Capítulo 9

 

CONCLUSIONES

 

A man is morally free when, in full possession of his living humanity, he judges the world, and judges other men, with uncompromising sincerity.

(Un hombre es moralmente libre cuando, en plena posesión de su humanidad viviente,

  juzga al mundo, y a los otros hombres, con sinceridad irrenunciable.)

                                                                                  George Santayana, 1863-1952

 

 

            Inicialmente este trabajo fue motivado por mi experiencia de profesor en la Universidad Alfonso X El Sabio, y por el imperativo ético de dar testimonio sobre esta institución peculiarmente española: la universidad privada con fines de lucro. Después de dar una charla sobre el tema en el seminario organizado por el Profesor Manuel Garcia Velarde en el Instituto Pluridisciplinar de la Universidad Complutense, vi que despertó bastante interés y me puse a escribir.

            El alcance del libro empezó a expandirse mucho más allá de mis planes iniciales, los cuales eran bastante limitados. Por ejemplo, descubrí que hay una definición objetiva y cuantitativa del desarrollo tecnológico de un país y que, de acuerdo con ésta, España es un país sin tecnología propia, mientras que otros países como Corea del Sur, Taiwán e Israel pertenecen a la élite mundial de países desarrollados con tecnología propia. A principios de los 50, se fabricaron los primeros coches en la fábrica SEAT de Barcelona, mientras que la guerra de Corea estaba en pleno apogeo y dejaría al país en ruinas. Hoy Corea exporta coches con marcas y tecnología propias a todo el mundo, mientras que España ensambla los coches de las multinacionales extranjeras. Algo muy importante falla en la cultura española cuando se produce este estancamiento.

            El tema de este libro ha sido el examen de aquellas características de nuestra cultura que han resultado en el atraso secular de nuestra ciencia y tecnología. Este análisis ha identificado con claridad algunas de estas características, y su cambio o eliminación son condiciones necesarias para emprender la larga marcha hacia la adquisición de una cultura científica equiparable a la de los países de nuestro entorno. El problema esencial es de naturaleza política y social, y no presupuestaria.

            La cultura científica y tecnológica, como la democracia, está basada en valores universales que pueden aplicarse por igual en todos los países. No vale decir: Spain is different. Esto es sólo aplicable en relación con nuestras lenguas, arte, música y bailes regionales, cocina, ... No existen razones objetivas que impidan a España adoptar algunas de las características de la educación universitaria y de los sistemas de ciencia y tecnología de los países avanzados de nuestro entorno cultural (Europa y Estados Unidos). Es por ello que he descrito algunas características de las universidades y sistemas de ciencia y tecnología en Estados Unidos, Reino Unido, y Francia. En este capítulo doy algunos datos sobre el sorprendente sistema suizo de universidades y de ciencia y tecnología. En el Apéndice, Cardona describe de manera clara y sucinta el sistema alemán.

 

 

EL INTERVENCIONISMO ESTATAL   

 

            El intervensionismo estatal es la madre de todos los males. Todo se origina en la obsesión de los gobiernos españoles por controlar todo lo relativo a la educación universitaria y al sistema de ciencia y tecnología. Los gobiernos nunca han sido capaces de asumir las diferencias existentes entre los distintos sectores de la cosa pública: el ejército, el sistema judicial, la policía, la seguridad social, etc., sujetos naturales del control gubernamental absoluto; y por otra parte, las universidades, sistemas de ciencia y tecnología, los cuales requieren por un lado la financiación pública y por otro una amplia autonomía con respecto al gobierno.

            Las universidades y las organizaciones de investigación tienen una característica esencial y universal: su excelencia requiere décadas de estabilidad para desarrollarse y crecer, siempre que desde el punto de partida se arranque con los valores adecuados y estos se mantengan. Por otro lado, las universidades, la investigación y la tecnología no tienen nada que ver con la política. Es particularmente negativo y penoso que esto no sea asumido por los gobiernos españoles, de forma que cuando un nuevo gobierno gana el poder cambia las cosas en esta área y mete a su gente en los puestos directivos de política científica y de los organismos públicos de investigación. Esto hace imposible el desarrollo y crecimiento de una tradición de excelencia. Aquí sí que hace falta un “pacto de Estado” entre los partidos políticos principales, es decir, un compromiso de cambiar las cosas sólo por razones de mejora objetiva del sistema y no por razones políticas. ¿Es que acaso hay unas matemáticas de derechas y otras de izquierdas?

