Capítulo 4

 

 UNIVERSIDADES PRIVADAS EN ESPAÑA: NAVARRA, ANTONIO DE NEBRIJA, ALFONSO X EL SABIO Y CAMILO JOSÉ CELA

 

            El problema de la Universidad y el de la calidad de la enseñanza universitaria es motivo de honda preocupación entre muchos sectores de nuestra sociedad. Las distintas corrientes de opinión coinciden en lo esencial, y esto es que en términos generales la calidad de la enseñanza e investigación en la mayoría de las universidades públicas es baja y manifiestamente mejorable, y el método de selección del profesorado (endogamia) es un escándalo nacional e internacional. La Ley de Ordenación Universitaria (LOU) es el último intento del gobierno para tratar de remediar el problema. Las reacciones airadas desatadas contra esta ley ponen de manifiesto la politización extrema del problema universitario; en particular, no se comprende por qué los sindicatos tienen que jugar un papel en la política científica y en el ordenamiento universitario del país.

            El establecimiento de universidades privadas de calidad podría tener un impacto muy importante en el desarrollo científico, técnico y económico del país. En primer lugar, no estarían lastradas por consideraciones políticas totalmente extra-académicas: ser de izquierdas o de derechas, celebración de elecciones a rector, participación de estudiantes y sindicatos en el gobierno de la universidad, etc. Las universidades públicas españolas están tan politizadas y degradadas, sujetas desafortunadamente a disputas políticas entre los partidos, que en la actualidad se ha llegado a un enfrentamiento total: “cuando yo gane las elecciones lo cambiaré todo.” Un sistema universitario sometido a estos vaivenes políticos no tiene ninguna posibilidad de lograr y mantener una tradición de excelencia.

Todos éstas son cuestiones políticas que no tienen nada que ver con la esencia de lo que debe ser una universidad: una comunidad académica apolítica e independiente de profesores y alumnos cuyo objetivo supremo es lograr la excelencia tanto en la enseñanza como en la investigación. Una universidad no debe ser una institución democrática sino meritocrática, cuyo gobierno ejecutivo debe estar en manos de las personas idóneas, elegidas por una Junta o Consejo de Control independiente. Este es el modelo de Harvard descrito en el capítulo 3, en donde no sólo sus órganos de gobierno, sus profesores, sino también todos los alumnos de licenciatura (college) son elegidos por mérito, sin consideración del nivel económico de su familia, ya que todos los que lo requieren reciben las becas necesarias. La Universidad de Harvard tiene una organización y sistema de gobierno tan sencillos y diáfanos que han superado con éxito la prueba de casi cuatro siglos de funcionamiento, sin que hayan cambiado en lo esencial. Esta organización no requiere dinero sino un ideal de servicio a la cultura universal, y ha servido a Harvard bien, tanto cuando arrancó con un presupuesto de 400 libras esterlinas en 1636, como en la actualidad en que dispone de un capital propio mobiliario (endowment) de 18.300 mil millones de dólares, aparte de su inmenso capital inmobiliario en edificios, bibliotecas, laboratorios, museos, instalaciones deportivas, etc. Es oportuno reiterar aquí el hecho de que esta institución es legalmente una corporación sin fines de lucro, sin dueños ni accionistas, que se perpetua a si misma en el tiempo.

            Hay dos libros recientes que examinan a fondo la cuestión de las universidades españolas. El primero de ellos describe de forma profunda la historia de nuestras universidades y su estado actual.[1] No sólo contiene una información extensa y valiosa, sino que compara de forma lúcida el sistema universitario norteamericano con el español, y describe el desarrollo histórico de sus tradiciones respectivas.

El segundo libro es el primer intento serio de producir un ranking objetivo de calidad de las universidades españolas, tanto públicas como privadas.[2] Contiene muchos datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística sobre las universidades,[3] y de estos datos numéricos se obtienen los rankings de calidad utilizando métodos objetivos. Los autores describen también los rankings de algunas universidades norteamericanas de élite, y argumentan que éstos son necesarios para que los estudiantes y sus padres puedan evaluar la oferta universitaria. Hasta ahora, debido a la tradición estatal de la educación superior en España, era una creencia generalizada que todos los títulos universitarios eran “iguales”, independientemente de la universidad  en donde se obtienen (ya que son oficiales y de validez en todo el estado).

En su descripción de las universidades privadas españolas, estos dos libros no tratan a fondo la cuestión fundamental: si son instituciones altruistas sin fines de lucro, o sociedades mercantiles cuyo objetivo es obtener beneficios para sus dueños. Las universidades privadas sin fines de lucro (de inspiración religiosa o laica) pueden aspirar a convertirse en universidades investigadoras de nivel internacional; las segundas, nunca, porque una sociedad mercantil no puede, por definición, ser una verdadera universidad. Una universidad ha de llevar a cabo sus dos misiones fundamentales, es decir, la docencia y la investigación. La investigación en las disciplinas universitarias esenciales (ciencias naturales, medicina, historia, filosofía, literatura, etc.) no puede dar beneficios; al contrario, absorbe recursos.

Es cierto que en Estados Unidos hay algunas universidades privadas con fines de lucro, pero tampoco son verdaderas universidades, sino centros de formación profesional con programas de estudios en contabilidad, administración de empresas, gestión de recursos humanos, tecnología de la información, etc. En general, son centros de formación de adultos ya empleados, en los que mejoran sus calificaciones profesionales y obtienen un título. Imparten sus clases por las noches y en fines de semana (como algunas academias privadas en nuestras ciudades). La University of Phoenix es la más grande de las universidades de este tipo, con más de 100.000 alumnos y “centros” (en oficinas alquiladas) en 22 estados.

Pusey, 24º presidente de Harvard, fallecido en noviembre de 2001, tenía un sentimiento muy profundo sobre los valores de la universidad, a la que llamó “una de las creaciones más nobles de la mente humana”.[4] John Sperling, de 81 años, el fundador de la Universidad de Phoenix, que ha ganado cerca de $1.000 millones al sacar su “universidad” a bolsa, fue prácticamente expulsado de California por las autoridades educativas que no reconocieron su “universidad”,[5] y finalmente consiguió que se la aprobaran en Arizona. Debido a su lucha con las autoridades educativas y con los miembros de las asambleas legislativas de los estados, se aficionó a la política y declaró: “Si tuviera la edad de mi hijo (43 años), me compraría un escaño en el Senado (de Washington)”.[6] Como quería clonar a su perro, financió con $10 M a un equipo de especialistas en genética en Texas A&M University, los cuales hasta ahora sólo han conseguido clonar a un gato. La moraleja es que Sperling distingue perfectamente entre una verdadera universidad y su “universidad”. Los empresarios de la enseñanza comparten la misma mentalidad y objetivos, tanto en Estados Unidos como en España.

La tradición de las universidades privadas sin fines de lucro es tan fuerte y tan establecida en Estados Unidos, que la gente no tiene ninguna dificultad en distinguirlas de los centros de formación profesional llamados universidades. En España este problema puede llegar a ser muy grave, porque la ciudadanía no tiene elementos para distinguir las verdaderas universidades con investigación de las que sólo se dedican a la docencia en carreras con muchas “salidas”, las cuales  producen beneficios para sus dueños o accionistas. Después de todo, todas sin distinción son autorizadas por el Estado y expiden títulos oficiales.

