La
Universidad Alfonso X El Sabio
Esta universidad-negocio inició su
primer curso en septiembre de 1994. Sus promotores, hombres tenaces, lucharon
durante largos años para conseguir la autorización del gobierno. Esta era esencial
para adquirir la característica con el potencial económico máximo: la de
poder otorgar títulos oficiales con validez en todo el Estado.
El promotor principal de la
Universidad es un empresario de la enseñanza, fundador y propietario
mayoritario de colegios de segunda enseñanza de gran éxito comercial.
Una
universidad digna del nombre no sólo transmite conocimientos adquiridos, sino
que también los genera. La creación de conocimientos surge de la investigación,
y la investigación universitaria (en historia, filosofía, literatura, biología,
química, física, etc.) es incompatible con el lucro; por tanto, en las
universidades-negocio nunca podrá haber, por definición, investigación
universitaria. Las universidades-negocio nunca podrán ser verdaderas universidades,
sino que son y serán academias en las que se venden horas de clase y títulos
oficiales.
Durante mis
cinco años de profesor en la Universidad Alfonso X El Sabio, 1994-1999, he sido
testigo del concepto, funcionamiento y objetivos de este invento único español:
la universidad–negocio. El primer curso (94-95) arrancó con algo menos de 700
alumnos, y en el curso 2000-2001 se habían alcanzado los 10.000 alumnos.
Los
números de la Alfonso X. Los datos de
la Alfonso X correspondientes al año 2000,
publicados en el Registro Mercantil de Madrid,[1]
proporcionan una radiografía bastante exacta de lo que es esta universidad: uno
de los negocios más rentables de España. Estos datos son los siguientes:
Datos
financieros, año 20001
|
Ingresos |
11.698 |
|
Gastos |
4.634 |
|
Beneficio
bruto |
7.064 |
|
Impuesto
de sociedades |
2.500 |
|
Beneficio
neto |
4.564 |
1 En millones de pesetas
El beneficio neto después de impuestos asciende al 39% de los ingresos.
En la última página de la memoria anual del año 2000, entre los diversos
capítulos de ingresos, figura uno correspondiente a subvenciones por un
importe de 11,3 millones de pesetas. Este dato anecdótico es un ejemplo de la
confusión conceptual existente en algunos sectores de la sociedad, los cuales
no distinguen entre lo que es una universidad y lo que es un negocio. Una universidad
(“una de las creaciones más nobles de la mente humana”, según Pusey, 24º
Presidente de Harvard) merece no sólo 11 millones de subvenciones sino los
miles de millones que la sociedad quiera y pueda aportar; pero que un negocio
con 4,5 mil millones de beneficio neto reciba subvenciones es, en mi opinión,
una aberración resultante de la confusión existente en algunos sectores entre
dos términos incompatibles, universidad y negocio.
En
las cuentas de gastos, que ascienden a un total de 4.634 millones, los dos capítulos
más destacados son: gastos totales de personal, 1.999 millones, y servicios
exteriores, 1.105 millones. Aparte del personal docente, causa estupor ver que
una universidad con unos 10.000 alumnos en 1999-2000, tuviera en plantilla a solo
45 personas de personal no docente, distribuidas de la forma siguiente:
Personal no docente, año 2000
|
Informáticos |
13 |
|
Auxiliares administrativos |
15 |
|
Biblioteca |
4 |
|
Residencias |
5 |
|
Titulados superiores |
4 |
|
Servicios generales |
4 |
|
Total |
45 |
Los informáticos desempeñan una doble función:
mantener la red universitaria, y las bases de datos con los registros académicos
oficiales de los estudiantes. La Universidad dispone de tres residencias con
unas 500 plazas cada una, las cuales son manejadas por una plantilla de cinco
personas.
Capítulo aparte es el tema de la biblioteca la cual,
según los datos en la página web de la universidad, dispone de 15.000
volúmenes,[2]
cuando en el curso académico 2000-2001, el séptimo año de la Universidad, ya se
habían alcanzado los 10.000 alumnos. Esto da un promedio de 1.5 a 2 libros por
estudiante, mientras que la media para el conjunto de las 54 universidades
españolas es de 14 libros por estudiante. En la actualidad, la Universidad prevé una biblioteca de
100.000 volúmenes para 2010, a los quince años de su creación, con lo que el
promedio de libros por estudiante seguirá siendo muy inferior a la media
nacional. En contraste, la Universidad de Navarra dispone de 700.000 volúmenes
para un número actual de estudiantes de 16.437, es decir, más de 36 libros por
estudiante. El personal de biblioteca en la Alfonso X asciende a cuatro
personas versus 55 en la Universidad de Navarra; es decir, el ratio de
libros por estudiante UNAV/Alfonso X es 18, mientras que el de personal de
biblioteca UNAV/Alfonso X es 13. Está claro que para una verdadera universidad,
sus bibliotecas son uno de sus recursos más valiosos y esenciales, verdaderos
templos del saber, mientras que para una universidad-negocio sus bibliotecas
son un gasto inevitable que debe mantenerse al mínimo para no detraer de los
beneficios.