            Los gobiernos no parecen entender que sólo unos principios y valores universales asumidos y aplicados con persistencia y continuidad mejorarán la educación universitaria y la investigación y desarrollo. No sirven de nada los voluntarismos ni las huidas hacia delante.[1] La creación reciente de un nuevo Ministerio de Ciencia y Tecnología con su organigrama propio y con competencias transferidas de otros ministerios es un ejemplo de voluntarismo inútil. Esto no es en si algo negativo, pero es ilusorio pensar que estas iniciativas retóricas y burocráticas sirvan para algo.[2]

            En el Reino Unido hay simplemente una Oficina de Ciencia y Tecnología dentro del Ministerio de Industria, cuya misión esencial es distribuir el presupuesto de investigación y desarrollo entre las universidades, laboratorios nacionales e industrias. La ausencia de una extensa burocracia dentro del ministerio, como es el caso en España, dota al sistema británico de la máxima flexibilidad en la asignación de los recursos de I+D. Esta flexibilidad significa más fondos públicos para las organizaciones que funcionan, y la reducción e incluso eliminación de las subvenciones para las que no funcionan. Esto es posible porque las organizaciones receptoras de los fondos públicos no son estáticas y no están pobladas por funcionarios a los que hay que mantener a toda costa. 

            La extensión y complejidad del sistema americano de universidades e investigación son tan grandes que ni siquiera es posible pensar en la existencia de un Ministerio de Educación o de un Ministerio de Ciencia y Tecnología. Las universidades son públicas y privadas, y la excelencia se encuentra tanto en las públicas (Universidad de California, Universidad Estatal de Nueva York) como en las privadas (Harvard, Stanford). El Gobierno Federal subvenciona a ambas clases por medio de muchos mecanismos como el Ministerio de Defensa, la National Science Foundation, el Ministerio de Energía, el Ministerio de Sanidad, etc. Las universidades públicas dependen de los gobiernos de los estados, los cuales proporcionan una parte importante de su financiación. Pero también reciben fondos privados, tienen capital propio, etc. No hay ministro en el mundo que pueda controlar y administrar todo esto. Excepto el ministro francés de educación, el cual preside sobre una burocracia de casi 1 millón de funcionarios.[3]

            La excelencia y el dinamismo de la Universidad de California son posibles por dos razones: (1) el Gobierno Federal no tiene ningún control ni ninguna responsabilidad sobre ella; (2) el Gobierno y la Asamblea de California han establecido desde hace 125 años un sistema de gobierno de la Universidad que dota a ésta de plena autonomía e independencia del poder político. Esta autonomía no garantiza que UC no esté sometida en la práctica a los vaivenes financieros que resultan de los presupuestos votados por la Asamblea, y que a veces la fuerzan a despedir a profesores (por medio de prejubilaciones, bajas incentivadas, etc.).

            Con nuestro Estado de las Autonomías, no hay ninguna razón ni impedimento cultural o de ningún otro tipo por el que las universidades públicas españolas no pudieran tener un sistema de gobierno cualitativamente igual al de la Universidad de California (véase Gobierno de la universidad en el capítulo 2). Esto eliminaría por completo y para siempre las luchas políticas partidistas por el control de la universidad, y permitiría por fin iniciar la larga marcha hacia la excelencia académica e investigadora.

            Otro ejemplo de los efectos nefastos del intervencionismo estatal es la obsesión general, casi enfermiza, por los títulos universitarios “oficiales”. Este concepto es inútil, perjudicial y retrógrado, y figura en leyes en donde no debiera figurar, como nuestra Constitución y algunos tratados internacionales.[4] Es verdad que en países de nuestro entorno, como Alemania y Francia, la mayoría de los títulos son otorgados por las universidades públicas; pero en el caso concreto de Alemania, la Sociedad Max Planck, la organización de investigación más prestigiosa del país, tiene una autonomía considerable con respecto al Gobierno Federal y al de los estados, lo que le permite contratar libremente a destacados científicos extranjeros sin que se plantee ni siquiera el tema de los títulos “oficiales” ni el de las “convalidaciones”. Al contrario, en las universidades alemanas hay una endogamia muy grande, y esto ha resultado en una disminución notable de su creatividad y en  la decadencia de la ciencia en Alemania.[5]

            Las universidades americanas abren las puertas de par en par al mérito, sin cortapisas artificiales ni títulos “oficiales”, y adquieren así un dinamismo extraordinario. En el directorio del California Nanosystems Institute en UCLA figuran profesores de la India, Chile, Suecia, Taiwán, Hungría, China, Corea, Francia, Japón e Israel. La mayoría hicieron su licenciatura en sus países de origen y sus doctorados en Estados Unidos, pero otros recibieron toda su formación académica en sus países de origen; entre ellos se encuentran un chileno, un sueco, un húngaro, un francés, un japonés y un israelí. Por ley natural y por sentido común, son los departamentos universitarios los que juzgan la idoneidad de los candidatos y hacen sus propuestas al presidente de la universidad, sin que a ninguna administración externa se le ocurra intervenir fijando las reglas de juego para un proceso de selección que es puramente académico.

