El problema de la Universidad y el
de la calidad de la enseñanza universitaria es motivo de honda preocupación entre
muchos sectores de nuestra sociedad. Las distintas corrientes de opinión
coinciden en lo esencial, y esto es que en términos generales la calidad
de la enseñanza e investigación en la mayoría de las universidades
públicas es baja y manifiestamente mejorable, y el método de selección del
profesorado (endogamia) es un escándalo nacional e internacional. La Ley
de Ordenación Universitaria (LOU) es el último intento del gobierno para tratar
de remediar el problema. Las reacciones airadas desatadas contra esta ley ponen
de manifiesto la politización extrema del problema universitario; en
particular, no se comprende por qué los sindicatos tienen que jugar un papel en
la política científica y en el ordenamiento universitario del país.
El establecimiento de universidades
privadas de calidad podría tener un impacto muy importante en el desarrollo
científico, técnico y económico del país. En primer lugar, no estarían
lastradas por consideraciones políticas totalmente extra-académicas: ser de
izquierdas o de derechas, celebración de elecciones a rector, participación de
estudiantes y sindicatos en el gobierno de la universidad, etc. Las
universidades públicas españolas están tan politizadas y degradadas, sujetas
desafortunadamente a disputas políticas entre los partidos, que en la
actualidad se ha llegado a un enfrentamiento total: “cuando yo gane las
elecciones lo cambiaré todo.” Un sistema universitario sometido a estos
vaivenes políticos no tiene ninguna posibilidad de lograr y mantener una
tradición de excelencia.
Todos éstas son cuestiones políticas que no tienen nada
que ver con la esencia de lo que debe ser una universidad: una comunidad
académica apolítica e independiente de profesores y alumnos cuyo
objetivo supremo es lograr la excelencia tanto en la enseñanza como en la
investigación. Una universidad no debe ser una institución democrática
sino meritocrática, cuyo gobierno ejecutivo debe estar en manos de las
personas idóneas, elegidas por una Junta o Consejo de Control independiente.
Este es el modelo de Harvard descrito en el capítulo 3, en donde no sólo sus
órganos de gobierno, sus profesores, sino también todos los alumnos de
licenciatura (college) son elegidos por mérito, sin consideración del
nivel económico de su familia, ya que todos los que lo requieren reciben
las becas necesarias. La Universidad de Harvard tiene una organización y
sistema de gobierno tan sencillos y diáfanos que han superado con éxito la
prueba de casi cuatro siglos de funcionamiento, sin que hayan cambiado en lo
esencial. Esta organización no requiere dinero sino un ideal
de servicio a la cultura universal, y ha servido a Harvard bien, tanto
cuando arrancó con un presupuesto de 400 libras esterlinas en 1636, como en la
actualidad en que dispone de un capital propio mobiliario (endowment) de
18.300 mil millones de dólares, aparte de su inmenso capital inmobiliario en
edificios, bibliotecas, laboratorios, museos, instalaciones deportivas, etc. Es
oportuno reiterar aquí el hecho de que esta institución es legalmente una
corporación sin fines de lucro, sin dueños ni accionistas, que se perpetua a si
misma en el tiempo.
Hay dos libros recientes que
examinan a fondo la cuestión de las universidades españolas. El primero de
ellos describe de forma profunda la historia de nuestras universidades y su
estado actual.[1] No sólo
contiene una información extensa y valiosa, sino que compara de forma lúcida el
sistema universitario norteamericano con el español, y describe el desarrollo
histórico de sus tradiciones respectivas.
El segundo libro es el primer intento serio de
producir un ranking objetivo de calidad de las universidades españolas,
tanto públicas como privadas.[2]
Contiene muchos datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística sobre las
universidades,[3] y de estos
datos numéricos se obtienen los rankings de calidad utilizando métodos
objetivos. Los autores describen también los rankings de algunas
universidades norteamericanas de élite, y argumentan que éstos son necesarios
para que los estudiantes y sus padres puedan evaluar la oferta universitaria.
Hasta ahora, debido a la tradición estatal de la educación superior en España,
era una creencia generalizada que todos los títulos universitarios eran
“iguales”, independientemente de la universidad en donde se obtienen (ya que son oficiales y de validez en todo
el estado).
En su descripción de las universidades privadas
españolas, estos dos libros no tratan a fondo la cuestión fundamental: si
son instituciones altruistas sin fines de lucro, o sociedades mercantiles cuyo
objetivo es obtener beneficios para sus dueños. Las universidades privadas
sin fines de lucro (de inspiración religiosa o laica) pueden aspirar a
convertirse en universidades investigadoras de nivel internacional; las
segundas, nunca, porque una sociedad mercantil no puede, por definición, ser
una verdadera universidad. Una universidad ha de llevar a cabo sus dos misiones
fundamentales, es decir, la docencia y la investigación. La investigación en
las disciplinas universitarias esenciales (ciencias naturales, medicina, historia,
filosofía, literatura, etc.) no puede dar beneficios; al contrario, absorbe
recursos.
Es cierto que en Estados Unidos hay algunas
universidades privadas con fines de lucro, pero tampoco son verdaderas
universidades, sino centros de formación profesional con programas de estudios
en contabilidad, administración de empresas, gestión de recursos humanos,
tecnología de la información, etc. En general, son centros de formación de
adultos ya empleados, en los que mejoran sus calificaciones profesionales y
obtienen un título. Imparten sus clases por las noches y en fines de semana
(como algunas academias privadas en nuestras ciudades). La University of
Phoenix es la más grande de las universidades de este tipo, con más de
100.000 alumnos y “centros” (en oficinas alquiladas) en 22 estados.
Pusey, 24º presidente de Harvard, fallecido en
noviembre de 2001, tenía un sentimiento muy profundo sobre los valores de la
universidad, a la que llamó “una de las creaciones más nobles de la mente
humana”.[4]
John Sperling, de 81 años, el fundador de la Universidad de Phoenix, que ha
ganado cerca de $1.000 millones al sacar su “universidad” a bolsa, fue
prácticamente expulsado de California por las autoridades educativas que no
reconocieron su “universidad”,[5]
y finalmente consiguió que se la aprobaran en Arizona. Debido a su lucha con
las autoridades educativas y con los miembros de las asambleas legislativas de
los estados, se aficionó a la política y declaró: “Si tuviera la edad de mi
hijo (43 años), me compraría un escaño en el Senado (de Washington)”.[6]
Como quería clonar a su perro, financió con $10 M a un equipo de especialistas
en genética en Texas A&M University, los cuales hasta ahora sólo han
conseguido clonar a un gato. La moraleja es que Sperling distingue perfectamente
entre una verdadera universidad y su “universidad”. Los empresarios de la enseñanza
comparten la misma mentalidad y objetivos, tanto en Estados Unidos como en
España.
La tradición de las universidades privadas sin fines
de lucro es tan fuerte y tan establecida en Estados Unidos, que la gente no
tiene ninguna dificultad en distinguirlas de los centros de formación
profesional llamados universidades. En España este problema puede llegar a ser
muy grave, porque la ciudadanía no tiene elementos para distinguir las
verdaderas universidades con investigación de las que sólo se dedican a la
docencia en carreras con muchas “salidas”, las cuales producen beneficios para sus dueños o accionistas. Después de
todo, todas sin distinción son autorizadas por el Estado y expiden títulos
oficiales.
