Folklore del Consejo y del CNRS. Como en toda burocracia sin objetivos claros que trata de perpetuarse a si misma, la razón de ser del Consejo es el crecimiento: más personal, más presupuesto, más poder y así indefinidamente en un circuito cerrado de realimentación, sin establecer contactos importantes con las empresas y la sociedad civil. Como ejerce actividades en todas las ramas del saber, el alcance de su actuación es, por definición, infinito.

            La indefinición de objetivos, por querer abarcarlo todo en un solo organismo, es un hecho tanto en el Consejo como en el CNRS. En un coloquio sobre la historia del CNRS celebrado en 1989 con motivo del 50 aniversario, se afirmaba : ”Precisamente porque el CNRS es omnipresente ..., no encuentra su sitio, no tiene visibilidad propia; ... este hecho ha sido apreciado tanto por Anne-Marie Moulin como por mi mismo cuando lo comparamos (el CNRS) con instituciones que conocemos bien, como el Instituto Pasteur y el Centro Europeo de Investigación Nuclear de Ginebra (CERN).”[1]

            La colaboración entre el CNRS y la empresa privada es una cuestión que está cobrando urgencia, como se pone de manifiesto en el informe anual de 1999. En este se afirma: “En los últimos años, la amplitud, la naturaleza y la calidad de las relaciones del CNRS con el sector industrial han experimentado un desarrollo considerable. Con el fin de responder con una investigación fundamental a sus necesidades de innovación y productividad, se han creado nuevos laboratorios en común con las grandes empresas, y las misiones y objetivos de los otros han sido definidos de nuevo. El campo de acción de la filial de evaluación del CNRS (FIST) ha sido aumentado notablemente. Esta filial participa en el establecimiento de incubadoras para ayudar a la creación de PYMES ...[2]

            El contraste entre esta actitud reciente del CNRS de entroncar su investigación con la industria y la situación en el Consejo es revelador. En la memoria 1997-1998 del Centro de Biología Molecular “Severo Ochoa” del Consejo, hay una sección titulada “Actividades docentes y de colaboración con la industria”.  Este título parecería indicar la existencia de cierta colaboración entre el Centro y la industria. Pues no, la tal colaboración consiste en la recaudación de fondos por parte del Centro entre varias compañías farmacéuticas, la mayoría multinacionales, para financiar un Master en Biotecnología, cuyos graduados es probable que traten de colocarse en el mismo Centro.[3]

            Han pasado ya 60 años desde la fundación, y la sociedad civil española aun no sabe para qué sirve el Consejo, de hecho, muchos españoles desconocen su existencia. Sus contribuciones a la economía española han sido examinadas críticamente por Juan Velarde Fuertes. Este autor ha estudiado la base tecnológica del gran desarrollo económico de España desde 1960. Esta base está formada por tres elementos: la importación de equipo capital nuevo; la entrada de las multinacionales, que aportan la ciencia y tecnología de sus países de origen; y la compra de patentes extranjeras. ¿Dónde está la tecnología española?. “Esto provoca la búsqueda de una solución al margen del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que, por tercera vez en nuestra historia económica, ha orientado un evidente, y en algunos sentidos valioso, esfuerzo en una dirección nada interesante para nuestra economía.”[4]

Si el Gobierno no pone remedio, dadas las características universales de las burocracias sin objetivos bien definidos, cuando se cumpla el primer centenario del Consejo se seguirá  hablando de lo mismo: “faltan medios”, “hay que contratar más personal”, “investigación básica”, “no hay que perder el tren de las nuevas tecnologías”, “es de interés humanístico investigar sobre los métodos teóricos de la medicina en el siglo XIV”, etc.

No vale la pena examinar en detalle el organigrama del Consejo, por lo que sólo señalo algunos dislates  típicos de la mentalidad burocrática. Una de las dos vicepresidencias del Consejo, la de Organización y Relaciones Institucionales, dispone de algunas divisiones cuyos nombres pomposos recuerdan en cierto modo a organismos del gobierno de una nación. Por ejemplo: la Subdirección General de Relaciones Internacionales (Ministerio de Asuntos Exteriores), Gabinete de Comunicación y Difusión de Actividades (portavoz del gobierno), Unidad de Protocolo, Coordinadores Institucionales, representantes del CSIC en las CCAA (delegados del gobierno). Está claro que algunas de las funciones de estas divisiones son necesarias y existen en organizaciones internacionales de investigación, pero, cuando surgen algunas actividades en estas áreas, son llevadas a cabo simplemente por miembros del personal administrativo del nivel apropiado, sin que haya que crear pequeñas burocracias.

