La Universidad Antonio de Nebrija

 

            Esta es una universidad joven que ha empezado su andadura hace sólo seis años; sin embargo, ya ha ganado un reconocido prestigio porque ocupa el puesto noveno en el ranking de las universidades públicas y privadas españolas.[1]

Es una universidad laica cuyos orígenes se remontan al Centro de Estudios Hispánicos Antonio de Nebrija, el cual comenzó hace 16 años a impartir cursos a universitarios norteamericanos que venían a Madrid en su tercer año de estudios, para adquirir formación en lengua y cultura españolas, y áreas afines.

A finales de los 80, después de que España entrara en la Comunidad Europea, hubo unas subvencionas generosas de la Comunidad que permitió al Centro Nebrija iniciar unos programas master con títulos propios en estudios europeos, dirección de empresas y áreas afines. Esos dos núcleos, los programas master financiados por la Comunidad Económica Europea y los programas de lengua y cultura españolas, ofrecieron la posibilidad de llevar a cabo un proyecto de universidad. En el año 1991 se empezó a diseñar el proyecto, y fue presentado al ministerio en 1992. La Nebrija no contaba con muchos recursos, pero sí con una cierta experiencia de docencia universitaria. Fue la calidad de esta docencia, en programas conducentes a títulos privados primero y luego a títulos oficiales, la que hizo posible atraer a los alumnos hasta lograr la realidad actual. El proyecto prevé un máximo de 4.000 estudiantes, con clases muy reducidas para facilitar al máximo la comunicación e interacción entre profesores y alumnos.

Una vez que los promotores perfilaron el proyecto de una universidad sin fines de lucro y con un objetivo decidido de lograr la excelencia, tuvieron que enfrentarse con la realidad de nuestro país, es decir, con la tradición de que el Estado debe controlarlo todo.

Inicialmente, se planteó al ministerio de educación que la universidad tuviera una estructura de fundación. Pero en 1992 el ministro de entonces, el Sr. Perez Rubalcaba, dijo específicamente que las fundaciones tenían que estar bajo el protectorado de un ministerio. Si la fundación no tuviera una gran capitalización inicial, él no consideraba que esa fuera la figura jurídica adecuada para constituir la universidad, porque si el proyecto no resultaba bien, el Estado no podría exigir responsabilidades personales a los promotores. Así que fue el propio gobierno quién impuso una estructura societaria, para que sus accionistas tuvieran de forma clara tanto la propiedad como la responsabilidad de la universidad, en el caso de que el proyecto educativo no tuviera éxito.

En aquel momento, el Estado quería decir que si, por ejemplo, la universidad tuviera 2.000 alumnos y no generara los recursos suficientes para seguir adelante con el proyecto y éste se abandonaba, entonces el Estado se sentía responsable de que esos alumnos pudieran terminar sus carreras. El gobierno temía que si la universidad no cuajaba, al ser una fundación, los alumnos podrían reclamar al protector (el ministerio) que se hiciera cargo de la situación poniendo los recursos necesarios. Los fondos propios iniciales de la fundación no eran suficientes para garantizar el proyecto en el sentido descrito.

               Nótese que esto no es una crítica al gobierno socialista, que fue el que aprobó la ley de 1991 permitiendo la creación de universidades privadas. Es una crítica a la tradición de control de la sociedad civil por parte del Estado, mantenida por todos los gobiernos, democráticos o dictatoriales, a lo largo de nuestra historia.

            La nueva ley de fundaciones, promulgada en diciembre de 2002, no es lo suficientemente flexible para satisfacer las necesidades de la sociedad. Sigue reflejando una desconfianza muy grande con respecto a la circulación de fondos altruistas importantes que no estén controlados por el Estado. Todas las fundaciones de ámbito estatal están sometidas al control del “Protectorado”, es decir, de la Administración General del Estado. En el artículo 34.1 de la ley se establece: “El Protectorado velará por el correcto ejercicio del derecho de fundación y por la legalidad de la constitución y funcionamiento de las fundaciones.” Esto refleja la tradición española del control estatal de la sociedad civil. En efecto, se presupone la tendencia de las fundaciones a la ilegalidad, por lo que requieren un vigilante estatal para evitarla. Lo lógico y lo eficaz sería que las fundaciones pudiesen actuar libremente bajo el imperativo de la ley y, en particular, bajo estrictas medidas fiscales diseñadas específicamente para ellas. La inspección de hacienda velaría cada año por el cumplimiento de las normas, sin la necesidad del control preventivo por parte del “Protectorado”. 