La existencia de unas pocas universidades, privadas o públicas,
de calidad internacional supondría un beneficio inmenso para todo el país. Por
ejemplo, Suiza tiene una población de unos 7 millones de habitantes y la
Escuela Politécnica Federal de Zurich (ETH, pública) ha sido y es determinante
en el logro y mantenimiento del altísimo nivel tecnológico del país, el cual
dispone de empresas de la más alta tecnología que compiten a nivel mundial con
las multinacionales americanas: Novartis (farmacéutica), Nestlé (alimentación),
ABB (ingeniería y mecánica), etc.
¿Es posible
lograr algo así en España? Por supuesto que sí. De hecho, la Universidad de
Navarra, la de más calidad entre las universidades públicas y privadas según el
estudio publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas,[7]
tiene todos los elementos básicos para convertirse en una universidad
investigadora (research university) de nivel internacional, como se
describe más adelante.
Otro ejemplo concreto de institución científica y universitaria que funciona se
da en Argentina, un país de nuestro entorno cultural. Me refiero al Instituto
de Física Balseiro de Bariloche. Esta institución no es una universidad, sino
una Facultad de Física, como su nombre
indica. Pues bien, sin entrar en el
folklore pintoresco de Bariloche,[8]
el caso es que una planta física de considerable valor construida por Perón en
una región paradisíaca de los Andes argentinos, empezó por los años cincuenta a
transformarse bajo el impulso de José Antonio Balseiro, un físico argentino
doctorado en Inglaterra, en lo que es hoy el Instituto Balseiro, un centro de
enseñanza e investigación de física de nivel mundial, que fue financiado y
controlado por la Comisión Nacional de Energía Atómica Argentina, a su vez bajo
el control de los militares. Hay muchísima gente de Bariloche en los Estados
Unidos, que han sido o son profesores en algunas de las mejores universidades.
Leopoldo Falicov, posiblemente uno de los físicos teóricos más brillantes que ha
habido, era catedrático de la Universidad de California en Berkeley y miembro
de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos; falleció en 1995; Juan
Maldacena, catedrático en el Departamento de
Física de Harvard; José Menéndez, catedrático en Arizona State University;
Roberto Merlín, catedrático en la Universidad de Michigan (Ann Arbor); Aron
Pinsuck, catedrático en Columbia University. Está lleno.
¿Cómo se logró esto? Estableciendo un sistema de
selección de profesores y alumnos basado en el mérito. Los alumnos tienen que
haber cursado dos años de estudios en otras universidades argentinas, y luego
se presentan a un examen de ingreso en Bariloche. Aceptan al 10% de los
presentados que obtienen las calificaciones más altas, y les pagan un sueldo
durante el resto de los estudios. El dinero y la clase social no cuentan, ni
las derechas ni las izquierdas, ni los sindicatos. Tampoco hay elecciones a
rector ni “movilizaciones”, porque Bariloche no es un núcleo urbano y está a
1.800 km de Buenos Aires.
Por supuesto, el nivel científico, tecnológico y económico
de un país no depende exclusivamente de una facultad de física excelente,
como lo demuestra el triste caso de Argentina. El significado de Bariloche es
no obstante ejemplar: lo mismo que se creó una facultad de física de nivel
mundial, se podría crear un instituto de tecnología, o un centro de
biotecnología, utilizando los mismos criterios y valores universales que fueron
el origen de Bariloche.
Esta
universidad situada en Pamplona fue fundada por San Josemaría Escrivá de
Balaguer en 1952.
Arrancó con los estudios de Derecho y 42 estudiantes, utilizando un aula
situada en la Cámara de Comptos Reales, un edificio público de la Diputación
Foral de Navarra, cuyo uso fue cedido gratuitamente. La Diputación Foral
concedió también una subvención de 150.000 pesetas anuales, durante dos años.
No se disponen de otros datos relativos a la financiación inicial de la universidad,
originalmente denominada Estudio General de Navarra. Estos no hacen falta para
intuir que inicialmente no contaba con apoyos financieros sólidos, y que la
creación de la universidad fue simplemente un acto de fe, realizado en una
época de penuria económica extrema.[9]
Salvando las distancias en el tiempo, la creación de la Universidad de Navarra
recuerda la fundación del Colegio de Harvard (Harvard College) en 1636,
ya que éste fue también de inspiración religiosa (puritana), y arrancó con unos
pocos estudiantes y 400 libras de presupuesto. Contrasta marcadamente con la
fundación de las universidades de Chicago y Stanford, las cuales contaron
inicialmente con el apoyo magnánimo y millonario de dos magnates de finales del
siglo XIX (Rockefeller y Stanford, respectivamente).[10]
Pero estas cuatro universidades tienen algo fundamental en común:
religiosas o laicas, son todas instituciones altruistas sin fines de lucro.
Esta característica es una condición necesaria para poder aspirar a los
objetivos de excelencia más elevados.
Desde
su modesta etapa inicial con unos pocos estudiantes y una escasa financiación,
la Universidad de Navarra (UNAV en adelante) se ha convertido hoy en una
universidad con unos 16.500 estudiantes, de los cuales 12.500 son de pregrado y
4.000 de postgrado (entre los que figuran 1.150 estudiantes de doctorado).
Tiene una plantilla de unos 2.500 profesores y 400 facultativos en la Clínica
Universitaria (la mayoría de éstos son también profesores).
La UNAV goza de toda la independencia
que permite la legislación española: nombramiento de profesores y del rector,
selección de alumnos, carreras con títulos propios de gran prestigio, etc. En
una sociedad con una tradición democrática tan corta como la española,[11]
el hecho de que sea una universidad de inspiración religiosa puede despertar de
inmediato recelos en algunos sectores: es del Opus, es de derechas, etc. Pero la UNAV admite a estudiantes sin considerar si tienen fe
religiosa, y cuenta con profesores que no sólo no son del Opus, sino tampoco
católicos o cristianos. Su inspiración cristiana es plasmada en los principios
básicos siguientes: “la libertad y la responsabilidad personales, el pluralismo
y el trabajo.”[12] La libertad
supone que “cada uno debe respetar a los demás, convivir con quienes exponen
opiniones divergentes, con quienes proceden de ambientes culturales y sociales
muy distintos.”[13] La
responsabilidad promueve la idea de que el trabajo es “un medio de desarrollo
de la propia personalidad, vínculo de unión entre las personas y un modo de
contribuir al progreso de la humanidad.”[14]
La filosofía
del Opus, por lo que respecta a la importancia sobrenatural que se da al
trabajo, tiene, en mi opinión, un punto de encuentro con la llamada ética
protestante en la que el trabajo duro, la austeridad y la eficacia en el
desempeño de las tareas individuales son altamente valorados.[15]
Esta ética protestante (llamada también ética puritana o ética del trabajo) se
considera una de las razones primordiales de la prosperidad económica en los
Estados Unidos.
