LABORATORIOS PUBLICOS: LOS ALAMOS, EL
CIEMAT Y
LOS RESEARCH COUNCILS INGLESES
En vez de tener una organización nacional
centralizada de investigación, como el CSIC español o el CNRS francés, el Reino
Unido ha creado un conjunto de siete Research Councils, cada uno de los
cuales tiene una misión específica, con lo cual logran una identidad y línea de
responsabilidad claras. Los siete Research Councils (en adelante los
Consejos de Investigación) son:
-
The Biotechnology and Biological Sciences Research Council (BBSRC)
-
The Council for the Central Laboratory of the Research Councils (CCLRC)
-
The Engineering and Physical Sciences Research Council (EPSRC)
-
The Economic and Social Research Council (ESRC)
-
The Medical Research Council (MRC)
-
The Natural Environment Research Council (NERC)
-
The Particle Physics and Astronomy Research Council (PPARC)
El sistema británico de apoyo público a la
investigación y desarrollo revela el notable y conocido pragmatismo del Reino
Unido, por medio del cual se crean de forma evolutiva organizaciones que
funcionan, sujetas siempre a una revisión y cambio continuos.
El CIEMAT español (antigua Junta de
Energía Nuclear) es un organismo público de investigación creado en 1951 para
realizar actividades en diversas áreas de la energía nuclear: reactores
nucleares, isótopos radiactivos, organización y control de la minería de
uranio, etc. Desde el punto de vista de su misión inicial, claramente
delimitada, puede compararse con Los Alamos. La finalidad de este ejercicio no
es comparar los medios materiales, número de científicos e ingenieros, etc., en
ambos laboratorios, sino comparar su organización, objetivos, gestión de los
recursos humanos y materiales, y su control de las actividades y de su
rendimiento. Estas son cuestiones vitales para el buen funcionamiento y la
eficacia de los laboratorios científicos, que no dependen de sus
presupuestos.
En 1942, un grupo de científicos,
ingenieros y técnicos liderados por J. Robert Oppenheimer, profesor de física de la Universidad de
California (UC) en Berkeley, llegaron a Los Alamos para iniciar el proyecto
Manhattan, la misión secreta para desarrollar la bomba atómica. Los Alamos era
una pequeña localidad situada a unos 55 km de Santa Fe, Nuevo México, la
histórica ciudad fundada por los españoles en 1610. Está situado en un
altiplano a unos 2.200 m de altura, desde donde se ven las Sangre de Cristo
Mountains, así llamadas por el brillante resplandor rojo que muestran en
algunos atardeceres de invierno desde una altura de 3.900 m. Este lugar
bellísimo y remoto fue escogido por razones de seguridad.
A partir de 1943, UC se hizo cargo de la gestión del laboratorio
por encargo del Gobierno Federal; esta gestión ha durado ya 60 años. En la
actualidad, el laboratorio sigue teniendo una misión esencial en la defensa
nacional, pero se ha convertido también
en un gran laboratorio multidisciplinar que se distingue, entre otras cosas,
por disponer de superordenadores extraordinariamente potentes con los que está
jugando un papel importante en el desarrollo del mapa del genoma humano y de
otros organismos vivos.
En Los Alamos trabajan 7.500 empleados de
UC y unos 3.000 empleados de empresas contratistas. El presupuesto anual es de
unos $2.000 millones, y es sufragado enteramente por el Gobierno Federal. El
personal técnico del laboratorio está integrado por físicos (1/3), ingenieros
(1/4), químicos y especialistas en materiales (1/6), y el resto por matemáticos
e informáticos, biólogos, geólogos y otros profesionales. Los Alamos es un
centro de excelencia que atrae a científicos y estudiantes de todo el mundo,
los cuales visitan el laboratorio para participar en proyectos científicos
concretos. El personal técnico coopera con industrias y universidades en
investigación básica y aplicada.
Objetivos. Antes
de entrar en materia, es importante señalar que Los Alamos realiza actividades enmarcadas
en programas concretos de interés nacional, es decir, su misión principal
es llevar a cabo investigación aplicada a la solución de problemas nacionales.
Como continuamente surgen problemas nuevos, sobre todo en la defensa nacional,
las áreas de investigación tienen que cambiarse también dinámicamente.
Defensa nacional. Durante la época de la guerra fría, los programas de defensa
estaban orientados al diseño, desarrollo y pruebas de armas nucleares. Como
consecuencia del Tratado de Prohibición Total de Pruebas Nucleares, firmado en
1996 por la mayoría de los países,[1]
hay una moratoria en la realización de pruebas nucleares y, de hecho, en el
diseño de nuevas bombas. La misión principal en el ámbito de la defensa es
ahora el mantenimiento del stock de armas nucleares, con el fin de asegurar,
sin realizar pruebas, que sigan operativas a pesar del paso de los años. Este
mantenimiento no se limita a almacenar las bombas en un lugar “seco y fresco” y
a cerrar la puerta con llave, sino que requiere una serie de operaciones
delicadas y complejas para garantizar su operatividad y seguridad. Estas
últimas son afectadas negativamente por los efectos de la radiación emitida por
el plutonio,[2] la cual
causa la creación de burbujas de helio que deben ser eliminadas periódicamente.
Otro problema es determinar cual será el estado del plutonio dentro de 10-50
años. Para lograr este fin, se han desarrollado técnicas para “mezclar” el
plutonio 239 usado en las bombas con cantidades pequeñas de plutonio 238; este
último isótopo es mucho más radiactivo y
produce un deterioro más rápido de la mezcla. Esto permite que en un
plazo breve, como 4-5 años, la mezcla de los dos isótopos de plutonio exhiba el
mismo deterioro que sufrirá el plutonio 239 de las bombas dentro de 50-60 años.
Además, un componente esencial de las bombas de hidrógeno es el tritio, un
isótopo radiactivo del hidrógeno con una vida media de 12,5 años, lo que quiere
decir que la mitad de él se desintegra en ese tiempo y tiene que ser repuesto.
Con sus superordenadores, el laboratorio
ha desarrollado a lo largo de los años unos programas de simulación
extraordinariamente potentes, con los que se pueden medir y visualizar con
bastante detalle explosiones nucleares virtuales. Esta visualización se lleva a
cabo en dispositivos gráficos de tres dimensiones. La cuestión perenne con los
programas de simulación es en qué medida son una representación fiel del mundo
físico real. Estas cuestiones se investigan mediante la comparación de los
resultados de los experimentos numéricos virtuales con los resultados de
experimentos físicos reales, diseñados y realizados con este fin. Estos
experimentos físicos permiten la verificación del funcionamiento de ciertos
componentes, pero excluyen naturalmente las explosiones nucleares.
Con el fin de la guerra fría y de la Unión
Soviética, los Estados Unidos y Rusia han acordado reducir sus arsenales
nucleares a 3.500 bombas cada uno, a partir de un stock anterior aproximado de
30.000 bombas por país, un número
suficiente para destruir varias veces la vida en la tierra. Esto ha dejado en
herencia un problema inmenso: ¿cómo se dispone de las toneladas de plutonio en
el interior de decenas de miles de bombas? Ambos países han firmado un acuerdo
para “desmontar” 50 toneladas de plutonio cada uno. Este proceso consiste
primero en extraer el plutonio fisible de las bombas, luego se transforma en óxido de plutonio (no apto
para bombas) y finalmente se encapsula para su almacenamiento perpetuo. Esto
requiere el desarrollo y puesta en práctica de nuevas y complejas tecnologías,
cuyo coste es muy elevado. Con el descalabro económico de Rusia, la
financiación de este programa corre a cargo de los Estados Unidos y su
realización se lleva a cabo en Los Alamos, el cual colabora estrechamente con
los laboratorios nucleares rusos.[3]
Esta cooperación es vital para la seguridad global.