La existencia de unas pocas universidades, privadas o públicas, de calidad internacional supondría un beneficio inmenso para todo el país. Por ejemplo, Suiza tiene una población de unos 7 millones de habitantes y la Escuela Politécnica Federal de Zurich (ETH, pública) ha sido y es determinante en el logro y mantenimiento del altísimo nivel tecnológico del país, el cual dispone de empresas de la más alta tecnología que compiten a nivel mundial con las multinacionales americanas: Novartis (farmacéutica), Nestlé (alimentación), ABB (ingeniería y mecánica), etc.

¿Es posible lograr algo así en España? Por supuesto que sí. De hecho, la Universidad de Navarra, la de más calidad entre las universidades públicas y privadas según el estudio publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas,[7] tiene todos los elementos básicos para convertirse en una universidad investigadora (research university) de nivel internacional, como se describe más adelante.

Otro ejemplo concreto de institución  científica y universitaria que funciona se da en Argentina, un país de nuestro entorno cultural. Me refiero al Instituto de Física Balseiro de Bariloche. Esta institución no es una universidad, sino una Facultad de Física, como  su nombre indica. Pues bien, sin  entrar en el folklore  pintoresco de Bariloche,[8] el caso es que una planta física de considerable valor construida por Perón en una región paradisíaca de los Andes argentinos, empezó por los años cincuenta a transformarse bajo el impulso de José Antonio Balseiro, un físico argentino doctorado en Inglaterra, en lo que es hoy el Instituto Balseiro, un centro de enseñanza e investigación de física de nivel mundial, que fue financiado y controlado por la Comisión Nacional de Energía Atómica Argentina, a su vez bajo el control de los militares. Hay muchísima gente de Bariloche en los Estados Unidos, que han sido o son profesores en algunas de las mejores universidades. Leopoldo Falicov, posiblemente uno de los físicos teóricos más brillantes que ha habido, era catedrático de la Universidad de California en Berkeley y miembro de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos; falleció en 1995; Juan Maldacena, catedrático en el Departamento de Física de Harvard; José Menéndez, catedrático en Arizona State University; Roberto Merlín, catedrático en la Universidad de Michigan (Ann Arbor); Aron Pinsuck, catedrático en Columbia University. Está lleno.

¿Cómo se logró esto? Estableciendo un sistema de selección de profesores y alumnos basado en el mérito. Los alumnos tienen que haber cursado dos años de estudios en otras universidades argentinas, y luego se presentan a un examen de ingreso en Bariloche. Aceptan al 10% de los presentados que obtienen las calificaciones más altas, y les pagan un sueldo durante el resto de los estudios. El dinero y la clase social no cuentan, ni las derechas ni las izquierdas, ni los sindicatos. Tampoco hay elecciones a rector ni “movilizaciones”, porque Bariloche no es un núcleo urbano y está a 1.800 km de Buenos Aires.

Por supuesto, el nivel científico, tecnológico y económico de un país no depende exclusivamente de una facultad de física excelente, como lo demuestra el triste caso de Argentina. El significado de Bariloche es no obstante ejemplar: lo mismo que se creó una facultad de física de nivel mundial, se podría crear un instituto de tecnología, o un centro de biotecnología, utilizando los mismos criterios y valores universales que fueron el origen de Bariloche.

 

 

La Universidad de Navarra

 

Esta universidad situada en Pamplona fue fundada por San Josemaría Escrivá de Balaguer en 1952. Arrancó con los estudios de Derecho y 42 estudiantes, utilizando un aula situada en la Cámara de Comptos Reales, un edificio público de la Diputación Foral de Navarra, cuyo uso fue cedido gratuitamente. La Diputación Foral concedió también una subvención de 150.000 pesetas anuales, durante dos años. No se disponen de otros datos relativos a la financiación inicial de la universidad, originalmente denominada Estudio General de Navarra. Estos no hacen falta para intuir que inicialmente no contaba con apoyos financieros sólidos, y que la creación de la universidad fue simplemente un acto de fe, realizado en una época de penuria económica extrema.[9] Salvando las distancias en el tiempo, la creación de la Universidad de Navarra recuerda la fundación del Colegio de Harvard (Harvard College) en 1636, ya que éste fue también de inspiración religiosa (puritana), y arrancó con unos pocos estudiantes y 400 libras de presupuesto. Contrasta marcadamente con la fundación de las universidades de Chicago y Stanford, las cuales contaron inicialmente con el apoyo magnánimo y millonario de dos magnates de finales del siglo XIX (Rockefeller y Stanford, respectivamente).[10] Pero estas cuatro universidades tienen algo fundamental en común: religiosas o laicas, son todas instituciones altruistas sin fines de lucro. Esta característica es una condición necesaria para poder aspirar a los objetivos de excelencia más elevados.

Desde su modesta etapa inicial con unos pocos estudiantes y una escasa financiación, la Universidad de Navarra (UNAV en adelante) se ha convertido hoy en una universidad con unos 16.500 estudiantes, de los cuales 12.500 son de pregrado y 4.000 de postgrado (entre los que figuran 1.150 estudiantes de doctorado). Tiene una plantilla de unos 2.500 profesores y 400 facultativos en la Clínica Universitaria (la mayoría de éstos son también profesores).

La UNAV goza de toda la independencia que permite la legislación española: nombramiento de profesores y del rector, selección de alumnos, carreras con títulos propios de gran prestigio, etc. En una sociedad con una tradición democrática tan corta como la española,[11] el hecho de que sea una universidad de inspiración religiosa puede despertar de inmediato recelos en algunos sectores: es del Opus, es de derechas, etc.  Pero la UNAV admite a estudiantes sin considerar si tienen fe religiosa, y cuenta con profesores que no sólo no son del Opus, sino tampoco católicos o cristianos. Su inspiración cristiana es plasmada en los principios básicos siguientes: “la libertad y la responsabilidad personales, el pluralismo y el trabajo.”[12] La libertad supone que “cada uno debe respetar a los demás, convivir con quienes exponen opiniones divergentes, con quienes proceden de ambientes culturales y sociales muy distintos.”[13] La responsabilidad promueve la idea de que el trabajo es “un medio de desarrollo de la propia personalidad, vínculo de unión entre las personas y un modo de contribuir al progreso de la humanidad.”[14] 

La filosofía del Opus, por lo que respecta a la importancia sobrenatural que se da al trabajo, tiene, en mi opinión, un punto de encuentro con la llamada ética protestante en la que el trabajo duro, la austeridad y la eficacia en el desempeño de las tareas individuales son altamente valorados.[15] Esta ética protestante (llamada también ética puritana o ética del trabajo) se considera una de las razones primordiales de la prosperidad económica en los Estados Unidos.