En sociedades
democráticas avanzadas, la mayoría de los ciudadanos (creyentes o no) valoran
lo que es positivo y bueno, sin considerar su orientación religiosa. Por
ejemplo, Harvard fue fundada como una universidad de inspiración religiosa
puritana; de sus quince presidentes entre 1640 y 1845, trece fueron pastores
protestantes. En resumen, los estudiantes intentan ir a las universidades con
los mejores programas en el área en la que quieren estudiar; es probable que un
estudiante judío que quiera hacer el doctorado en física intente ser admitido
en Harvard antes que en Brandeis, una universidad judía situada también en los
alrededores de Boston. Otra universidad de prestigio internacional es
Georgetown University en Washington. Es una universidad católica y jesuita,
fundada en 1789 por el Padre John Carroll. Atrae a estudiantes y profesores de
130 países y cuenta, por supuesto, con capellanes católicos; pero también con
capellanes judíos y protestantes, para atender a la comunidad diversa de estudiantes.
No
estoy manifestando que las universidades de inspiración religiosa son las
únicas que tienen ideales altruistas. Hoy en día Harvard es una institución
puramente laica, y la Universidad de Stanford fue creada a fines del siglo XIX
como una institución basada en ideales altruistas laicos, que pueden ser
compartidos por todo el mundo: “...
preparar a los estudiantes para triunfar en la vida y para promover el bien
público, por medio de la adopción de los valores humanistas y de la
civilización, e inculcar el ideal de la libertad regulada por la ley. Promover
el amor y la reverencia hacia los principios de gobierno derivados de los
derechos inalienables del hombre a la vida, la libertad, y la búsqueda de la
felicidad”.[16]
La
Universidad de Navarra es la primera de España en calidad, tanto entre las
universidades públicas como privadas.[17]
Tiene un interés especial porque puede servir de modelo a otras universidades
privadas, de inspiración religiosa o laica. Desde una perspectiva
internacional, no puede considerarse una universidad investigadora (research
university) de primera línea. La razón concreta es que carece de una
Facultad de Ciencias completa, sin estudios principales en física, astronomía y
matemáticas, ni tampoco cuenta con un departamento académico de informática (computer
sciences). Estas limitaciones son un espejo fiel de la realidad actual de
España, ya que al no disponer la UNAV de apoyo financiero estatal, la sociedad
civil tampoco parece dispuesta a apoyar financieramente actividades de docencia
e investigación en disciplinas académicas que requieren grandes recursos y
tienen poca demanda social.[18]
Pero en el campo de la medicina, la UNAV
está probablemente al más alto nivel internacional. Su hospital universitario,
denominado Clínica Universitaria de Navarra, tiene una merecida reputación,
tanto nacional como internacional. Integra la investigación con la práctica
clínica, y las plusvalías generadas en la Clínica (atiende a más de 100.000
pacientes por año) se utilizan para pagar los sueldos de los profesores de
medicina y financiar en parte la investigación. Parece ser la única institución
médica en España en donde se ha logrado un objetivo altamente deseable: una
parte importante de sus médicos e investigadores trabajan en la Clínica a
jornada completa, y con dedicación exclusiva real. La Facultad de Medicina está
en plena expansión; recientemente se ha puesto la primera piedra de un nuevo
Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA), el cual estará operativo en dos
años, y contará con unos 360 investigadores y técnicos y un presupuesto anual
de funcionamiento de 15 millones de euros. La integración entre la investigación
y la asistencia sanitaria estará por tanto asegurada. Este ejemplo de
integración entre la investigación y sus aplicaciones es un factor decisivo
para el apoyo social a la investigación.
Gobierno de la Universidad. El Gran
Canciller de la UNAV es el Prelado del Opus Dei, el cual reside en Roma y
ejerce las funciones supervisoras necesarias para asegurar el buen gobierno
de la Universidad y mantener su
identidad católica. Asimismo, oída la Junta de Gobierno, nombra al Rector y da
el visto bueno (“venia docente”) a los nombramientos de profesores permanentes.
Esta facultad, de aprobar o vetar las propuestas de nombramiento de profesores
permanentes, es idéntica a la del Presidente de Harvard, y en ambos casos
(Navarra y Harvard) es ejercida con poca frecuencia. Dado que el Gran Canciller
reside en Roma, éste delega generalmente el ejercicio de sus funciones en el
Vicecanciller, el cual es el Vicario General del Opus Dei en España.
La
representación de la Universidad la ostenta el Rector, el cual ejerce el
gobierno ejecutivo junto con dos órganos colegiados: la Junta de Gobierno y su
Comisión Permanente. El nombramiento del Rector, como el de los demás cargos
académicos administrativos (Vicerrectores, Decanos, etc.), se hace por un
período de tres años, con posibilidad de renovación. La Junta de Gobierno está
integrada por el Rector, los Vicerrectores, Decanos, etc., y dos representantes
de los estudiantes. La Junta de Gobierno se reúne en Pleno o en Comisión
Permanente y es convocada por el Rector, que las preside. Forman la Comisión
Permanente un conjunto restringido de miembros de la Junta de Gobierno (Rector,
Vicerrectores y gerentes). La Comisión Permanente, que también se denomina
Rectorado, tiene la responsabilidad del gobierno ordinario de la Universidad
(presupuestos, propuestas de nombramiento de profesores permanentes,
nombramientos de los otros profesores y de cargos administrativos de alto
nivel).
El
carácter distintivo del gobierno ordinario es que sus facultades se ejercen de
forma colegiada, es decir, el Rector no lleva a cabo lo que pudieran
denominarse “actos propios individuales”, sino que actúa siempre de acuerdo con
la Comisión Permanente.
El
Rectorado es muy consciente de la importancia esencial que tiene para la
Universidad el apoyo financiero de la sociedad civil y de las administraciones,
y se esfuerza en promover actividades recaudatorias en estos ámbitos. Hay una
Asociación de Amigos de la Universidad de Navarra y una Agrupación de Graduados
que prestan un apoyo financiero importante.
Las
contribuciones económicas de la Asociación de Amigos de la Universidad de
Navarra son considerables. Esta Asociación sufraga en su mayor parte la
construcción de los edificios de la universidad, así como las instalaciones y
equipos necesarios para la investigación.[19]
Si no fuera por esto, el coste de los edificios y su dotación tendría que
repercutir en el coste de las matrículas, como es el caso en otras
universidades privadas.
La matrícula
en la Facultad de Medicina de la UNAV asciende a 788.000 pesetas, una cantidad
relativamente baja, dada la
calidad de la facultad y el ratio profesor/alumno existente. Como contraste, el coste real
de la formación de un médico en la Universidad Central de Barcelona es de
1.300.000 pesetas por año. Esto es sólo posible porque la Clínica Universitaria
paga los sueldos de los profesores de medicina y parte de la investigación
médica; el resto proviene de fundaciones públicas y privadas. Otros ejemplos:
las matrículas de Derecho e Ingeniería Industrial en la UNAV ascienden a
665.000 y 890.000 pesetas, mientras que en la Universidad Antonio de Nebrija
ascienden a 948.000 y 1.032.000 pesetas.
Los profesores. La UNAV, como las otras universidades
privadas, tiene una estructura del profesorado propia, que no se corresponde
exactamente con la de la universidad pública. La categoría máxima se denomina profesor
ordinario, aunque los catedráticos de las universidades públicas
contratados por la UNAV se pueden seguir llamando catedráticos. Después vienen
dos categorías más, la de profesores agregados y la de profesores
adjuntos. Las dos primeras categorías, ordinarios y agregados, gozan de
independencia plena en sus tareas docentes e investigadoras, mientras que los
profesores adjuntos desempeñan sus funciones en colaboración con los profesores
ordinarios o agregados. A estas tres categorías les corresponden nombramientos
de carácter permanente.