            En resumen, los gobiernos españoles no dan muestras de comprender que su papel es establecer un marco idóneo que permita lograr el progreso objetivo del sistema universitario y de ciencia y tecnología. Su afán es al contrario controlar todo el sistema, con lo cual lo condenan al estancamiento perpetuo.

 

 

El papel propio del Estado

 

            Recientemente el Proyecto del Genoma Humano ha identificado los aproximadamente 30.000 genes en el ADN humano. La sociedad global ha tomado conciencia de que muchos sectores importantes (medicina, agricultura, etc.) pueden cambiar de forma radical por el impacto de la investigación y los avances en los campos de  la genómica y proteómica.

            Los Gobiernos de España y Canadá han tomado conciencia de esto y ambos, independientemente claro, decidieron crear dos organizaciones para llevar a cabo I+D en esta área. Por casualidad, los nombres de estas dos organizaciones coinciden: Genoma España y Genome Canada.

            Genome Canada es una fundación sin fines de lucro creada por el gobierno canadiense, a la que ha dotado con una financiación inicial de unos $300 millones, la cual debe ser completada con una cantidad igual proveniente de los gobiernos provinciales, el sector privado, fundaciones, etc. El Consejo de Administración (Board of Directors) es su autoridad máxima y única, y sus miembros tienen la afiliación siguiente:[6]

 

1.      Presidente del Consejo de Administración: Profesor emérito distinguido, Universidad de Manitoba, antiguo Presidente del Consejo de Investigación Médica

2.      Profesor de Pediatría y Genética Médica, Universidad de British Columbia

3.      Director, Organización Veterinaria de Enfermedades Infecciosas (VIDO)

4.      Presidente, Institutos Canadienses de Investigación de la Salud

5.      Presidente y Consejero Delegado, Alberta Ingenuity Fund

6.      Socio director, Desjardins, Ducharne, Stein, Monast

7.      Presidente, Consejo de Investigación de Ciencias Naturales e Ingeniería

8.      Presidente, Consejo Nacional de Investigación

9.      Presidente y Consejero Delegado, Cogene BioTech Ventures

10.   Presidente y Consejero Delegado, Genome Canada

11.   Científico Jefe, Health Canada

12.   Profesor, Facultad de Derecho, Universidad de Montreal

13.   Presidente y Consejero Delegado, Foragen Technology Ventures Inc.

14.   Presidente, McGill University

15.   Presidente, Consejo de Investigación de Ciencias Sociales y Humanidades

16.   Presidente, Canadian Medical Discoveries Fund

 

            He resaltado los dos puestos máximos del Consejo de Administración: el Presidente del Consejo, el cual tiene un papel supervisor y preside sus reuniones, y el Consejero Delegado. Los consejeros 7, 8 y 15 son los presidentes de consejos de investigación, organismos nacionales de investigación “no ministeriales” análogos a los consejos de investigación ingleses descritos en el capítulo 7.

            O sea que los miembros del Consejo de Genome Canada son profesores de universidad, directores o presidentes de organismos de investigación públicos o privados, presidentes de universidad y ejecutivos de empresas de capital riesgo del área de medicina y biotecnología, es decir, son los protagonistas reales que podrán impulsar el progreso de Genome Canada. No hay un solo político o funcionario del Gobierno canadiense.

            Sin entrar en demasiados detalles, en abril de 2001 Genome Canada anunció una primera convocatoria financiada con $136 millones solicitando propuestas para proyectos de investigación en gran escala y para la creación de cinco centros en todo el país.  Estas actividades de investigación y de tecnología debían estar orientadas a desarrollar aplicaciones en sanidad, recursos forestales, caladeros de  pesca, agricultura,  y también a analizar los aspectos sociales, legales y éticos de la genómica. En julio de 2001, Genome Canada anuncia su segunda convocatoria dotada con $155 millones, de naturaleza análoga a la anterior.

            El resultado de las dos convocatorias fue la aprobación de 34 proyectos seleccionados de acuerdo con su competitividad internacional y excelencia científica. En el proceso riguroso de selección de los proyectos intervinieron más de 150 expertos internacionales.