            En contraste, en Estados Unidos el funcionamiento y fiscalidad de las fundaciones son sencillos y transparentes. Tienen una normativa fiscal específica cuyo cumplimiento es responsabilidad del servicio de impuestos (IRS) del Ministerio de Hacienda. Por ejemplo, la Fundación de Bill Gates tiene un patrimonio de $24.000 millones, el cual está invertido en bonos del tesoro y otros instrumentos de este tipo. Una de las normas principales es que la Fundación tiene que gastar anualmente el 5% de su capital en sus fines propios (medicina y educación). La Fundación tiene que buscar, aprobar y financiar proyectos en estas áreas todos los años, los cuales no pueden ser llevados a cabo por la misma Fundación sino por otras instituciones sin fines de lucro.  La Fundación Gates, en efecto, distribuye fondos a otras instituciones no lucrativas y, de esta forma, da apoyo financiero a proyectos importantes de nutrición infantil y de lucha contra la mortalidad infantil, el SIDA, la malaria y la tuberculosis en el Tercer Mundo, cuyo presupuesto anual es de $600 millones. Las donaciones totales desde su comienzo en 1994 ascienden a $4.800 millones. Toda esta complejidad no podría manejarse con eficacia si la fundación tuviera que estar bajo el  “protectorado” del gobierno de Washington.

Dadas las circunstancias descritas en la fundación de la universidad Antonio de Nebrija, se adoptó una estructura jurídica compleja para la misma. Hay tres sociedades que en principio podrían distribuir beneficios, y una fundación; las cuatro instituciones funcionan de forma integrada. Hasta el momento, las sociedades no han distribuido ningún beneficio. En la planificación estratégica que se extiende hasta el año 2010, tampoco está previsto que lo hagan. A partir de ese momento, dependerá de la estructura jurídica final que adopte la universidad. Por decisión del Patronato de la Universidad, ésta no tiene la capacidad de solicitar préstamos bancarios. La única posibilidad de obtener recursos es mediante la emisión de acciones o de obligaciones convertibles en acciones, que son suscritas por las personas que quieren apoyar la universidad. Por esto, en el presente es necesaria mantener la estructura compleja de las tres sociedades y de la fundación, todas las cuales funcionan de forma integrada.

O sea que en los seis ya años trascurridos y en los ocho restantes del plan estratégico que cubre hasta el 2010, no se prevé ninguna distribución de beneficios. Obviamente, los fundadores de la universidad no la han establecido como un negocio. Esto está bastante claro.

 

 

Los estudios. Los programas de estudios se integran en cuatro facultades: Facultad de Lenguas Aplicadas y Humanidades; Facultad de Ciencias Jurídicas, Económicas y Empresariales; Facultad de Ciencias de la Comunicación; y Escuela Politécnica Superior de Ingeniería.

            La universidad concede títulos oficiales: diplomaturas y licenciaturas en filología inglesa, ciencias empresariales, derecho, periodismo, publicidad y relaciones públicas, etc.; ingenierías técnicas y superiores en las áreas de informática y de ingeniería industrial; y una serie de títulos propios, no oficiales, a nivel de master.

            La voluntad de impulsar la investigación introduciendo programas de doctorado estuvo desde el principio presente en el ánimo de los fundadores. En el proyecto inicial de universidad presentado en 1992, se preveía que hasta el año 2000 se pondrían en marcha una serie de titulaciones de primer y segundo ciclo universitario, lo que en España se conoce como carreras universitarias, y que a partir del año 2000 cada dos años se introduciría un programa de doctorado de prestigio en estas mismas áreas. En el 2000, se puso en marcha un doctorado en lingüística aplicada a la enseñanza del español como lengua extranjera, a partir de unos programas prestigiosos de master ya existentes en esta misma área. También en el 2000 por indicación y de acuerdo con la Organización Mundial del Turismo, se ha puesto en marcha un doctorado en turismo en colaboración con universidades extranjeras que tienen programas prestigiosos en esta disciplina. En otoño del 2002, se iniciará un programa de doctorado en el área de economía y dirección internacional de empresas, basado en una cátedra que lleva funcionando dos años con el apoyo de varias empresas, y que se espera aporte un doctorado de prestigio en beneficio de estas empresas y del conjunto de la sociedad española.

            Se echa a faltar la presencia de una Facultad de Ciencias con física, química, biología, matemáticas, etc. Por lo menos hasta el 2010, en la Nebrija no hay planes para desarrollar áreas de conocimiento distintas a las actuales. Una universidad laica e independiente como la Nebrija tiene que  elegir áreas de conocimiento de forma muy cuidadosa, porque la sociedad civil española no está dispuesta a sufragar actividades en áreas con poca demanda social.