Luego viene un
número muy reducido de profesores con nombramientos temporales, y por último un
número considerable de “otros” profesores, es decir, aquellos que colaboran de
forma extraordinaria con la universidad: asociados, honorarios,
extraordinarios, visitantes, etc. Para nuestros fines, es suficiente asignar
todos estos profesores a la categoría de “otros” profesores; desde el punto de
vista laboral, se puede considerar que éstos son profesores en comisión de
servicios, es decir, su colaboración puede cesar en cualquier momento o en un
tiempo breve que no excede los dos años.
No es mi
objetivo dar estadísticas detalladas sobre los profesores de la UNAV, éstas
pueden consultarse en de Miguel et al., de donde hemos sacado los datos
siguientes para el promedio de España:[20]
Profesores clasificados por categorías, por mil estudiantes
|
|
Total Profesores |
Catedráticos |
Profesores Titulares |
|
UNAV1 |
149 |
8,5 |
30 |
|
Promedio de España2 |
54 |
5,7 |
22 |
1 Cifras extraídas de la Memoria del Año Académico
2000-01 de la UNAV.
Con
fines de comparación con las cifras en de Miguel et al. para el conjunto
de
España, se consideran profesores titulares de la UNAV a los profesores
agregados y a los adjuntos.
2 Universidades públicas y privadas.
El número de profesores
por cada mil alumnos es casi el triple que la media española, el de
catedráticos es el 50% superior y el de titulares es el 36% superior.
La Facultad de
Medicina, como en todo el mundo, tiene una estructura más compleja que las
otras facultades (profesores a tiempo parcial, asociados, consultores, etc.),
que no es mi objetivo describir. Si dejamos fuera esta facultad, el número
total de profesores de la UNAV (2000-2001) es 1.509, de los cuales 499 son
profesores permanentes (ordinarios, agregados y adjuntos), lo cual representa
el 33% del total. El número total de alumnos, sin los de Medicina, es de 15.085
(pregrado, masters y doctorado).
Es interesante
comparar estos datos con los correspondientes de Harvard (1999-2000), también
excluyendo la medicina. Los resultados son:
Distribución de estudiantes y profesores en la UNAV y en Harvard
|
|
Estudiantes de Pregrado |
Estudiantes de Post-grado (Masters y doctores) |
Total estudiantes |
Total profesores |
Profesores permanentes |
Número de
profesores permanentes por mil estudiantes |
|
UNAV |
11.347 |
3.738 |
15.085 |
1.509 |
499 |
33 |
|
Harvard |
6.6501 |
11.156 |
17.806 |
1.943 |
7812 |
44 |
1 Estos son los estudiantes del
college, en donde se imparte una educación en artes liberales
(humanidades y ciencia), y cuyo título principal es Bachelor of Arts.
2 Harvard es la única universidad
de Estados Unidos en donde los únicos profesores permanentes (tenured
professors) son los catedráticos (full professors), cuyo número
asciende al 40% del profesorado. De los 499 profesores permanentes de Navarra,
114 son catedráticos (profesores ordinarios), cuyo número equivale al 7,5% del
profesorado. Por tanto, sin incluir la medicina, Harvard tiene 44 catedráticos
por mil estudiantes y la UNAV tiene ocho; el promedio de las universidades
españolas públicas y privadas, sin desglosar la medicina, es de 5,7
catedráticos por mil alumnos.
Es interesante describir el proceso de selección del
profesorado permanente en UNAV. Tanto la promoción interna de profesores
permanentes como su contratación de otras universidades (españolas o
extranjeras) se rigen por los mismos criterios sencillos. La primera condición
es, por supuesto, que haya una plaza de profesor permanente disponible, junto
con su presupuesto. El departamento correspondiente a la plaza organiza una
comisión mixta con gente de fuera de la universidad y de la UNAV. Esta comisión
mixta examina el currículo del candidato y eleva una propuesta al departamento;
si éste la aprueba, la pasa a la Comisión Permanente (Rectorado), la cual
estudia de nuevo todo el expediente, y dice sí o no a la propuesta del
departamento. El Rector no rechaza una propuesta por si sólo. Es el conjunto
del Rectorado (la Comisión Permanente) quién aprueba o rechaza la propuesta.
Antes de que la Comisión Permanente se pronuncie formalmente sobre un
nombramiento, el Rector pide el visto bueno (“venia docente”) al Gran
Canciller, el cual puede concederlo o denegarlo. Si lo deniega, el nombramiento
no prospera.
Si por cualquier razón justificada, un profesor no
funciona o no se adapta, la UNAV se reserva la flexibilidad de revocar el
nombramiento. No está obligada a guardar los profesores a perpetuidad como en
la universidad pública, aunque no hagan nada y estén en un rincón. Otra
posibilidad esencial en la selección
del profesorado es que la UNAV puede hacer una oferta salarial especial a un
candidato con méritos especiales. Este es el caso cuando se quiere abrir una
nueva línea de investigación y hay un candidato idóneo que aporta proyectos y
fondos de investigación; entonces se le hace una oferta salarial a la medida de
sus méritos. Esto es imposible en la universidad pública, en donde lo que prima
es el escalafón y la rigidez.[21]
Los alumnos. El número total de alumnos de la UNAV en 2000-2001
fue de 16.437, distribuidos de la forma siguiente: pregrado, 12.417 (76% del total);
master, 2.872 (17% del total); doctorado, 1.148 (7% del total).
Es de
interés considerar primero los estudiantes de pregrado (diplomaturas,
licenciaturas e ingenierías). Hay un proceso de selección en el que se requiere
una prueba de admisión que es característica de cada carrera, y para la que no
hay que hacer ninguna preparación especial. La admisión se concede a los
estudiantes de cualquier distrito universitario que obtengan la mejor
puntuación, de acuerdo con la ponderación siguiente: las notas del bachillerato
tienen un peso del 70%, y la prueba de admisión, del 30%. Obviamente, la
admisión depende también del numero de plazas existentes para cada carrera. Los
detalles últimos del proceso de admisión, como es también común en las
universidades americanas, no se publican.
Uno de los ideales de la UNAV es admitir a todos los
estudiantes con los méritos académicos suficientes, sin considerar su situación
económica familiar. En fin, lo que ha sido una realidad en Harvard y otras
universidades americanas desde hace bastantes años. Pero los dineros de Estados
Unidos y los de España son lo que son, y la UNAV no tiene un patrimonio
mobiliario (endowment) de $18.000 millones como Harvard. De todos modos,
los resultados obtenidos en la composición del alumnado por nivel económico
familiar son bastante satisfactorios. Estos son: el 10.5% de los estudiantes
son de familias con niveles de renta altos; el 53.5%, de familias con niveles
de renta medios; el 33.6%, de familias con niveles de renta bajos; y el 2,3%,
no están clasificados.[22]
Estas cifras demuestran que los esfuerzos de la UNAV para alcanzar su ideal son
patentes.