La pervivencia de las tradiciones (lo que hoy se llama “la cultura”), sean buenas o malas, es un hecho en toda organización, como evidencia la existencia de una Unidad de Protocolo en el CSIC en 2001. Aunque sólo de interés anecdótico, relato una perla sobre el protocolo del Consejo. Es la descripción de la sesión plenaria anual de 1968 de la División Juan de la Cierva del CSIC, hecha por un testigo presencial que hablaba español, profesor de física en la Universidad de California en Los Angeles (UCLA), ya fallecido. Escribió: “Asistieron a la sesión hombres vestidos de media etiqueta, hombres en uniformes de gala, y mujeres de traje largo y abanico. La sesión fue presidida por el Presidente del Consejo, sentado en la tribuna en compañía del Secretario General del CSIC y de otros dignatarios, a los que el programa se refería con el título de Excelentísimo Señor. Las ceremonias nos impresionaron, lo mismo que la conferencia impartida por el Excelentísimo Señor Don Salvador Escala Mila, la cual duró 90 minutos y cuyo título era Problemas Psicológicos en los Grupos de Investigación ...”.[5] Esto contrasta con el “protocolo” existente en la misma época en los medios científicos no burocráticos. Al regreso de Estocolmo, tras recibir su premio Nobel de Física en 1965, Feynman fue a dar una charla en CERN, y se presentó con el mismo traje que había llevado en la cena del Rey. Empezó diciendo: “Hablando con los otros laureados, comentábamos si había cambiado algo por el hecho de haber ganado el premio Nobel. Creo que ya observo un cambio. Me gusta este traje.” La audiencia en CERN respondió con abucheos y Weisskopf, el director del CERN, se sacó su chaqueta y dijo: “!en las presentaciones  científicas no vamos a llevar trajes!.” Con lo cual Feynman se saca la chaqueta, afloja la corbata y dice: “todo es de nuevo normal.”[6]

 

 

Investigación Aplicada. Excepto en el campo de la física de alta energía, por las razones antedichas, las universidades y otras instituciones especiales no burocráticas son el entorno natural donde debe llevarse a cabo la investigación básica. Es un error histórico el haber separado la investigación fundamental de la universidad, creando organismos como el Consejo y el CNRS con medios mucho mayores que los de la universidad, en detrimento de esta última.[7] 

Aquí nos centramos en la cuestión de la investigación aplicada, un objetivo esencial de un organismo público de investigación como el Consejo. Hay que añadir que, en bastantes contextos, no está nada clara la diferencia entre investigación básica y aplicada. El objetivo de la investigación aplicada debe ser la creación de conocimientos y tecnología nuevos para su comercialización o utilización por empresas nuevas o existentes, con el fin de generar riqueza y puestos de trabajo. Cualquier otro objetivo son excusas y justificaciones estériles. No es que el Consejo deba ser responsable único de la creación de nuevas empresas (spin-offs), pero sí debe hacerse co-responsable de este objetivo por medio de la colaboración estrecha con empresas. Desgraciadamente, en el presente no hay nada de esto. La burocracia centra entonces la justificación de su existencia en el número de artículos publicados en la revistas internacionales y su impacto.[8] Esto hace que el Consejo sea algo así como una sociedad cultural recreativa. Esta “cultura” del Consejo viene de lejos, cito del libro de Velasco: “toda investigación seria y honrada es ya en si una actividad cultural digna de apoyo, sin necesidad de justificaciones económicas, políticas ni patrióticas.”[9] Esto es ciertamente apropiado para las universidades, pero no para los organismos públicos de investigación con sus miles de empleados.[10]

Construyen robots para “la investigación y la docencia”, cuando hace decenios que se utilizan en la fabricación de coches. El objetivo lícito sería la obtención de patentes que pudieran ser utilizadas por los grandes fabricantes mundiales de robots o por empresas españolas de nueva creación; si esto no es factible, habría que suprimir la actividad.

