JC: Quería comentar
esto de las publicaciones. En el CSIC no han hecho contribuciones importantes
que hayan transcendido a la economía, o
a la sociedad en general. Me refiero a algo así como: “hemos inventado esta
ratonera que funciona mejor que las otras, o hemos descubierto tal
dispositivo.” Entonces se aferran a las publicaciones, a las publicaciones y a
las citas. Tú sabes que las publicaciones son absolutamente necesarias, pero
hay que dar los nombres y los apellidos, es decir, hemos desarrollado la teoría
de la superconductividad o hemos
resuelto tal problema. Pero nunca dicen nada, sólo el número de publicaciones y
su índice de impacto (véase el capítulo 9), el cual no es nada impresionante. El índice de impacto de las publicaciones españolas es
consistentemente inferior a la media mundial.
MC: Hay unas 150 mil
revistas científicas de ciencias duras en el mundo (incluida la medicina), de
las cuales sólo 5.000 contribuyen al desarrollo de la ciencia de alguna manera.
Las revistas acreditadas tienen que tener una junta editorial,
"referees" (revisores críticos especialistas), y resúmenes de todos los
artículos en inglés. Prácticamente cada semana actualizan la lista, quitando
algunas y añadiendo otras. Esto es la base del sistema, y para que aparezca la
cita de un trabajo (en el Science Citation Index del Institute for
Scientific Information de Filadelfia),
tiene que haber sido citado en alguna de estas cinco mil revistas. El
índice de impacto está definido de forma cuantitativa. El índice de impacto
está definido por revista, sólo
por revista, no por los trabajos. El
índice de impacto significa el número de citas de los trabajos publicados en
una revista en un año, que aparecen durante los dos años siguientes, dividido
por el número de trabajos. Es decir que tu tienes todos los trabajos publicados
en 1999 en una revista, buscas las
citas de estos trabajos que aparecen durante los años 2000 y 2001, sumas todas
estas citas y el número resultante lo
divides por el número de trabajos; esto es el índice de impacto para esta
revista. Entonces hay una aberración respecto al uso del índice de impacto, que
insisto está definido por revista y no
por trabajo, que se usa en las repúblicas bananeras, de las cuales en Europa
hay muchas, aunque no lo parezca. Esta aberración es la siguiente: cogen un
individuo y listan todas sus publicaciones, luego miran en qué revistas han
sido publicadas y entonces suman el índice de impacto de cada revista en que ha
publicado, y a esto le llaman el índice de impacto cumulativo. Esto lo hace la
gente que no entiende de esto, pero curiosamente he notado que hay sitios en el
Consejo en que lo hacen y también lo hacen en Italia, e incluso en Francia.
Aquí en el instituto Max Planck no lo hacen, porque esto no tiene ningún
sentido. Esto significa darle mérito a
un individuo por el índice de impacto de las revistas en que publica. Hay que
tener en cuenta que un trabajo puede aparecer en una revista de gran categoría
y el trabajo puede ser una porquería, a base de intentar y de volver a intentarlo y de luchar para que lo acepten.
En Science, por ejemplo, que es una revista general y que tiene un índice de impacto de 15, si uno se fija en
los índices de impacto por disciplina, que se puede hacer naturalmente usando
el mismo criterio que hemos definido anteriormente, cuando miras los trabajos
de medicina o de biología, éstos tienen un índice impacto de 18, mientras
que los de física tienen un índice de
impacto de cinco. O sea que te estás aprovechando del hecho de que los médicos
se citan mucho para dar crédito a los trabajos de física, lo cual no tiene
ningún sentido. Esto es una cosa que se hace mucho.
JC: Esto de los
artículos me parece algo desmesurado y obsesivo. Hay científicos en España que
tú conoces que están contando sus artículos continuamente.
MC: Pero éste no es
el caso de un individuo, estoy hablando de estudios generales. El ranking de un
país, medido por el número de citas de los artículos que publica. Esto es útil
cuando estás considerando contratar a un individuo y no sabes mucho de él. Le
sacas sus trabajos y eliges sus tres trabajos más citados, porque si tiene 100
artículos no vas a leerlos todos.
Entonces puedes leer sus tres artículos más citados. Esto es ciertamente útil.