La UNAV tiene un Servicio de Asistencia Universitaria que
tramita las solicitudes de becas de sus estudiantes ante los organismos públicos
y otras entidades. La becas son concedidas por el Ministerio de Educación, el
Gobierno Foral de Navarra, el Gobierno Vasco, fundaciones privadas, y la propia
UNAV, la cual dedicó 490 millones de pesetas de su presupuesto a ayudas
económicas a sus estudiantes. Un total de 872 estudiantes trabajaron a tiempo
parcial en distintos servicios de la UNAV para ayudar a costear sus estudios, y
otros obtuvieron créditos bancarios. En resumen, todo estudiante con los
méritos académicos suficientes puede estudiar en la UNAV.[23]
Resulta sorprendente que de Miguel et al.
afirmen en su libro: “... Algunas universidades privadas, como Navarra y
Pontificia de Comillas, son muy buenas. Pero hay un componente católico en
esas universidades (opusdeista o jesuita) cuyo impacto en la formación
académica es difícil de evaluar. Son universidades con un código moral
peculiar, con una ideología conservadora ...”[24]
(mi cursiva). Nunca leí que el cristianismo, una de las raíces fundamentales de
la civilización occidental, fuese
un código moral peculiar. Lo que
sí puede constatarse es que la formación académica en la UNAV es excelente: por
ejemplo, en el curso 2000-2001, de los 165 graduados en Medicina de la UNAV que
se presentaron al examen MIR (Médicos Interinos Residentes) obtuvieron plaza
140 (85% de los presentados).
Es
política de la UNAV desarrollar al máximo su vinculación con los antiguos
alumnos. Por ejemplo, con motivo del Cincuentenario de la Universidad, la UNAV
ha pedido a la Agrupación de Graduados que consigan los recursos para financiar
20 becas. Son becas al honor, de forma que, una vez graduados, los becarios
devuelvan los recursos recibidos para dotar a otros 20 becarios. Se pretende
que la Agrupación de Graduados adquiera un protagonismo muy grande para dotar
de recursos económicos a personas que de otro modo no podrían ir a la
Universidad.
La
cuestión de las donaciones de los antiguos alumnos a sus universidades depende
obviamente del nivel económico de los graduados, pero también de una fiscalidad
favorable. Con la excepción del Instituto de Estudios Superiores de la
Empresa (IESE), cuyos graduados tienen
unos niveles salariales muy altos y donde casi el 50% de los mismos contribuyen
significativamente al instituto, la UNAV no tiene un patrimonio mobiliario
significativo (endowment).
Ingresos y gastos. Los gastos corrientes de la UNAV se financian
principalmente con las matrículas de los alumnos y con los ingresos por
donaciones de empresas e instituciones privadas. El presupuesto de la UNAV es
un tanto complejo ya que no se da como un conjunto consolidado, al no incluir
el IESE ni la Clínica Universitaria, los cuales tienen una financiación
autónoma.
A grandes rasgos, la UNAV separa lo que puede
considerarse como ingresos y gastos corrientes de docencia de los gastos de
investigación, los cuales se contabilizan aparte. El presupuesto docente del
ejercicio económico del curso 2000-2001 para el campus de Pamplona y el de San
Sebastián (ingenierías) es el siguiente:
|
INGRESOS |
En miles de pesetas |
|
Pagos por matrícula |
7.986.724 |
|
Ingresos de empresas,
instituciones ... |
1.740.254 |
|
Total |
9.726.978 |
|
GASTOS |
En miles de pesetas |
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Personal docente |
3.692.262 |
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Personal no docente |
2.143.262 |
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Gastos corrientes en bienes
y servicios (ordenadores, mobiliario, ...) |
3.106.023 |
|
Otros gastos corrientes |
269.135 |
|
Inversiones reales y
transferencia de capital |
221.738 |
|
Total |
9.432.420 |
Los gastos de investigación se contabilizan de varias
maneras. Existe un Plan de Investigación de la Universidad de Navarra (PIUNA)
con un conjunto de proyectos en distintas disciplinas, pero con prioridad en
biomedicina, que representan iniciativas propias de la universidad y que contó
con 950 millones de pesetas de presupuesto en el curso 2000-2001. Estos fondos
provienen de contribuciones de la Fundación Universitaria de Navarra, y de
otras entidades y personas que canalizan sus contribuciones a través de esta
Fundación, las cuales ascendieron a 578 millones de pesetas; el resto lo pagó
la universidad
En el mismo período, se han financiado 126 proyectos de
investigación con subvenciones de organismo públicos diversos: la Comisión de
la Unión Europea, el Ministerio de Ciencia y Tecnología, el Ministerio de
Sanidad y Consumo, el Gobierno de Navarra, etc... El total de subvenciones
recibidas ascendió a 704 millones de pesetas.
Hay también una Fundación para la Investigación Médica
Aplicada que recibe fondos de distintas empresas y entidades específicamente
para proyectos biomédicos.
Por
último, el Instituto Científico y Tecnológico de Navarra, S.A. (ICT), es una
entidad creada por la UNAV para la promoción, coordinación y gestión de la
investigación. En esencia, el ICT lleva a cabo proyectos de investigación bajo
contrato con empresas, y colaboraciones y contactos comerciales, es decir, su
misión es realizar investigación aplicada para la empresa y no académica. En el
curso 2000-2001, el ICT ha facturado 1.000 millones de pesetas.
Una institución sin fines de lucro como la UNAV, con el
ideal y la ambición de convertirse en una universidad investigadora de nivel
internacional, es como una esponja que puede absorber recursos económicos sin
límite (recuérdense los $18.300 M del endowment de Harvard). Este autor
mencionó a Pedro Gil (Vicerrector
de Alumnos y Formación Académica) un ejemplo más cercano a la tierra, el de la
Universidad de Notre Dame en Notre Dame, Indiana, una universidad católica
fundada en 1842. Después de más de un siglo, en 1952, su patrimonio mobiliario
(endowment) sólo ascendía a $9 M; hoy en día, asciende a $950 M. A la
pregunta de si la UNAV tenía planes de seguir por esta senda, Pedro Gil
contestó que sí, pero que por el momento sólo era un sueño, dado el nivel
económico de España y la fiscalidad que el Estado aplica a las instituciones
sin fines de lucro. Pero el buen camino ya ha comenzado.
Folklore. La UNAV tiene sólo 50 años, tan sólo un instante en
la historia de una institución cuya vida debe medirse en siglos. Pero se han
sentado las bases de una institución que puede aspirar a convertirse en una
universidad investigadora de nivel internacional. La UNAV, como es natural, no
podrá adelantarse al país en donde está radicada y del que se nutre.
Los pioneros, los que pusieron en marcha la
Universidad, sabían que de partida tenía que haber investigación. El primer año
académico de la Facultad de Medicina comenzó en octubre de 1954, sin contar con
un edificio propio sino con locales cedidos en diversos edificios sanitarios
provinciales. El primer decano, el Profesor Jiménez Vargas, se marchó en una
furgoneta a Alemania a comprar reactivos y aparatos para dotar el laboratorio
de fisiología y el de farmacología. Por esa época, 1953-54, en España no había
esas cosas. Y se puso en marcha una
revista, la Revista Española de Fisiología, que todavía sigue publicándose en
la actualidad. Está recogida por el Institute for Scientific Information
(ISI) de Filadelfia; no tiene un índice de impacto muy alto, pero ahí está. Los
pioneros lo tenían muy claro, querían hacer una universidad multidisciplinar.
Empezaron con la Facultad de Derecho, luego con la de medicina, después con la
de filosofía y letras, es decir, una universidad clásica, humanista. Pero luego
siguen la escuela politécnica (ingenierías) en San Sebastián y el IESE en
Barcelona. Sobre la Facultad de Medicina, se apoyan la Facultad de Farmacia y
la de Ciencias Biológicas. Pero desde el principio, empiezan con la Facultad de
Medicina, el reto más grande, el más difícil. Ninguna de las universidades
privadas nuevas, fundadas en los años 90, asumen este reto, porque ese es el
reto más grande, la Facultad de Medicina. Esa es la diferencia.