También se ha firmado entre los dos países
un acuerdo denominado “Iniciativa de las Ciudades Nucleares”, cuyo fin es facilitar
la transformación y reducción de las infraestructuras nucleares rusas y crear
empleos no militares para los trabajadores nucleares rusos desplazados.
Después del 11 de septiembre, Los Alamos y
Livermore[4]
han iniciado nuevos programas orientados a la defensa interior y a la lucha
contra el terrorismo. Un ejemplo de estas actividades es el desarrollo de una
nueva herramienta basada en el uso del sonido con la que se pueden identificar
los fluidos en el interior de recipientes cerrados; esto permite descubrir la
presencia de armas químicas.
En 1998, se ha creado una nueva Dirección
de Reducción de Amenazas, para ocuparse de las nuevas amenazas que presentan
las armas de destrucción masiva, tanto nucleares, como biológicas y químicas.
Esta es ciertamente una actividad necesaria de defensa nacional, pero no es
suficiente para contrarrestar
completamente dichas amenazas, ya que las medidas políticas son también
esenciales.
Recientemente, el inversor más famoso de
Estados Unidos, Warren Buffet, ha expresado su convencimiento de que es una
certeza que una bomba nuclear terrorista estallará en Norteamérica. En sus
propias palabras: “Es inevitable. No veo ninguna posibilidad de que esto no
suceda. Pero podemos reducir las probabilidades...”[5]
El holding de Buffet, Berkshire
Hathaway, tiene uno de los grupos de seguros y reaseguros más grandes del
mundo. Tuvo que hacer frente a unos pagos de $2.000 millones como consecuencia
del 11 de septiembre. Sus declaraciones sobre la bomba las hizo para pedir al
Gobierno que estableciera un seguro federal contra el terrorismo, ya que un
ataque nuclear causaría la bancarrota de toda la industria de seguros.
Se puede hacer una cuantificación de este
riesgo utilizando algunos conceptos del cálculo de probabilidades. Suponemos
que el ataque hipotético será llevado a cabo por terroristas suicidas que
introducen una bomba nuclear portátil. Definimos un ataque nuclear como el intento
de introducir la bomba y de hacerla explotar. Si se produce un ataque por año y
si la probabilidad de éxito es del 1%, esto significa que son necesarios
un promedio de 100 ataques para que la bomba estalle; dicho de otro modo, debe
transcurrir un promedio de 100 años, antes de que se produzca la hecatombe. Si
aumentamos la probabilidad de éxito de un ataque al 3%, entonces sólo
debe transcurrir un promedio de 33 años antes de la hecatombe. Si la
probabilidad aumenta al 6%, el promedio de años transcurridos antes de la
hecatombe sería 17.
Los Alamos ha creado también un Centro
Nacional para la Simulación y Análisis de Infraestructuras, cuya función es
aplicar técnicas de modelación y simulación para analizar infraestructuras
grandes y complejas, y determinar los efectos de posibles ataques terroristas
sobre las mismas.
Investigación no militar. Históricamente, Los Alamos y Livermore han tenido siempre una
gran prominencia en la supercomputación orientada a la solución de problemas
físicos y de simulación. Una de las revistas de computación científica de mayor
difusión mundial, Journal of Computational Physics, fue creada y editada
inicialmente en Livermore antes de ser transferida a Academic Press-Elsevier.
Es esta prominencia en supercomputación, lo que ha conducido al Departamento de
Energía del Gobierno Federal a crear
una asociación, Joint Genome Institute, entre los tres laboratorios
nacionales gestionados por UC (Los Alamos, Livermore y Berkeley[6]).
La misión del nuevo instituto con sede en Walnut Creek, casi equidistante entre
Livermore y Berkeley, es desarrollar y explotar las nuevas tecnologías de
secuenciación del genoma y de computación para descubrir y caracterizar los
principios básicos de la organización, función y evolución de los seres vivos.
El Departamento de Energía espera que los resultados obtenidos en este
instituto tendrán aplicación en sus programas en el campo de la energía y del
medio ambiente.
Las áreas más avanzadas de investigación
en Los Alamos se engloban bajo el título de “investigación estratégica”, e
incluyen las siguientes: química, energía y medio ambiente, supercomputación,
ciencia de materiales, nanociencia, seguridad nacional, física, ciencia
cuántica y ciencia espacial. En todas estas áreas de investigación se
persiguen, no obstante, objetivos aplicados.
Por ejemplo, los principios de la mecánica
cuántica se están aplicando para desarrollar “claves cuánticas” (grupos de
fotones) que garanticen la seguridad de las comunicaciones. Estas claves se
basan en las leyes cuánticas naturales que gobiernan el comportamiento de los
fotones. El hecho mismo de la observación de la clave fotónica por un intruso
causaría su destrucción, por lo que su descodificación es teóricamente
imposible.
En el área de energía y medio ambiente, se
está iniciando un programa de investigación y desarrollo para atacar el
problema inmenso de los residuos resultantes de las centrales nucleares de
fisión. En la actualidad, existe en Estado Unidos un inventario de 40.000
toneladas de residuos radiactivos, y cuando las aproximadamente 100 centrales
nucleares americanas hayan terminado su vida útil, el inventario ascenderá a
100.000 toneladas. Si este material altamente radiactivo se almacena en un
depósito geológico, seguirá constituyendo un peligro después de 1 millón de
años, tanto por su propia radiación como por su contenido en plutonio que puede
ser utilizado para hacer bombas. Los Alamos, junto con otros laboratorios
nacionales, está poniendo a punto un programa denominado Transmutación de
Residuos, para el tratamiento de los residuos en aceleradores o en reactores
nucleares, con el fin de transmutar los isótopos radiactivos de vida larga en
otros de vida más corta. Los objetivos son reducir la radiación de los residuos
por factores de hasta 10.000, y naturalmente transmutar el plutonio de uso
militar en otros isótopos.
Otra área de investigación aplicada con un
enorme potencial es la de las células de combustible, en la que Los Alamos ha
estado trabajando durante más de 20 años. Las células de combustible pueden
producir electricidad y calor a partir del hidrógeno, del gas natural, de
productos del petróleo, y de gases derivados del carbón y de la biomasa. La
característica excepcional de las células de combustible es que usan los
combustibles sin combustión, extrayendo su energía por medio de
reacciones químicas de forma extremadamente limpia y eficiente. Las células de
combustible son atractivas para el uso en coches, autobuses, etc., que en la
actualidad son responsables de la emisión de 1/3 de los gases invernadero.
Tanto Toyota como Honda tienen prototipos de coches con células de combustible,
aunque todavía son prohibitivamente caros. Su implantación masiva depende de su
abaratamiento y de la creación de una red de estaciones de servicio que
complemente o sustituya a la actual de gasolina y gasóleo. Es posible que esto
no guste a las compañías petroleras y a los países productores de petróleo,
pero este desarrollo se impondrá.