Vale la pena citar al entorno universitario americano,
no como una meta alcanzable, pero sí como ejemplo a seguir del sistema de
valores de una universidad, tal como lo está haciendo la Universidad de
Navarra. En el año 2001, las más de 90 bibliotecas de Harvard (con unos 18.000
estudiantes) tenían 14,7 millones de volúmenes, después de haber añadido en
dicho año un total de 292.140 volúmenes. Además, mantenían activas 108.506
colecciones de revistas. El presupuesto anual de biblioteca asciende a 14.500
millones de pesetas, y el personal de biblioteca a 1.077 personas.[3]
Sin entrar en
más detalles, el cuadro anterior del personal no docente de la Alfonso X
muestra de forma diáfana el carácter de la Universidad, que corresponde al de
una academia en donde se venden horas de clases y títulos oficiales, sin
ninguna infraestructura de investigación ni personal técnico de apoyo a la
misma. La estructura y el número del personal no docente son los mínimos para
gestionar matrículas, cobros, y registros de estudiantes y títulos. No da para
más.
El éxito comercial hasta el momento ha sido
espectacular, y esto se debe a las grandes cualidades empresariales de su
promotor, presidente y accionista principal. Este éxito comercial no ha sido
acompañado por el éxito académico, ya que la Alfonso X ocupa el puesto 36 en el
ranking de calidad de las universidades públicas y privadas españolas.[4]
En los anuncios publicados en prensa en 2002, la Alfonso X se presenta como la primera
universidad privada de Madrid (usando como criterio de clasificación el número
de alumnos, 11.000).
Como referencia, damos los valores de los principales
indicadores de calidad para la media de las 54 universidades españolas[5]
y para la Alfonso X (referidos al curso académico 2000-2001):[6]
Media
Nacional Alfonso X
|
Número de facultades y ETS |
10 |
6 |
|
Profesores por cien estudiantes |
5,4 |
6,3 |
|
Libros de biblioteca por estudiante |
14 |
1,5-2 |
|
Títulos de doctor concedidos por mil estudiantes |
3,8 |
0 |
No se conocen planes de la Alfonso X de establecer
un programa de doctorado.
Los profesores. Si es posible, se selecciona a la mejor gente disponible, con títulos de doctor, por parte de los jefes de departamento y otros puestos directivos (expresión empresarial usada comúnmente, la cual es ajena al entorno universitario), que tienen a título personal mano libre en todo el proceso, excepto en uno esencial, que es el nivel salarial. Este es controlado por la empresa.[7] Después del período inicial en que el primer rector, Vicente Ortega, fue responsable de la contratación de la primera plantilla de profesores, parece ser que el nivel salarial actual es uno de los más bajos de las universidades-negocio, lo cual causa una rotación muy grande del profesorado, es decir, se van todos los que pueden lo antes posible.
La estructura de los profesores se da en el cuadro siguiente:[8]
Personal docente, año 2000
|
Rector |
1 |
|
Profesores titulares |
37 |
|
Profesores ayudantes |
272 |
|
Profesores asociados |
251 |
|
Profesores adjuntos |
62 |
|
Colaborador |
7 |
|
Ayudantes de laboratorio |
5 |
|
Total |
635 |
Este cuadro muestra que la mayoría de los 635 profesores lo son
a tiempo parcial. Sus tareas esenciales son dar sus clases y tener las horas de
tutoría prescritas de atención a los estudiantes. Es todo. Las horas de tutoría
son una ventaja clara de la Alfonso X con relación a las universidades
públicas, en donde los contactos entre profesores y alumnos son mínimos, a
menudo limitados a los exámenes finales.
La
investigación. Las pretensiones en
esta área se manifiestan en la declaración siguiente:[9]
“Si se analiza el número, la importancia y el resultado de los acuerdos
suscritos durante el último año, así como aquellos que están en fase de estudio
veremos en el área de Investigación un puntal muy importante para la consolidación
futura de la Universidad dentro del ámbito académico, ...”. Esta frase parece
escrita en el lenguaje newspeak de Orwell[10]
puesto que, aunque gramaticalmente correcta, no se corresponde palpablemente
con los hechos: el presupuesto o gastos de investigación a cargo de la
Alfonso X son cero, como se ve en el capítulo de gastos de la Memoria Anual
2000. Los proyectos de investigación en el curso 2000-2001, séptimo año de la
Universidad, eran tres:
1.
Laboratorio de análisis
para la restauración y conservación de obras de arte, con una financiación de
2.393.000 pts y un profesor dedicado.
2.