En el Centro Nacional de Microelectrónica de Barcelona tienen una sala limpia para el desarrollo y fabricación de prototipos de microprocesadores. Los microprocesadores constituyen hoy una tecnología masificada en la que el desarrollo no está separado de la fabricación industrial (Intel, Advanced Micro Devices, Siemens, etc.). Si no hay un entorno de fabricación industrial en estrecha relación con el entorno de desarrollo, éste no tiene razón de ser.

En el área de las ciencias médicas, la irresponsabilidad y la inercia en los objetivos marcados en el Consejo alcanza cotas muy altas. Se publican informes sobre investigaciones encaminadas a buscar “curas o vacunas” para el mal de Alzheimer, el cáncer, la malaria, etc., basándose en técnicas de biología molecular. Esto no es serio. Merck, la tercera compañía farmacéutica del mundo, tuvo en el año 2000 un presupuesto para investigación y desarrollo de $2.300 M, una cifra muy superior a los €421 M de presupuesto total del Consejo y aproximadamente igual al presupuesto total del CNRS. Tanto esta compañía como las otras dos grandes del sector, Pfizer y GlaxoSmithKline, tienen, como una de sus máximas prioridades, programas de investigación sobre el Alzheimer. Cualquier producto farmacéutico por descubrir, que tenga alguna eficacia contra este mal de nuestros días, alcanzará cifras de ventas muy superiores a los $1.000 M anuales. Debe señalarse que el coste que se maneja en la industria farmacéutica para la investigación, desarrollo y pruebas de un nuevo fármaco sintetizado con técnicas de biología molecular varía entre $250 M y $500 M. No es responsable emplear los parcos recursos del Consejo en metas claramente irrealistas. De todos modos, los biólogos moleculares que quisieran hacer investigación y desarrollo sobre nuevos fármacos deberían trabajar en la industria farmacéutica, que es donde se integran la investigación, el desarrollo, la fabricación y la comercialización.[11]

            PharmaMar, la filial de Zeltia, fue fundada en 1986 para investigar, desarrollar y comercializar medicamentos de origen marino para el tratamiento del cáncer. Ha reunido una “librería” de 22.000 organismos marinos. Si consigue superar en EE.UU. las pruebas clínicas de su compuesto activo contra el cáncer, ET-743, extraído de un organismo marino,[12] y llegar a su comercialización mundial en cooperación con la multinacional farmacéutica Johnson&Jonson, con la que ha firmado un acuerdo al efecto, habrá logrado algo de importancia mundial que el Consejo no ha logrado en sus 60 años de existencia. Citamos al Dr. Corey, premio Nobel de Química de 1990 por su trabajo en síntesis química y profesor de Harvard: “la importancia del ET-743 no está todavía clara, pero podría ser un arma decisiva contra el cáncer”.[13] Corey ha sido el primero en sintetizar el ET-743, bajo encargo de PharmaMar. Cuando llegue la fase III y la de comercialización, PharmaMar no podrá suplir la demanda con sus buceadores recogiendo los especímenes del fondo del mar, sino que fabricará el producto sintéticamente basándose en el trabajo de Corey.  Esto pondría a España en el mapa. Aunque no lo logre con el ET-743, PharmaMar habrá hecho algo que el Consejo nunca ha hecho: luchar con denuedo por alcanzar una meta científica y técnica muy importante y al mismo tiempo realista dentro del contexto español, creando y poniendo en marcha el tren de una nueva tecnología, sin tener que subirse al tren de las nuevas tecnologías, una metáfora estéril y manida que expresa el hecho de que “otros” construyen y ponen en marcha estos trenes y que España siempre tiene que correr detrás de ellos para “no perderlos”.