Esta descripción de algunas de las
actividades de investigación y desarrollo de Los Alamos muestra claramente lo
que es un verdadero laboratorio nacional, es decir, una institución dedicada a
la solución de problemas nacionales importantes, con todo el dinamismo que esto
requiere.
Organización. El
principio básico de la organización del laboratorio es que la Universidad de
California (UC) es plenamente responsable de la misma. El Gobierno Federal
decidió hace 60 años y en plena guerra confiar a UC la dirección y gestión del
laboratorio, por razones cuya validez se ha mantenido hasta el presente. Estas
razones son esencialmente las siguientes: el laboratorio tiene una misión
científica y técnica sin fines lucrativos, y las personas idóneas para
dirigirlo deben pertenecer al ámbito de la administración científica, es decir,
a la administración universitaria. UC tiene una administración central desde la
que se gestionan y controlan nueve universidades,[7]
y es también una institución cuya pervivencia en el tiempo es, en principio,
ilimitada.
Por otro lado, hay que considerar que la
decisión del Gobierno Federal fue de hecho la decisión natural, puesto
que casi todas las figuras clave que participaron en el proyecto Manhattan eran
profesores universitarios. Tres de ellos eran profesores de UC Berkeley:
Oppenheimer, Lawrence y Alvarez.[8]
El Gobierno comprendió desde el primer momento que no podía contratar a los
científicos idóneos para el proyecto, porque sencillamente no tenía ni los
conocimientos ni los contactos necesarios, como era el caso con los líderes del
proyecto, todos miembros de la comunidad universitaria.
Una vez dicho esto, puede comprenderse un
poco mejor el funcionamiento del laboratorio, considerando la expresión común:
“Los Alamos es un laboratorio del Departamento de Energía (del Gobierno Federal)
gestionado por la Universidad de California”. En la práctica esto significa que
el Departamento comunica a la Universidad las misiones que el laboratorio tiene
que llevar a cabo, pero deja a esta última el cómo llevar a cabo estas
misiones.
En particular, la cuestión clave del
personal a todos los niveles es responsabilidad exclusiva de UC. Esto significa
que todos los empleados de Los Alamos lo son de UC y no son funcionarios del
Gobierno Federal.[9] Por tanto,
es UC quién determina el organigrama del personal, hace los nombramientos del
personal directivo y otro personal, determina las condiciones salariales y de
empleo, establece las medidas disciplinarias, etc. En breve, esto es una
delegación o transferencia de autoridad con todas las consecuencias. Y funciona.
El contraste con España es profundo. Si
consideramos una institución como el Consejo Superior de Investigaciones
Científicas (CSIC), es el Gobierno de la nación, a través de un estatuto
aprobado por decreto y promulgado en el Boletín Oficial del Estado, quién
regula directamente todas las cuestiones anteriores que en el contexto de Los
Alamos son responsabilidad de UC. En particular, el Gobierno controla
directamente el nombramiento y la destitución del Presidente del CSIC, la
especificación de los cargos directivos y otros empleos, el establecimiento de
las condiciones de contratación y de empleo, la homologación de los títulos
universitarios de los aspirantes a un puesto,[10]
etc. Simplemente, no es el papel de un Gobierno actuar como un Departamento de
Recursos Humanos, no puede funcionar y, de hecho, no funciona.
La
dirección de Los Alamos tiene la estructura siguiente:
-
Director del Laboratorio
-
Director Adjunto para
Seguridad Nacional
-
Director Adjunto para
Ciencia y Tecnología
-
Director Asociado para
Ingeniería y Fabricación de Armas
-
Director Asociado para
Física de Armas
-
Director Asociado para
Reducción de Amenazas
-
Director Asociado para
Investigación Estratégica
-
Director Asociado para
Operaciones
-
Director Asociado para
Administración
En esta organización se muestran
claramente las dos misiones fundamentales de Los Alamos: la seguridad nacional,
y la ciencia y tecnología de usos generales no militares. Ya hemos mencionado
anteriormente que la expresión “investigación estratégica” designa la
investigación avanzada en temas no militares como el tratamiento de residuos
nucleares, células de combustible, energía y medio ambiente, biología, etc.
Cada uno de los directores asociados es
responsable de su dirección, por ejemplo, Dirección de Ingeniería y Fabricación
de Armas, la cual a su vez consta de varias divisiones. El número total de
divisiones en todo el laboratorio es 21, y cada una está dirigida por un jefe
de división y un jefe adjunto.
Por poner un toque humano detrás de esta
organización, me refiero a los acontecimientos recientes sucedidos a lo largo
de 2002 que han desencadenado la destitución del Director del Laboratorio a
principios de 2003. Se trata de la cuestión de compras a los proveedores,
algunas de las cuales se hacen utilizando tarjetas de compra. Se propagaron
rumores de que algunos empleados habían utilizado las tarjetas de forma
indebida, lo cual resultó en un
escándalo que puso en peligro la reputación del laboratorio. El Director nombró
una comisión de investigación externa que descubrió una serie de
irregularidades contables de diversa cuantía, que una vez examinadas a fondo
dejaron un descubierto de algo menos de medio millón de dólares. Estos son
detalles imprecisos porque la investigación no ha sido cerrada todavía, y se
incluyen simplemente para dar una idea de la cuantía de las irregularidades.
Una vez presentado el informe escrito de
la comisión de investigación, el Director presentó su dimisión al Presidente de
la Universidad de California. En la carta expresaba su pesar de que el uso
indebido de operaciones de compra por unos pocos empleados habían manchado la
reputación del laboratorio; pero que, como Director, tenía que asumir la plena
responsabilidad de todo lo que sucedía en el laboratorio, tanto lo bueno como
lo malo. Esta dimisión fue seguida por la destitución de los responsables de la
administración y finanzas.
El Presidente de UC nombró un nuevo
vicepresidente para la supervisión de la administración de Los Alamos y de los
otros dos laboratorios nacionales que UC administra (Livermore y Berkeley);
asimismo, ha nombrado a un Director en funciones de Los Alamos, un
contralmirante retirado con un doctorado en física de la Universidad de
Princeton, que ya desempeñaba un puesto directivo en el laboratorio. Como es
común para altos cargos, el Presidente de UC ha nombrado también un comité de
búsqueda para seleccionar al próximo Director de Los Alamos.
La lección de todo esto es la flexibilidad
y la eficacia que se alcanza en la gestión de un laboratorio vital para los
intereses nacionales, cuando éste se organiza de forma racional y no política.
Este tipo de instituciones no pueden estar gestionadas ni por los políticos ni
por los funcionarios de un ministerio; simplemente, no funciona y, además, no
es por la “falta de medios”.
Sin entrar en demasiados detalles sobre la
organización del laboratorio, como ya he mencionado, éste consta de 21
divisiones, las cuales constituyen su estructura básica. Como ejemplo, doy
algunos datos sobre la División Teórica (T Division). Está dirigida por
un jefe y por un jefe adjunto; la
división está estructurada en varios grupos, cada uno con su propio jefe. El
personal de nivel profesional tiene, salvo raras excepciones, el título de
doctor y sólo hay una categoría, staff member, investigador o ingeniero.
