Organización del Consejo y
del CNRS
Las afirmaciones a continuación se
refieren siempre a las estructuras funcionariales y burocráticas, nunca a
aquellos investigadores individuales de gran calidad internacional que hay en
el Consejo. Estos últimos no son responsables de trabajar en una organización
burocrática, puesto que esto es lo único que hay (the only game in town).
Estructura del personal en el Consejo y en el CNRS. Es simplemente una
aberración organizar la investigación y desarrollo tecnológico de un país por
medio de un cuerpo de funcionarios que forman parte de la Administración del
Estado.[1]
Un investigador es la antítesis de un funcionario. Un funcionario anhela las
categorías y clasificaciones y aspira a alcanzar la máxima categoría, en el
caso del Consejo la de profesor de investigación, cargo que se detentará
en propiedad hasta el retiro.[2]
Un científico aspira a hacer descubrimientos extraordinarios que sean
reconocidos como tales por sus pares y que despierten su admiración. En
general, un científico con un doctorado en una buena universidad está en
condiciones de hacer contribuciones extraordinarias en cualquier momento de su
carrera. No queremos entrar en el tema complejo de la creatividad y la edad del
investigador. Por esto un principio universalmente aceptado por la comunidad
científica mundial es que, una vez comenzada la carrera investigadora, todos
los científicos pueden tener a priori un potencial creativo
importante en un plazo de tiempo no determinable, que no debe ser limitado por
categorías ni otras consideraciones burocráticas; todo esto resulta en que la
única categoría mundialmente reconocida es: científico o investigador.
Otras
categorías del Consejo en orden descendente son: investigadores científicos,
científicos titulares, titulados superiores especializados, titulados técnicos
especializados, ayudantes de investigación y auxiliares de investigación. Luego
viene la retahíla del personal funcionario, personal laboral y personal
contratado y, finalmente, distintas combinaciones entre las distintas
categorías. No entramos en el arcano de los becarios, con su lucha permanente para
colocarse dentro de la burocracia. Hay que deplorar la inflexibilidad de la
burocracia, por la que cada miembro del Consejo está clasificado rígidamente
por categoría, la cual no corresponde en todos los casos a los méritos y logros
individuales, ya que la antigüedad y las conexiones familiares directas
siguen teniendo peso en los ascensos.
La estructura de personal del CNRS está especificada
en un decreto del 27 de diciembre de 1984 (con actualizaciones posteriores). El
cuerpo de funcionarios del CNRS consta de 18 categorías, y dentro de los
investigadores hay dos clasificaciones: directores de investigación y
encargados de investigación. Luego hay un grupo genérico de personal denominado
ITA (siglas que designan ingenieros, técnicos y administrativos), en el que
figuran los ingenieros de investigación y los ingenieros de estudios, y por
último viene una maraña impenetrable de categorías inferiores.
Estas estructuras funcionariales de
personal hacen muy difícil la libertad de investigación del personal joven, el
reconocimiento del mérito, y roban al sistema de toda flexibilidad. De hecho,
las categorías de personal en los mejores centros no universitarios de
investigación del mundo son: científicos, ingenieros, técnicos y personal
administrativo. El nivel dentro de cada categoría se establece de forma
natural, sin que haya que especificarlo con títulos, y se reconoce en los
sueldos individuales basados en el mérito. Los grupos de investigación se
forman espontáneamente, y la ausencia de una estructura jerárquica formal
(aunque hay una estructura real no escrita) hace posible el cambio y la
adaptación dinámica y flexible de los grupos y sus jefes a las situaciones
cambiantes.
Cuando se
organiza un centro internacional de investigación como la European Synchrotron Research Facility en Grenoble, es
imposible contemplar la utilización del laberinto de clasificaciones laborales
del Consejo o del CNRS. Las categorías de personal existentes son las arriba
señaladas: científicos, ingenieros, técnicos y personal administrativo. Dentro
de la categoría de científicos, las diferencias salariales llegan al 60% y en
la de ingenieros, al 100%. Estas diferencias pueden cambiarse cuando la
dirección del laboratorio lo estime oportuno, siempre dentro del presupuesto
global de gastos de personal. Para hacer lo mismo en el Consejo, sería
necesario que el Consejo de Ministros elaborara un nuevo estatuto y promulgara
un nuevo Real Decreto.