 

 

La financiación. Hasta ahora, las universidades privadas en España se han financiado principalmente con las matrículas que pagan los estudiantes, o con ayudas de empresas que están dispuestas a apoyar programas de investigación aplicada en áreas que tengan una utilidad clara para dichas empresas, y en un plazo relativamente corto. En España no hay programas bien establecidos a través de los cuales organismos oficiales como las comunidades autónomas financien una parte de la investigación científica en universidades privadas, por medio de contratos de investigación. Las universidades públicas sí disponen de estas ayudas. Dejando aparte las universidades de la Iglesia que llevan ya bastantes años funcionando, las universidades privadas laicas son todavía de reciente creación, y es posible que con el paso del tiempo los poderes públicos reconozcan su labor y empiecen a apoyarlas en campos de investigación bien definidos y de interés general. Con la mentalidad social existente, esto todavía es prematuro. Sería deseable que en un futuro no muy lejano, en España se hablara de  universidades buenas, regulares y malas, sin hacer mención de su titularidad, pública o privada (confesional o laica).

               La financiación de la Nebrija procede en un 70% de las matrículas de los alumnos, y el 30% procede de ayudas empresariales, programas de investigación o de servicios de otra índole que presta la universidad. En el plan estratégico de la universidad, se prevé que las contribuciones de las matrículas disminuyan por debajo del 70% actual. Esto es un proceso lento, y habrá que ir avanzando progresivamente.

            El tema de la fiscalidad es muy complejo, porque el pequeño desarrollo que hay en España de la ley de fundaciones no permite acceder con una fiscalidad preferente a fondos privados, sino que tanto las empresas donantes como las  fundaciones receptoras están sujetas a una fiscalidad excesiva. No sólo con respecto al  impuesto de sociedades a que están sujetas las fundaciones, sino también con respecto al IVA. Lo curioso es que las universidades privadas están exentas de cobrarlo, pero no de pagarlo. Por ejemplo, si se hace una inversión de 100 millones de pesetas en un edificio, ordenadores, etc., hay que pagar 16 millones de IVA, sin posibilidad de  recuperarlos. Esto encarece en un 16% cualquier actividad necesaria para el desarrollo de los recursos educativos. Un tratamiento fiscal apropiado para facilitar el desarrollo de las universidades privadas no está ni siquiera estudiado en el presente. Estas tienen que soportar el IVA, y otros impuestos como el de bienes inmuebles, los cuales son municipales. Estos últimos dependen de la voluntad  de los ayuntamientos de favorecer a las universidades privadas en ellos radicadas. Sería deseable y beneficioso para todo el país que hubiera una legislación específica que mejorase el tratamiento fiscal de las universidades privadas.

            Por todo esto, en España todavía no es fácil conseguir patrocinadores que concedan ayudas económicas importantes a las universidades privadas. La Nebrija tiene en la actualidad el proyecto de construir un nuevo edificio docente de 3.000 m2, y le está costando mucho esfuerzo reunir el dinero necesario, porque una gran parte del mismo procede de los ingresos generados por la actividad docente.

            Esto conduce naturalmente a la cuestión de por qué las fundaciones como la Ramón Areces, la Juan March, etc., no prestan un apoyo significativo a las universidades privadas. Quizás sea debido a que los órganos asesores de estas fundaciones estén dominados por catedráticos de las universidades públicas, que por razones corporativas no favorecen precisamente a las universidades privadas. Pero creo que estas fundaciones ayudarían mucho más al país y a las nuevas generaciones si volcaran sus actuaciones en el apoyo a las universidades privadas.

 

Los profesores.  La cuestión de las categorías de los profesores en las universidades privadas es resuelta por cada universidad con criterios propios. No obstante, la situación se complica considerablemente por la existencia de convenios colectivos sectoriales que cubren a todas las universidades privadas por igual. Estos convenios definen un galimatías de categorías de profesores. En todo este libro, he argumentado a favor de la diferenciación de las universidades por su calidad. Por esta razón, si los profesores estiman necesario sindicarse para mejorar sus condiciones salariales y de trabajo por medio de la negociación, deberían hacerlo dentro del ámbito de cada universidad. He sido testigo de situaciones en las que las condiciones de trabajo en una universidad privada acordadas entre sus profesores (a través del comité de empresa) y su administración cambiaron a peor, como consecuencia de la publicación del convenio colectivo sectorial, el cual contenía condiciones peores que las existentes en dicha universidad. Apenas puede concebirse una situación mas anti-democrática, en la que unas instancias burocráticas superiores (patronal de la enseñanza y sindicatos) negocian condiciones de trabajo a espaldas de los profesores y otro personal interesados. Por todo esto, no quiero entrar en la cuestión de las categorías de profesores en la Nebrija, la cual es compleja por las razones aducidas.

