El CIEMAT

El Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) es un Organismo Público de Investigación creado en 1951 como Junta de Energía Nuclear, con el objetivo general de que España participase en el campo emergente de la energía nuclear, lo cual significaba entonces la física nuclear relativa a los reactores de fisión, minería del uranio, formación de personal, etc. Como fue natural en la época de Franco, el liderazgo y control inicial estuvo en manos militares, ya que parece que había algunas aspiraciones secretas a que España se convirtiese en una potencia nuclear militar. La historia inicial del CIEMAT no tiene demasiado interés porque, con la perspectiva que dan sus más de cincuenta años de existencia, es difícil identificar algún logro suyo que haya transcendido a la conciencia colectiva de los españoles. La tradición creada en estos 50 años corresponde a una organización burocratizada en extremo, que está controlada y “coordinada” por  múltiples organismos gubernamentales (Ministerios de Ciencia y Tecnología, de Economía y de Asuntos Exteriores, Intervención General del Estado, Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología, Secretaría General de Política Científica, Consejo General para la Ciencia y Tecnología, Consejo de Estado, etc.).

El Estatuto del CIEMAT fue aprobado por Real Decreto 1952/2000 y representa una filosofía análoga a la del Estatuto del CSIC. Se especifica todo, un régimen jurídico que emana de múltiples leyes, los órganos de gobierno (colegiados y unipersonales), su composición y funciones, y el mandamiento rotundo sobre el régimen del personal: “las peculiaridades en materia de acceso, adscripción de puestos, carrera, promoción y régimen de movilidad del personal ... se regularán mediante Real Decreto de Consejo de Ministros.” Una vez más, el Consejo de Ministros actúa como un Departamento de Recursos Humanos de una organización científica, lo cual es un sinsentido, y a algo que no tiene ningún contenido político se le da el rango de un Real Decreto firmado por el Rey. Si alguien estuviera empeñado en sabotear el funcionamiento del CIEMAT, no podría hacer nada mejor para lograrlo que regularlo con un estatuto como el descrito.

En ocasiones recientes, este régimen político del personal ha resultado en la existencia de hasta siete categorías distintas de personal investigador, algunas de ellas en violación de la legalidad laboral. Este galimatías hace poco menos que imposible la gestión racional de los proyectos de investigación por parte de la dirección del laboratorio, y afecta muy negativamente a la moral de los investigadores. Estas irregularidades son a veces inevitables porque el personal clave de algunos proyectos no puede tener sus contratos temporales prorrogados; se elige entonces entre dos males: liquidar proyectos valiosos o violar una política de personal irracional.

Parece que el Gobierno no debe estar satisfecho con el CIEMAT, porque tanto el número de sus empleados como la cuantía de sus presupuestos muestran una clara tendencia a la baja. Esto se ve en la tabla siguiente:[1]

 

                                                                         Evolución de la plantilla y presupuesto del CIEMAT

 

1995

1997

1998

1999

2000

2001

Número de empleados

  1.441

  1.349

 

  1.254

  1.191

  1.169

Presupuesto1

10.230

10.582

10.118

  9.701

10.192

 

                                                                                                                  1Millones de pesetas

 

Objetivos. Las actividades del CIEMAT se centran en dos grandes áreas: el área tecnológica con objetivos concretos,  y el área de investigación básica en la fusión nuclear y la física de partículas. En lo que sigue, doy una descripción de las mismas.

 

Fisión nuclear. El trabajo en el campo de la fisión nuclear es importante y plenamente justificado, porque el CIEMAT es un organismo experto e independiente en las cuestiones de la seguridad de los reactores de las centrales nucleares españolas y, como tal, tiene la misión esencial de asesorar al Gobierno y al Consejo de Seguridad Nuclear en esta esfera vital de la seguridad pública. Estas actividades tienen la obvia ventaja de tener objetivos importantes y concretos.