No es una casualidad que la
UNAV tenga una Facultad de Medicina de nivel internacional, porque el nivel de
la medicina en España es alto, gracias al sistema público de la Seguridad
Social, el cual ha sido construido con el esfuerzo de varias generaciones de
españoles. Es digno de admirar cómo la financiación de esta facultad ha sido
resuelta de forma plena y autónoma por medio de la Clínica Universitaria, en un
país como el nuestro en donde los mecanismos de financiación de instituciones
privadas sin fines de lucro son complejos y difíciles, debido al
intervencionismo estatal y a la inexistencia de una fiscalidad favorable.
Pero aquí tenemos un ejemplo
de cómo la iniciativa privada beneficia al conjunto de la sociedad por medio de
un círculo virtuoso. La Clínica de Navarra presta un servicio médico de gran
calidad, no sólo a los pacientes privados con rentas altas, sino también a
aquellos pacientes que tienen suscrito un seguro privado francamente barato.[25]
Las plusvalías generadas se reinvierten en la Clínica y en la Facultad de
Medicina. La facultad produce unos médicos con excelente preparación, como
muestran los resultados en los exámenes de MIR, y estos médicos acceden a
puestos en la Seguridad Social y
contribuyen a la mejora de la asistencia médica a lo largo y ancho del país.
Debido al enorme gasto
farmacéutico de la Seguridad Social, la necesidad de investigación en el área
de las ciencias biológicas y de farmacia que resulte en el descubrimiento de
nuevos fármacos es patente. El país podría ahorrarse miles de millones en
algunos de los fármacos producidos por las multinacionales farmacéuticas. Es de
esperar que el entorno médico, farmacéutico y biológico existente en la UNAV
pueda dar algunos frutos en esta área.
Otra operación de la UNAV,
que con el tiempo se ha convertido en una institución de notable éxito
internacional, es el Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE), con
campus en Barcelona y Madrid. El primer curso comenzó en el otoño de 1958. Sus
comienzos fueron muy modestos; los primeros profesores (entre ellos Rafael
Termes) eran principalmente ingenieros de profesión que diseñaron sus cursos
utilizando materiales didácticos basados en el método del caso de Harvard,
conseguidos primero en Europa, en la escuela francesa de negocios INSEAD y en un
instituto de negocios suizo en Lausanne. Más tarde, en 1962, se estableció una
relación directa con la Harvard Business School, que se ha mantenido
hasta el presente. En la actualidad, en un ranking de escuelas de negocios europeas,
elaborado por la revista americana Businessweek en 2001, el IESE ocupa
el tercer lugar, sólo detrás del INSEAD de Paris y de la London Business
School. El número total de estudiantes es de 564 (curso 2001-2002), el 62%
de los cuales son extranjeros. La enseñanza se imparte en inglés y en español.
La admisión, basada en el currículo y una entrevista personal, es muy selectiva
ya que sólo se admite al 28% de los solicitantes. El perfil medio de los
estudiantes está representado por una persona de 28 años de edad que abandona
un empleo de 56.000 € anuales para hacer el programa de dos años de duración (Master
of Business Administration, MBA). Para financiar los estudios, el IESE
ofrece ayuda económica y algunos bancos ofrecen préstamos que cubren el coste
total de la matrícula de los dos años ($36.000), cuya única garantía es el
haber sido admitido en el programa por el IESE. Un 60% de los estudiantes
reciben ayuda económica parcial por lo que tienen que asumir deudas
importantes, pero al terminar pueden tener ofertas de empleo con un sueldo del
orden de 100.000 € anuales.
El modelo del IESE es en
muchos aspectos la Harvard Business School, en particular la idea de
acumular un patrimonio mobiliario (endowment) basado en las donaciones
de sus antiguos alumnos y amigos. Debemos recordar que más del 60% de sus
graduados son extranjeros. Durante 2001, el 49% de los antiguos alumnos donaron
dinero al IESE, con una contribución media de $344. En 1999, el IESE recibió
una donación de más de $10 M, y en la actualidad tiene un patrimonio de $60 M.
Todo esto es imposible de concebir en una universidad privada con fines de
lucro, porque nadie está dispuesto a contribuir al bolsillo de los dueños.
Además del IESE, hay otras
escuelas de negocios españolas que han conseguido prestigio internacional, como
el ICADE de la Universidad de Comillas en Madrid, y el ESADE de Barcelona.
Todas tienen algo esencial en común: al impartir estudios que resultan en
títulos propios, no oficiales, tienen libertad total de acción, fuera del
alcance de la burocracia ministerial y de los vaivenes políticos que plagan los
estudios “oficiales”.
Una selección subjetiva de
algunos de los antiguos alumnos de la universidad que han alcanzado un cierto
relieve en el país es la siguiente:
Periodismo:
Jesús Ceberio, Director de El País.
Pedro J. Ramírez, Director de El Mundo.
Iñaki Gabilondo, Cadena Ser.
Luis Herrero, Cadena COPE.
Noelia Fernández, Directora
de Yahoo España.
Ciencia:
Pedro Etxenique, Premio Príncipe de Asturias de
Investigación Científica.
Derecho:
Juan Cruz Allí, político navarro.
Isabel Tocino, ex-ministra de Medio
Ambiente.
IESE:
Isidro Fainé, Director General de la Caixa.
Antoni Brufau, Director General de Gas Natural.
Javier Robles, Director General de Danone.
Josep Ferrer, Presidente de Freixenet.
Juan Etxebarría, Presidente de Nissan Motor Ibérica.
Joan Clos, Alcalde de Barcelona.
Tomás Pascual, Presidente de Leche Pascual.
Juan Samaranch, antiguo Presidente del COI.
José Mª Cuevas, Presidente de la CEOE.
Javier de Godó, editor de La Vanguardia.
Los graduados de periodismo constituyen un grupo diverso y plural, prueba
de que la formación en la UNAV no produce graduados con una mentalidad
estereotipada “de derechas”. Los del IESE han alcanzado posiciones relevantes
en el mundo empresarial, algunos en empresas familiares (éstos no necesitaron
beca), pero otros en grandes empresas nacionales y multinacionales.
La Universidad Antonio de Nebrija
Esta es una
universidad joven que ha empezado su andadura hace sólo seis años; sin embargo,
ya ha ganado un reconocido prestigio porque ocupa el puesto noveno en el ranking
de las universidades públicas y privadas españolas.[26]
Es una universidad laica
cuyos orígenes se remontan al Centro de
Estudios Hispánicos Antonio de Nebrija, el cual comenzó hace 16 años a impartir
cursos a universitarios norteamericanos que venían a Madrid en su tercer año de
estudios, para adquirir formación en lengua y cultura españolas, y áreas
afines.