            Genoma España es una fundación estatal sin fines de lucro que en teoría fue constituida para los mismos fines que Genome Canada. En la página de la red de Genoma España[7] no mencionan su presupuesto, pero sí publican un organigrama detallado, y la composición de su Patronato, su máximo órgano de gobierno, equivalente al Consejo de Administración de Genome Canada. La composición del Patronato es la siguiente:

 

1.      Presidencia: rotativamente por el titular del Ministerio de Sanidad y Consumo y por el titular del Ministerio de Ciencia y Tecnología

2.      El Secretario de Estado de Política Científica y Tecnológica del Ministerio de Ciencia y Tecnología

3.      El Secretario General de Gestión y Cooperación Sanitaria del Ministerio de Sanidad y Consumo

4.      El Director del Departamento de Bienestar y Educación del Gabinete de la Presidencia del Gobierno

5.      El Presidente o Director de un organismo público adscrito al Ministerio de Ciencia y Tecnología

6.      El Presidente o Director de un organismo público adscrito al Ministerio de Sanidad y Consumo

7.      Un representante del Ministerio de Sanidad y Consumo

8.      El Director de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología.

 

Al final se incluye la frase: “Además, podrán incorporarse al Patronato nuevos miembros, en especial personas jurídicas de naturaleza privada.”

            Salvo los patronos 5 y 6 que presumiblemente pertenecen a organismos públicos de investigación, correspondientes a los consejos de investigación canadienses, todos los miembros del patronato de Genoma España son políticos y funcionarios públicos. Ninguno ha estado vinculado nunca a la investigación ni a empresas tecnológicas en el campo de la biotecnología. En todo caso, su dedicación actual es la política. El Ministro de Ciencia y Tecnología anterior al actual fue sucesivamente Ministro de Industria, Portavoz del Gobierno, Ministro de Asuntos Exteriores y candidato a la Presidencia de la Generalitat de Cataluña , y todo ello entre 1996 y 2003. En cuanto al Secretario de Estado (patrono 2), sus responsabilidades anteriores fueron Secretario de Estado de Seguridad y Secretario de Estado de Defensa. También es interesante señalar que el Ministro  de Ciencia y Tecnología actual fue con anterioridad Secretario de Estado de Hacienda y Secretario de Estado de Comercio y Turismo.

            ¿Qué pueden contribuir estos y otros políticos a la orientación y el liderazgo de la investigación del genoma? ¿Cómo es posible que el gobierno de un país de la Unión Europea pueda hacer algo tan irracional? ¿Es que no se dan cuenta? ¿Quién va a asegurar la continuidad de la misión y de los objetivos de Genoma España, cuando cambie el Gobierno? Pues eso, la otra gente (“ahora nos toca a nosotros”) y vuelta a empezar.

            Genoma Canada fue fundado en 2000 y Genoma España en 2001. En 2002 ambos organismos firmaron un acuerdo de colaboración, y a principios de 2003 tuvieron una reunión en Madrid para planificar proyectos conjuntos. Parecería que, a través de estos contactos internacionales, los gobiernos españoles deberían aprender finalmente a organizar instituciones científicas de acuerdo con normas y principios universalmente aceptados por los países avanzados. 

            Los gobiernos españoles no quieren aceptar que, aunque son ellos los que tienen que financiar iniciativas como Genoma España, no pueden ni deben asumir el protagonismo en la ejecución de las mismas. Pero lo asumen, y los resultados están ahí: un nivel tecnológico muy bajo del país, y un crecimiento ínfimo de este nivel, parecido a un electroencefalograma plano (véase la figura 1.1 en el capítulo 1).

           

 

LAS TRADICIONES Y LOS VALORES UNIVERSALES

           

            Este libro no pretende ser un alegato neoliberal, en donde todo lo privado se exalta y todo lo público se denigra. La excelencia se produce tanto en instituciones públicas como privadas y, cuando esto es así, hay que apoyar a ambas sin dogmatismos. La clave de la creación de grandes universidades e instituciones científicas son los valores e ideales con que nacen y se desarrollan. El cuidado y el mantenimiento de estos valores e ideales a lo largo de muchas décadas pueden finalmente resultar en instituciones cuya excelencia y contribuciones a la ciencia y a la cultura universales hacen que sean verdaderos “patrimonios de la humanidad”. Los distintos países, basándose en sus propias tradiciones e historia, crean estas instituciones de forma distinta; pero todas tienen en común ciertos valores universales.

            He dado algunos ejemplos de este tipo de instituciones: Universidad de California (pública), Harvard y Stanford (privadas), Universidad de Cambridge (pública y privada). Pero no es difícil citar otras: Instituto Pasteur (privado), Rockefeller University (privada), Escuela Politécnica Federal de Zurich (pública).