No hay esa profusión de jerarquías tan comunes en el CNRS francés y en el CSIC
español. La División Teórica cubre muchas disciplinas, incluidas las
matemáticas aplicadas, química, biología, ingeniería y física teórica. Areas
concretas de su competencia incluyen las siguientes:
-
Física de la materia
condensada y ciencia de materiales
-
Biología teórica y bases
de datos de secuenciación
-
Física y química atómica
y molecular
-
Hidrodinámica y
modelación de sistemas reactivos
-
Teoría nuclear y de
partículas
-
Astrofísica
-
Matemáticas aplicadas
-
Física de plasma y
modelación de sistemas de plasmas
-
Bases de datos atómicas,
nucleares y de materiales
El sistema de contratación del personal es
exactamente el mismo que el utilizado en las empresas privadas. En un
laboratorio científico con 7.500 empleados, la mayoría de los cuales son
científicos, ingenieros y técnicos, la contratación de personal no cesa nunca,
debido al dinamismo de las actividades. El inicio de una contratación se basa
siempre en un contacto personal. En un área científica dada, por ejemplo, en
física de plasma, hay una comunidad de investigadores en las distintas
instituciones del país que se conocen personalmente por la asistencia a las
reuniones y congresos de física de plasma, o a través de las publicaciones en
las revistas científicas, en fin, lo mismo que en Europa. Los contactos
personales revelan quién esta buscando un primer empleo o un cambio de empleo,
y quién tiene puestos vacantes. Un científico interesado en un puesto en la
División Teórica de Los Alamos establece contacto con el Jefe de División y le
envía su currículo, su lista de publicaciones y, como referencia, los nombres
de tres investigadores relevantes en el campo del candidato a los que el
laboratorio contactará directamente. Si hay interés en el candidato, se le
invita a una entrevista (con todos los gastos pagados). La entrevista puede
durar un día laborable o un día y medio. Cada miembro interesado de la División
entrevista al candidato en privado, con el que establece un diálogo bastante
profundo tanto sobre las investigaciones del candidato como sobre las del
miembro de la División. Estas entrevistas se interrumpen para el almuerzo, en
el que se invita al candidato a compartir mesa con algún personaje famoso del
laboratorio.[11] Luego,
vuelta a la carga y más entrevistas, y así hasta el final del día o hasta el
día siguiente.
Los miembros de la División que han
entrevistado al candidato se reúnen, y debaten sobre sus méritos y sobre la
conveniencia de contratarlo o no. Al cabo de unas pocas semanas se recibe la
oferta de empleo por escrito, con el sueldo[12]
y todas las condiciones detalladas del empleo (seguro médico, de jubilación,
gastos de traslado, etc.); o una carta “gracias por su visita, sentimos comunicarle
que ...”. La carta con la oferta de empleo está firmada en nombre de la
Universidad de California. Como en las empresas privadas, esta carta no es un
contrato de trabajo en el sentido español,[13]
y no tiene ninguna fuerza legal. Esto significa concretamente que el empleado
puede ser despedido por cualquier razón
que el laboratorio estime oportuna: reducción del presupuesto, falta de
rendimiento, razones disciplinarias, etc.
En mis 12 años de vida laboral en Estados
Unidos, tres años trabajando en General Electric y nueve años en IBM, nunca
presencié ni conocí un despido arbitrario. En General Electric trabajé en el Vallecitos
Atomic Laboratory en Pleasanton (California), en donde hacíamos
investigación sobre los reactores nucleares de agua hirviendo. Esta
investigación era financiada por la Atomic Energy Commission del
Gobierno Federal. A finales de los 60, la Comisión retiró la financiación, al
considerar que General Electric estaba vendiendo e instalando centrales
nucleares con reactores de agua hirviendo, y que debería pagar su propia
investigación. General Electric decidió que, dado el avanzado estado de
desarrollo de la ingeniería de los reactores nucleares, no necesitaba proseguir
las investigaciones con su propio presupuesto y suprimió la División de
Física Nuclear de Vallecitos. Todos los miembros de la División, sin
excepción, fuimos despedidos. En un plazo máximo de un mes, todos los
investigadores encontramos nuevos empleos, la mayoría en la misma zona
geográfica; otros tuvieron que cambiar de domicilio.
Cooperación con la industria. El laboratorio de Los Alamos tiene una Oficina de
Programas de Desarrollo Industrial cuya misión es transferir las tecnologías
propias al sector privado, y así
contribuir positivamente a la economía regional y nacional.
Esta oficina gestiona todo lo relativo a
las patentes y a los convenios con terceros para su explotación. También se
asocia con industrias, universidades,
organismos del Gobierno Federal y otros laboratorios nacionales para llevar a cabo
actividades estratégicas.
Como ejemplo de estas asociaciones,
menciono las que el laboratorio ha establecido con Procter & Gamble (P
& G) y con Motorola.
P & G contactó con Los Alamos para
desarrollar software de control de sus líneas de producción continuas. En el
marco de un acuerdo de colaboración, ambas organizaciones desarrollaron un
software de ingeniería de fiabilidad que ha mejorado notablemente la capacidad
de producción de P & G, logrando un ahorro de $1.000 millones en sus
operaciones de producción en los últimos siete años. P & G está vendiendo
esta tecnología a otras empresas.
La asociación con Motorola empezó con un
proyecto de modelación y simulación de tecnologías de proceso de
semiconductores. En la actualidad cubre varias actividades en las áreas de
modelación de empresas, procesamiento de imágenes y células de combustible.
Como resultado de esta colaboración, Motorola se ha comprometido a ocupar 1.100
m2 de espacio en el nuevo Parque Industrial de Los Alamos.
Folklore de la bomba atómica. El general de ingenieros del ejército
Leslie Groves fue nombrado jefe ejecutivo del proyecto Manhattan en 1942, con
plena autoridad. Había supervisado la construcción del Pentágono. Era un
individuo con una capacidad excepcional de decisión. Sus primeras decisiones
fueron dos: elegir al director del laboratorio y decidir su emplazamiento.
Hay que comprender que el trabajo
teórico y experimental sobre la bomba había sido iniciado en varias
universidades, en particular en UC Berkeley y la Universidad de Chicago. Los
participantes formaban un grupo compenetrado, entre los que destacaba Lawrence,
Director del Berkeley Radiation Laboratory,[14] inventor del ciclotrón y pionero de la
gestión de grandes proyectos científicos, lo que hoy se llama la “gran
ciencia”. Como tal, creía tener la autoridad para nombrar al director del nuevo
laboratorio, y propuso a McMillan, un miembro destacado de su propio Berkeley
Radiation Laboratory. Pero Groves tenía otras ideas. Había tenido un primer
encuentro con Oppenheimer en octubre de 1942, y éste le había causado una fuerte impresión
por lo que decidió nombrarlo. Cuando se enteró, Lawrence se puso colérico.
Había coincidido con Oppenheimer en los años 30 en UC Berkeley y ambos tenían
caracteres antagónicos. Oppenheimer tenía ideas izquierdistas y había tratado
de organizar un sindicato en el Berkeley Radiation Laboratory, mientras que Lawrence era el prototipo del
hombre del establecimiento. Lawrence expresó la opinión de que Oppenheimer
fracasaría, a pesar de que éste había creado dos grupos destacados de física
teórica, uno en UC Berkeley y el otro en Caltech[15]. Groves tomó la decisión correcta,
pues eligió al hombre que conduciría al laboratorio a cumplir su misión con
éxito en poco más de dos años.