En sociedades democráticas avanzadas, la mayoría de los ciudadanos (creyentes o no) valoran lo que es positivo y bueno, sin considerar su orientación religiosa. Por ejemplo, Harvard fue fundada como una universidad de inspiración religiosa puritana; de sus quince presidentes entre 1640 y 1845, trece fueron pastores protestantes. En resumen, los estudiantes intentan ir a las universidades con los mejores programas en el área en la que quieren estudiar; es probable que un estudiante judío que quiera hacer el doctorado en física intente ser admitido en Harvard antes que en Brandeis, una universidad judía situada también en los alrededores de Boston. Otra universidad de prestigio internacional es Georgetown University en Washington. Es una universidad católica y jesuita, fundada en 1789 por el Padre John Carroll. Atrae a estudiantes y profesores de 130 países y cuenta, por supuesto, con capellanes católicos; pero también con capellanes judíos y protestantes, para atender a la comunidad diversa de estudiantes.

No estoy manifestando que las universidades de inspiración religiosa son las únicas que tienen ideales altruistas. Hoy en día Harvard es una institución puramente laica, y la Universidad de Stanford fue creada a fines del siglo XIX como una institución basada en ideales altruistas laicos, que pueden ser compartidos por todo el mundo: “... preparar a los estudiantes para triunfar en la vida y para promover el bien público, por medio de la adopción de los valores humanistas y de la civilización, e inculcar el ideal de la libertad regulada por la ley. Promover el amor y la reverencia hacia los principios de gobierno derivados de los derechos inalienables del hombre a la vida, la libertad, y la búsqueda de la felicidad”.[16]

La Universidad de Navarra es la primera de España en calidad, tanto entre las universidades públicas como privadas.[17] Tiene un interés especial porque puede servir de modelo a otras universidades privadas, de inspiración religiosa o laica. Desde una perspectiva internacional, no puede considerarse una universidad investigadora (research university) de primera línea. La razón concreta es que carece de una Facultad de Ciencias completa, sin estudios principales en física, astronomía y matemáticas, ni tampoco cuenta con un departamento académico de informática (computer sciences). Estas limitaciones son un espejo fiel de la realidad actual de España, ya que al no disponer la UNAV de apoyo financiero estatal, la sociedad civil tampoco parece dispuesta a apoyar financieramente actividades de docencia e investigación en disciplinas académicas que requieren grandes recursos y tienen poca demanda social.[18]

Pero en el campo de la medicina, la UNAV está probablemente al más alto nivel internacional. Su hospital universitario, denominado Clínica Universitaria de Navarra, tiene una merecida reputación, tanto nacional como internacional. Integra la investigación con la práctica clínica, y las plusvalías generadas en la Clínica (atiende a más de 100.000 pacientes por año) se utilizan para pagar los sueldos de los profesores de medicina y financiar en parte la investigación. Parece ser la única institución médica en España en donde se ha logrado un objetivo altamente deseable: una parte importante de sus médicos e investigadores trabajan en la Clínica a jornada completa, y con dedicación exclusiva real. La Facultad de Medicina está en plena expansión; recientemente se ha puesto la primera piedra de un nuevo Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA), el cual estará operativo en dos años, y contará con unos 360 investigadores y técnicos y un presupuesto anual de funcionamiento de 15 millones de euros. La integración entre la investigación y la asistencia sanitaria estará por tanto asegurada. Este ejemplo de integración entre la investigación y sus aplicaciones es un factor decisivo para el apoyo social a la investigación.

 

Gobierno de la Universidad. El Gran Canciller de la UNAV es el Prelado del Opus Dei, el cual reside en Roma y ejerce las funciones supervisoras necesarias para asegurar el buen gobierno de  la Universidad y mantener su identidad católica. Asimismo, oída la Junta de Gobierno, nombra al Rector y da el visto bueno (“venia docente”) a los nombramientos de profesores permanentes. Esta facultad, de aprobar o vetar las propuestas de nombramiento de profesores permanentes, es idéntica a la del Presidente de Harvard, y en ambos casos (Navarra y Harvard) es ejercida con poca frecuencia. Dado que el Gran Canciller reside en Roma, éste delega generalmente el ejercicio de sus funciones en el Vicecanciller, el cual es el Vicario General del Opus Dei en España.

            La representación de la Universidad la ostenta el Rector, el cual ejerce el gobierno ejecutivo junto con dos órganos colegiados: la Junta de Gobierno y su Comisión Permanente. El nombramiento del Rector, como el de los demás cargos académicos administrativos (Vicerrectores, Decanos, etc.), se hace por un período de tres años, con posibilidad de renovación. La Junta de Gobierno está integrada por el Rector, los Vicerrectores, Decanos, etc., y dos representantes de los estudiantes. La Junta de Gobierno se reúne en Pleno o en Comisión Permanente y es convocada por el Rector, que las preside. Forman la Comisión Permanente un conjunto restringido de miembros de la Junta de Gobierno (Rector, Vicerrectores y gerentes). La Comisión Permanente, que también se denomina Rectorado, tiene la responsabilidad del gobierno ordinario de la Universidad (presupuestos, propuestas de nombramiento de profesores permanentes, nombramientos de los otros profesores y de cargos administrativos de alto nivel).

            El carácter distintivo del gobierno ordinario es que sus facultades se ejercen de forma colegiada, es decir, el Rector no lleva a cabo lo que pudieran denominarse “actos propios individuales”, sino que actúa siempre de acuerdo con la Comisión Permanente.

            El Rectorado es muy consciente de la importancia esencial que tiene para la Universidad el apoyo financiero de la sociedad civil y de las administraciones, y se esfuerza en promover actividades recaudatorias en estos ámbitos. Hay una Asociación de Amigos de la Universidad de Navarra y una Agrupación de Graduados que prestan un apoyo financiero importante.

            Las contribuciones económicas de la Asociación de Amigos de la Universidad de Navarra son considerables. Esta Asociación sufraga en su mayor parte la construcción de los edificios de la universidad, así como las instalaciones y equipos necesarios para la investigación.[19] Si no fuera por esto, el coste de los edificios y su dotación tendría que repercutir en el coste de las matrículas, como es el caso en otras universidades privadas.

La matrícula en la Facultad de Medicina de la UNAV asciende a 788.000 pesetas, una cantidad relativamente baja, dada la calidad de la facultad y el ratio profesor/alumno existente. Como contraste, el coste real de la formación de un médico en la Universidad Central de Barcelona es de 1.300.000 pesetas por año. Esto es sólo posible porque la Clínica Universitaria paga los sueldos de los profesores de medicina y parte de la investigación médica; el resto proviene de fundaciones públicas y privadas. Otros ejemplos: las matrículas de Derecho e Ingeniería Industrial en la UNAV ascienden a 665.000 y 890.000 pesetas, mientras que en la Universidad Antonio de Nebrija ascienden a 948.000 y 1.032.000 pesetas.

 

Los profesores. La UNAV, como las otras universidades privadas, tiene una estructura del profesorado propia, que no se corresponde exactamente con la de la universidad pública. La categoría máxima se denomina profesor ordinario, aunque los catedráticos de las universidades públicas contratados por la UNAV se pueden seguir llamando catedráticos. Después vienen dos categorías más, la de profesores agregados y la de profesores adjuntos. Las dos primeras categorías, ordinarios y agregados, gozan de independencia plena en sus tareas docentes e investigadoras, mientras que los profesores adjuntos desempeñan sus funciones en colaboración con los profesores ordinarios o agregados. A estas tres categorías les corresponden nombramientos de carácter permanente.