            En el capítulo 2, he descrito el nacimiento y desarrollo de una gran institución pública: la Universidad de California. Esta fue fundada hace unos 125 años y ha estado sujeta desde el principio al control último del Gobierno y la Asamblea de California. Al hablar de UC con algunos intelectuales españoles amigos míos, ante mi afirmación: “Sí, es una universidad pública pero, no, no está sometida al poder político.” Su reacción inicial fue de asombro: “¡Eso es imposible, es una contradicción!”. Les expliqué que El Consejo de Regentes de UC tiene 26 miembros, de los cuales sólo cuatro miembros natos son cargos políticos (el Gobernador de California, el Subgobernador, el Presidente de la Asamblea y el Director de la Instrucción Pública). Los otros regentes son nombrados por el Gobernador para mandatos de 12 años, mientras que el mandato del Gobernador es de cuatro años. Así que el Gobernador sale por el foro, pero sus regentes le sobreviven. En el curso normal de los acontecimientos, en un momento dado los regentes han sido nombrados por gobernadores de ambos partidos. Todas las decisiones importantes (como el nombramiento y destitución del Presidente de la Universidad) se adoptan por mayoría simple del Consejo de Regentes. El Gobernador no puede imponer su voluntad. Este sistema de gobierno de la universidad está incorporado en la Constitución de California. Una vez entendido esto, mis amigos españoles se quedaron boquiabiertos, como ante una revelación: “¡Pues sí, es posible tener una institución pública independiente del poder político!”.

            A continuación damos varios ejemplos vivos de los valores universales que son el alma de las grandes universidades e instituciones científicas.

 

 

El Instituto Pasteur

 

            Una institución francesa que es un patrimonio de la humanidad es el Instituto Pasteur.[8] Fue fundado en 1887 por un decreto del gobierno francés, reflejando así la tradición estatalista francesa, pero como una institución privada sin fines de lucro de utilidad pública. Un mundo agradecido quiso contribuir a la obra de Louis Pasteur, para que se pudiese extender la vacunación contra la rabia, desarrollar las investigaciones sobre las enfermedades infecciosas y difundir sus resultados. Esto se materializó en una subscrición pública internacional con la que se recaudaron los fondos para su financiación inicial.

            Las contribuciones del Instituto Pasteur a la salud incluyen la primera vacunación humana contra la rabia hecha por Pasteur en 1885, el tratamiento de la difteria por seroterapia debido a Roux y sus colaboradores en 1894, el descubrimiento del virus del SIDA por Montagnier en 1983, y muchos otros descubrimientos recientes en los campos de la genética y de la genómica.

            Los valores e ideales con que fue creado el Instituto Pasteur se han mantenido y desarrollado durante mas de un siglo, y han resultado en una tradición inestimable que es apreciada universalmente, porque las contribuciones del Instituto a la salud pública en todo el mundo transcienden las culturas y los países. Fruto de esta valoración universal del Instituto es el apoyo internacional a su misión, que arrancó desde sus inicios con la subscrición para su establecimiento, y que hoy se materializa en la existencia de múltiples asociaciones internacionales de apoyo y colaboración. Algunas de ellas son: la Fundación Pasteur de Nueva York, que recauda fondos para el Instituto; la Fundación Canadiense Louis Pasteur, que lleva a cabo investigaciones sobre enfermedades infecciosas en colaboración con e inspirada por el Instituto Pasteur; el Comité de Amigos del Instituto Pasteur en el Japón, que recauda fondos para el Instituto y envía jóvenes investigadores japoneses al Instituto en París; y la Asociación de Amigos del Instituto Pasteur en Hong Kong, cuya misión es análoga al Comité de Amigos japonés.

            Además de estas instituciones de apoyo y colaboración, hay una red mundial de Institutos Pasteur en los países más diversos, no todos francófonos; algunos de ellos son: Instituto Pasteur (IP) de San Petersburgo, IP de Marruecos, IP de Madagascar, IP de la Ciudad de Ho Chi Minh (Saigón), IP de Irán, etc.

            Desde 1900, ocho investigadores del Instituto han ganado el premio Nobel de Medicina. 

            No es mi objetivo extenderme sobre otras facetas del Instituto, como su participación en la creación de empresas tecnológicas, la explotación de sus patentes, etc. Pero sí tiene interés describir como Francia, uno de los países más centralizados y estatalistas, creó y mantiene una institución privada sin fines de lucro de utilidad pública. Los gobiernos franceses, fieles a sus tradiciones, intervienen en el Instituto y lo apoyan a través de su característica de utilidad pública. Pero no se les ocurre “nacionalizarlo”, porque una institución que por su excelencia es un patrimonio de la humanidad no se cambia ni se la somete al control político.

            El poder en el Instituto lo ejerce un Consejo de Administración de 20 miembros cuya responsabilidad incluye el nombramiento del Director General, aprobación de los presupuestos, política de personal, auditoría de cuentas, etc. Hay cuatro miembros natos del Consejo: un representante del Ministro de Investigación Científica y Técnica, el Presidente del CNRS, el Director General del Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica (INSERM) como representante del Ministro de Sanidad, y un representante del Ministro de Hacienda. Los otros 16 miembros del Consejo son elegidos por la Asamblea, tanto entre sus propios miembros como entre personalidades externas.