Con respecto al emplazamiento, Groves
tenía dos requisitos: que el laboratorio estuviera como mínimo a 300 km de la
costa, y que estuviera situado en un lugar aislado y con mucho espacio para
poder llevar a cabo las explosiones necesarias. Envió a un oficial, el
comandante Dudley, a buscar un sitio
adecuado en Nuevo México, uno de los estados menos poblados del oeste. Este
oficial recorrió durante unas semanas el estado utilizando todos los medios de
transporte, incluido el caballo. Al final recomendó dos sitios, Jemez Springs y
Los Alamos. Groves y Oppenheimer, después de inspeccionarlos, se decidieron por
Los Alamos. Uno de los factores fue su aislamiento y la existencia de Los
Alamos Ranch School, una escuela interna para muchachos de familia rica con
algunos edificios funcionales (cafetería, dormitorios, aularios, etc.) que
podrían servir para satisfacer las necesidades iniciales del laboratorio.
El Ministerio de la Guerra comunicó a
la escuela en diciembre de 1942 que el ejército la expropiaría en febrero
siguiente. La escuela era un lugar paradisíaco en donde sus alumnos, unos
cuarenta chicos de 12 a 16 años, tenían clases por las mañanas y por las tardes
se dedicaban a trabajar en el rancho, y a actividades y deportes al aire libre.
Su uniforme era el de los boy scouts. El coste anual por alumno era unos
$30.000, al valor actual. El director les comunicó el 7 de diciembre que,
debido al cierre inminente, se suprimirían las vacaciones de navidad, para poder
terminar de forma acelerada el curso académico.
Cuando la escuela cerró el 8 de febrero
de 1943, las excavadoras ya estaban funcionando a pleno rendimiento para
iniciar la construcción de los edificios del laboratorio, una serie de
estructuras variopintas e indescriptibles de madera construidas con urgencia
para satisfacer una multiplicidad de necesidades: laboratorios, administración,
alojamientos civiles, cuarteles militares, escuelas, economato, hospitales,
etc. El ambiente era el de una pequeña ciudad de aluvión, como en los campos
mineros del siglo XIX. La supervisión principal de la construcción estaba a
cargo del cuerpo de ingenieros del ejército, aunque Oppenheimer y sus
colaboradores científicos intervenían continuamente para modificar sobre la
marcha las especificaciones de los edificios, y tenían que ocuparse además de
la adquisición de los equipos científicos, requisando algunos de laboratorios
universitarios.
Simultáneamente, Oppenheimer atacó el
problema del reclutamiento de los científicos. Groves le había dicho que quería
que los científicos y otro personal técnico fueran convertidos en oficiales
militares en uniforme, y Oppenheimer inicialmente estuvo de acuerdo (con 38
años, esperaba que lo hicieran teniente coronel). Cuando empezó a contactar a
los científicos en las distintas universidades, la mayoría rechazó de plano ser
militarizados. Esto creó un impasse con Groves, que no tuvo más remedio que
ceder. Aunque al principio sólo dio su acuerdo a que el laboratorio fuera civil
en la primera fase, pero insistió en que
cuando el “dispositivo” estuviera listo para su prueba, quería que todo
el mundo estuviera militarizado. Con el paso del tiempo, ante la buena marcha
del laboratorio (if it doesn’t break, don’t fix it, “si no se rompe, no
lo arregles”), el tema de la militarización no volvió a mencionarse.
No es mi objetivo describir paso a paso
el progreso del laboratorio hacia la construcción de la bomba, sino centrarme
en algunos aspectos humanos de interés. ¿Cómo era la vida de los científicos en
Los Alamos durante la guerra? Una buena fuente es la descripción de Feynman,[16] que se incorporó a Los Alamos en abril
de 1943, cuando acababa de doctorarse en Princeton. Al principio, todo era un barullo, y los científicos vivían en
casas alquiladas fuera del laboratorio, durmiendo en literas de dos pisos. Los
físicos experimentales no tenían sus laboratorios y equipos listos, y como no
podían hacer nada, se dedicaban a ayudar en la construcción dirigiendo el
tráfico de los camiones con los materiales de construcción, e indicando a los
capataces cuantas conducciones de gas, agua, y electricidad eran necesarias
para cada estructura, ya que los planos de construcción estaban incompletos.
Los físicos teóricos empezaron a trabajar desde el primer momento. Feynman estudiaba y leía, y se enteró de que
Hans Bethe (Jefe de la División Teórica, recibió el premio Nobel de Física en
1967) era el único de los científicos senior
presente al principio. Bethe necesitaba a alguien con quién debatir sus
ideas. Entraba en el cuchitril de Feynman, y empezaba a discutir
explicándole una idea. Feynman: “No,
no, estás loco. Tiene que ser de esta forma.” Bethe: “ ‘Un momento,’ y me explica
por qué él no está loco, sino que soy yo quién está loco.” Y
siguen así. Feynman cuenta que cuando empezaba a hablar de física, sólo pensaba
en ésta y se olvidaba de con quién estaba hablando y les decía cosas así:
“estás loco”. Pero eso era exactamente lo que Bethe necesitaba, e hizo a Feynman
jefe de grupo.
Feynman se había casado con su mujer,
Arlene, cuando ésta ya sufría de tuberculosis. Arlene estaba en un hospital en
Albuquerque, a unos 150 km de Los Alamos, en donde murió en 1945. En
preparación de esta emergencia, Feynman había pedido a un colega, Klaus Fuchs,[17] que cuando llegara el momento le
dejara su coche para ir al hospital. Durante la guerra, no se fabricaban coches
ni neumáticos para los civiles, y en el viaje de Los Alamos a Albuquerque,
Feyman tuvo tres pinchazos y, como se había quedado sin rueda de repuesto, tuvo
que abandonar el coche.[18] Llegó al hospital unas horas antes de
la muerte de su mujer.
Los dos explosivos nucleares para la
bomba eran el uranio 235, obtenido en las enormes instalaciones de difusión
gaseosa en Oak Ridge (Tennessee), y el plutonio 239, obtenido en los “reactores
de producción” de Hanford (estado de Washington). Al principio, Oppenheimer
creyó que el diseño basado en el “cañón” serviría para “ensamblar” tanto la
bomba de uranio como la de plutonio.[19] Pero el trabajo de Emilio Segre
(premio Nobel 1959, discípulo de Fermi) sobre la fisión espontánea del plutonio
estableció que antes de que las dos masas de éste se juntaran, se produciría
una predetonación muy poco eficiente. Fue preciso abandonar el “cañón” para la
bomba de plutonio, y desarrollar un nuevo método para “ensamblar” la masa de
plutonio y provocar la explosión nuclear. El método fue el de la implosión, es
decir, rodear una esfera hueca de plutonio con explosivos convencionales que al
explotar producirían una onda compresiva esférica simétrica dirigida hacia el
interior, es decir, a la esfera hueca de plutonio. La esfera hueca se
colapsaría en una masa crítica sólida que produciría la explosión nuclear. Fue
Luis Alvarez (premio Nobel 1968, de origen asturiano[20]) quién diseñó el detonador para la
bomba de plutonio. Este era un dispositivo complejo en el que eran precisas
unas “lentes de explosivos” para que la onda de la implosión fuera
perfectamente esférica y así colapsara de forma simétrica la esfera hueca de
plutonio, con el fin de lograr la máxima “eficiencia del ensamblaje”. No
obstante, el detonador era tan complejo que se estimó absolutamente necesario
hacer una prueba con la bomba de plutonio, para asegurarse de que funcionaba.