Luego viene un número muy reducido de profesores con nombramientos temporales, y por último un número considerable de “otros” profesores, es decir, aquellos que colaboran de forma extraordinaria con la universidad: asociados, honorarios, extraordinarios, visitantes, etc. Para nuestros fines, es suficiente asignar todos estos profesores a la categoría de “otros” profesores; desde el punto de vista laboral, se puede considerar que éstos son profesores en comisión de servicios, es decir, su colaboración puede cesar en cualquier momento o en un tiempo breve que no excede los dos años.

No es mi objetivo dar estadísticas detalladas sobre los profesores de la UNAV, éstas pueden consultarse en de Miguel et al., de donde hemos sacado los datos siguientes para el promedio de España:[20]

 

                                                                                        Profesores clasificados por categorías, por mil estudiantes

 

 

Total Profesores

Catedráticos

Profesores Titulares

UNAV1

149

  8,5

30

Promedio de España2

  54

  5,7

22

 

                                                                            1 Cifras extraídas de la Memoria del Año Académico 2000-01 de la UNAV.

                                                           Con fines de comparación con las cifras en de Miguel et al. para el conjunto

                                                           de España, se consideran profesores titulares de la UNAV a los profesores

                                                           agregados y a los adjuntos.

                                                                            2 Universidades públicas y privadas.

 

El número de profesores por cada mil alumnos es casi el triple que la media española, el de catedráticos es el 50% superior y el de titulares es el 36% superior.

La Facultad de Medicina, como en todo el mundo, tiene una estructura más compleja que las otras facultades (profesores a tiempo parcial, asociados, consultores, etc.), que no es mi objetivo describir. Si dejamos fuera esta facultad, el número total de profesores de la UNAV (2000-2001) es 1.509, de los cuales 499 son profesores permanentes (ordinarios, agregados y adjuntos), lo cual representa el 33% del total. El número total de alumnos, sin los de Medicina, es de 15.085 (pregrado, masters y doctorado).

Es interesante comparar estos datos con los correspondientes de Harvard (1999-2000), también excluyendo la medicina. Los resultados son:

 

    

 

 

 

                                                                        Distribución de estudiantes y profesores en la UNAV y en Harvard

 

 

Estudiantes de Pregrado

Estudiantes de Post-grado (Masters y doctores)

Total estudiantes

Total profesores

Profesores permanentes

Número  de profesores permanentes por mil estudiantes

UNAV

11.347

  3.738

15.085

1.509

499

33

Harvard

  6.6501

11.156

17.806

1.943

  7812

44

1 Estos son los estudiantes del college, en donde se imparte una educación en artes liberales (humanidades y ciencia), y cuyo título principal           es Bachelor of Arts.

 

2 Harvard es la única universidad de Estados Unidos en donde los únicos profesores permanentes (tenured professors) son los catedráticos (full professors), cuyo número asciende al 40% del profesorado. De los 499 profesores permanentes de Navarra, 114 son catedráticos (profesores ordinarios), cuyo número equivale al 7,5% del profesorado. Por tanto, sin incluir la medicina, Harvard tiene 44 catedráticos por mil estudiantes y la UNAV tiene ocho; el promedio de las universidades españolas públicas y privadas, sin desglosar la medicina, es de 5,7 catedráticos por mil alumnos.

 

            Es interesante describir el proceso de selección del profesorado permanente en UNAV. Tanto la promoción interna de profesores permanentes como su contratación de otras universidades (españolas o extranjeras) se rigen por los mismos criterios sencillos. La primera condición es, por supuesto, que haya una plaza de profesor permanente disponible, junto con su presupuesto. El departamento correspondiente a la plaza organiza una comisión mixta con gente de fuera de la universidad y de la UNAV. Esta comisión mixta examina el currículo del candidato y eleva una propuesta al departamento; si éste la aprueba, la pasa a la Comisión Permanente (Rectorado), la cual estudia de nuevo todo el expediente, y dice sí o no a la propuesta del departamento. El Rector no rechaza una propuesta por si sólo. Es el conjunto del Rectorado (la Comisión Permanente) quién aprueba o rechaza la propuesta. Antes de que la Comisión Permanente se pronuncie formalmente sobre un nombramiento, el Rector pide el visto bueno (“venia docente”) al Gran Canciller, el cual puede concederlo o denegarlo. Si lo deniega, el nombramiento no prospera.

            Si por cualquier razón justificada, un profesor no funciona o no se adapta, la UNAV se reserva la flexibilidad de revocar el nombramiento. No está obligada a guardar los profesores a perpetuidad como en la universidad pública, aunque no hagan nada y estén en un rincón. Otra posibilidad esencial  en la selección del profesorado es que la UNAV puede hacer una oferta salarial especial a un candidato con méritos especiales. Este es el caso cuando se quiere abrir una nueva línea de investigación y hay un candidato idóneo que aporta proyectos y fondos de investigación; entonces se le hace una oferta salarial a la medida de sus méritos. Esto es imposible en la universidad pública, en donde lo que prima es el escalafón y la rigidez.[21]

 

Los alumnos. El número total de alumnos de la UNAV en 2000-2001 fue de 16.437, distribuidos de la forma siguiente: pregrado, 12.417 (76% del total); master, 2.872 (17% del total); doctorado, 1.148 (7% del total).

            Es de interés considerar primero los estudiantes de pregrado (diplomaturas, licenciaturas e ingenierías). Hay un proceso de selección en el que se requiere una prueba de admisión que es característica de cada carrera, y para la que no hay que hacer ninguna preparación especial. La admisión se concede a los estudiantes de cualquier distrito universitario que obtengan la mejor puntuación, de acuerdo con la ponderación siguiente: las notas del bachillerato tienen un peso del 70%, y la prueba de admisión, del 30%. Obviamente, la admisión depende también del numero de plazas existentes para cada carrera. Los detalles últimos del proceso de admisión, como es también común en las universidades americanas, no se publican.

            Uno de los ideales de la UNAV es admitir a todos los estudiantes con los méritos académicos suficientes, sin considerar su situación económica familiar. En fin, lo que ha sido una realidad en Harvard y otras universidades americanas desde hace bastantes años. Pero los dineros de Estados Unidos y los de España son lo que son, y la UNAV no tiene un patrimonio mobiliario (endowment) de $18.000 millones como Harvard. De todos modos, los resultados obtenidos en la composición del alumnado por nivel económico familiar son bastante satisfactorios. Estos son: el 10.5% de los estudiantes son de familias con niveles de renta altos; el 53.5%, de familias con niveles de renta medios; el 33.6%, de familias con niveles de renta bajos; y el 2,3%, no están clasificados.[22] Estas cifras demuestran que los esfuerzos de la UNAV para alcanzar su ideal son patentes.