El CIEMAT participa en dos empresas nacionales, ENRESA y ENUSA, a las que presta asesoramiento técnico. ENRESA tiene la misión del tratamiento y disposición de los residuos radiactivos de las nueve centrales nucleares, y también de su desmantelamiento como es ahora el caso con la Central de Vandellós en Tarragona. ENUSA es la empresa nacional responsable de suministrar uranio enriquecido a las centrales nucleares. ENUSA ha abandonado recientemente la minería del uranio y gestiona la compra de uranio enriquecido en los mercados internacionales; posee asimismo el 11,11% de la sociedad EURODIF, propietaria de la planta de enriquecimiento de Tricastín en Francia. A partir del uranio enriquecido, fabrica los elementos combustibles para los reactores nucleares. Desempeña pues una actividad esencial de ingeniería nuclear para las centrales españolas.

En el marco de su colaboración con ENRESA, el CIEMAT lleva a cabo proyectos de investigación en el problema crucial de la transmutación de residuos radiactivos, para convertirlos en elementos radiactivos de vida más corta, con lo cual se reduciría el problema que representan los residuos de muy larga vida (del orden de millones de años) resultantes de la operación de las centrales nucleares.

 

 

Energías renovables y combustibles fósiles. El CIEMAT presta servicios técnicos a las empresas españolas que generan electricidad eólica. España ocupa el segundo lugar a nivel mundial en generación de electricidad a partir de parques eólicos con aerogeneradores de fabricación nacional. El impulso para este progreso extraordinario fue la publicación del Real Decreto 2366/1994, que garantizaba el precio de la electricidad que las compañías eléctricas debían pagar a los parques eólicos.  

La primera empresa en este sector es Gamesa, con más de un 50% de cuota de mercado. Contaba a finales de 2001 con una plantilla de más de 1.100 empleados y una facturación de 470 millones de euros. Gamesa diseña, desarrolla y fabrica aerogeneradores, hace mediciones del viento en emplazamientos potenciales para los parques, y ofrece contratos “llave en mano” para la instalación y puesta en marcha de parques eólicos. Esto parece que no tiene nada que ver con las actividades del CIEMAT en energía eólica; pero de hecho si lo tiene.

Cuando una industria  como la eólica ha alcanzado un grado de madurez notable, son las compañías del sector las que hacen la investigación y desarrollo necesarios para mantenerse en el mercado y  no necesitan para nada que un laboratorio público les preste servicios técnicos; esta situación señala el momento en que el CIEMAT debe cesar la actividad en dicha área. En una comparecencia ante el Congreso de los Diputados en mayo de 2002, el Director General del CIEMAT, Cesar Dopazo García, aludía al hecho de que en un plazo breve de tiempo el CIEMAT había perdido unos 80 investigadores del área eólica que se habían ido a la industria privada. Esto indica con claridad la madurez del sector privado y la falta de justificación de las actividades de un laboratorio público en este campo.

El CIEMAT tiene un centro de investigación y desarrollo en Soria para llevar a cabo proyectos de investigación sobre la combustión y gasificación del carbón y de la biomasa, de forma que estos puedan ser utilizados de forma limpia y eficiente. Esto es una actividad muy importante a nivel mundial, ya que el problema del uso de carbón en centrales térmicas son las emisiones de gases contaminantes que producen el efecto invernadero. Una vez más, puesto que la generación eléctrica es una de las industrias más maduras e importantes, las compañías eléctricas deberían tener su propia investigación y desarrollo en esta área. El Electric Power Research Institute (EPRI) de Estados Unidos es una organización creada con este fin. Fue establecido en 1973 por varias compañías eléctricas para realizar I+D en todas las áreas de la producción de energía (nuclear, térmica, eólica, etc.). Su financiación corre a cargo de las compañías asociadas, una de las cuales es Iberdrola.[2] Sería una idea válida que las compañías eléctricas españolas crearan de forma conjunta una institución similar al EPRI.

Física de partículas. Esta actividad tiene un presupuesto anual de unos 6 millones de euros, y tiene una estrecha relación con el Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN) de Ginebra, del que España es miembro. Este es un programa de investigación básica en el que se persigue el conocimiento fundamental de la estructura de la materia. Aunque la física de altas energías no tenga como finalidad obtener resultados directamente aplicables, constituye una actividad de investigación básica que amplía las fronteras de la física y a la que los investigadores no pueden renunciar.