En mayo de 1943, Kenneth Bainbridge, un físico nuclear experimental de la
Universidad de Harvard, fue contratado por Los Alamos. Su misión era dirigir la
construcción y equipamiento de una instalación para realizar la primera
explosión de la bomba nuclear, la llamada Trinity Test (“Prueba
Trinidad”). En la madrugada del 16 de julio de 1945, instantes después de la
explosión nuclear en el lugar conocido por Jornada del Muerto, a unos
200 km de Alamogordo (Nuevo México), Bainbridge primero felicitó a Oppenheimer
y a los otros testigos presentes, y luego les dijo: “Ahora somos todos unos
hijos de puta.” Más tarde, Oppenheimer comentó que ésta fue la observación más
profunda hecha por nadie justo después de la explosión.
Después de la guerra, desde su posición
como presidente del Comité Consultivo de la Comisión de Energía Atómica,
Oppenheimer se opuso por razones de conciencia al programa que conduciría al
desarrollo de la bomba de hidrógeno. El Presidente Truman, informado de que los
rusos podían alcanzar este objetivo y como no creía en los motivos de
conciencia de Stalin, dio la orden de iniciar el proyecto. En 1952, durante el
macartismo[21] y la guerra de Corea, una vez que el
nombramiento de Oppenheimer como presidente del Comité Consultivo llegó a su
fin, fue sometido a una serie de audiencias secretas por la Comisión de Energía
Atómica tendentes a probar que era un riesgo para la seguridad nacional. Se
desenterraron sus simpatías izquierdistas (ciertas) de los años 30 y sus
asociaciones con comunistas a lo largo del tiempo,[22] aunque estos antecedentes eran ya
conocidos cuando fue nombrado director científico del proyecto Manhattan,
durante el cual demostró su lealtad y devoción al país. Todos sus colegas,
excepto Teller[23] que hizo una declaración ambigua,
afirmaron que su lealtad al país estaba fuera de toda sospecha. En 1953, su
autorización de seguridad (security clearance) fue revocada,
excluyéndolo para siempre de los consejos de gobierno. Su prestigio era tal,
que fue nombrado Director del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton
(institución privada en donde estaba Einstein). En 1963, el Presidente Johnson
lo rehabilitó en una ceremonia pública en la Casa Blanca en la que le entregó
el premio Enrico Fermi. Murió en 1967.
Después de su regreso a Harvard en
1945, Bainbridge adoptó una posición opuesta a las armas nucleares y a favor de su
control. Cuando Wendell Furry, un colega del Departamento de Física, fue atacado
por el Senador McCarthy, el Profesor Bainbridge se volcó en su
defensa dedicándole mucho tiempo y esfuerzo. Tuve el privilegio de tener a
Bainbridge como profesor de física nuclear en el curso 1960-61, y lo recuerdo
como un hombre muy amable y modesto.[24] Antes de la guerra en 1936, Bainbridge
había construido un ciclotrón que fue juzgado como el mejor de los existentes,
y como tal, fue requisado para Los Alamos. Después de la guerra, dirigió la
construcción de un nuevo ciclotrón en Harvard que todavía hoy sigue
funcionando. Es utilizado por los médicos del Massachusetts General Hospital
para tratamientos clínicos y para investigaciones de terapias con haces de
protones.
El proyecto Manhattan atrajo a los
mejores científicos americanos y europeos, la mayoría de estos últimos
refugiados de Hitler y del fascismo, que sabían exactamente lo que estaba en
juego: o Hitler consigue primero la bomba o nosotros. Eran en su mayoría
investigadores básicos, que abandonaron el trabajo fundamental para llevar a
cabo el trabajo aplicado de determinar las propiedades físicas esenciales del
uranio y del plutonio, desarrollar métodos para producir estos materiales en
gran escala, y por último, diseñar y construir la bomba. Casi la totalidad de
ellos abandonaron Los Alamos en 1945, una vez terminada la guerra, y regresaron
a la universidad. Un gran número de ellos ganó el premio Nobel de Física o de
Química.[25]
En la actualidad, la tecnología básica
para construir una bomba nuclear de fisión es de dominio público, y de hecho ha
sido utilizada por varias naciones para lograrlo.[26] Pero el lector no experto no debe
creer que el problema no tenía dificultades fundamentales. Un núcleo de uranio
235 o de plutonio 239 se fisiona cuando es bombardeado con neutrones rápidos,
libera la energía de fisión, y produce a su vez nuevos neutrones rápidos (del
orden de 2,5 por fisión). Estos neutrones producidos en la fisión bombardean
nuevos núcleos de uranio 235 o plutonio 239, producen su fisión, etc., es
decir, tiene lugar la reacción en cadena. La posibilidad de lograr una
explosión nuclear dependía, entre otros factores, de la rapidez con que se
producen los neutrones después de la fisión. De hecho, una fracción de los
mismos se llaman neutrones retardados (delayed neutrons) porque se
liberan mucho después de los neutrones inmediatos (prompt neutrons).
Pues bien, si las leyes físicas hubieran sido distintas y la mayoría de los
neutrones de fisión hubiesen sido “retardados”, no habría sido posible
construir una bomba nuclear, porque la liberación de energía en la reacción en
cadena habría sido más lenta, es decir, no explosiva. Esto no se sabía cuando
comenzó el proyecto Manhattan que, en este sentido, fue una gran apuesta. La
tarea de las naciones que desarrollaron la bomba después fue bastante más
fácil, ya que sabían que el invento funcionaba y por tanto iban “a tiro fijo”.
¿Qué ha quedado de todo esto en Los
Alamos de hoy? Lo más valioso en una institución científica: una tradición de
excelencia y un orgullo manifiesto en los logros históricos del pasado, que
sirven de inspiración al trabajo de los investigadores actuales. Un ambiente en
el que el trabajo sigue considerándose importante y urgente, como en tiempo de
guerra. Si se necesita algún equipo o instrumento para un proyecto, se
materializa en un par de días. Si se pide un artículo de una revista científica
a la biblioteca, te lo envían al día siguiente. Si no se puede esperar, se va a
la biblioteca: está abierta las 24 horas del día.
El proyecto Manhattan fue el primero en
la historia, en el que un gobierno decidió resolver un problema transcendental,
para lo cual reunió una banda de científicos e ingenieros y les dio durante un
poco más de un par de años el 2% del producto interior bruto. Y lo resolvieron.
Los investigadores de Los Alamos hoy,
como los de Livermore, se dividen en dos clases: los que trabajan en
investigaciones militares y los otros. Los investigadores de defensa tienen sus
revistas internas en donde publican sus trabajos, con una distribución limitada
a los otros investigadores de defensa de Los Alamos y de los otros laboratorios
nacionales. Reciben reconocimiento por su trabajo, siempre en actos internos.