            La Asamblea del Instituto tiene unos cien miembros: representantes del gobierno, rectores de universidades, investigadores del Instituto, otro personal del Instituto, personalidades del mundo de la investigación y de la empresa externos al Instituto, y directores de los Institutos Pasteur extranjeros.

            En resumen, el gobierno francés participa en la supervisión del Instituto Pasteur a través de los jefes de las dos grandes instituciones públicas de investigación, el CNRS y el INSERM y de otros dos representantes, pero no ejerce ningún control político. Esto es transcendental, porque, entre otras cosas, el Instituto Pasteur determina libremente su política de personal: no tiene funcionarios. Su personal, sin contar los estudiantes pre y post-doctorales, asciende a unas 2.500 personas de 63 nacionalidades.

            La financiación del Instituto es la siguiente: ingresos debidos a las actividades propias (asistencia y servicios médicos), 42,8%; contribuciones del Estado, 31%; ingresos debidos al mecenazgo y a las rentas del patrimonio propio del Instituto, 26,2%.

 

 

El Instituto Rockefeller de Investigación Médica

 

            Este instituto tiene una historia muy rica como exponente de la filantropía americana de principios del siglo XX. Mi intención es dar una descripción somera del mismo, que sirva para resaltar los valores e ideales universales que fueron la base de su fundación, muy análogos a los del Instituto Pasteur.

            El Instituto Rockefeller fue fundado en 1901 en Nueva York como una institución dedicada exclusivamente a la investigación médica. En los Estados Unidos no había precedentes que pudieran servir de guía para crear un instituto de este tipo, por lo que se tuvieron en cuenta el Instituto Pasteur y el Instituto Koch de Enfermedades Infecciosas creado en Berlín en 1891. Sus comienzos fueron muy modestos, debido a las malas experiencias que tuvo que soportar Rockefeller con la fundación de la Universidad de Chicago, bajo el liderazgo del Presidente Harper.[9]  El benefactor estaba muy preocupado con la posibilidad de que el Instituto confiara exclusivamente en su apoyo económico, y no desarrollara la capacidad de generar parte de sus propios recursos, de acuerdo con la ética protestante del trabajo.[10]

            Con el asesoramiento de su colaborador, Frederick Gates, la preocupación inicial de Rockefeller fue seleccionar a los médicos más eminentes. En esta selección contó con la colaboración de William Welch, primer decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, establecida a finales del siglo XIX de acuerdo con los estándares de investigación médica de las universidades alemanas. Welch contrató al primer director del Instituto, Simon Flexner, profesor de patología de la Universidad de Pennsylvania.

            Welch fue el primer Presidente del Consejo de Administración del Instituto, del que también formaban parte el Dr. Flexner, Gates y el hijo de Rockefeller, John, conocido como Junior. Inicialmente, el Instituto tenía su sede en unos locales alquilados modestos, y en 1906 ocupó un edificio nuevo de seis plantas. Durante bastante tiempo, Rockefeller se abstuvo de interferir con el Instituto y, sólo varios años después de la inauguración de la nueva sede, su hijo le espetó: “Padre, nunca has estado en el Instituto. Cojamos un taxi y visitémoslo.”[11] Un médico les guió a través de una visita breve. Rockefeller le dio las gracias, salió y nunca más regresó.

            Esto viene a cuento de que, aunque Rockefeller era un hombre tímido, su actitud con respecto al Instituto era de un profundo respeto hacia sus eminencias médicas, y estaba motivada por el sincero deseo de no interferir en su trabajo. No obstante, con la excepción de Standard Oil, Rockefeller estuvo más orgulloso del Instituto que de ninguna otra de sus creaciones. Se mantenía informado con todo detalle de sus investigaciones y, cuando se lograba algún descubrimiento excepcional, se le llegaban a escapar lágrimas de alegría.

            Un hito del Rockefeller fue el desarrollo por el Dr. Flexner de un suero que demostró su eficacia en el tratamiento de la meningitis cerebroespinal, y que salvó las vidas de cientos de neoyorquinos, tratados gratuitamente. En 1907, John Jr. le indicó a su padre que había llegado el momento de construir el pequeño hospital adyacente al Instituto que se había prometido a Flexner. El coste total de construcción y del patrimonio[12] del hospital era de $8 millones, una suma considerable en aquel entonces. El triunfo del suero de Flexner fue decisivo y Rockefeller, en homenaje a este descubrimiento, anunció la creación de un hospital de 60 camas con un pabellón de aislamiento de nueve camas. El hospital fue inaugurado en 1910 y ofrecía tratamiento gratuito a todos los pacientes afectados de las enfermedades infecciosas en las que estaba especializado.