El problema de determinar el nivel adecuado de los presupuestos para la física de partículas es un problema político. Un ejemplo histórico relevante es el proyecto americano del acelerador denominado Superconducting Super Collider  (SSC), con un presupuesto de $11.000 millones en 1992. En competencia con otros 26 estados, Texas consiguió ser la sede para este chollo, con más de 2.500 puestos de trabajo entre científicos y técnicos y un presupuesto de operación estimado entre $350 y $500 millones anuales. Finalmente, la Cámara de Representantes liquidó el proyecto en 1993, después de que se hubieran gastado $2.000 millones y perforado un agujero bajo tierra de dos millas de longitud. Hazle O´Leary, la Ministra de Energía, se lamentó: ”La decisión del Congreso de terminar este proyecto es un golpe devastador para la investigación básica, y para los beneficios tecnológicos y económicos que siempre surgen de esta investigación...” Kent Jeffreys, director de estudios medioambientales del Cato Institute de Washington (un think-tank liberal), antes del voto en la Cámara de Representantes, escribió: “Después de cinco años de aumentos desmesurados del presupuesto y de un escepticismo creciente sobre el mérito científico del SSC, el Congreso parece dispuesto a liquidar el proyecto, oponiéndose a los esfuerzos frenéticos de la administración (de Bush padre)  para salvarlo. El SSC es un proyecto mal concebido con escasa justificación económica, pero con un apoyo tremendo por parte de los grupos de presión. Con niveles muy altos de déficit en el presupuesto federal, la satisfacción de la curiosidad de una fracción pequeña de la comunidad científica no debe ser considerada una alta prioridad nacional.”

Es interesante reflexionar sobre el hecho de que el grupo de presión de física de alta energía, con sus aliados tanto empresariales como políticos de Texas, consiguieron el apoyo de tres presidentes sucesivos, tan dispares como Reagan, Bush (padre) y Clinton.[3] Esto parece indicar el miedo de los responsables políticos al más alto nivel a ser considerados como unos dirigentes opuestos a la ciencia, una debilidad explotada deliberadamente por los grupos de presión. El proyecto fue liquidado gracias al voto de la Cámara de Representantes. En el sistema americano es el Congreso quién controla el dinero, y sus representantes y senadores pueden votar y de hecho votan en contra o a favor de un proyecto de ley del presidente, independientemente de la afiliación partidista del presidente o de los miembros del Congreso. Dicho de otro modo, no hay disciplina partidista de voto como en los sistemas parlamentarios europeos. 

El presupuesto del CIEMAT de €6 millones es perfectamente razonable y ha resultado en una distinción excepcional para Manuel Aguilar Benítez, jefe del Departamento de Fusión y Física de Partículas Elementales, ya que es uno de los dos investigadores que trabajan en España más citados en la literatura científica mundial (véase Publicaciones y citas científicas como justificación en el Apéndice).

 

Fusión nuclear. Sin adentrarnos en la historia de la fusión en el CIEMAT, el presupuesto actual es de unos 10 millones de euros anuales y su objetivo es “demostrar el papel de la fusión nuclear como alternativa energética de futuro”.[4] Pues bien, este objetivo de demostrar la viabilidad científica y tecnológica de un reactor de fusión que produzca electricidad aun no ha sido conseguido, después de 50 años de I+D en los Estados Unidos, Rusia, Japón y Europa. Un programa de 10 millones de euros anuales solo puede ser esto: un programa testimonial.

            El CIEMAT ha jugado un papel destacado en el asesoramiento del Gobierno Español en relación con el proyecto ITER (International Thermonuclear Experimental Reactor) de fusión nuclear. Este es un tema muy importante que tratamos en el Capítulo 8, en donde se dan las razones por las  que este proyecto, de haber sido llevado a cabo en España, hubiera causado probablemente un daño incalculable al conjunto de la ciencia española.

Conclusión

El CIEMAT es un laboratorio nacional con una estructura burocratizada dependiente del Ministerio de Ciencia y Tecnología y, en último término, del Consejo de Ministros. Esta idea de tener un control político directo sobre un laboratorio público hace casi imposible su funcionamiento, a pesar de la valía y brillantez científica que puedan tener sus investigadores.

