JC: ¿Cómo resumirías
la Sociedad Max Planck? Tiene cosas que, con ojos españoles, son imposibles de
comprender. Por ejemplo, en España no
se comprende que una institución financiada en más del 90% con fondos públicos
no esté bajo el control absoluto de los políticos. Es decir, lo del viejo refrán:
quien paga manda.
MC: Exactamente. No
se comprende en casi ningún país, incluso no se comprende en Estados Unidos.
Porque el director de la National Science Foundation allí es un cargo
político, y cuando cambia el gobierno cambia su director. La Sociedad Max
Planck es un poco parecida a los laboratorios nacionales de los Estados Unidos.
JC: En los
laboratorios nacionales de los Estados Unidos nadie es funcionario público,
excepto en el antiguo National
Bureau of Standards, hoy llamado National Institute of Science and
Technology, que es un centro del Ministerio de Comercio. Sus científicos e
ingenieros son funcionarios públicos, porque tienen unas misiones muy
específicas.
MC: Antes de
casarme, tuve un amigo en Harvard que trabaja ahora en una institución
denominada National Institute of Justice. Hacen investigación sobre la
justicia y estudian cosas muy interesantes, por ejemplo, la relación entre la
arquitectura y la delincuencia. Es un organismo del Ministerio de Justicia y, por supuesto, cuando cambian al ministro,
éste cambia al director de este instituto. Pero los individuos que trabajan en
él son funcionarios públicos.
JC: O sea que la Max
Planck tiene una autonomía muy grande con respecto a los estados (lander).
MC: Claro, porque
tiene un cierto prestigio, aunque el nivel ha bajado bastante; pero como en 10
años han construido 17 institutos en la antigua Alemania del Este, a nivel
político han recobrado el prestigio. No se cómo se van a juzgar estos
institutos científicamente dentro de veinte años, esto es otra cosa.
JC: Por eso debemos
señalar las diferencias, en el CNRS no se mueve una ficha sin las firmas del
Presidente de la República, del Primer Ministro, del Ministro de Educación, del
Ministro de Investigación y Ciencia, y del Ministro de Hacienda. Y lo mismo en
el CSIC.
MC: Esto ciertamente
no es el caso en la Sociedad Max Planck. Aunque cambie el gobierno federal o el
de los estados, el presidente de la sociedad no cambia. No pasa nada, en el
Senado de la Max Planck hay 50 personas.
El Ministro de Educación Federal y el Ministro de Educación de algún estado son
miembros natos del Senado de la Sociedad Max Planck. Si hay un cambio de
gobierno, pues eso, cambian a unos pocos miembros del senado y no pasa nada.
Por tanto los políticos no tienen ninguna posibilidad de echar al presidente
porque, además, éste es nombrado por un período de tiempo fijo. Puede que no
fuera reelegido, pero no puede ser destituido, porque el Senado no cambia
apreciablemente cuando cambia el gobierno.
JC: A ver si puedo
comprender bien la cuestión del presupuesto. Al presupuesto contribuyen el
gobierno federal y el gobierno de los estados y eso va a un fondo unificado
central, desde donde se distribuye entre los institutos de la Sociedad.
MC: Hasta cierto
punto, se distribuye de una forma anti-elitista y anti-rendimiento. Normalmente
se concede un presupuesto igual al del año anterior, más la inflación y un
poquito más. Dentro de los institutos, se distribuye por el sistema de café
para todo el mundo. Si algún departamento necesita algo especial en algún
momento, o si el director es nuevo, y hace falta un presupuesto especial por el
motivo que sea, entonces se negocia
entre los departamentos para tratar de resolver esta situación especial.