De esta forma, sacas una primera
impresión de la persona. Sobre todo si es el primer autor. Hay algunas
objeciones a esto de las citas, porque algunos alegan que mucha gente se cita a
si misma. Pero hay revistas especializadas de bibliometría que estudian estas
cosas y, por ejemplo, han determinado que el número de autocitas es en promedio
el 10 por 100. Así que esto no es muy importante. Si un señor se llama José
Rodríguez, esto crea problemas. Entonces las bases de datos tienen que ser
capaces de realizar operaciones lógicas, por ejemplo, Jose Rodríguez AND
Harvard, o Jose Rodríguez AND Johns Hopkins. En mi caso, se ha hecho un estudio
en este instituto y han encontrado que yo tengo 35.000 citas, de las cuales el
17% son autocitas. Si por autocitas se entiende sólo artículos en los que yo me
cito a mí mismo, tengo un 17% de autocitas; pero si se trata de citas hechas
por cualquier colaborador mío, entonces su número asciende al 40%. O sea que
hay 60% de citas de mis artículos que no son hechas ni por mí mismo ni por
ninguno de mis colaboradores. Y luego este alemán que hizo este estudio
bibliográfico sobre mi trabajo dijo que el caso de Cardona no es
representativo, porque pertenece a la vieja escuela europea, en donde se
consideraba de mal gusto citarse a sí mismo sin un motivo importante. No es
como los profesores e investigadores americanos que se citan a sí mismos
continuamente para mejorar su estatus científico. Este individuo por tanto no
sabe quién soy, ya que mi formación científica es americana.
JC: Yo he detectado
en España que el número de artículos publicados es una cosa obsesiva con mucha
gente, lo cual me pone enfermo: ya tengo 300 artículos, ya tengo 325 artículos.
Pero al final de tu vida has de poder decir lo que has hecho, con nombres y
apellidos. He inventado no se qué, o he descubierto no se qué, o he resuelto
tal problema, pero no sólo dar el número de artículos. Me acuerdo de un colega
mío indio en el Centro Científico de IBM en Palo Alto. Trabajaba en el campo de
la transmisión radiativa en atmósferas planetarias, una de las áreas en la que
trabajó Chandrasekhar (premio Nobel, véase el capítulo 3). Yo trabajé con él,
porque había detectado que la ecuación de transmisión radiativa, la cual es una
ecuación integro-diferencial muy compleja, es la misma que la ecuación de
transporte de neutrones en un reactor nuclear. Este es un problema clásico, muy
conocido debido a sus graves dificultades numéricas, cuando el camino medio de
un fotón o de un neutrón (es decir la longitud media entre colisiones) es muy
pequeño. Pues bien este colega utilizó este método mío en sus cálculos de
transmisión radiativa y tuvo muchísimo éxito porque hizo cálculos a gran escala
y podía resolver con exactitud
problemas en atmósferas nubosas (opacas). Mi colega publicó muchos
artículos, en aquellos tiempos unos 100 o así. Nosotros en IBM no teníamos
estudiantes, y por tanto 100 era un número muy elevado. Pues llegó un momento
en que mi colega dijo: bueno ¿qué pasa si en vez de 100 artículos tengo 120?
¿Cuál es la diferencia?. Llega un momento en que publicar más artículos ya no
te estimula.
MC: Sí, hay gente
que se obsesiona. Por otro lado, la gente que no tiene citas alega que eso no
sirve para nada.
JC: Pero tu sabes a
lo que voy. Para ser claro, hay que poder decir he desarrollado la teoría de la
relatividad, o he inventado el transistor, o he desarrollado la teoría de la
superconductividad, salvando las distancias ya que todo esto no está al alcance
de todo el mundo. Pero al final tienes que poder decir algo concreto, hablar de
algo , y no limitarte al número de artículos que has publicado.
MC: Exactamente. O
poder decir que eres una de las personas que más sabe del mundo en un cierto
campo.
JC: Tengo a mano una
breve biografía de Luis W. Alvarez, físico americano de origen asturiano,
premio Nobel de Física 1968 (véase el capítulo 2). Traigo esto a colación
porque en la biografía no se mencionan para nada sus artículos ni su número.