Proyecto INTERLEX de
desarrollo de herramientas de INTERNET, con una financiación de 15.000.000 pts
y dos profesores dedicados.
3.
Proyecto BITUMAT de estudio
de betunes especiales para el sector de construcción, con una financiación de
2.717.000 pts y un profesor responsable.
Esta es la investigación en una universidad con 635
profesores, 10.000 alumnos y un beneficio neto anual de 4.564 millones de pesetas.
Folklore. Para lanzar la Universidad, el promotor contrató
como primer rector a Vicente Ortega, un universitario distinguido de reconocido
prestigio, con un título post-graduado de la universidad de Stanford. Los
rumores de las confrontaciones del rector con el promotor fueron continuos
durante el primer curso. El hecho concreto es que el primer rector dimitió al
final del primer curso, en junio del 95, aceptando un alto cargo en la
administración pública universitaria, con un sueldo muy inferior al que gozaba
como rector.
Al final del segundo curso (95-96), durante el mes de
julio del 96, se produjo el despido sin previo aviso de aproximadamente el
15-20% de los profesores. Yo doy testimonio de que algunos de mis antiguos colegas
despedidos tenían la máxima calificación académica, el título de doctor, y estancias post-doctorales en universidades
americanas y europeas. Por supuesto, los testimonios que circularon
entre los profesores señalaban como causa del despido masivo el hecho de que
los profesores despedidos, principalmente de física y matemáticas, suspendían a
bastantes alumnos, lo cual creaba un quebranto económico para la empresa. He
dicho testimonios porque las razones dadas por la empresa para el
despido fueron vagas y no merecen mención.
Los detalles de este suceso se olvidarán con el
tiempo, pero los hechos esenciales perdurarán: (1) el despido masivo se
produjo sin previo aviso en julio, justo antes de las vacaciones de agosto, lo
cual negó a los afectados la posibilidad de buscar puestos de profesor para el
curso académico siguiente; (2) la esencia misma de lo que es una universidad fue conculcada con brutalidad
puesto que el despido de un profesor tiene que producirse exclusivamente
a título individual por causas objetivas graves, disciplinarias o de
falta de rendimiento, y después de advertencias previas por la autoridad
académica, es decir, por el rector; y (3), el despido fue decidido
personalmente por un individuo, el presidente y accionista mayoritario de la
empresa, sin cargo académico alguno. La falta total de respeto a la figura del
profesor universitario, puesta de manifiesto por el despido colectivo y
simultáneo de un grupo de ellos, garantiza que los universitarios nunca podrán
considerar a esta empresa como una universidad. Es muy grave la
emergencia de “tradiciones” basadas en este tipo de sucesos.
¿Cuáles
son las razones del éxito en la atracción del gran número de alumnos? En los
estudios de licenciatura e ingeniería, las clases son poco numerosas, el acceso
de los alumnos a los profesores está garantizado en determinadas horas
prescritas, se asignan trabajos periódicamente y se controlan, hay varios
exámenes parciales, etc. Algunos alumnos que provenían de la universidad
pública se quejaban con amargura de que la única evaluación que tenían allí era
el examen final, de que no había ningún contacto con los profesores, todo lo
cual como es natural resulta en un índice muy alto de fracaso escolar. Está
claro que la universidad-negocio puede ser en teoría un colegio
universitario de mejor calidad que la universidad pública, entendiéndose
por colegio universitario una institución que imparte estudios de licenciatura
e ingeniería, pero en donde no hay investigación ni estudios serios de
post-grado.
Como en las escuelas secundarias privadas hay dos
facetas: la fachada ante los padres, y la realidad esencial. La fachada
requiere elementos reales de calidad: clases poco numerosas (máximo de 50
alumnos), acceso fácil de los alumnos a
los profesores, una red local conectada a Internet con varios miles de PCs, y
poco más. Una característica explotada en el marketing de la universidad denota
el sistema de valores: en las residencias las habitaciones son individuales o
dobles con baño privado y conexión a Internet, lo cual es cierto. En Harvard,
con un coste actual de unos $36.000 por curso académico (cerca de seis millones
de pesetas), no hay tal lujo; además,
se considera que es una parte importante de la formación universitaria
cohabitar con otros estudiantes de antecedentes sociales y culturales distintos
a los propios, por lo que la ocupación es de uno a cinco estudiantes por suite
(conjunto de varias habitaciones con un solo baño). De todas formas, la empresa
no tiene planes de tener residencias para más de un 10% aproximado de los
alumnos; es decir, el tener una universidad residencial con objetivos
educativos no entra en sus planes. El ambiente en las residencias es el mismo
que en un hotel: son un conjunto de habitaciones a las que hay que sacar la
máxima rentabilidad económica; en ellas no hay actividades educativas o
culturales organizadas de ningún tipo.
