La Universidad privada con fines de lucro: un invento español

 

Para lograr una universidad de nivel internacional, es necesario crear una tradición de excelencia y mantener la continuidad de la misma. Por esto es gravísimo que en España los empresarios de la enseñanza hayan inventado este engendro: la universidad privada con fines de lucro, es decir, la universidad-negocio. La universidad-negocio tiene un objetivo fundamental: el lucro económico de sus dueños. Estas instituciones nunca podrán alcanzar la excelencia; esto es obvio porque el objetivo no es ése, sino ganar el  máximo de dinero para sus dueños. Dicho de otro modo, la universidad-negocio nace viciada de origen. La oportunidad histórica de crear una universidad de nivel internacional sólo estará al alcance de las universidades privadas sin fines de lucro, tanto religiosas como laicas.

            Es preciso afirmar aquí lo obvio: sí a la libertad de enseñanza, sí a los centros privados, pero sin fines de lucro. Si los padres ignoran el objetivo primordial de la universidad-negocio y envían allí a sus hijos, es de esperar que el progreso de la sociedad civil, reflejado en la creación de más universidades privadas sin fines de lucro, irá resolviendo gradualmente esta situación.

            En lo que sigue describiré brevemente dos universidades-negocio: la Alfonso X El Sabio y la Camilo José Cela, ambas localizadas en Villanueva de la Cañada, un pueblo en el noroeste de Madrid.

 

 

La Universidad Alfonso X El Sabio

 

            Esta universidad-negocio inició su primer curso en septiembre de 1994. Sus promotores, hombres tenaces, lucharon durante largos años para conseguir la autorización del gobierno. Esta era esencial para adquirir la característica con el potencial económico máximo: la de poder otorgar títulos oficiales con validez en todo el Estado.

            El promotor principal de la Universidad es un empresario de la enseñanza, fundador y propietario mayoritario de colegios de segunda enseñanza de gran éxito comercial.

Una universidad digna del nombre no sólo transmite conocimientos adquiridos, sino que también los genera. La creación de conocimientos surge de la investigación, y la investigación universitaria (en historia, filosofía, literatura, biología, química, física, etc.) es incompatible con el lucro; por tanto, en las universidades-negocio nunca podrá haber, por definición, investigación universitaria. Las universidades-negocio nunca podrán ser verdaderas universidades, sino que son y serán academias en las que se venden horas de clase y títulos oficiales.

Durante mis cinco años de profesor en la Universidad Alfonso X El Sabio, 1994-1999, he sido testigo del concepto, funcionamiento y objetivos de este invento único español: la universidad–negocio. El primer curso (94-95) arrancó con algo menos de 700 alumnos, y en el curso 2000-2001 se habían alcanzado los 10.000 alumnos.

 

 

Los números de la Alfonso X. Los datos de la  Alfonso X correspondientes al año 2000, publicados en el Registro Mercantil de Madrid,[1] proporcionan una radiografía bastante exacta de lo que es esta universidad: uno de los negocios más rentables de España. Estos datos son los siguientes:

 

                                                                                 Datos financieros, año 20001

 

Ingresos

11.698

Gastos

4.634

Beneficio bruto

 7.064

Impuesto de sociedades

2.500

Beneficio neto

4.564

                                                                                1 En millones de pesetas

 

               El beneficio neto después de impuestos asciende al 39% de los ingresos. En la última página de la memoria anual del año 2000, entre los diversos capítulos de ingresos, figura uno correspondiente a subvenciones por un importe de 11,3 millones de pesetas. Este dato anecdótico es un ejemplo de la confusión conceptual existente en algunos sectores de la sociedad, los cuales no distinguen entre lo que es una universidad y lo que es un negocio. Una universidad (“una de las creaciones más nobles de la mente humana”, según Pusey, 24º Presidente de Harvard) merece no sólo 11 millones de subvenciones sino los miles de millones que la sociedad quiera y pueda aportar; pero que un negocio con 4,5 mil millones de beneficio neto reciba subvenciones es, en mi opinión, una aberración resultante de la confusión existente en algunos sectores entre dos términos incompatibles, universidad y negocio.