            La UNAV tiene un Servicio de Asistencia Universitaria que tramita las solicitudes de becas de sus estudiantes ante los organismos públicos y otras entidades. La becas son concedidas por el Ministerio de Educación, el Gobierno Foral de Navarra, el Gobierno Vasco, fundaciones privadas, y la propia UNAV, la cual dedicó 490 millones de pesetas de su presupuesto a ayudas económicas a sus estudiantes. Un total de 872 estudiantes trabajaron a tiempo parcial en distintos servicios de la UNAV para ayudar a costear sus estudios, y otros obtuvieron créditos bancarios. En resumen, todo estudiante con los méritos académicos suficientes puede estudiar en la UNAV.[23]

            Resulta sorprendente que de Miguel et al. afirmen en su libro: “... Algunas universidades privadas, como Navarra y Pontificia de Comillas, son muy buenas. Pero hay un componente católico en esas universidades (opusdeista o jesuita) cuyo impacto en la formación académica es difícil de evaluar. Son universidades con un código moral peculiar, con una ideología conservadora ...”[24] (mi cursiva). Nunca leí que el cristianismo, una de las raíces fundamentales de la civilización occidental,  fuese un  código moral peculiar. Lo que sí puede constatarse es que la formación académica en la UNAV es excelente: por ejemplo, en el curso 2000-2001, de los 165 graduados en Medicina de la UNAV que se presentaron al examen MIR (Médicos Interinos Residentes) obtuvieron plaza 140 (85% de los presentados).

            Es política de la UNAV desarrollar al máximo su vinculación con los antiguos alumnos. Por ejemplo, con motivo del Cincuentenario de la Universidad, la UNAV ha pedido a la Agrupación de Graduados que consigan los recursos para financiar 20 becas. Son becas al honor, de forma que, una vez graduados, los becarios devuelvan los recursos recibidos para dotar a otros 20 becarios. Se pretende que la Agrupación de Graduados adquiera un protagonismo muy grande para dotar de recursos económicos a personas que de otro modo no podrían ir a la Universidad.

La cuestión de las donaciones de los antiguos alumnos a sus universidades depende obviamente del nivel económico de los graduados, pero también de una fiscalidad favorable. Con la excepción del Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE), cuyos graduados tienen unos niveles salariales muy altos y donde casi el 50% de los mismos contribuyen significativamente al instituto, la UNAV no tiene un patrimonio mobiliario significativo (endowment).

 

Ingresos y gastos. Los gastos corrientes de la UNAV se financian principalmente con las matrículas de los alumnos y con los ingresos por donaciones de empresas e instituciones privadas. El presupuesto de la UNAV es un tanto complejo ya que no se da como un conjunto consolidado, al no incluir el IESE ni la Clínica Universitaria, los cuales tienen una financiación autónoma.

            A grandes rasgos, la UNAV separa lo que puede considerarse como ingresos y gastos corrientes de docencia de los gastos de investigación, los cuales se contabilizan aparte. El presupuesto docente del ejercicio económico del curso 2000-2001 para el campus de Pamplona y el de San Sebastián (ingenierías) es el siguiente:

 

 

INGRESOS

En miles de pesetas

Pagos por matrícula

7.986.724

Ingresos de empresas, instituciones ...

1.740.254

Total

9.726.978

 

 

GASTOS

En miles de pesetas

Personal docente

3.692.262

Personal no docente

2.143.262

Gastos corrientes en bienes y servicios (ordenadores, mobiliario, ...)

3.106.023

Otros gastos corrientes

   269.135

Inversiones reales y transferencia de capital

   221.738

Total

9.432.420

 

 

            Los gastos de investigación se contabilizan de varias maneras. Existe un Plan de Investigación de la Universidad de Navarra (PIUNA) con un conjunto de proyectos en distintas disciplinas, pero con prioridad en biomedicina, que representan iniciativas propias de la universidad y que contó con 950 millones de pesetas de presupuesto en el curso 2000-2001. Estos fondos provienen de contribuciones de la Fundación Universitaria de Navarra, y de otras entidades y personas que canalizan sus contribuciones a través de esta Fundación, las cuales ascendieron a 578 millones de pesetas; el resto lo pagó la universidad

            En el mismo período, se han financiado 126 proyectos de investigación con subvenciones de organismo públicos diversos: la Comisión de la Unión Europea, el Ministerio de Ciencia y Tecnología, el Ministerio de Sanidad y Consumo, el Gobierno de Navarra, etc... El total de subvenciones recibidas ascendió a 704 millones de pesetas.

            Hay también una Fundación para la Investigación Médica Aplicada que recibe fondos de distintas empresas y entidades específicamente para proyectos biomédicos.

            Por último, el Instituto Científico y Tecnológico de Navarra, S.A. (ICT), es una entidad creada por la UNAV para la promoción, coordinación y gestión de la investigación. En esencia, el ICT lleva a cabo proyectos de investigación bajo contrato con empresas, y colaboraciones y contactos comerciales, es decir, su misión es realizar investigación aplicada para la empresa y no académica. En el curso 2000-2001, el ICT ha facturado 1.000 millones de pesetas.

            Una institución sin fines de lucro como la UNAV, con el ideal y la ambición de convertirse en una universidad investigadora de nivel internacional, es como una esponja que puede absorber recursos económicos sin límite (recuérdense los $18.300 M del endowment de Harvard). Este autor mencionó a Pedro Gil (Vicerrector de Alumnos y Formación Académica) un ejemplo más cercano a la tierra, el de la Universidad de Notre Dame en Notre Dame, Indiana, una universidad católica fundada en 1842. Después de más de un siglo, en 1952, su patrimonio mobiliario (endowment) sólo ascendía a $9 M; hoy en día, asciende a $950 M. A la pregunta de si la UNAV tenía planes de seguir por esta senda, Pedro Gil contestó que sí, pero que por el momento sólo era un sueño, dado el nivel económico de España y la fiscalidad que el Estado aplica a las instituciones sin fines de lucro. Pero el buen camino ya ha comenzado.

 

 

Folklore. La UNAV tiene sólo 50 años, tan sólo un instante en la historia de una institución cuya vida debe medirse en siglos. Pero se han sentado las bases de una institución que puede aspirar a convertirse en una universidad investigadora de nivel internacional. La UNAV, como es natural, no podrá adelantarse al país en donde está radicada y del que se nutre.

            Los pioneros, los que pusieron en marcha la Universidad, sabían que de partida tenía que haber investigación. El primer año académico de la Facultad de Medicina comenzó en octubre de 1954, sin contar con un edificio propio sino con locales cedidos en diversos edificios sanitarios provinciales. El primer decano, el Profesor Jiménez Vargas, se marchó en una furgoneta a Alemania a comprar reactivos y aparatos para dotar el laboratorio de fisiología y el de farmacología. Por esa época, 1953-54, en España no había esas cosas. Y se puso en marcha una revista, la Revista Española de Fisiología, que todavía sigue publicándose en la actualidad. Está recogida por el Institute for Scientific Information (ISI) de Filadelfia; no tiene un índice de impacto muy alto, pero ahí está. Los pioneros lo tenían muy claro, querían hacer una universidad multidisciplinar. Empezaron con la Facultad de Derecho, luego con la de medicina, después con la de filosofía y letras, es decir, una universidad clásica, humanista. Pero luego siguen la escuela politécnica (ingenierías) en San Sebastián y el IESE en Barcelona. Sobre la Facultad de Medicina, se apoyan la Facultad de Farmacia y la de Ciencias Biológicas. Pero desde el principio, empiezan con la Facultad de Medicina, el reto más grande, el más difícil. Ninguna de las universidades privadas nuevas, fundadas en los años 90, asumen este reto, porque ese es el reto más grande, la Facultad de Medicina. Esa es la diferencia.