A
finales de los 80, después de que España entrara en la Comunidad Europea, hubo
unas subvencionas generosas de la Comunidad que permitió al Centro Nebrija
iniciar unos programas master con títulos propios en estudios europeos,
dirección de empresas y áreas afines. Esos dos núcleos, los programas master
financiados por la Comunidad Económica Europea y los programas de lengua y
cultura españolas, ofrecieron la posibilidad de llevar a cabo un proyecto de
universidad. En el año 1991 se empezó a diseñar el proyecto, y fue presentado
al ministerio en 1992. La Nebrija no contaba con muchos recursos, pero sí con
una cierta experiencia de docencia universitaria. Fue la calidad de esta
docencia, en programas conducentes a títulos privados primero y luego a títulos
oficiales, la que hizo posible atraer a los alumnos hasta lograr la realidad
actual. El proyecto prevé un máximo de 4.000 estudiantes, con clases muy
reducidas para facilitar al máximo la comunicación e interacción entre
profesores y alumnos.
Una vez que los promotores perfilaron el
proyecto de una universidad sin fines de lucro y con un objetivo decidido de
lograr la excelencia, tuvieron que enfrentarse con la realidad de nuestro país,
es decir, con la tradición de que el Estado debe controlarlo todo.
Inicialmente,
se planteó al ministerio de educación que la universidad tuviera una estructura
de fundación. Pero en 1992 el ministro de entonces, el Sr. Perez Rubalcaba,
dijo específicamente que las fundaciones tenían que estar bajo el protectorado
de un ministerio. Si la fundación no tuviera una gran capitalización inicial,
él no consideraba que esa fuera la figura jurídica adecuada para constituir la
universidad, porque si el proyecto no resultaba bien, el Estado no podría
exigir responsabilidades personales a los promotores. Así que fue el propio
gobierno quién impuso una estructura societaria, para que sus accionistas
tuvieran de forma clara tanto la propiedad como la responsabilidad de la
universidad, en el caso de que el proyecto educativo no tuviera éxito.
En aquel momento, el Estado quería decir que si, por
ejemplo, la universidad tuviera 2.000 alumnos y no generara los recursos
suficientes para seguir adelante con el proyecto y éste se abandonaba, entonces
el Estado se sentía responsable de que esos alumnos pudieran terminar sus
carreras. El gobierno temía que si la universidad no cuajaba, al ser una
fundación, los alumnos podrían reclamar al protector (el ministerio) que se
hiciera cargo de la situación poniendo los recursos necesarios. Los fondos
propios iniciales de la fundación no eran suficientes para garantizar el
proyecto en el sentido descrito.
Nótese que esto no
es una crítica al gobierno socialista, que fue el que aprobó la ley de 1991
permitiendo la creación de universidades privadas. Es una crítica a la
tradición de control de la sociedad civil por parte del Estado, mantenida por
todos los gobiernos, democráticos o dictatoriales, a lo largo de nuestra
historia.
La nueva ley de fundaciones, promulgada en
diciembre de 2002, no es lo suficientemente flexible para satisfacer las
necesidades de la sociedad. Sigue reflejando una desconfianza muy grande con
respecto a la circulación de fondos altruistas importantes que no estén
controlados por el Estado. Todas las fundaciones de ámbito estatal están
sometidas al control del “Protectorado”, es decir, de la Administración General
del Estado. En el artículo 34.1 de la ley se establece: “El Protectorado velará por el correcto
ejercicio del derecho de fundación y por la legalidad de la constitución y
funcionamiento de las fundaciones.” Esto refleja la tradición española del
control estatal de la sociedad civil. En efecto, se presupone la tendencia de
las fundaciones a la ilegalidad, por lo que requieren un vigilante estatal para
evitarla. Lo lógico y lo eficaz sería que las fundaciones pudiesen actuar
libremente bajo el imperativo de la ley y, en particular, bajo estrictas
medidas fiscales diseñadas específicamente para ellas. La inspección de
hacienda velaría cada año por el cumplimiento de las normas, sin la necesidad
del control preventivo por parte del “Protectorado”.
En contraste, en Estados Unidos el
funcionamiento y fiscalidad de las fundaciones son sencillos y transparentes.
Tienen una normativa fiscal específica cuyo cumplimiento es responsabilidad del
servicio de impuestos (IRS) del Ministerio de Hacienda. Por ejemplo, la
Fundación de Bill Gates tiene un patrimonio de $24.000 millones, el cual está
invertido en bonos del tesoro y otros instrumentos de este tipo. Una de las
normas principales es que la Fundación tiene que gastar anualmente el
5% de su capital en sus fines propios (medicina y educación). La Fundación
tiene que buscar, aprobar y financiar proyectos en estas áreas todos los años,
los cuales no pueden ser llevados a cabo por la misma Fundación sino por otras
instituciones sin fines de lucro. La
Fundación Gates, en efecto, distribuye fondos a otras instituciones no
lucrativas y, de esta forma, da apoyo financiero a proyectos importantes de
nutrición infantil y de lucha contra la mortalidad infantil, el SIDA, la
malaria y la tuberculosis en el Tercer Mundo, cuyo presupuesto anual es de $600
millones. Las donaciones totales desde su comienzo en 1994 ascienden a $4.800
millones. Toda esta complejidad no podría manejarse con eficacia si la
fundación tuviera que estar bajo el
“protectorado” del gobierno de Washington.
Dadas las circunstancias descritas en la fundación de
la universidad Antonio de Nebrija, se adoptó una estructura jurídica compleja
para la misma. Hay tres sociedades que en principio podrían distribuir
beneficios, y una fundación; las cuatro instituciones funcionan de forma
integrada. Hasta el momento, las sociedades no han distribuido ningún
beneficio. En la planificación estratégica que se extiende hasta el año 2010,
tampoco está previsto que lo hagan. A partir de ese momento, dependerá de la
estructura jurídica final que adopte la universidad. Por decisión del Patronato
de la Universidad, ésta no tiene la capacidad de solicitar préstamos bancarios.
La única posibilidad de obtener recursos es mediante la emisión de acciones o
de obligaciones convertibles en acciones, que son suscritas por las personas
que quieren apoyar la universidad. Por esto, en el presente es necesaria
mantener la estructura compleja de las tres sociedades y de la fundación, todas
las cuales funcionan de forma integrada.
O
sea que en los seis ya años trascurridos y en los ocho restantes del plan
estratégico que cubre hasta el 2010, no se prevé ninguna distribución de
beneficios. Obviamente, los fundadores de la universidad no la han establecido
como un negocio. Esto está bastante claro.
Los estudios. Los programas de estudios se integran en cuatro
facultades: Facultad de Lenguas Aplicadas y Humanidades; Facultad de Ciencias
Jurídicas, Económicas y Empresariales; Facultad de Ciencias de la Comunicación;
y Escuela Politécnica Superior de Ingeniería.
La
universidad concede títulos oficiales: diplomaturas y licenciaturas en
filología inglesa, ciencias empresariales, derecho, periodismo, publicidad y
relaciones públicas, etc.; ingenierías técnicas y superiores en las áreas de
informática y de ingeniería industrial; y una serie de títulos propios, no
oficiales, a nivel de master.