La selección de los profesores es individualizada. Cuando hay una plaza libre, se anuncia. Una vez que el departamento de recursos humanos hace la preselección, se crea un comité interno, normalmente con tres miembros, que hace una valoración de los candidatos finales. Se hace una lista con los tres candidatos más calificados, y se pasa al proceso siguiente, que consiste en negociar con los candidatos en el orden de su clasificación (primero, segundo, tercero). Se le ofrecen las condiciones económicas y las perspectivas de desarrollo de carrera profesional. Hay unas tablas salariales que se usan como punto de partida para fijar el sueldo inicial. A partir de ahí, se hace un seguimiento individualizado del trabajo del profesor para revisar el salario; esto es más justo y adecuado que fijar las condiciones por medio de un convenio colectivo. La revisión del sueldo se hace al cumplirse el año después de la contratación.

            Este comité interno de tres miembros propone al Rector para su nombramiento al mejor de los candidatos. La decisión final de contratación corresponde al Rector. Este tiene poder de veto, tanto en los casos de contratación externa como en los de promoción interna de profesores. El Rector normalmente aprueba la propuesta del tribunal o comité, pero hay casos en que no la acepta. En los casos de promoción de un profesor a una mayor categoría académica, el tribunal suele incorporar a un profesor de otra universidad, e incluso a un miembro del patronato de la universidad, que no forma parte de la comunidad académica interna. Esto se está convirtiendo en la práctica habitual, es decir, el tribunal de promoción tiene cinco miembros, tres profesores de la Nebrija, un profesor externo y un miembro del patronato.        

            El cuerpo de profesores  de la Nebrija es muy diverso.  Procede de universidades emblemáticas españolas, públicas y privadas, y bastantes son graduados de universidades extranjeras, inglesas, irlandesas, alemanas y norteamericanas. La Nebrija ha conseguido del ministerio la autorización de contratar a doctores de universidades extranjeras, cuyos títulos son reconocidos por la propia universidad, sin que éstos tengan que pasar por el proceso kafkiano de su “homologación” por los burócratas sin rostro del ministerio.

 

 

Los alumnos. En la selección de alumnos la Nebrija aplica dos criterios claros. Por un lado, quiere asegurarse de que los alumnos sean capaces de realizar el nivel de esfuerzo necesario para seguir los estudios, y  por tanto deben tener la capacidad intelectual requerida para ello. Al mismo tiempo, se pretende que sus estudiantes representen dignamente a la universidad, una vez terminados los estudios. Se admite a los alumnos que puedan llevar con orgullo el nombre de Nebrija, una vez graduados. Para lograr esto, la Nebrija es probablemente la única universidad de España que, una vez terminado el proceso de admisión, publica las pruebas de admisión y las distribuye en los colegios y otras instituciones. De esta forma los estudiantes que quieran solicitar la admisión al año siguiente, conozcan cuáles han sido las pruebas de admisión del año anterior. Esto les permite prepararse y también valorar si creen que van a superarlas.

Las pruebas tienen tres apartados. Una es una prueba de madurez y capacidad intelectual general. Otra es específica para la carrera que quiere cursar el estudiante. La otra es una prueba de idiomas y de capacidad de comunicación. Una vez puntuadas, el proceso culmina siempre con una entrevista personal. Así que se obtiene una puntuación final para la que ha contado también la entrevista. Si esta puntuación es la adecuada, se admite al estudiante; de otro modo, se le rechaza. Este es un proceso que se observa con rigor. Por ejemplo, puede haber un área, como filología inglesa, para la que hay 30 plazas abiertas. Pues aunque haya un número de solicitantes mayor de 30, si sólo superan las pruebas de admisión 18 o 20 estudiantes, éstos son los que se admiten y el resto de plazas quedan vacantes. Porque estos 18 o 20 son los estudiantes que la universidad juzga que pueden seguir con éxito el proceso educativo, y que además representarán dignamente a la universidad una vez que terminen sus estudios. En España es muy necesario desarrollar esta capacidad de las universidades de seleccionar a sus estudiantes. La Nebrija nunca ha renunciado a este principio, y tiene probablemente el  proceso más elaborado de selección de alumnos.