No es una casualidad que la UNAV tenga una Facultad de Medicina de nivel internacional, porque el nivel de la medicina en España es alto, gracias al sistema público de la Seguridad Social, el cual ha sido construido con el esfuerzo de varias generaciones de españoles. Es digno de admirar cómo la financiación de esta facultad ha sido resuelta de forma plena y autónoma por medio de la Clínica Universitaria, en un país como el nuestro en donde los mecanismos de financiación de instituciones privadas sin fines de lucro son complejos y difíciles, debido al intervencionismo estatal y a la inexistencia de una fiscalidad favorable.

Pero aquí tenemos un ejemplo de cómo la iniciativa privada beneficia al conjunto de la sociedad por medio de un círculo virtuoso. La Clínica de Navarra presta un servicio médico de gran calidad, no sólo a los pacientes privados con rentas altas, sino también a aquellos pacientes que tienen suscrito un seguro privado francamente barato.[25] Las plusvalías generadas se reinvierten en la Clínica y en la Facultad de Medicina. La facultad produce unos médicos con excelente preparación, como muestran los resultados en los exámenes de MIR, y estos médicos acceden a puestos en la Seguridad Social  y contribuyen a la mejora de la asistencia médica a lo largo y ancho del país.

Debido al enorme gasto farmacéutico de la Seguridad Social, la necesidad de investigación en el área de las ciencias biológicas y de farmacia que resulte en el descubrimiento de nuevos fármacos es patente. El país podría ahorrarse miles de millones en algunos de los fármacos producidos por las multinacionales farmacéuticas. Es de esperar que el entorno médico, farmacéutico y biológico existente en la UNAV pueda dar algunos frutos en esta área.

Otra operación de la UNAV, que con el tiempo se ha convertido en una institución de notable éxito internacional, es el Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE), con campus en Barcelona y Madrid. El primer curso comenzó en el otoño de 1958. Sus comienzos fueron muy modestos; los primeros profesores (entre ellos Rafael Termes) eran principalmente ingenieros de profesión que diseñaron sus cursos utilizando materiales didácticos basados en el método del caso de Harvard, conseguidos primero en Europa, en la escuela francesa de negocios INSEAD y en un instituto de negocios suizo en Lausanne. Más tarde, en 1962, se estableció una relación directa con la Harvard Business School, que se ha mantenido hasta el presente. En la actualidad, en un ranking de escuelas de negocios europeas, elaborado por la revista americana Businessweek en 2001, el IESE ocupa el tercer lugar, sólo detrás del INSEAD de Paris y de la London Business School. El número total de estudiantes es de 564 (curso 2001-2002), el 62% de los cuales son extranjeros. La enseñanza se imparte en inglés y en español. La admisión, basada en el currículo y una entrevista personal, es muy selectiva ya que sólo se admite al 28% de los solicitantes. El perfil medio de los estudiantes está representado por una persona de 28 años de edad que abandona un empleo de 56.000 € anuales para hacer el programa de dos años de duración (Master of Business Administration, MBA). Para financiar los estudios, el IESE ofrece ayuda económica y algunos bancos ofrecen préstamos que cubren el coste total de la matrícula de los dos años ($36.000), cuya única garantía es el haber sido admitido en el programa por el IESE. Un 60% de los estudiantes reciben ayuda económica parcial por lo que tienen que asumir deudas importantes, pero al terminar pueden tener ofertas de empleo con un sueldo del orden de 100.000 € anuales.

El modelo del IESE es en muchos aspectos la Harvard Business School, en particular la idea de acumular un patrimonio mobiliario (endowment) basado en las donaciones de sus antiguos alumnos y amigos. Debemos recordar que más del 60% de sus graduados son extranjeros. Durante 2001, el 49% de los antiguos alumnos donaron dinero al IESE, con una contribución media de $344. En 1999, el IESE recibió una donación de más de $10 M, y en la actualidad tiene un patrimonio de $60 M. Todo esto es imposible de concebir en una universidad privada con fines de lucro, porque nadie está dispuesto a contribuir al bolsillo de los dueños.

Además del IESE, hay otras escuelas de negocios españolas que han conseguido prestigio internacional, como el ICADE de la Universidad de Comillas en Madrid, y el ESADE de Barcelona. Todas tienen algo esencial en común: al impartir estudios que resultan en títulos propios, no oficiales, tienen libertad total de acción, fuera del alcance de la burocracia ministerial y de los vaivenes políticos que plagan los estudios “oficiales”.

Una selección subjetiva de algunos de los antiguos alumnos de la universidad que han alcanzado un cierto relieve en el país es la siguiente:

 

Periodismo:

Jesús Ceberio, Director de El País.

Pedro J. Ramírez, Director de El Mundo.

Iñaki Gabilondo, Cadena Ser.

Luis Herrero, Cadena COPE.

Noelia Fernández, Directora de Yahoo España.

 

Ciencia:

Pedro Etxenique, Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica.

 

Derecho:

Juan Cruz Allí, político navarro.

Isabel Tocino, ex-ministra de Medio Ambiente.

 

IESE:

Isidro Fainé, Director General de la Caixa.

Antoni Brufau, Director General de Gas Natural.

Javier Robles, Director General de Danone.

Josep Ferrer, Presidente de Freixenet.

Juan Etxebarría, Presidente de Nissan Motor Ibérica.

Joan Clos, Alcalde de Barcelona.

Tomás Pascual, Presidente de Leche Pascual.

Juan Samaranch, antiguo Presidente del COI.

José Mª Cuevas, Presidente de la CEOE.

Javier de Godó, editor de La Vanguardia.

 

Los graduados de periodismo constituyen un grupo diverso y plural, prueba de que la formación en la UNAV no produce graduados con una mentalidad estereotipada “de derechas”. Los del IESE han alcanzado posiciones relevantes en el mundo empresarial, algunos en empresas familiares (éstos no necesitaron beca), pero otros en grandes empresas nacionales y multinacionales.

 

 

La Universidad Antonio de Nebrija

 

            Esta es una universidad joven que ha empezado su andadura hace sólo seis años; sin embargo, ya ha ganado un reconocido prestigio porque ocupa el puesto noveno en el ranking de las universidades públicas y privadas españolas.[26]

Es una universidad laica cuyos orígenes se remontan al Centro de Estudios Hispánicos Antonio de Nebrija, el cual comenzó hace 16 años a impartir cursos a universitarios norteamericanos que venían a Madrid en su tercer año de estudios, para adquirir formación en lengua y cultura españolas, y áreas afines.