            Flexner se reveló posteriormente como un cazatalentos excepcional. Entre otros, contrató a un científico experimental japonés, Hideyo Noguchi, que llevó a cabo investigaciones pioneras sobre la sífilis. Pero su contratación más famosa fue la del cirujano francés Alexis Carrel, entonces establecido en Chicago. El Dr. Carrel fue el primer cirujano que, con una técnica de su invención, pudo volver a juntar arterias y venas que habían sido seccionadas, con lo que se salvó la vida de pacientes que hasta entonces estaban condenados a morir a causa de la hemorragia. Carrel ganó el premio Nobel de Medicina en 1912, el primero logrado en Estados Unidos. En un memorándum a Rockefeller escrito por Gates, le manifestaba: “los valores de la investigación médica son los más universales, porque son los más valiosos y los que impactan de forma más íntima a cualquier ser humano.”

            El Instituto se consolidó como una fundación independiente establecida a perpetuidad, con unos estatutos que crearon dos consejos de gobierno: uno de consejeros científicos con un control absoluto sobre la investigación, y otro de consejeros fiscales con control sobre los presupuestos. El conflicto perpetuo entre los investigadores (“queremos más dinero”) y los financieros (“esto es lo que hay”) fue así resuelto de forma inteligente: “esto es lo que hay pero sois vosotros quienes decidís en lo que se ha de emplear.”

            En 1965 el Instituto se convirtió en la Universidad Rockefeller, una institución peculiar en donde sólo se realizan estudios médicos post-graduados e investigación. Al llegar a los años 70, esta institución había producido un total de 16 premios Nobel.

            El Instituto Pasteur está dedicado a la investigación y a la asistencia clínica, pero tiene quizás una vertiente clínica más acusada que la Universidad Rockefeller, y naturalmente la dotación económica del Pasteur es en la actualidad muy inferior a la de la Rockefeller. Mi interés en describir ambas joyas de la medicina mundial ha sido para poner de manifiesto sus ideales comunes de servicio a la humanidad a través de la investigación, y resaltar el hecho de que estos patrimonios de la humanidad sólo se construyen por medio del mantenimiento y desarrollo de estos ideales durante muchas décadas, libres de cualquier control político.

 

 

El Milagro Suizo

 

            Suiza registra por año en la Oficina de Patentes de Estados Unidos (USPTO) un promedio de 208 patentes por millón de habitantes, que han de compararse con las 59 patentes de Francia, 32 del Reino Unido y 4 de España.  O sea que la productividad en el campo de patentes de Suiza es 3,5 veces mayor que la de Francia, 6,5 veces mayor que la del Reino Unido y 52 veces mayor que la de España.[13] La muy citada relación entre investigación básica y aplicada se revela con toda claridad en el caso suizo, como se mostrará a continuación. La investigación básica produce como fruto artículos científicos en las revistas de prestigio internacional, mientras que la investigación aplicada es el origen de las patentes.

             Cada país construye sus universidades y sistemas de ciencia y tecnología basándose en su cultura y sus tradiciones históricas. Los Estados Unidos tienen el modelo que es la referencia mundial,  porque están a la cabeza tanto en la investigación básica como en la investigación aplicada y la tecnología. Es el más flexible y dinámico, ya que no hay impedimentos legales o políticos de ningún tipo que limiten la creación y desarrollo de las instituciones más variadas y excepcionales, por ejemplo, universidades exclusivamente médicas (UC San Francisco y Universidad Rockefeller), universidades de élite especializadas en ciencias e ingeniería como Caltech (que con 2.000 estudiantes tiene una facultad que ha ganado 29 premios Nobel a lo largo de su historia),[14] institutos privados de investigación como el Institute for Advanced Study de Princeton en donde Einstein trabajó durante su etapa americana, etc.

            Con la excepción de algunas universidades de la costa este (Harvard, Yale, Princeton), fundadas en los siglos XVII y XVIII como colegios universitarios centrados en las humanidades y estudios clásicos, la tradición de las universidades americanas modernas arranca de finales del siglo XIX y principios del XX. Esto se ha descrito en los capítulos 2 y 3.

            Lo que hace único al sistema americano de universidades es la ausencia casi total de dogmatismo o influencia política sobre el mismo. No hay un debate estéril o maniqueo, universidad pública versus universidad privada. No puede haberlo, porque la evolución y desarrollo natural de la sociedad americana han resultado tanto en universidades públicas (Universidad de California, Universidad Estatal de Nueva York (SUNY), etc.) como privadas (Harvard, Stanford, etc.) de calidad excelente.[15] La excelencia de ambos tipos de universidades demuestra que en principio un modelo no es superior al otro. Cuando una institución ha logrado un nivel altísimo de excelencia, caso del Instituto Pasteur, incluso el gobierno francés se abstiene de nacionalizarla y someterla al control gubernamental; al contrario, le proporciona el 31% de su presupuesto.