            Si el Gobierno asumiera que el objetivo del Consejo debería ser llevar a cabo investigación aplicada para generar conocimientos y tecnología nuevos para su comercialización o utilización por empresas nuevas o existentes, con el fin de  generar riqueza y puestos de trabajo, entonces tendría que cambiar por completo el Estatuto del Consejo. Sus objetivos serían entonces claros, cuantificables y podría pedirse responsabilidad sobre la consecución de los mismos. En vez de tener un Consejo Rector integrado por altos cargos políticos, miembros de la burocracia del mismo Consejo, representantes sindicales, representantes de la burocracia empresarial, etc., gente variopinta que en general no ha creado ni empresas, ni riqueza, ni puestos de trabajo, tendría que estar integrado mayoritariamente por los presidentes de las empresas españolas que sí entienden de esto último: Telefónica, Repsol, Banco Santander Central Hispano, Banco Bilbao Vizcaya, la Caixa, Indra, PharmaMar, etc. Estos empresarios sí podrían orientar a un organismo público de investigación hacia los fines citados, para iniciar la larga marcha hacia la creación y utilización de tecnología española en la economía.[14]

            La ausencia de una colaboración significativa entre el Consejo y las empresas es la causa de que apenas hay doctores trabajando en la industria privada. No obstante, los doctores en las disciplinas adecuadas pueden y deben jugar un papel transcendental  en la misma. Uso un ejemplo de la industria del petróleo.

            El proceso y análisis de los datos de los métodos sísmicos de reflexión son cruciales para la exploración y descubrimiento de nuevos yacimientos de petróleo. Con ayuda de instrumentos de medida espaciados con regularidad, los geofísicos son capaces de: (1) inducir ondas acústicas en la tierra; (2) registrar las señales acústicas reflejadas en el interior de la tierra; (3) procesar y manipular estos datos para determinar la constitución geológica del interior de la tierra. Estos datos sísmicos son interpretados por medio de las soluciones numéricas de las ecuaciones en derivadas parciales que describen la propagación de ondas en medios inhomogéneos. Estas técnicas permiten “ver” y localizar con exactitud rocas de formación compleja que contienen depósitos de hidrocarburos. Las técnicas numéricas utilizadas son extraordinariamente sofisticadas y son desarrolladas por matemáticos aplicados a lo largo de muchos años de investigación.[15] 

Hoy tenemos en España una multinacional privada, Repsol, que tiene que operar en el ancho mundo en donde se compite sin piedad. ExxonMobil, una de las compañías petroleras más grandes del mundo, contrata doctores en química, geología, biociencia, física, ingeniería, matemáticas puras y aplicadas, ciencia de superficies, ciencia de polímeros y metalurgia.[16] Repsol ha empezado la larga marcha en esta dirección, al crear el Instituto Superior de la Energía, una institución de formación de post-graduados en donde se imparte, entre otros, un Master en Exploración y Producción.[17] La enseñanza es en inglés, y sus profesores y tutores son profesores de universidades extranjeras y empleados de Repsol. El plato fuerte del programa es la asistencia durante cinco meses al curso regular de Master en la Colorado School of Mines en Golden, Colorado, que se centra en Geofísica y Geología. La  Colorado School of Mines está  estableciendo también un Instituto del Petróleo en Abu Dhabi  (Emiratos Arabes Unidos) en colaboración con la Compañía Nacional del Petróleo de Abu Dhabi. Debe notarse que se estima que Abu Dhabi contiene el 10% de las reservas mundiales de petróleo y gas natural. Es interesante señalar que la Junta de Gobierno del Instituto del Petróleo está presidida por un representante de la Compañía Nacional del Petróleo e incluye un representante del Ministerio de Educación y Ciencia de Abu Dhabi,  y representantes de los socios industriales, British Petroleum/Amoco, Japan Oil Development Co., Shell y TotalFinaElf.[18] 

Repsol está también construyendo un Centro Tecnológico con un presupuesto inicial de 11.000 M de pesetas. Nuestra Universidad Carlos III cuenta con un departamento de matemáticas aplicadas con mucho potencial. Es la responsabilidad individual de sus profesores contactar con Repsol (u otras compañías) y pedirles información sobre los problemas de Repsol. Algunos de éstos podrían entonces ser el tema de tesis doctorales  del departamento. Así se empieza la larga marcha. Esta es una tarea muy ardua, pero que sólo puede realizar el investigador interesado.[19] Las oficinas de transferencia de resultados de investigación (OTRI) concebidas para difundir la I+D de las universidades y de los organismos públicos de investigación no pueden ser efectivas, ya que es una responsabilidad intransferible de los propios investigadores el “vender” su trabajo. La industria privada no tiene en principio interés en las investigaciones de las universidades y otros organismos públicos, quieren investigación en sus problemas. Y si las universidades y los organismos públicos de investigación no trabajan en ellos, la empresa privada, como Repsol, tiene que buscar soluciones a espaldas de ellos.

