JC: El tema de la tecnología. Tú mismo has dicho que hasta la Segunda
Guerra Mundial, no había mucha ciencia en Estados Unidos. Entonces se llevan a
cabo muchos proyectos tecnológicos, dos de los más conocidos son el proyecto de
la bomba atómica y la investigación aplicada sobre el radar. En esta última
participaron muchos físicos distinguidos, como Schwinger (premio Nobel de
Física). ¿Qué lección se aprende de esto? Que en Estados Unidos el dinero
público se libera a raudales cuando, como consecuencia de la investigación
aplicada durante la Segunda Guerra Mundial, los científicos demuestran que
pueden aportar algo tangible a la sociedad. Como consecuencia de esto, después
de la guerra fondos públicos muy importantes se dedican a la investigación, no
ya aplicada, sino también a la investigación básica. Pero a lo que yo me
refiero ahora es que, primero los científicos demuestran la valía de su
aportación a la sociedad, y como consecuencia de esto, las autoridades públicas
comienzan a liberar fondos considerables para la gran ciencia.
MC: La demostración
que tú dices de la utilidad de los científicos para la guerra en los Estados
Unidos sólo fue posible porque ya había una base bastante grande de ciencia fundamental. El laboratorio de
radiación de MIT no pudo crearse por decreto. En MIT estaba Slater que era un
genio de la física muy, muy básica, que hacía cálculos de estructuras de
bandas, y al comenzar la guerra se puso a hacer cálculos de microondas de
radar, que eran prácticamente lo mismo. Pero no se habría metido en el cálculo
de microondas si no hubiera sido por la guerra. A Schwinger (premio Nobel,
véase el capítulo 3) lo pusieron en el laboratorio de radiación, pero Schwinger
a los diecinueve años ya había hecho el cálculo de la radiación del sincrotrón.
En aquella época esto era música celestial, porque no había la menor probabilidad
de que se construyera un sincrotrón para usar su radiación. Y otros muchos
fueron al laboratorio de radiación; es decir, antes de que comenzara la guerra
había ya una ciencia básica muy importante.
JC: Es verdad, pero
desde el punto de vista de apoyos financieros, estas actividades básicas
constituían algo de poca envergadura. Por ejemplo, en Stanford en los años
treinta no había nada. No había dinero. Conozco el desarrollo de Silicon
Valley, que arranca en 1930. No había dinero.
MC: Hay que tener en
cuenta que el coste de la ciencia entonces era mucho más bajo que ahora, sólo
se necesitaban cuatro alambres para hacer trabajo experimental.
JC: Cuando lees la génesis de Silicon Valley (véase el capítulo 3), que empieza con Frederick Terman, un profesor de ingeniería, te enteras que el departamento de ingeniería eléctrica de Stanford estaba integrado por Terman y otra persona. Aparte de Berkeley, la infraestructura científica en California era muy pobre.
MC: No es cierto, la
Marina tenía un laboratorio de investigación en China Lake, en donde
trabajaba Michelson, el del experimento de la velocidad de la luz.
JC: Pero podemos
decir con cierto rigor que, antes de la segunda guerra mundial, no había un
gran apoyo económico para la investigación científica en los Estados Unidos.
Aunque había algunas cosas, por ejemplo, Lawrence (premio Nobel, inventor del
ciclotrón) estaba en Berkeley.
MC: Es verdad.
También tenemos que decir que mucha gente, como Oppenheimer, había hecho el doctorado en Alemania,
porque este país antes de la guerra era la meca de la física.
JC: Yo sigo viendo una
relación directa en lo siguiente. Primero los científicos demuestran su valía a
la sociedad, y luego el apoyo económico para la ciencia aumenta.
MC: Yo creo que es
al revés. Si pones a científicos a hacer desde el principio trabajo aplicado,
orientado a proyectos, tendrán éxito fundamentalmente a base de copiar, de
imitar, no de innovar. Primero viene la experiencia en la ciencia básica. Y a
veces se dispara naturalmente la cosa aplicada. Pero está claro que es muy
importante financiar las aplicaciones. Es mucho más importante financiar unas
cosas que van a resolver el problema del cáncer, que no un trabajo sobre
neuronas que no tiene ninguna aplicación inmediata. Esto está clarísimo. Por
ejemplo, un señor que haga hoy en día investigaciones sobre la gravitación
cuántica; la gravitación cuántica, que se sepa, no sirve para nada práctico. Y
las partículas elementales tampoco, y absorben una gran cantidad de dinero. Hay
gente que se queja de que esas investigaciones básicas absorben demasiado
dinero.
JC: Esto es un punto
crucial. Nadie discute que la ciencia básica viene primero que la ciencia
aplicada, y yo tampoco. La ciencia básica tiene que venir primero pero, después
de cierto tiempo, por evolución natural
eso da origen a una ciencia aplicada, que es lo que la sociedad ve de forma más
tangible. Aunque en Estados Unidos antes de la Segunda Guerra Mundial había
ciencia básica, los políticos y los empresarios en general desconocían su
existencia; de hecho, la sociedad no sabía que hay ciencia básica y ciencia
aplicada. La sociedad simplemente se enteró de la importancia de la ciencia
(sin adjetivos) cuando estalló la bomba atómica. Y para mayor clarificación,
hay que recordar que las figuras principales en el laboratorio de radiación de
MIT que trabajaron en el proyecto del
radar, como tu has dicho, eran físicos básicos (Slater, Schwinger, etc.), y ya
no digamos los del proyecto Manhattan (la bomba), en donde todas las figuras
ganaron el Nobel (Fermi, Bethe, Feynman, Alvarez, Wigner, etc.). Estos
físicos se hicieron famosos ante la sociedad en general (políticos,
empresarios, ciudadanos de a pie) por su trabajo aplicado, aunque todos ellos,
sin excepción, al terminar la guerra volvieron a la universidad para proseguir
su vocación en la investigación básica.
MC: Sí, es cierto.
La sociedad apoya más la ciencia cuando hay una salida. ¡Pero los premios Nobel
también son tangibles!