A finales de los 80, después de que España entrara en la Comunidad Europea, hubo unas subvencionas generosas de la Comunidad que permitió al Centro Nebrija iniciar unos programas master con títulos propios en estudios europeos, dirección de empresas y áreas afines. Esos dos núcleos, los programas master financiados por la Comunidad Económica Europea y los programas de lengua y cultura españolas, ofrecieron la posibilidad de llevar a cabo un proyecto de universidad. En el año 1991 se empezó a diseñar el proyecto, y fue presentado al ministerio en 1992. La Nebrija no contaba con muchos recursos, pero sí con una cierta experiencia de docencia universitaria. Fue la calidad de esta docencia, en programas conducentes a títulos privados primero y luego a títulos oficiales, la que hizo posible atraer a los alumnos hasta lograr la realidad actual. El proyecto prevé un máximo de 4.000 estudiantes, con clases muy reducidas para facilitar al máximo la comunicación e interacción entre profesores y alumnos.

Una vez que los promotores perfilaron el proyecto de una universidad sin fines de lucro y con un objetivo decidido de lograr la excelencia, tuvieron que enfrentarse con la realidad de nuestro país, es decir, con la tradición de que el Estado debe controlarlo todo.

Inicialmente, se planteó al ministerio de educación que la universidad tuviera una estructura de fundación. Pero en 1992 el ministro de entonces, el Sr. Perez Rubalcaba, dijo específicamente que las fundaciones tenían que estar bajo el protectorado de un ministerio. Si la fundación no tuviera una gran capitalización inicial, él no consideraba que esa fuera la figura jurídica adecuada para constituir la universidad, porque si el proyecto no resultaba bien, el Estado no podría exigir responsabilidades personales a los promotores. Así que fue el propio gobierno quién impuso una estructura societaria, para que sus accionistas tuvieran de forma clara tanto la propiedad como la responsabilidad de la universidad, en el caso de que el proyecto educativo no tuviera éxito.

En aquel momento, el Estado quería decir que si, por ejemplo, la universidad tuviera 2.000 alumnos y no generara los recursos suficientes para seguir adelante con el proyecto y éste se abandonaba, entonces el Estado se sentía responsable de que esos alumnos pudieran terminar sus carreras. El gobierno temía que si la universidad no cuajaba, al ser una fundación, los alumnos podrían reclamar al protector (el ministerio) que se hiciera cargo de la situación poniendo los recursos necesarios. Los fondos propios iniciales de la fundación no eran suficientes para garantizar el proyecto en el sentido descrito.

               Nótese que esto no es una crítica al gobierno socialista, que fue el que aprobó la ley de 1991 permitiendo la creación de universidades privadas. Es una crítica a la tradición de control de la sociedad civil por parte del Estado, mantenida por todos los gobiernos, democráticos o dictatoriales, a lo largo de nuestra historia.

            La nueva ley de fundaciones, promulgada en diciembre de 2002, no es lo suficientemente flexible para satisfacer las necesidades de la sociedad. Sigue reflejando una desconfianza muy grande con respecto a la circulación de fondos altruistas importantes que no estén controlados por el Estado. Todas las fundaciones de ámbito estatal están sometidas al control del “Protectorado”, es decir, de la Administración General del Estado. En el artículo 34.1 de la ley se establece: “El Protectorado velará por el correcto ejercicio del derecho de fundación y por la legalidad de la constitución y funcionamiento de las fundaciones.” Esto refleja la tradición española del control estatal de la sociedad civil. En efecto, se presupone la tendencia de las fundaciones a la ilegalidad, por lo que requieren un vigilante estatal para evitarla. Lo lógico y lo eficaz sería que las fundaciones pudiesen actuar libremente bajo el imperativo de la ley y, en particular, bajo estrictas medidas fiscales diseñadas específicamente para ellas. La inspección de hacienda velaría cada año por el cumplimiento de las normas, sin la necesidad del control preventivo por parte del “Protectorado”. 

            En contraste, en Estados Unidos el funcionamiento y fiscalidad de las fundaciones son sencillos y transparentes. Tienen una normativa fiscal específica cuyo cumplimiento es responsabilidad del servicio de impuestos (IRS) del Ministerio de Hacienda. Por ejemplo, la Fundación de Bill Gates tiene un patrimonio de $24.000 millones, el cual está invertido en bonos del tesoro y otros instrumentos de este tipo. Una de las normas principales es que la Fundación tiene que gastar anualmente el 5% de su capital en sus fines propios (medicina y educación). La Fundación tiene que buscar, aprobar y financiar proyectos en estas áreas todos los años, los cuales no pueden ser llevados a cabo por la misma Fundación sino por otras instituciones sin fines de lucro.  La Fundación Gates, en efecto, distribuye fondos a otras instituciones no lucrativas y, de esta forma, da apoyo financiero a proyectos importantes de nutrición infantil y de lucha contra la mortalidad infantil, el SIDA, la malaria y la tuberculosis en el Tercer Mundo, cuyo presupuesto anual es de $600 millones. Las donaciones totales desde su comienzo en 1994 ascienden a $4.800 millones. Toda esta complejidad no podría manejarse con eficacia si la fundación tuviera que estar bajo el  “protectorado” del gobierno de Washington.

Dadas las circunstancias descritas en la fundación de la universidad Antonio de Nebrija, se adoptó una estructura jurídica compleja para la misma. Hay tres sociedades que en principio podrían distribuir beneficios, y una fundación; las cuatro instituciones funcionan de forma integrada. Hasta el momento, las sociedades no han distribuido ningún beneficio. En la planificación estratégica que se extiende hasta el año 2010, tampoco está previsto que lo hagan. A partir de ese momento, dependerá de la estructura jurídica final que adopte la universidad. Por decisión del Patronato de la Universidad, ésta no tiene la capacidad de solicitar préstamos bancarios. La única posibilidad de obtener recursos es mediante la emisión de acciones o de obligaciones convertibles en acciones, que son suscritas por las personas que quieren apoyar la universidad. Por esto, en el presente es necesaria mantener la estructura compleja de las tres sociedades y de la fundación, todas las cuales funcionan de forma integrada.

O sea que en los seis ya años trascurridos y en los ocho restantes del plan estratégico que cubre hasta el 2010, no se prevé ninguna distribución de beneficios. Obviamente, los fundadores de la universidad no la han establecido como un negocio. Esto está bastante claro.

 

 

Los estudios. Los programas de estudios se integran en cuatro facultades: Facultad de Lenguas Aplicadas y Humanidades; Facultad de Ciencias Jurídicas, Económicas y Empresariales; Facultad de Ciencias de la Comunicación; y Escuela Politécnica Superior de Ingeniería.

            La universidad concede títulos oficiales: diplomaturas y licenciaturas en filología inglesa, ciencias empresariales, derecho, periodismo, publicidad y relaciones públicas, etc.; ingenierías técnicas y superiores en las áreas de informática y de ingeniería industrial; y una serie de títulos propios, no oficiales, a nivel de master.