            En las cuentas de gastos, que ascienden a un total de 4.634 millones, los dos capítulos más destacados son: gastos totales de personal, 1.999 millones, y servicios exteriores, 1.105 millones. Aparte del personal docente, causa estupor ver que una universidad con unos 10.000 alumnos en 1999-2000, tuviera en plantilla a solo 45 personas de personal no docente, distribuidas de la forma siguiente:

 

 

                                                                                            Personal no docente, año 2000

 

Informáticos

13

Auxiliares administrativos

15

Biblioteca

4

Residencias

5

Titulados superiores

4

Servicios generales

4

Total

45

 

 

Los informáticos desempeñan una doble función: mantener la red universitaria, y las bases de datos con los registros académicos oficiales de los estudiantes. La Universidad dispone de tres residencias con unas 500 plazas cada una, las cuales son manejadas por una plantilla de cinco personas.

Capítulo aparte es el tema de la biblioteca la cual, según los datos en la página web de la universidad, dispone de 15.000 volúmenes,[2] cuando en el curso académico 2000-2001, el séptimo año de la Universidad, ya se habían alcanzado los 10.000 alumnos. Esto da un promedio de 1.5 a 2 libros por estudiante, mientras que la media para el conjunto de las 54 universidades españolas es de 14 libros por estudiante. En la actualidad,  la Universidad prevé una biblioteca de 100.000 volúmenes para 2010, a los quince años de su creación, con lo que el promedio de libros por estudiante seguirá siendo muy inferior a la media nacional. En contraste, la Universidad de Navarra dispone de 700.00 volúmenes para un número actual de estudiantes de 16.437, es decir, más de 36 libros por estudiante. El personal de biblioteca en la Alfonso X asciende a cuatro personas versus 55 en la Universidad de Navarra; es decir, el ratio de libros por estudiante UNAV/Alfonso X es 18, mientras que el de personal de biblioteca UNAV/Alfonso X es 13. Está claro que para una verdadera universidad, sus bibliotecas son uno de sus recursos más valiosos y esenciales, verdaderos templos del saber, mientras que para una universidad-negocio sus bibliotecas son un gasto inevitable que debe mantenerse al mínimo para no detraer de los beneficios.

Vale la pena citar al entorno universitario americano, no como una meta alcanzable, pero sí como ejemplo a seguir del sistema de valores de una universidad, tal como lo está haciendo la Universidad de Navarra. En el año 2001, las más de 90 bibliotecas de Harvard (con unos 18.000 estudiantes) tenían 14,7 millones de volúmenes, después de haber añadido en dicho año un total de 292.140 volúmenes. Además, mantenían activas 108.506 colecciones de revistas. El presupuesto anual de biblioteca asciende a 14.500 millones de pesetas, y el personal de biblioteca a 1.077 personas.[3]

Sin entrar en más detalles, el cuadro anterior del personal no docente de la Alfonso X muestra de forma diáfana el carácter de la Universidad, que corresponde al de una academia en donde se venden horas de clases y títulos oficiales, sin ninguna infraestructura de investigación ni personal técnico de apoyo a la misma. La estructura y el número del personal no docente son los mínimos para gestionar matrículas, cobros, y registros de estudiantes y títulos. No da para más.

El éxito comercial hasta el momento ha sido espectacular, y esto se debe a las grandes cualidades empresariales de su promotor, presidente y accionista principal. Este éxito comercial no ha sido acompañado por el éxito académico, ya que la Alfonso X ocupa el puesto 36 en el ranking de calidad de las universidades públicas y privadas españolas.[4] En los anuncios publicados en prensa en 2002, la Alfonso X se presenta como la primera universidad privada de Madrid (usando como criterio de clasificación el número de alumnos, 11.000).

Como referencia, damos los valores de los principales indicadores de calidad para la media de las 54 universidades españolas[5] y para la Alfonso X (referidos al curso académico 2000-2001):[6]

                                                                                                                                            Media

                                                                                                                                         Nacional      Alfonso X

Número de facultades y ETS

10

     6

Profesores por cien estudiantes

  5,4

     6,3

Libros de biblioteca por estudiante

14

     1,5-2

Títulos de doctor concedidos por mil estudiantes

  3,8

     0

                                                         No se conocen planes de la Alfonso X de establecer un programa de doctorado.