Según testimonio del Rector, Manuel Villa Cellino,[2] en los años que lleva  en el rectorado, no ha habido ningún estudiante que no haya podido estudiar en Nebrija por falta de recursos económicos. Todo estudiante con un nivel de notas superior a notable en el bachillerato y que por medio de las pruebas de selección es considerado un candidato idóneo, si no tiene los medios económicos suficientes, puede estudiar en la Nebrija por el mismo coste que en una universidad pública. Esa financiación corre a cargo de la Fundación Antonio de Nebrija. Ya sea por medio de una beca y/o por medio de un préstamo reembolsable después de terminar los estudios, todos los estudiantes capacitados han podido estudiar en la Nebrija. Esto es importante para educar a los alumnos a asumir sus  responsabilidades. Obtendrán un título valioso en una universidad que les ayudará a conseguir trabajo con relativa facilidad. Son oportunidades ganadas a través de la contrapartida del esfuerzo personal. Esto no es una situación excepcional en la Nebrija. En otras universidades privadas como San Pablo CEU, la Universidad de Comillas, la de Deusto, la de Navarra, hay sistemas de becas y de préstamos personales que permiten a cualquier estudiante de nivel económico bajo estudiar en las mismas.

Según el Rector, la selección que el mundo profesional hace de los graduados universitarios está avanzando progresivamente hacia el reconocimiento de la calidad de los graduados de las distintas universidades; pero este avance se produce con lentitud, puesto que las universidades privadas sólo imparten un 6% de la docencia universitaria en España. Y naturalmente muchas universidades no están interesadas en que se analice la calidad de los graduados que generan. Lo que se ve desde la Nebrija es que la calidad cuenta, ya que no tiene ningún problema por lo que respecta a la inserción de sus graduados en el mundo laboral: todos consiguen empleo muy rápidamente. Para muchos ciudadanos, la garantía que ofrece el Estado es todavía muy alta, y se sienten cómodos con un título universitario oficial. Pero esto no va a impedir que se siga avanzando en el proceso de colocación de los graduados según la calidad de las universidades, y que esta inserción laboral sea una de las principales medidas de la calidad de cada universidad.

 

 

Folklore. El afán de la Nebrija por establecer vínculos permanentes con sus antiguos alumnos se manifiesta en la Asociación de Antiguos Alumnos; ésta celebra reuniones anuales, seminarios, y ciclos de formación continua. Existe también una Asociación de Amigos de la Universidad formada por personas que voluntariamente quieren pertenecer a ella por afinidad con sus objetivos. Sus miembros reciben periódicamente información sobre la marcha de la universidad y pagan una pequeña cuota; pueden beneficiarse de determinados servicios que presta la universidad. Hay también una Asociación de Profesores y Personal la cual, al margen de los vínculos jerárquicos, relaciona a los profesores de la Nebrija entre si y con los profesores de las universidades extranjeras con las que colabora; también relaciona a los profesores que investigan en las mismas áreas. Esto facilita las estancias de profesores de la Nebrija en las universidades extranjeras asociadas y recíprocamente. Hay otra asociación que es muy importante, la de empresas y entidades patrocinadoras de la universidad. Estas tienen una relación de trabajo con la universidad y en muchas ocasiones financian una parte de su actividad, en otras son receptoras de los estudiantes, bien durante los períodos de prácticas durante la carrera o bien al terminar los estudios. La universidad tiene convenios firmados con más de 600 empresas; esto es vital para que la universidad esté integrada en el tejido social del país, y al mismo tiempo para recibir ayudas importantes para su desarrollo.

La Nebrija tiene una planificación para un período de ocho años en el futuro. En el horizonte del 2010, se plantea alcanzar tres objetivos. El primero es haber establecido doctorados de calidad en todas sus áreas actuales de conocimiento, y de este modo añadir una tradición investigadora de calidad a la de su docencia, la cual ya goza de reconocido prestigio. El segundo objetivo es decidir en ese momento si se deben iniciar actividades en áreas de conocimiento distintas a las actuales. El tercer objetivo es lograr que el número de estudiantes que solicitan plaza sea considerablemente mayor al de plazas disponibles, con el fin de aumentar la capacidad de selección de los mejores estudiantes.[3] Y lo mismo con respecto al número de candidatos profesores que quieran formar parte de la institución. En ese horizonte del 2010, cuando la universidad habrá cumplido 15 años de docencia, se espera haber establecido la velocidad de crucero de una institución en la que los niveles actuales de calidad no sólo se mantienen sino que aumentan.

 



[1] Jesús M. De Miguel, Jordi Cäis y Elisabeth Vaquera, ob. cit., pág. 333.

[2] Manuel Villa Cellino, Rector de la Universidad Antonio de Nebrija, comunicación privada, abril de 2002.

[3] Como referencia, Harvard recibe  unas 19.000 solicitudes para sus 2.000  plazas anuales en el college, es decir, admite al 10% de los solicitantes.