Pero la lista de sus contribuciones es impresionante, sobre todo porque cubrió
tantas áreas de la física. Algunas son: co-descubridor del efecto “Este-Oeste”
en los rayos cósmicos; desarrolló un método para producir haces de neutrones
muy lentos; junto con Wiens, construyó la primera lámpara de mercurio-198,
utilizada luego por el National Bureau of Standards durante 15 años como
el estándar universal de longitud; junto con Cornog, descubrió la radiactividad
del hidrógeno-3 (tritio); durante la guerra, primero en MIT, inventó y
desarrolló un sistema de radar para el aterrizaje de aviones sin visibilidad;
luego, en Los Alamos, diseñó los detonadores para la bomba atómica de plutonio;
concluida la guerra, diseñó el acelerador lineal de protones de la Universidad
de California en Berkeley; perfeccionó la cámara de burbujas de hidrógeno y
desarrolló los dispositivos de alta velocidad para medir y analizar los
millones de fotografías en ella producidas por los experimentos de física de
alta energía; utilizó los muones presentes en los rayos cósmicos para
“radiografiar” la segunda pirámide de Giza, y demostró que ésta tiene una sola
cámara; por último, con su hijo Walter y otros dos colaboradores, demostró que
la tierra fue impactada hace 65 millones de años por un asteroide o cometa de 10 km de diámetro, y que esto produjo
probablemente la extinción de más de la mitad de las especies existentes, por
el hambre producida por el cese de la fotosíntesis, debido a la oscuridad
causada por la vaporización del objeto
impactante y de parte de la corteza terrestre.
JC: Para concluir el tema de las publicaciones y de las citas,
mencionemos los datos resultantes del proyecto del Institute for Scientific
Information (ISI) de Filadelfia sobre los científicos e ingenieros más
citados en la literatura técnica mundial en el período 1981-1999. Este
proyecto denominado isihighlycited (www.isihighlycited.com) ha
producido unos datos, discutibles y sujetos a interpretación, pero objetivos.
Los detalles de los criterios de selección utilizados pueden consultarse en la
Red, pero pueden resumirse de forma clara. Se han definido 21 materias amplias
en ciencias biológicas (biología, inmunología, bioquímica, etc.), medicina,
ciencias físicas y químicas, ingeniería y ciencias sociales. Utilizando sus
bases de datos que contienen millones de artículos publicados en las revistas
científicas y técnicas más importantes del mundo, ISI ha creado una lista de
los 250 autores más citados en cada una de las 21 categorías, es decir, hay un
total de 5.250 autores más citados. Los resultados obtenidos para algunos países son los siguientes:
Es sorprendente que el Reino Unido tenga más
autores altamente citados (337) que Alemania y Francia juntos (307). La
interpretación de este hecho es por supuesto compleja. El efecto del idioma no
parece que sea decisivo, ya que todos estos autores publican el 99% de su
producción en inglés. En las revistas científicas, la perfección en la
gramática y sintaxis que puedan tener los autores de lengua materna inglesa no
es lo determinante, sino los resultados obtenidos y su importancia. Yo creo que
el factor más importante es la cultura británica, que es abierta en cuestiones
científicas y técnicas, y que premia lo pragmático y lo que funciona. Esta
cultura personifica la creación y el mantenimiento de una tradición de
excelencia, flexibilidad y anti-burocracia. Los Estados Unidos no sólo son los
herederos de esta tradición, sino también sus impulsores.
[1] El ISI ha
publicado también la lista con los ocho físicos más citados en los últimos 35
años. Esta es por orden alfabético: Philip Warren Anderson, Manuel Cardona,
Marvin L. Cohen, Walter Greiner, David J. Gross, Alan J. Heeger, Roman W.
Jackiw y Gen Shirane. Sin considerar sus países de origen, excepto Greiner que
es alemán, el resto son todos ciudadanos de los EE.UU. y miembros de la Academia Nacional de
Ciencias. Se detecta claramente que en EE.UU. los científicos prominentes
siguen haciendo ciencia hasta el final, por ejemplo Hans Bethe (premio Nobel)
sigue en la brecha a sus 96 años. Lo más común en Europa es que los científicos
prominentes se metan en política o dejen la ciencia activa. Esto supone un
factor negativo para el progreso de la ciencia, ya que su experiencia acumulada
no es transmitida a las futuras generaciones.