 

 

Los profesores. Si es posible, se selecciona a la mejor gente disponible, con títulos de doctor, por parte de los jefes de departamento y otros puestos directivos (expresión empresarial usada comúnmente, la cual es  ajena al entorno universitario), que tienen a título personal mano libre en todo el proceso, excepto en uno esencial, que es el nivel salarial. Este es controlado por la empresa.[7] Después del período inicial en que el primer rector, Vicente Ortega, fue responsable de la contratación de la primera plantilla de profesores, parece ser que el nivel salarial actual es uno de los más bajos de las universidades-negocio, lo cual causa una rotación muy grande del profesorado, es decir, se van todos los que pueden lo antes posible.

            La estructura de los profesores se da en el cuadro siguiente:[8]

 

 

                                                                                                      Personal docente, año 2000

 

Rector

1

Profesores titulares

37

Profesores ayudantes

272

Profesores asociados

251

Profesores adjuntos

62

Colaborador

7

Ayudantes de laboratorio

5

Total

635

 

 

            Este cuadro muestra que la mayoría de los 635 profesores lo son a tiempo parcial. Sus tareas esenciales son dar sus clases y tener las horas de tutoría prescritas de atención a los estudiantes. Es todo. Las horas de tutoría son una ventaja clara de la Alfonso X con relación a las universidades públicas, en donde los contactos entre profesores y alumnos son mínimos, a menudo limitados a los exámenes finales.

 

 

La investigación. Las pretensiones en esta área se manifiestan en la declaración siguiente:[9] “Si se analiza el número, la importancia y el resultado de los acuerdos suscritos durante el último año, así como aquellos que están en fase de estudio veremos en el área de Investigación un puntal muy importante para la consolidación futura de la Universidad dentro del ámbito académico, ...”. Esta frase parece escrita en el lenguaje newspeak de Orwell[10] puesto que, aunque gramaticalmente correcta, no se corresponde palpablemente con los hechos: el presupuesto o gastos de investigación a cargo de la Alfonso X son cero, como se ve en el capítulo de gastos de la Memoria Anual 2000. Los proyectos de investigación en el curso 2000-2001, séptimo año de la Universidad, eran tres:

 

1.      Laboratorio de análisis para la restauración y conservación de obras de arte, con una financiación de 2.393.000 pts y un profesor dedicado.

 

2.      Proyecto INTERLEX de desarrollo de herramientas de INTERNET, con una financiación de 15.000.000 pts y dos profesores dedicados.

 

3.      Proyecto BITUMAT de estudio de betunes especiales para el sector de construcción, con una financiación de 2.717.000 pts y un profesor responsable.

 

Esta es la investigación en una universidad con 635 profesores, 10.000 alumnos y un beneficio neto anual de 4.564 millones de pesetas.

 

 

Folklore. Para lanzar la Universidad, el promotor contrató como primer rector a Vicente Ortega, un universitario distinguido de reconocido prestigio, con un título post-graduado de la universidad de Stanford. Los rumores de las confrontaciones del rector con el promotor fueron continuos durante el primer curso. El hecho concreto es que el primer rector dimitió al final del primer curso, en junio del 95, aceptando un alto cargo en la administración pública universitaria, con un sueldo muy inferior al que gozaba como rector.

Al final del segundo curso (95-96), durante el mes de julio del 96, se produjo el despido sin previo aviso de aproximadamente el 15-20% de los profesores. Yo doy testimonio de que algunos de mis antiguos colegas despedidos tenían la máxima calificación académica, el título de doctor,  y estancias post-doctorales en universidades americanas y europeas. Por supuesto, los testimonios que circularon entre los profesores señalaban como causa del despido masivo el hecho de que los profesores despedidos, principalmente de física y matemáticas, suspendían a bastantes alumnos, lo cual creaba un quebranto económico para la empresa. He dicho testimonios porque las razones dadas por la empresa para el despido fueron vagas y no merecen mención.