 

 

Conclusión

 

            El sistema funcionarial para el personal del Consejo no es que sea malo, es que es perverso. Está diseñado para que los funcionarios-investigadores puedan disfrutar de una vida tranquila y sin tensiones hasta el retiro, haciendo sus investigaciones básicas o aplicadas. No tienen incentivos para interaccionar con las empresas y la sociedad civil; esto requiere un esfuerzo considerable y de una naturaleza distinta al requerido por sus investigaciones, el cual no realizan porque nada les obliga a ello.

            La realidad es que, debido a esta incomunicación casi total entre los doctores formados en el Consejo y la sociedad civil, esta última no sabe para qué sirven dichos doctores. Ello resulta en que apenas hay doctores empleados en las empresas, por lo que el gobierno se siente presionado para subvencionar a las empresas que los contraten, una situación que demuestra de modo palpable el fracaso estructural del sistema. Pero la realidad actual es que la mayoría de los doctores sólo pueden emplearse en el Consejo.

Recientemente, se ha anunciado la convocatoria para un número elevado de puestos de doctores en el Consejo. El Gobierno debe haberlo hecho con la mejor intención, presionado por distintos intereses entre los que el más importante es la propia burocracia del Consejo. Esto no hace más que empeorar la situación y retrasar el comienzo de la solución.

            Esto es algo evidente. Si la mayoría de los PhD de Harvard tuvieran que obtener puestos de profesor en la misma universidad, ésta moriría porque la sociedad civil que sustenta a Harvard retiraría su apoyo a un disparate semejante. Pues bien, esto es exactamente lo mismo que pretenden los grupos de presión del Consejo: que éste acoja en su seno a la mayoría de sus doctores. Como es el Estado quién soporta financieramente todo este tinglado, la situación puede durar indefinidamente y pudrirse cada vez más.

            Debería establecerse un objetivo cuantitativo sobre el porcentaje máximo de doctores formados en el Consejo que pueden obtener puestos en el mismo, algo así como el 10% o menos. El resto debería buscarse la vida en las empresas o universidades, o crear sus propias empresas o emigrar. Si quieren quedarse en España y no consiguen colocarse, la solución es disminuir el número de doctores futuros formados en las disciplinas actuales, reduciendo el número de becas en la medida precisa. Y más positivamente, se deben crear programas de formación en aquellos campos que la sociedad civil y la economía demandan. Esta solución es responsabilidad de los profesores de investigación que forman a los doctores y de los futuros doctores así formados, no del Gobierno. Lo que no debe hacerse es perpetuar el círculo vicioso actual de seguir produciendo unos doctores que la sociedad civil no puede ni quiere absorber, que es precisamente lo que se hace ahora.

 



[1] Colloque sur l’Histoire du CNRS des 23 et 24 Octobre 1989, en www.cnrs.fr.

 

[2] Rapport d’activité du CNRS 1999, en www.cnrs.fr.

 

[3] Centro de Biología Molecular “Severo Ochoa”, Memoria 1997-1998, en www.csic.es.

 

[4] Juan Velarde Fuertes, Papeles y Memorias de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, núm. IX, febrero 2001, pág. 6.

 

[5] Julian D. Cole, Professor of Aeronautics, California Institute of Technology, comunicación privada, 1968.

 

[6] Richard Feynman, Surely You’re Joking, Mr. Feynman!, Bantan Books, Nueva York, 1986, pág. 284.

 

[7] En la biografía científica de Miguel Catalán, se afirma: “... al ofrecerle el Consejo los medios de que no disponía en la Universidad, Catalán cedió a la tentación de separar su labor docente de la investigadora y, desde ese momento, sus cursos de doctorado fueron perdiendo gran parte de su valor.” (R. Velasco, El Mundo Atómico de Miguel Catalán, Instituto de Optica, CSIC, Madrid, 1977, pág. 133).