La voluntad de impulsar la
investigación introduciendo programas de doctorado estuvo desde el principio
presente en el ánimo de los fundadores. En el proyecto inicial de universidad
presentado en 1992, se preveía que hasta el año 2000 se pondrían en marcha una
serie de titulaciones de primer y segundo ciclo universitario, lo que en España
se conoce como carreras universitarias, y que a partir del año 2000 cada dos
años se introduciría un programa de doctorado de prestigio en estas mismas
áreas. En el 2000, se puso en marcha un doctorado en lingüística aplicada a la
enseñanza del español como lengua extranjera, a partir de unos programas
prestigiosos de master ya existentes en esta misma área. También en el 2000 por
indicación y de acuerdo con la Organización Mundial del Turismo, se ha puesto
en marcha un doctorado en turismo en colaboración con universidades extranjeras
que tienen programas prestigiosos en esta disciplina. En otoño del 2002, se
iniciará un programa de doctorado en el área de economía y dirección
internacional de empresas, basado en una cátedra que lleva funcionando dos años
con el apoyo de varias empresas, y que se espera aporte un doctorado de
prestigio en beneficio de estas empresas y del conjunto de la sociedad
española.
Se echa a faltar la presencia de una
Facultad de Ciencias con física, química, biología, matemáticas, etc. Por lo
menos hasta el 2010, en la Nebrija no hay planes para desarrollar áreas de
conocimiento distintas a las actuales. Una universidad laica e independiente
como la Nebrija tiene que elegir áreas
de conocimiento de forma muy cuidadosa, porque la sociedad civil española no
está dispuesta a sufragar actividades en áreas con poca demanda social.
La
financiación. Hasta ahora, las
universidades privadas en España se han financiado principalmente con las
matrículas que pagan los estudiantes, o con ayudas de empresas que están
dispuestas a apoyar programas de investigación aplicada en áreas que tengan una
utilidad clara para dichas empresas, y en un plazo relativamente corto. En
España no hay programas bien establecidos a través de los cuales organismos
oficiales como las comunidades autónomas financien una parte de la
investigación científica en universidades privadas, por medio de contratos de
investigación. Las universidades públicas sí disponen de estas ayudas. Dejando
aparte las universidades de la Iglesia que llevan ya bastantes años
funcionando, las universidades privadas laicas son todavía de reciente
creación, y es posible que con el paso del tiempo los poderes públicos
reconozcan su labor y empiecen a apoyarlas en campos de investigación bien
definidos y de interés general. Con la mentalidad social existente, esto
todavía es prematuro. Sería deseable que en un futuro no muy lejano, en España
se hablara de universidades buenas,
regulares y malas, sin hacer mención de su titularidad, pública o privada
(confesional o laica).
La financiación
de la Nebrija procede en un 70% de las matrículas de los alumnos, y el 30%
procede de ayudas empresariales, programas de investigación o de servicios de
otra índole que presta la universidad. En el plan estratégico de la
universidad, se prevé que las contribuciones de las matrículas disminuyan por
debajo del 70% actual. Esto es un proceso lento, y habrá que ir avanzando
progresivamente.
El tema de la fiscalidad es muy complejo, porque el
pequeño desarrollo que hay en España de la ley de fundaciones no permite
acceder con una fiscalidad preferente a fondos privados, sino que tanto las
empresas donantes como las fundaciones
receptoras están sujetas a una fiscalidad excesiva. No sólo con respecto
al impuesto de sociedades a que están
sujetas las fundaciones, sino también con respecto al IVA. Lo curioso es que las
universidades privadas están exentas de cobrarlo, pero no de pagarlo. Por
ejemplo, si se hace una inversión de 100 millones de pesetas en un edificio,
ordenadores, etc., hay que pagar 16 millones de IVA, sin posibilidad de recuperarlos. Esto encarece en un 16%
cualquier actividad necesaria para el desarrollo de los recursos educativos. Un
tratamiento fiscal apropiado para facilitar el desarrollo de las universidades
privadas no está ni siquiera estudiado en el presente. Estas tienen que
soportar el IVA, y otros impuestos como el de bienes inmuebles, los cuales son
municipales. Estos últimos dependen de la voluntad de los ayuntamientos de favorecer a las universidades privadas en
ellos radicadas. Sería deseable y beneficioso para todo el país que hubiera una
legislación específica que mejorase el tratamiento fiscal de las universidades
privadas.
Por todo esto, en España todavía no es fácil conseguir
patrocinadores que concedan ayudas económicas importantes a las universidades
privadas. La Nebrija tiene en la actualidad el proyecto de construir un nuevo
edificio docente de 3.000 m2, y le está costando mucho esfuerzo
reunir el dinero necesario, porque una gran parte del mismo procede de los
ingresos generados por la actividad docente.
Esto conduce naturalmente a la cuestión de por qué las
fundaciones como la Ramón Areces, la Juan March, etc., no prestan un apoyo
significativo a las universidades privadas. Quizás sea debido a que los órganos
asesores de estas fundaciones estén dominados por catedráticos de las
universidades públicas, que por razones corporativas no favorecen precisamente
a las universidades privadas. Pero creo que estas fundaciones ayudarían mucho
más al país y a las nuevas generaciones si volcaran sus actuaciones en el apoyo
a las universidades privadas.
Los profesores. La
cuestión de las categorías de los profesores en las universidades privadas es
resuelta por cada universidad con criterios propios. No obstante, la situación
se complica considerablemente por la existencia de convenios colectivos
sectoriales que cubren a todas las universidades privadas por igual. Estos
convenios definen un galimatías de categorías de profesores. En todo este
libro, he argumentado a favor de la diferenciación de las universidades por su
calidad. Por esta razón, si los profesores estiman necesario sindicarse para
mejorar sus condiciones salariales y de trabajo por medio de la negociación,
deberían hacerlo dentro del ámbito de cada universidad. He sido testigo de
situaciones en las que las condiciones de trabajo en una universidad privada
acordadas entre sus profesores (a través del comité de empresa) y su
administración cambiaron a peor, como consecuencia de la publicación del
convenio colectivo sectorial, el cual contenía condiciones peores que
las existentes en dicha universidad. Apenas puede concebirse una situación mas
anti-democrática, en la que unas instancias burocráticas superiores (patronal
de la enseñanza y sindicatos) negocian condiciones de trabajo a espaldas de los
profesores y otro personal interesados. Por todo esto, no quiero entrar en la
cuestión de las categorías de profesores en la Nebrija, la cual es compleja por
las razones aducidas.
La selección de los profesores es individualizada. Cuando
hay una plaza libre, se anuncia. Una vez que el departamento de recursos
humanos hace la preselección, se crea un comité interno, normalmente con tres
miembros, que hace una valoración de los candidatos finales. Se hace una lista
con los tres candidatos más calificados, y se pasa al proceso siguiente, que
consiste en negociar con los candidatos en el orden de su clasificación
(primero, segundo, tercero). Se le ofrecen las condiciones económicas y las
perspectivas de desarrollo de carrera profesional. Hay unas tablas salariales
que se usan como punto de partida para fijar el sueldo inicial. A partir de
ahí, se hace un seguimiento individualizado del trabajo del profesor para
revisar el salario; esto es más justo y adecuado que fijar las condiciones por
medio de un convenio colectivo. La revisión del sueldo se hace al cumplirse el
año después de la contratación.
Este comité interno de tres miembros propone al Rector para su nombramiento al mejor de los candidatos. La decisión final de contratación corresponde al Rector. Este tiene poder de veto, tanto en los casos de contratación externa como en los de promoción interna de profesores. El Rector normalmente aprueba la propuesta del tribunal o comité, pero hay casos en que no la acepta. En los casos de promoción de un profesor a una mayor categoría académica, el tribunal suele incorporar a un profesor de otra universidad, e incluso a un miembro del patronato de la universidad, que no forma p