Los detalles de este suceso se olvidarán con el tiempo, pero los hechos esenciales perdurarán: (1) el despido masivo se produjo sin previo aviso en julio, justo antes de las vacaciones de agosto, lo cual negó a los afectados la posibilidad de buscar puestos de profesor para el curso académico siguiente; (2) la esencia misma de lo que es una  universidad fue conculcada con brutalidad puesto que el despido de un profesor tiene que producirse exclusivamente a título individual por causas objetivas graves, disciplinarias o de falta de rendimiento, y después de advertencias previas por la autoridad académica, es decir, por el rector; y (3), el despido fue decidido personalmente por un individuo, el presidente y accionista mayoritario de la empresa, sin cargo académico alguno. La falta total de respeto a la figura del profesor universitario, puesta de manifiesto por el despido colectivo y simultáneo de un grupo de ellos, garantiza que los universitarios nunca podrán considerar a esta empresa como una universidad. Es muy grave la emergencia de “tradiciones” basadas en este tipo de sucesos.

            ¿Cuáles son las razones del éxito en la atracción del gran número de alumnos? En los estudios de licenciatura e ingeniería, las clases son poco numerosas, el acceso de los alumnos a los profesores está garantizado en determinadas horas prescritas, se asignan trabajos periódicamente y se controlan, hay varios exámenes parciales, etc. Algunos alumnos que provenían de la universidad pública se quejaban con amargura de que la única evaluación que tenían allí era el examen final,  de que no había  ningún contacto con los profesores, todo lo cual como es natural resulta en un índice muy alto de fracaso escolar. Está claro que la universidad-negocio puede ser en teoría un colegio universitario de mejor calidad que la universidad pública, entendiéndose por colegio universitario una institución que imparte estudios de licenciatura e ingeniería, pero en donde no hay investigación ni estudios serios de post-grado.

            Como en las escuelas secundarias privadas hay dos facetas: la fachada ante los padres, y la realidad esencial. La fachada requiere elementos reales de calidad: clases poco numerosas (máximo de 50 alumnos), acceso fácil  de los alumnos a los profesores, una red local conectada a Internet con varios miles de PCs, y poco más. Una característica explotada en el marketing de la universidad denota el sistema de valores: en las residencias las habitaciones son individuales o dobles con baño privado y conexión a Internet, lo cual es cierto. En Harvard, con un coste actual de unos $36.000 por curso académico (cerca de seis millones de pesetas),  no hay tal lujo; además, se considera que es una parte importante de la formación universitaria cohabitar con otros estudiantes de antecedentes sociales y culturales distintos a los propios, por lo que la ocupación es de uno a cinco estudiantes por suite (conjunto de varias habitaciones con un solo baño). De todas formas, la empresa no tiene planes de tener residencias para más de un 10% aproximado de los alumnos; es decir, el tener una universidad residencial con objetivos educativos no entra en sus planes. El ambiente en las residencias es el mismo que en un hotel: son un conjunto de habitaciones a las que hay que sacar la máxima rentabilidad económica; en ellas no hay actividades educativas o culturales organizadas de ningún tipo.

            ¿Y el proceso de selección de los alumnos? Condición necesaria y suficiente es que paguen un millón de matrícula por curso y dos millones en el caso de los residentes. Es todo.

            Lo que sí parece seguro es que en estas “universidades” no se inventará ni un tornillo con cabeza en cruz, ni una ratonera mejor; simplemente, la investigación no se contempla porque no es negocio. En la Alfonso X los profesores a tiempo completo tienen una carga lectiva media de 12-13 horas por semana, a veces con asignaturas de los primeros y de los últimos cursos, lo cual no deja ningún tiempo para una posible investigación, a pesar de la fuerte vocación de algunos de ellos. Esto es lo que hay. Una anécdota interesante surgió en una charla con un colega (doctor por la Universidad Politécnica de Madrid) que manifestó dos opiniones curiosas, por lo contradictorias. Por un lado afirmó: "esto no es una universidad, esto es un negocio". Por otro, "es imposible que haya universidades privadas sin fines de lucro, porque si ello fuera así, ¿quién estaría interesado en crearlas?". Parece sorprendente que con cientos de graduados españoles en universidades privadas y públicas americanas (entre otros Rodrigo Rato, en la Universidad de California, Berkeley, la cual es pública), haya personas educadas en nuestro país que ignoren que todas las universidades privadas americanas de reconocido prestigio internacional no tienen fines de lucro.