            Esta disquisición viene a cuento de que Suiza, un país de 7,3 millones de habitantes, tiene un sistema universitario y de ciencia y tecnología cuya calidad sólo es superada por el sistema americano. Y el sistema suizo es exclusivamente público, resultado de la tradición histórica y evolución de su sociedad.

            Suiza es una confederación de 26 cantones en la que las universidades son competencia exclusiva de éstos, pero el Gobierno Federal se reserva la competencia exclusiva sobre las llamadas Escuelas Politécnicas Federales. Sólo hay dos: la de Zurich (EPFZ, conocida como ETHZ según las iniciales en alemán) y la de Lausana (EPFL).

            Sólo hay diez universidades suizas: Universidad de Basilea, Universidad de Berna, Universidad de Friburgo, Universidad de Ginebra, Universidad de Lausana, Universidad de Lucerna, Universidad de Neuchatel, Universidad de Saint-Gall, Universidad de la Suiza Italiana y  Universidad de Zurich.

            No es mi objetivo hacer una descripción detallada de las universidades suizas, pero sí es de interés señalar cuáles son las universidades investigadoras clasificándolas por el número de publicaciones en el período 1994-99.[16]

 

                                                                               Principales universidades investigadoras de Suiza

 

 

 

Publicaciones

   1994-99

     % de

publicaciones

Acumulado

1

Universidad de Zurich

    11.919

     13,4%

    13,4%

2

EPFZ

    11.080

     12,4%

    25,8%

3

Universidad de Ginebra

      9.737

     10,9%

    36,7%

4

Universidad de Berna

      8.099

       9,1%

    45,8%

5

Universidad de Lausana

      6.927

       7,8%

    53,6%

6

Universidad de Basilea

      6.795

       7,6%

    61,2%

7

EPFL

      4.259

       4,8%

    66%

 

            En esta tabla el porcentaje se calcula sobre el total de publicaciones de todas las instituciones de investigación del país, es decir, incluye universidades, institutos de investigación públicos y de la empresa privada, hospitales y organismos internacionales (como el CERN). Los datos utilizados corresponden al período 1994-99 y están contenidos en las publicaciones del Institute for Scientific Information (ISI) de Filadelfia, Science Citation Index (SCI), Social Sciences Citation Index (SSCI) y Arts & Humanities Citation Index (A&HCI). En estas publicaciones se recogen datos de 8.000 revistas periódicas con un total de unos 7 millones de artículos.

            Las publicaciones del ISI proporcionan el estándar mundial para las medidas de la productividad científica. Estas bases de datos contienen mucha más información que el número de publicaciones de los distintos autores, instituciones y países. Una medida aceptada de la calidad de las publicaciones es el número de veces en que son citadas por otros autores. Por ejemplo, el autor X ha publicado un artículo de física titulado Y en el período 1994-99, y éste ha sido citado 350 veces en el mismo período; esto sería considerado como un artículo importantísimo por la comunidad de los físicos. A partir de las citas correspondientes a los distintos artículos, se ha definido el llamado índice relativo de citas o índice relativo de impacto (IRI). Para poner de manifiesto la excepcional calidad de la producción científica suiza relativa a la de otros países, es preciso utilizar el IRI, cuya definición se da  a continuación.

            Consideremos las publicaciones de la institución X en el área de conocimiento y (astrofísica, química, derecho, ciencias sociales, etc.) en un determinado período de tiempo; el índice relativo se define como:

 

            I = [Citas(X,y) / Publicaciones(X,y)] / [Citas(ww,y) / Publicaciones(ww,y)]

 

en donde Citas(X,y) es el número de citas referidas a la institución X en el área y, que aparecen en todas las revistas del ISI de esta área, dividido por el número de publicaciones de la institución en dicha área. Citas(ww,y) y Publicaciones(ww,y) expresan el mismo concepto, pero se refieren a todas las citas y publicaciones de todas las instituciones del mundo (ww, world-wide)  en el área y. El índice relativo de impacto (IRI) se define como:

                      

                            IRI = 100 . (I2 – 1) / (I2 + 1)  

 

Si el índice relativo I = 1, entonces IRI = 0, es decir, el impacto de las publicaciones de la institución X es igual al impacto promedio de todas las instituciones del mundo. Si IRI > 0, el impacto de la institución X en el área y es superior a la media mundial; cuando IRI < 0, el impacto de X en el área y es inferior a la media mundial.

            Un ejemplo numérico es el siguiente:

 

                            Citas(X,y) = 8,           Publicaciones(X,y) = 16