 

[8] Matilde Sánchez Ayuso, Análisis Comparativo de la Producción Científica de la Unión Europea, España y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC, julio de 1999, en www.cics.es. Nadie se preocupa demasiado por el número de artículos científicos publicados por Einstein, pero todo el mundo sabe que su teoría de la relatividad es quizás el logro más grande de la física en el siglo XX. La teoría especial de la relatividad apareció en dos artículos publicados en Annalen der Physik en 1905, sin coautores. No se entiende muy bien la tendencia actual a publicar artículos con 10 o más autores, ya que es imposible determinar quién hizo qué. Por consiguiente, son bastante vacías las alegaciones de haber publicado un gran número de artículos, sobre todo por jefes de algunas burocracias científicas del Consejo, los cuales se autoproclaman  y se imponen como coautores natos de todo lo que se publica en su departamento. Esto no fue siempre así. El profesor Miguel Catalán, físico español descubridor de los multipletes en los espectros atómicos, permitía que sus colaboradores publicaran sus propios resultados con su solo nombre  (R. Velasco, ob. cit.,  pág. 128).

 

[9] R. Velasco, ob. cit., pág. 129.

 

[10] Uno de los ejemplos más claros del valor de la investigación pura y del entorno en que debe realizarse es el dado por Boole. A partir de 1847 desarrolló el álgebra de la lógica, hoy denominada álgebra de Boole o álgebra binaria, en la que hay sólo dos dígitos, 0 y 1.  Esta es la utilizada en los ordenadores, en los que los dígitos binarios controlan la secuencia de la ejecución  de las instrucciones de un programa, siguiendo una de dos posibles rutinas alternativas. El caso de Boole ilustra la cultura anglosajona. Sus contribuciones a las matemáticas fueron de tal trascendencia que fue nombrado profesor de matemáticas en el Queen’s College en el condado de Cook (Irlanda), y alcanzó el máximo honor académico al ser elegido fellow of the Royal Society de Londres en 1857. Nunca realizó estudios universitarios (Encyclopaedia Britannica, 1994).

 

[11] GlaxoSmithKline ha establecido un Centro de Investigación Básica en Tres Cantos (Madrid), y contrata personal a nivel de master y de doctor. El objetivo es el descubrimiento de nuevas medicinas (El País, 30 de septiembre de 2001).

 

[12] Actualmente en la llamada Fase II de pruebas clínicas con unos pocos cientos de pacientes, en algunos de los hospitales más prestigiosos del mundo, como el Massachusetts General Hospital de Boston, asociado con la Facultad de Medicina de Harvard (véase el portal de PharmaMar, www.pharmamar.es). Después de la Fase II viene la Fase III, en la que las pruebas clínicas se realizan en régimen ambulatorio con muchos más pacientes. Superada esta última, el medicamento estaría listo para su aprobación por la FDA americana (Federal Drug Administration), obteniéndose entonces la exclusiva de su comercialización durante unos 17 años en el mayor mercado del mundo.

 

[13] Wall Street Journal, 6 de febrero de 2001.

 

[14] Véase El Sistema Español de Innovación. Diagnósticos y Recomendaciones, Fundación Cotec para la Innovación Tecnológica, Madrid, 2000, pág. 141. En este libro básico se trata de forma completa el problema de la falta de tecnología española en nuestra economía, las razones que producen esta situación y las recomendaciones para su solución. En la elaboración de este libro, han participado más de 800 miembros del establecimiento científico-técnico de toda España.

 

[15] J. Gazdag, Extrapolation of Seismic Waveforms by Fourier Methods, IBM J. Res. Develop. 22, 5, 1978.

 

[16] www.exxonmobil.com.

 

[17] www.repsol.es.

 

[18] www.mines.edu.

 

[19] De los 25 doctores formados en el departamento de ingeniería matemática (matemáticas aplicadas en el resto del mundo), sólo uno se ha empleado en la industria (en Endesa); los otros han ido a la universidad o al Consejo (véase www.uc3m.es).