            Para concluir, al cabo de ocho  años de existencia y de un éxito económico espectacular, aproximándose a los 11.000 alumnos, la situación está clara: apenas hay investigación (véanse los tres proyectos mencionados anteriormente). En el sitio de Internet de la universidad Alfonso X, [11] la expresión programas o proyectos de investigación no aparece, ni se menciona en el llamado ideario. Por tanto, esta empresa no contempla de forma seria una de las dos misiones fundamentales de la universidad: la investigación.

            Esta empresa puede contribuir positivamente a la sociedad en su calidad de colegio universitario, lo cual es legítimo. En Estados Unidos estas instituciones se denominan colleges. El nombre universidad debe reservarse para las instituciones que llevan a cabo las dos misiones fundamentales de docencia e investigación.

            Durante los primeros cinco años, las instalaciones deportivas se limitaron a las típicas pistas de cemento para practicar informalmente el baloncesto y fútbol sala. Para establecer una nueva licenciatura en ciencias de la actividad física y del deporte, se añadieron después un gimnasio, una pista de atletismo, un campo de fútbol y ocho canchas de tenis; otra inversión económica.

            Estos son los valores que se transmiten a nuestros estudiantes: los ideales altruistas no existen, sólo cuenta el dinero.

Si en España no creamos al menos algunas universidades públicas o privadas de nivel internacional, estaremos permanentemente  abocados a vivir del turismo, de las multinacionales del automóvil, de otras multinacionales que tan pronto les conviene cierran su fabricación en España (IBM, Hewlett-Packard, Lear), y la mayoría de nuestros flamantes graduados técnicos seguirán contribuyendo al acervo científico y tecnológico mundial vendiendo impresoras de Hewlett-Packard, o vendiendo estaciones de trabajo de Sun Microsystems..

 

 

La Universidad Camilo José Cela

 

Otro caso concreto que ilustra la cultura de la universidad-negocio es la Universidad Camilo José Cela. Esta empezó su andadura con el curso académico 2000-2001. Así como la Universidad Alfonso X dispone de un campus amplio y autocontenido en terrenos extensos cedidos por el Ayuntamiento de Villanueva de la Cañada, la universidad Camilo José Cela se ha construido en el corazón de la Urbanización Villafranca del Castillo, en medio de viviendas unifamiliares y en los mismos terrenos del Colegio SEK de primaria y secundaria y del club deportivo, a sólo 10 minutos de coche de la Alfonso X. El tener a niños de primaria y secundaria y a estudiantes universitarios juntos en el mismo campus reducido es, en palabras de un padre de alumnos del colegio SEK, "algo desconocido en el mundo occidental". Un verdadero desmán medioambiental y educativo, fruto de la creatividad de los empresarios españoles de la enseñanza. En mi opinión, la razón última de la ubicación de la Camilo José Cela en Villafranca del Castillo es que los dueños del Colegio SEK compraron el club deportivo de la urbanización hace unos años y, debido a la disminución del número de alumnos en el Colegio, quieren rentabilizar estos terrenos a toda costa con una universidad-negocio.

La secuencia de construcción de la planta física de esta universidad ha sido la siguiente: en principio había un club deportivo y un colegio, y luego se construyó una “universidad” en los terrenos adyacentes. Debido a esto, en la propaganda de la universidad, se mencionan las instalaciones deportivas de que dispone: tenis, pádel, squash, piscina cubierta, etc. Es probablemente la primera universidad del mundo que alardea de contar con instalaciones para  la práctica de la hípica.

Algunos de los objetivos propuestos para la universidad, en palabras del Rector-Accionista Principal, [12] son hacer de "la Psicopedagogía una dimensión clave de la Universidad ... Para los profesores (de los Colegios SEK) ... la posibilidad de formar parte del claustro universitario, será sin duda un factor motivador de primer orden que favorecerá el espíritu de superación en su trabajo".[13] Esto quiere decir simplemente que se pretende que algunos de los profesores del Colegio SEK de secundaria sean también profesores de la universidad, con lo cual se logrará una sinergia inusual.