¿Y el proceso de selección de los
alumnos? Condición necesaria y suficiente es que paguen un millón de matrícula
por curso y dos millones en el caso de los residentes. Es todo.
Lo que sí parece seguro es que en
estas “universidades” no se inventará ni un tornillo con cabeza en cruz, ni una
ratonera mejor; simplemente, la investigación no se contempla porque no es
negocio. En la Alfonso X los profesores a tiempo completo tienen una carga
lectiva media de 12-13 horas por semana, a veces con asignaturas de los
primeros y de los últimos cursos, lo cual no deja ningún tiempo para una
posible investigación, a pesar de la fuerte vocación de algunos de ellos. Esto
es lo que hay. Una anécdota interesante surgió en una charla con un colega
(doctor por la Universidad Politécnica de Madrid) que manifestó dos opiniones
curiosas, por lo contradictorias. Por un lado afirmó: "esto no es una
universidad, esto es un negocio". Por otro, "es imposible que haya
universidades privadas sin fines de lucro, porque si ello fuera así, ¿quién
estaría interesado en crearlas?". Parece sorprendente que con cientos de
graduados españoles en universidades privadas y públicas americanas (entre
otros Rodrigo Rato, en la Universidad de California, Berkeley, la cual es
pública), haya personas educadas en nuestro país que ignoren que todas
las universidades privadas americanas de reconocido prestigio internacional no
tienen fines de lucro.
Para concluir, al cabo de ocho años de existencia y de un éxito económico
espectacular, aproximándose a los 11.000 alumnos, la situación está clara: apenas
hay investigación (véanse los tres proyectos mencionados anteriormente). En
el sitio de Internet de la universidad Alfonso X, [11]
la expresión programas o proyectos de investigación no aparece,
ni se menciona en el llamado ideario. Por tanto, esta empresa no
contempla de forma seria una de las dos misiones fundamentales de la
universidad: la investigación.
Esta empresa puede contribuir
positivamente a la sociedad en su calidad de colegio universitario, lo
cual es legítimo. En Estados Unidos estas instituciones se denominan colleges.
El nombre universidad debe reservarse para las instituciones que llevan
a cabo las dos misiones fundamentales de docencia e investigación.
Durante los primeros cinco años, las
instalaciones deportivas se limitaron a las típicas pistas de cemento para
practicar informalmente el baloncesto y fútbol sala. Para establecer una nueva
licenciatura en ciencias de la actividad física y del deporte, se añadieron
después un gimnasio, una pista de atletismo, un campo de fútbol y ocho canchas
de tenis; otra inversión económica.
Estos son los valores que se
transmiten a nuestros estudiantes: los ideales altruistas no existen, sólo
cuenta el dinero.
Si en España no creamos al menos algunas universidades públicas o privadas de nivel internacional, estaremos permanentemente abocados a vivir del turismo, de las multinacionales del automóvil, de otras multinacionales que tan pronto les conviene cierran su fabricación en España (IBM, Hewlett-Packard, Lear), y la mayoría de nuestros flamantes graduados técnicos seguirán contribuyendo al acervo científico y tecnológico mundial vendiendo impresoras de Hewlett-Packard, o vendiendo estaciones de trabajo de Sun Microsystems.
[1] Memoria Anual para el
año 2000 de la Universidad Privada de Madrid S.A., la cual es la empresa
propietaria de la Universidad Alfonso X El Sabio, en www.registradores.org (Memoria
Anual 2000 en lo que sigue).
[2] www.uax.es, datos de
septiembre de 2002. En de Miguel et. al.,
ob. cit., pág. 299, se cita un número de volúmenes para la biblioteca de
la Alfonso X de 20.300.
[3] Association of Research
Libraries, datos de 2001, véanse en: http://fisher.lib.virginia.edu/arl.
El promedio de adquisiciones hechas por Harvard en el decenio 1992-2001 es de 324.455
volúmenes por año.
[4] Jesús M. de Miguel,
Jordi Cäis y Elisabeth Vaquera, ob. cit., pág. 333.
[5] Jesús M. de Miguel,
Jordi Cäis y Elisabeth Vaquera, ob. cit., pág. 299.
[6] www.uax.es y Memoria Anual 2000.
[7]
La dirección de la Alfonso X es bicéfala: el rector tiene ciertas responsabilidades
académicas, pero los cuartos, todo lo relativo al talonario, el inicio de
nuevas carreras según su rentabilidad
económica, etc., son responsabilidad exclusiva de la empresa y es ejercida por
su presidente, el cual no tiene ningún cargo académico.
[8]
Memoria Anual 2000.
[9]
Memoria Anual 2000.
[10] George Orwell, 1984, Signet Classics, Nueva
York, 1961. Véase el apéndice “The Principles of Newspeak”,
en el que se describe un lenguaje diseñado específicamente para la ocultación
de la verdad.
[11] www.uax.es.