Una minoría de los investigadores con títulos superiores (el 18% en 2001) son funcionarios, contratados según las normas de la Administración General del Estado. Como ser funcionario significa empleo de por vida, esta condición elimina por completo la situación de “tensión creativa” que es necesaria en un laboratorio de investigación, para mantener un alto grado de motivación entre el personal investigador. Al mismo tiempo, el Gobierno es reacio a que el 100% del personal del CIEMAT sean funcionarios, por la razón obvia de que el aumento en el número de funcionarios se considera casi universalmente como un mal objetivo. Se crea así una situación imposible en la que hay dos categorías básicas de personal: el funcionario y el contratado, con parte de este último sujeto a distintas condiciones de temporalidad. Esto conduce a una tensión perenne entre los investigadores no funcionarios que, naturalmente, quieren acceder a la categoría privilegiada.

Hay situaciones claras que muestran la ineficacia del sistema de personal. El CIEMAT dispone de dos centros importantes de energías renovables, uno es la Plataforma Solar de Almería (PSA) y el otro es el Centro de Energías Renovables (CEDER)  en Soria. De los 26 miembros del personal investigador del CIEMAT en la plantilla de la PSA, 10, es decir el 38%, trabajan en Madrid. La plantilla del CIEMAT perteneciente al CEDER está también dividida entre personal residente en Soria y personal residente en Madrid. Esto parece indicar que la conveniencia del personal residente en Madrid se antepone al desempeño eficaz de su trabajo. Difícilmente el Departamento de Energía de Estados Unidos permitiría la situación surrealista de que parte del personal de Los Alamos viviera en Washington.

La necesidad imperiosa de que un laboratorio de investigación goce de total flexibilidad y autonomía en el régimen del personal, requeridas por la dinámica misma de la empresa investigadora, no es compatible con el hecho de que algunos de sus investigadores sean funcionarios del Estado y que otros sean personal contratado de múltiples categorías reguladas por una variedad de leyes arcanas, todo controlado directamente por el Gobierno. Esta situación es perfectamente comprendida por la dirección y los investigadores del CIEMAT, los cuales desearían tener un régimen racional de personal, como en los laboratorios internacionales. Esto no menoscabaría en absoluto el control del Gobierno sobre la cuantía del presupuesto y sobre los objetivos del CIEMAT.

La irracionalidad del sistema de personal en el CIEMAT se puso en evidencia a principios de los 80, cuando el Gobierno decidió cambiar la política sobre la energía nuclear, reduciendo la importancia de esta última y dando prioridad a las energías renovables. Para lanzar la actividad en energías renovables, fue preciso contratar en un plazo breve a un número considerable de personal especializado (más de 80). Se hizo evidente que era imposible llevar esto a cabo por el sistema de oposiciones, y su contratación se hizo al margen del mismo.

La necesidad de esta flexibilidad y autonomía se ve de forma evidente en el programa de energía de fusión en Estados Unidos, una actividad también central del CIEMAT. El programa americano de la energía de fusión tiene un presupuesto actual igual a 1/3 del nivel de 1980. Esta dinámica fue motivada porque el Congreso consideró que los resultados obtenidos en esta área no justificaban otras medidas. ¿Cuál sería la situación que se plantearía por la reducción de su presupuesto en 2/3, si los físicos que trabajaban en el laboratorio de fusión de la Universidad de Princeton (PPPL) fueran funcionarios?[5] ¿El gobierno los tendría que emplear de militares?



[1] www.ciemat.es.

 

[2] www.epri.com.

 

[3] En un discurso de fin de curso en MIT, en junio de 1998, Clinton se refirió al descubrimiento de la masa del neutrino hecho en Japón, y todavía se lamentó de la cancelación del SSC por el Congreso.

 

[4] www.ciemat.es.

 

[5] Es importante señalar que el PPPL es un laboratorio público gestionado por la Universidad, en el sentido de que el 100% de su presupuesto es sufragado por el Gobierno Federal.