            En una democracia como la nuestra no debiera  ser el papel de la Administración velar por la calidad de la enseñanza privada, una tarea muy difícil en el mejor de los casos, ya que tiene bastante con su responsabilidad directa de mejorar la calidad de las universidades públicas. La Constitución dice al respecto (Artículo 27-8): "Los poderes públicos inspeccionarán y homologarán el sistema educativo para garantizar el cumplimiento de las leyes", lo cual es lo bastante vago para permitir que sea la sociedad civil quién evalúe la calidad de las universidades privadas y tome las medidas oportunas al respecto cuando sea necesario (no enviando a sus hijos). Lo que sí es deber de la Administración es impedir la comisión de desmanes medioambientales y de organización educativa como el descrito (la coexistencia en un ámbito reducido de un Colegio de primaria y secundaria con una universidad). Tanto la Comunidad de Madrid como el Ayuntamiento de Villanueva de la Cañada han dado su apoyo a la ubicación de la Camilo José Cela en los terrenos de un colegio y un club deportivo, por medio de la elaboración de los planes urbanísticos y recalificaciones de terrenos necesarias (ha habido dos de estas últimas para permitir su construcción).

            Realmente hay muy poco que decir sobre esta “universidad”. Consta de una Escuela Superior de Arquitectura y Tecnología en la que se imparten estudios de arquitectura (superior y técnica) y de ingeniería informática. En la Facultad de Ciencias Sociales y de la Información hay titulaciones en Psicopedagogía, Psicología, Periodismo, Publicidad y Relaciones Públicas, etc.

            La Universidad de Stanford estableció desde su fundación a finales del siglo XIX un laboratorio de estudios del mar,  Hopkins Marine Station, en la costa del Pacífico en la península de Monterrey, situado a 90 millas al sur del campus de Stanford en Palo Alto. En España, la Universidad de Cádiz tiene una licenciatura en Ciencias del Mar con prácticas de campo, ya que el campus linda con el Parque Natural Bahía de Cádiz y está rodeado de una gran diversidad de habitats marinos: marismas y lagunas hipersalinas con gran riqueza de microorganismos marinos. La Universidad Camilo José Cela ha establecido una Cátedra de la Mar en el campus de la Urbanización Residencial Villafranca del Castillo, con estudios post-graduados que conducen a dos títulos de master: Master en Medio Ambiente Marino y Lucha contra la Contaminación Marina, y Master en Marina Deportiva. No se comprende el que haya una Cátedra de la Mar en medio de la meseta castellana, y esto es una muestra más del espíritu pionero y creativo de los empresarios de la enseñanza.

 



[1] Memoria Anual para el año 2000 de la Universidad Privada de Madrid S.A., la cual es la empresa propietaria de la Universidad Alfonso X El Sabio, en www.registradores.org (Memoria Anual 2000 en lo que sigue).

 

[2] www.uax.es, datos de septiembre de 2002. En de Miguel et. al., ob. cit., pág. 299, se cita un número de volúmenes para la biblioteca de la Alfonso X de 20.300.

 

[3] Association of Research Libraries, datos de 2001, véanse en: http://fisher.lib.virginia.edu/arl. El promedio de adquisiciones hechas por Harvard en el decenio 1992-2001 es de 324.455 volúmenes por año.

 

[4] Jesús M. de Miguel, Jordi Cäis y Elisabeth Vaquera, ob. cit., pág. 333.

 

[5] Jesús M. de Miguel, Jordi Cäis y Elisabeth Vaquera, ob. cit., pág. 299.

 

[6] www.uax.es  y Memoria Anual 2000.

 

[7] La dirección de la Alfonso X es bicéfala: el rector tiene ciertas responsabilidades académicas, pero los cuartos, todo lo relativo al talonario, el inicio de nuevas carreras  según su rentabilidad económica, etc., son responsabilidad exclusiva de la empresa y es ejercida por su presidente, el cual no tiene ningún cargo académico.

 

[8] Memoria Anual 2000.

 

[9] Memoria Anual 2000.

 

[10] George Orwell, 1984, Signet Classics, Nueva York, 1961. Véase el apéndice “The Principles of Newspeak”, en el que se describe un enguaje diseñado específicamente para la ocultación de la verdad.

 

[11] www.uax.es.

 

[12] Este obtuvo en 1997 un doctorado en Filosofía y Ciencias de la Educación en la Universidad Complutense de Madrid, condición necesaria para su autoproclamación como rector.

 

[13] Felipe Segovia Olmo, Rector de la Universidad Camilo José Cela, carta del 4 de noviembre de 1999.