Esto es contrario a la esencia de la comunicación abierta que es una de las
bases de la ciencia; pero hacen su trabajo como una contribución y un deber al
país. Naturalmente, no tienen que dedicarse siempre al trabajo de defensa, sino
que pueden transferirse a investigaciones abiertas no militares.
Los Alamos es una institución de una
naturaleza completamente desconocida en Europa: un laboratorio científico en un
altiplano a 2.200 m de altura con unos 7.500 empleados, cuya mayoría vive en
urbanizaciones de casas unifamiliares en plena naturaleza. El pueblo de Los Alamos tiene del orden de 10.000 habitantes,
y hay otro pueblo satélite, White Rock, de 8.000 habitantes. La ciudad más
próxima, Santa Fe, está “allá abajo”, a 55 km. Ser investigador en Los Alamos
requiere una decisión de abrazar una vida centrada en el trabajo, y un ocio que
gira alrededor de todo tipo de actividades y deportes al aire libre: ski, golf,
tenis, patinaje sobre hielo, acampadas, senderismo, excursiones a caballo, caza
y pesca, etc. Los miembros del
laboratorio son conscientes de que se pierden lo que sucede “allá fuera” (out
there, el mundo urbano).[27]
Nadie usa corbata, y no se necesita un jefe de protocolo como en el
CSIC, a pesar de que el laboratorio recibe visitas de científicos ilustres de
todo el mundo, y de los presidentes americanos y otros políticos. Con tantos doctores
por metro cuadrado, la calidad de la educación en las escuelas públicas
secundarias es extraordinaria, y se dispone también de una excelente biblioteca
pública. En el verano, la gente de Los Alamos puede asistir a la temporada de
ópera en el auditorio al aire libre de Santa Fe.
Un hecho sorprendente es el viaje a Los
Alamos. Se vuela a Albuquerque, y si uno va a visitar el Laboratorio, una
compañía de taxis aéreos te lleva del aeropuerto de Albuquerque al pequeño
aeropuerto del Laboratorio, en donde te recoge un coche con chofer que es
“español” (descendiente de españoles) y que habla castellano.
Nuevo México ofrece un mosaico
encantador de tres culturas: india, española y “anglo”. Hoy en día existen 19
grupos de indios “pueblo”, así llamados por los exploradores españoles porque
vivían en comunidades con casas de varios pisos que les recordaban a pueblos
españoles. Cada una de estas 19 tribus tiene su propio territorio, en donde
disfrutan de autogobierno. Algunas aun tienen pueblos con casas de varios pisos
que han sido habitadas continuamente desde antes de la llegada de los
españoles; el más famoso es el Taos Pueblo, declarado patrimonio de la
humanidad por la UNESCO. En general disponen de mucha más tierra de la que
necesitan sus habitantes. Por esto, alquilan parte de sus tierras a compañías
mineras, o para canteras; la actividad más lucrativa es el establecimiento de
casinos de juego, los cuales no están sujetos al permiso ni a las regulaciones
del gobierno del estado. Trabajan en artículos de artesanía que venden en el
“palacio del gobernador” en Santa Fe, una estructura de adobe de una sola
planta con soportales, construida en 1610 por Don Pedro de Peralta, el tercer gobernador español de Nuevo
Mexico. Los americanos lo valoran mucho y lo designan como “el edificio público
de uso ininterrumpido más antiguo de los Estado Unidos”. Los indios tienen
plena libertad para integrarse en los Estados Unidos, si así lo desean. Algunos
van a la universidad, se casan al margen de la tribu, y de hecho se integran.
Hay algunos indios americanos que trabajan en el laboratorio de Los Alamos y
que por las tardes regresan a su pueblo.
En Santa Fe, una de sus mayores
atracciones es la Capilla de Loreto (Loretto Chapel), construida para un
colegio de chicas regentado por unas monjas enseñantes llamadas Hermanas de
Loreto. Terminada su construcción en 1878, se planteó el problema de cómo
comunicar la nave con el coro. Ningún carpintero veía una solución clara, ya
que cualquier escalera ocuparía mucho espacio. Las monjas hicieron una novena a
San José, el patrón de los carpinteros, y en el último día de la misma apareció
un hombre montado en un burro con una caja de herramientas, y construyó en unos
meses una escalera de caracol sorprendente que da dos vueltas y sólo está
soportada en el suelo de la nave y en el coro (a unos 6,6 m de altura); no
tiene clavos metálicos. El hombre desapareció sin recibir ni paga ni gracias.
Las monjas no pudieron localizarlo: concluyeron que había sido San José en
persona.
Hay un pueblo cerca de Santa Fe,
llamado Chimayo, en el que uno parece estar en un pueblo de Castilla: la plaza
con los soportales, las casas de adobe, la iglesia. Hay una creencia sobre un
crucifijo milagroso en la iglesia de Chimayo que atrae a peregrinos, sobre todo
en Semana Santa. Muchos “anglos” (como los españoles y mexicanos llaman a los
anglosajones) participan en las romerías de Chimayo; no son católicos, pero
creen que es una tradición “étnica” muy bonita. En los alrededores de Santa Fe,
hay bastantes habitantes que se saben descendientes de los colonizadores
españoles que ocuparon y colonizaron Nuevo México a partir del siglo XVI y
hasta principios del XIX. Te dicen: “yo soy español, no mexicano.”
Conclusión
Los Alamos constituye un hito en la
historia de la ciencia. Un gobierno decide crear un laboratorio para lograr un
objetivo transcendental en plena guerra. Dada su suprema importancia militar, el control absoluto se pone en manos de
los militares. Estos, como es natural, consideran que para ejercer este control
sobre el proyecto tienen que militarizar a los científicos: Oppenheimer,
teniente coronel; Fermi (premio Nobel 1938), ¿teniente coronel también?. Se
producirían situaciones surrealistas: “teniente coronel Fermi, la semana que
viene me investiga Ud. la fisión espontánea del plutonio 240”. Los científicos
se niegan en redondo, y los militares lo aceptan primero a regañadientes, y
luego con la marcha del proyecto llegan a comprender claramente la diferencia
entre el control militar sobre la seguridad y el control científico, que sólo
puede estar en manos de los científicos.
Oppenheimer juega un papel crucial,
porque tiene el respeto de los científicos clave, y puede interaccionar con
ellos y criticarlos y orientarlos hacia el objetivo; algo normal en el ámbito
científico, en donde la publicación de un artículo en una revista con revisión
por pares (peer-reviewed journal) implica eso: la crítica y petición de
revisión de un artículo hechas por expertos anónimos, aunque el autor del mismo
sea una científico famoso. Una vez comprendido este concepto, el Gobierno
Federal decide poner la gestión del laboratorio en manos de la Universidad de
California, un arreglo que ha funcionado bien y que dura ya 60 años.
