stuttgart, ¿comprueba si el teorema de Cauchy figura en su programa de estudios?.

 

[11] Después de mi entrevista en Los Alamos en la primavera de 1975, me fue ofrecido un puesto de investigador (staff member) en el Grupo CTR-DOT (Controlled Termonuclear Research – Division Office Technical) de la División Teórica, el cual no acepté. Tuve el placer de comer con Nicholas Metropolis, una figura mítica de la computación en Los Alamos desde el proyecto Manhattan, en el que colaboró con Von Neuman y Feynman en la introducción y puesta en marcha de los primeros ordenadores electrónicos. El nuevo Nicholas C. Metropolis Center for Modeling and Simulation, inaugurado en 2001, alberga la Q Machine, un ordenador de 30 teraops (ejecuta 30x1012 instrucciones por segundo).

 

[12] Este es siempre individual, lo mismo que los aumentos de sueldo. No hay tal cosa como un sueldo único para el colectivo de los investigadores (staff members). El sueldo de Metropolis (un staff member) no era el mismo que el de otros investigadores. El conocimiento de estas cuestiones es general, porque los sueldos de los distintos investigadores se desconocen; esto es una tradición aceptada por todos.

 

[13] Dejando aparte a los funcionarios, en Estados Unidos nadie tiene contrato de trabajo, salvo los potentados (presidentes, directores financieros, etc.) de las grandes compañías, los cuales tienen contratos y planes de retiro millonarios, y compensaciones millonarias en caso de terminación (“golden parachutes”), lo que en España se denomina contratos blindados. El caso de los profesores permanentes de las universidades, públicas o privadas, es excepcional: en condiciones normales, la universidad garantiza un empleo vitalicio; pero esto es una tradición que se refleja en un contrato privado entre la universidad y el profesor, es decir, no está sujeto al derecho público ni está garantizado por ninguna ley.

 

[14] Véase el capítulo 2.

 

[15] Véase la nota 23 de pie de página del capítulo 2.

 

[16] R. Feynman, Surely You ‘re Joking, Mr. Feynman!, Bantam Books, Nueva York, 1986, pág. 95. Ganó el premio Nobel de Física en 1965. Véase también el capítulo 3.

 

[17] Klaus Fuchs fue el físico alemán que espió para los rusos. Después de la guerra, regresó al Reino Unido, donde fue descubierto en 1950 y condenado a 14 años. Fue liberado en 1959, en un intercambio de espías. Murió en la antigua Alemania del Este.

 

[18] Como los únicos coches que se vendían eran los de antes de la guerra, un individuo compró un coche y le preguntó preocupado al vendedor: “¿qué garantía me ofrece?”, y el vendedor le respondió: “si se le rompe en dos pedazos, se puede quedar con los dos.”

 

[19] Este consiste en disparar dentro de un tubo de cañón una masa del explosivo nuclear contra otra, para así alcanzar la masa crítica y producir la detonación nuclear. La velocidad del ensamblaje de las dos masas es esencial; de otro modo, se produciría una explosión pequeña.

 

[20] Véase la nota 14 de pie de página del capítulo 2.

 

[21] Véase la nota 31 de pie de página del capítulo 3.

 

[22] Su hermano, su mujer y una antigua novia habían sido miembros del partido. En los años 30 esto no era nada especial, sobre todo en UC Berkeley, en donde había una corriente izquierdista de apoyo a la causa de la República en la Guerra Civil Española. La mujer de Oppenheimer era la viuda de Joseph Dallet, un miembro del partido comunista, muerto en España en 1937 combatiendo con las Brigadas Internacionales.  Véase también la nota 39 de pie de página.

 

[23] Véase el capítulo 2.

 

[24] Véase el capítulo 3.

 

[25] Véase la nota 49 de pie de página en el capítulo 3.

 

[26] A principios de los 70, cuando Livermore contrataba a nuevos doctores recién salidos de la universidad, les pedía a un grupo de ellos que realizaran el siguiente ejercicio: diseñar una bomba de fisión utilizando sólo la información de dominio público. Conseguían hacerlo en unas pocas semanas.

 

[27] Algunos no soportan vivir en una comunidad habitada casi exclusivamente por empleados del laboratorio, y prefieren vivir en Santa Fe, lo cual requiere entre una hora y media y dos horas diarias de coche.