            La voluntad de impulsar la investigación introduciendo programas de doctorado estuvo desde el principio presente en el ánimo de los fundadores. En el proyecto inicial de universidad presentado en 1992, se preveía que hasta el año 2000 se pondrían en marcha una serie de titulaciones de primer y segundo ciclo universitario, lo que en España se conoce como carreras universitarias, y que a partir del año 2000 cada dos años se introduciría un programa de doctorado de prestigio en estas mismas áreas. En el 2000, se puso en marcha un doctorado en lingüística aplicada a la enseñanza del español como lengua extranjera, a partir de unos programas prestigiosos de master ya existentes en esta misma área. También en el 2000 por indicación y de acuerdo con la Organización Mundial del Turismo, se ha puesto en marcha un doctorado en turismo en colaboración con universidades extranjeras que tienen programas prestigiosos en esta disciplina. En otoño del 2002, se iniciará un programa de doctorado en el área de economía y dirección internacional de empresas, basado en una cátedra que lleva funcionando dos años con el apoyo de varias empresas, y que se espera aporte un doctorado de prestigio en beneficio de estas empresas y del conjunto de la sociedad española.

            Se echa a faltar la presencia de una Facultad de Ciencias con física, química, biología, matemáticas, etc. Por lo menos hasta el 2010, en la Nebrija no hay planes para desarrollar áreas de conocimiento distintas a las actuales. Una universidad laica e independiente como la Nebrija tiene que  elegir áreas de conocimiento de forma muy cuidadosa, porque la sociedad civil española no está dispuesta a sufragar actividades en áreas con poca demanda social.

 

 

La financiación. Hasta ahora, las universidades privadas en España se han financiado principalmente con las matrículas que pagan los estudiantes, o con ayudas de empresas que están dispuestas a apoyar programas de investigación aplicada en áreas que tengan una utilidad clara para dichas empresas, y en un plazo relativamente corto. En España no hay programas bien establecidos a través de los cuales organismos oficiales como las comunidades autónomas financien una parte de la investigación científica en universidades privadas, por medio de contratos de investigación. Las universidades públicas sí disponen de estas ayudas. Dejando aparte las universidades de la Iglesia que llevan ya bastantes años funcionando, las universidades privadas laicas son todavía de reciente creación, y es posible que con el paso del tiempo los poderes públicos reconozcan su labor y empiecen a apoyarlas en campos de investigación bien definidos y de interés general. Con la mentalidad social existente, esto todavía es prematuro. Sería deseable que en un futuro no muy lejano, en España se hablara de  universidades buenas, regulares y malas, sin hacer mención de su titularidad, pública o privada (confesional o laica).

               La financiación de la Nebrija procede en un 70% de las matrículas de los alumnos, y el 30% procede de ayudas empresariales, programas de investigación o de servicios de otra índole que presta la universidad. En el plan estratégico de la universidad, se prevé que las contribuciones de las matrículas disminuyan por debajo del 70% actual. Esto es un proceso lento, y habrá que ir avanzando progresivamente.

            El tema de la fiscalidad es muy complejo, porque el pequeño desarrollo que hay en España de la ley de fundaciones no permite acceder con una fiscalidad preferente a fondos privados, sino que tanto las empresas donantes como las  fundaciones receptoras están sujetas a una fiscalidad excesiva. No sólo con respecto al  impuesto de sociedades a que están sujetas las fundaciones, sino también con respecto al IVA. Lo curioso es que las universidades privadas están exentas de cobrarlo, pero no de pagarlo. Por ejemplo, si se hace una inversión de 100 millones de pesetas en un edificio, ordenadores, etc., hay que pagar 16 millones de IVA, sin posibilidad de  recuperarlos. Esto encarece en un 16% cualquier actividad necesaria para el desarrollo de los recursos educativos. Un tratamiento fiscal apropiado para facilitar el desarrollo de las universidades privadas no está ni siquiera estudiado en el presente. Estas tienen que soportar el IVA, y otros impuestos como el de bienes inmuebles, los cuales son municipales. Estos últimos dependen de la voluntad  de los ayuntamientos de favorecer a las universidades privadas en ellos radicadas. Sería deseable y beneficioso para todo el país que hubiera una legislación específica que mejorase el tratamiento fiscal de las universidades privadas.

            Por todo esto, en España todavía no es fácil conseguir patrocinadores que concedan ayudas económicas importantes a las universidades privadas. La Nebrija tiene en la actualidad el proyecto de construir un nuevo edificio docente de 3.000 m2, y le está costando mucho esfuerzo reunir el dinero necesario, porque una gran parte del mismo procede de los ingresos generados por la actividad docente.

            Esto conduce naturalmente a la cuestión de por qué las fundaciones como la Ramón Areces, la Juan March, etc., no prestan un apoyo significativo a las universidades privadas. Quizás sea debido a que los órganos asesores de estas fundaciones estén dominados por catedráticos de las universidades públicas, que por razones corporativas no favorecen precisamente a las universidades privadas. Pero creo que estas fundaciones ayudarían mucho más al país y a las nuevas generaciones si volcaran sus actuaciones en el apoyo a las universidades privadas.

 

Los profesores.  La cuestión de las categorías de los profesores en las universidades privadas es resuelta por cada universidad con criterios propios. No obstante, la situación se complica considerablemente por la existencia de convenios colectivos sectoriales que cubren a todas las universidades privadas por igual. Estos convenios definen un galimatías de categorías de profesores. En todo este libro, he argumentado a favor de la diferenciación de las universidades por su calidad. Por esta razón, si los profesores estiman necesario sindicarse para mejorar sus condiciones salariales y de trabajo por medio de la negociación, deberían hacerlo dentro del ámbito de cada universidad. He sido testigo de situaciones en las que las condiciones de trabajo en una universidad privada acordadas entre sus profesores (a través del comité de empresa) y su administración cambiaron a peor, como consecuencia de la publicación del convenio colectivo sectorial, el cual contenía condiciones peores que las existentes en dicha universidad. Apenas puede concebirse una situación mas anti-democrática, en la que unas instancias burocráticas superiores (patronal de la enseñanza y sindicatos) negocian condiciones de trabajo a espaldas de los profesores y otro personal interesados. Por todo esto, no quiero entrar en la cuestión de las categorías de profesores en la Nebrija, la cual es compleja por las razones aducidas.

La selección de los profesores es individualizada. Cuando hay una plaza libre, se anuncia. Una vez que el departamento de recursos humanos hace la preselección, se crea un comité interno, normalmente con tres miembros, que hace una valoración de los candidatos finales. Se hace una lista con los tres candidatos más calificados, y se pasa al proceso siguiente, que consiste en negociar con los candidatos en el orden de su clasificación (primero, segundo, tercero). Se le ofrecen las condiciones económicas y las perspectivas de desarrollo de carrera profesional. Hay unas tablas salariales que se usan como punto de partida para fijar el sueldo inicial. A partir de ahí, se hace un seguimiento individualizado del trabajo del profesor para revisar el salario; esto es más justo y adecuado que fijar las condiciones por medio de un convenio colectivo. La revisión del sueldo se hace al cumplirse el año después de la contratación.

            Este comité interno de tres miembros propone al Rector para su nombramiento al mejor de los candidatos. La decisión final de contratación corresponde al Rector. Este tiene poder de veto, tanto en los casos de contratación externa como en los de promoción interna de profesores. El Rector normalmente aprueba la propuesta del tribunal o comité, pero hay casos en que no la acepta. En los casos de promoción de un profesor a una mayor categoría académica, el tribunal suele incorporar a un profesor de otra universidad, e incluso a un miembro del patronato de la universidad, que no forma p