Después de haber regresado a España en
1976, todavía hoy me sigue produciendo estupor el control político ejercido por
los gobiernos españoles sobre organizaciones como el CSIC y el CIEMAT;
un control que se mete de lleno en la especificación detallada del organigrama
de personal, la definición de multitud de categorías del personal científico y
técnico, la especificación de las condiciones de contratación (hecha de acuerdo
con las normas generales de la Administración del Estado, es decir, las normas
para los funcionarios en general), etc. Este paroxismo de control alcanza su
nivel máximo cuando el Ministerio de Educación controla la convalidación de
títulos universitarios extranjeros. En primer lugar, exceptuando lo obvio
(medicina, derecho, arquitectura, ingeniería de caminos, pilotos de líneas
aéreas, etc.), el concepto mismo de convalidación de títulos científicos no
existe ni se usa en los países avanzados. Si una organización gubernamental
extranjera quiere contratar a un ingeniero electrónico de Stanford o del MIT, o
a un físico de la Universidad de Cambridge, no se le pasa por la mente
“convalidar” estos títulos. Si alguien alega tener un doctorado por una
universidad americana por correspondencia (haberlas, hailas), pues no se le contrata y ya está. Esta
decisión corresponde por ley natural a la organización contratante.
El sistema español de control de los
laboratorios públicos está diseñado para que no funcionen, como es el caso.
Este sistema sirve solamente para satisfacer las ansias de control de los
políticos, que de esta forma condenan al país a un subdesarrollo científico y
tecnológico perpetuos. El problema no es el dinero.
El CIEMAT
El Centro de
Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) es un
Organismo Público de Investigación creado en 1951 como Junta de Energía
Nuclear, con el objetivo general de que España participase en el campo
emergente de la energía nuclear, lo cual significaba entonces la física nuclear
relativa a los reactores de fisión, minería del uranio, formación de personal,
etc. Como fue natural en la época de Franco, el liderazgo y control inicial
estuvo en manos militares, ya que parece que había algunas aspiraciones
secretas a que España se convirtiese en una potencia nuclear militar. La historia
inicial del CIEMAT no tiene demasiado interés porque, con la perspectiva que
dan sus más de cincuenta años de existencia, es difícil identificar algún logro
suyo que haya transcendido a la conciencia colectiva de los españoles. La
tradición creada en estos 50 años corresponde a una organización burocratizada
en extremo, que está controlada y “coordinada” por múltiples organismos gubernamentales (Ministerios de Ciencia y
Tecnología, de Economía y de Asuntos Exteriores, Intervención General del Estado,
Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología, Secretaría General de
Política Científica, Consejo General para la Ciencia y Tecnología, Consejo de
Estado, etc.).
El Estatuto del CIEMAT fue aprobado por
Real Decreto 1952/2000 y representa una filosofía análoga a la del Estatuto del
CSIC. Se especifica todo, un régimen jurídico que emana de múltiples leyes, los
órganos de gobierno (colegiados y unipersonales), su composición y funciones, y
el mandamiento rotundo sobre el régimen del personal: “las peculiaridades en
materia de acceso, adscripción de puestos, carrera, promoción y régimen de
movilidad del personal ... se regularán mediante Real Decreto de Consejo de
Ministros.” Una vez más, el Consejo de Ministros actúa como un Departamento de
Recursos Humanos de una organización científica, lo cual es un sinsentido, y a
algo que no tiene ningún contenido político se le da el rango de un Real
Decreto firmado por el Rey. Si alguien estuviera empeñado en sabotear el
funcionamiento del CIEMAT, no podría hacer nada mejor para lograrlo que
regularlo con un estatuto como el descrito.
En ocasiones recientes, este régimen
político del personal ha resultado en la existencia de hasta siete categorías
distintas de personal investigador, algunas de ellas en violación de la
legalidad laboral. Este galimatías hace poco menos que imposible la gestión
racional de los proyectos de investigación por parte de la dirección del
laboratorio, y afecta muy negativamente a la moral de los investigadores. Estas
irregularidades son a veces inevitables porque el personal clave de algunos
proyectos no puede tener sus contratos temporales prorrogados; se elige
entonces entre dos males: liquidar proyectos valiosos o violar una política de
personal irracional.
Parece que el Gobierno no debe estar
satisfecho con el CIEMAT, porque tanto el número de sus empleados como la
cuantía de sus presupuestos muestran una clara tendencia a la baja. Esto se ve
en la tabla siguiente:[28]
Evolución de la plantilla y
presupuesto del CIEMAT
|
|
1995 |
1997 |
1998 |
1999 |
2000 |
2001 |
|
Número de empleados |
1.441 |
1.349 |
|
1.254 |
1.191 |
1.169 |
|
Presupuesto1 |
10.230 |
10.582 |
10.118 |
9.701 |
10.192 |
|
1Millones de pesetas
Objetivos. Las
actividades del CIEMAT se centran en dos grandes áreas: el área
tecnológica con objetivos concretos, y el
área de investigación básica en la fusión nuclear y la física de partículas. En
lo que sigue, doy una descripción de las mismas.
Fisión nuclear. El trabajo en el campo de la fisión nuclear es importante y
plenamente justificado, porque el CIEMAT es un organismo experto e
independiente en las cuestiones de la seguridad de los reactores de las
centrales nucleares españolas y, como tal, tiene la misión esencial de asesorar
al Gobierno y al Consejo de Seguridad Nuclear en esta esfera vital de la
seguridad pública. Estas actividades tienen la obvia ventaja de tener objetivos
importantes y concretos.
El CIEMAT participa en dos empresas
nacionales, ENRESA y ENUSA, a las que presta asesoramiento técnico. ENRESA
tiene la misión del tratamiento y disposición de los residuos radiactivos de
las nueve centrales nucleares, y también de su desmantelamiento como es ahora
el caso con la Central de Vandellós en Tarragona. ENUSA es la empresa nacional
responsable de suministrar uranio enriquecido a las centrales nucleares. ENUSA
ha abandonado recientemente la minería del uranio y gestiona la compra de
uranio enriquecido en los mercados internacionales; posee asimismo el 11,11% de
la sociedad EURODIF, propietaria de la planta de enriquecimiento de Tricastín
en Francia. A partir del uranio enriquecido, fabrica los elementos combustibles
para los reactores nucleares. Desempeña pues una actividad esencial de
ingeniería nuclear para las centrales españolas.
En el marco de su colaboración con ENRESA,
el CIEMAT lleva a cabo proyectos de investigación en el problema crucial de la
transmutación de residuos radiactivos, para convertirlos en elementos
radiactivos de vida más corta, con lo cual se reduciría el problema que
representan los residuos de muy larga vida (del orden de millones de años)
resultantes de la operación de las centrales nucleares.
Energías renovables y combustibles fósiles. El CIEMAT presta servicios técnicos a las empresas españolas que generan electricidad eólica. España ocupa el segundo lugar a nivel mundial en generación de electricidad a partir de parques eólicos con aerogeneradores de fabricación nacional. El impulso para este progreso extraordinario fue la publicación del Real Decreto 2366/1994, que garantizaba el precio de la electricidad que las compañías eléctricas debían pagar a los parques eólicos.
La primera empresa en este sector es Gamesa, con más de un 50% de cuota de mercado. Contaba a finales de 2001 con una plantilla de más de 1.100 empleados y una facturación de 470 millones de euros. Gamesa diseña, desarrolla y fabrica aerogeneradores, hace mediciones del viento en emplazamientos potenciales para los parques, y ofrece contratos “llave en mano” para la instalación y puesta en marcha de parques eólicos. Esto parece que no tiene nada que ver con las ac