La estulticia
de las organizaciones funcionariales de investigación se pone de manifiesto en
el CNRS con respecto a la reglamentación demencial de la jornada de
trabajo, para cumplir escrupulosamente
la nueva ley de la semana de 35 horas. Para satisfacer la norma general de
1.600 horas de trabajo anuales, que resultan de las 35 horas semanales, las
ocho fiestas nacionales y los 25 días laborables de vacaciones, y dado que el personal del CNRS tiene el privilegio
especial de 32 días laborables de vacaciones (algo más de 6 semanas efectivas),
el departamento de recursos humanos ha realizado unos cálculos kafkianos cuyo
resultado es un semana laboral de 36 horas y 11 minutos.[3]
Esto choca
frontalmente con la mentalidad de todos los científicos con vocación,
los cuales en las fases críticas y estimulantes de una investigación no
consideran horarios ni cuentan las horas de trabajo. Doy dos ejemplos
pertinentes. El primero es el de un científico, Maurice Allais, francés, premio Nobel de Economía de 1988,
graduado de l’Ecole Polytechnique. Exponente de la excelente formación recibida
en esta institución, llevó a cabo también estudios teóricos y experimentales
sobre la gravedad, por los que en 1959 recibió premios de la Sociedad
Astronáutica Francesa y de la Fundación Americana para la Investigación de la
Gravedad. Durante 1941-1948 tuvo un puesto administrativo en el Bureau des
Mines de Paris, llegando a ser el Director. En este período empieza a
investigar y a publicar sus libros importantes de economía. En sus propias
palabras: “durante esta época, trabajé muy duro, no menos de 80 horas por semana.”[4]
Otro ejemplo es
el de Abdus Salam, pakistaní, doctorado en la Universidad de Cambridge, premio
Nobel de Física de 1979, profesor del Imperial College de Londres y
director-fundador del Centro Internacional de Física Teórica de Trieste. En su
breve biografía, publicada en el portal de Internet de la Fundación Nobel, se
afirma: ”para llevar a cabo el volumen increíble de sus actividades, el
Profesor Salam suprime todo lo que no considera esencial, vacaciones, fiestas y
otros entretenimientos. Ante este ejemplo, el personal del Centro (de Trieste)
ve muy difícil quejarse de que están sobrecargados de trabajo.”
En el
establecimiento científico español, hay sectores importantes que reconocen la
maldad del sistema funcionarial en las universidades y centros públicos de
investigación. Cito algunos ejemplos.
En el informe
especial escrito para la Generalitat de Catalunya por la Comisión de Reflexión
sobre el Futuro del Ambito Universitario Catalán, presidida por el Dr. Ramón
Pascual, y en el contexto de la
selección de profesores universitarios, se afirma: “La selección (de
profesores)[5] deberá
permitir que las universidades se organicen de la manera más eficiente posible
para cumplir sus funciones. La Comisión considera que estas premisas son
incompatibles con la uniformidad y rigidez del sistema funcionarial del
personal.”[6]
Mariano
Barbacid, director del Centro
Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), está planificando una
estructura laboral de investigadores basada en el principio siguiente: “en el
CNIO no habrá investigadores con plaza fija (funcionarios) que se
puedan permitir el lujo de tocarse las narices de por vida...”[7]
Mariano
Esteban, Director del Centro Nacional de Biotecnología (CNB) del CSIC, afirma:
“actualmente trabajamos en el CNB 496 personas, de las cuales cerca de un 10%
es personal científico extranjero, becarios y post-doctorales de 23 países que
representan los cinco continentes. El personal funcionario es sólo un 14%
del total.”[8]
Si hay un
consenso de que la estructura funcionarial en las universidades y en los
organismos públicos de investigación es algo así como la peste, ¿por qué el
gobierno no la erradica de una vez?.
El Estado por
supuesto requiere funcionarios para actividades permanentes y sobre todo muy
específicas: jueces, militares, policías, empleados de correos, etc. En
Estados Unidos también hay funcionarios, incluso en organismos públicos de
tecnología. El ejemplo más pertinente es el del National Institute of
Standards and Technology (NIST) (antiguamente National Bureau of
Standards), un organismo público de 100 años de edad, cuya misión principal
es llevar a cabo investigación aplicada en cuestiones como el desarrollo de
patrones y métodos de medida, estándares industriales de calidad, tablas de
funciones matemáticas y métodos numéricos, y tecnología industrial. Algunos de
sus logros se enumeran a continuación.[9]
En la segunda
guerra mundial, el NIST desarrolló pruebas físicas y químicas con las que
obtener caucho sintético de calidad estándar.
A mediados del
siglo XX, se convirtieron en los máximos expertos en ingeniería criogénica y
construyeron la máquina más grande del mundo para la producción de hidrógeno
líquido. Esta máquina produjo el hidrógeno líquido para la primera bomba de
hidrógeno. Asimismo produjeron los datos necesarios para el uso de hidrógeno
líquido como combustible en los cohetes de la NASA. Por último, colaboraron en
la construcción de la cámara de burbujas con hidrógeno líquido para estudios
experimentales de física nuclear en la Universidad de California, Berkeley,
utilizada por Luis Alvarez en la investigación con la que ganó el premio Nobel de Física.
Construyeron la
primera máquina lectora basada en el reconocimiento óptico de caracteres.
Hicieron el
trabajo pionero en la utilización de la radiación del sincrotrón, producida
cuando los electrones son acelerados en un campo magnético. Esta técnica es hoy
fundamental y tiene múltiples usos, por ejemplo, el análisis de la estructura
de proteínas como base para el desarrollo de nuevos fármacos.
Quizás el éxito
editorial científico mayor de la historia es el clásico Handbook of
Mathematical Functions, editado por Milton Abramowitz e Irene A. Stegun,
publicado por el NIST por primera vez en 1964. Las ventas totales de las
ediciones sucesivas (la última en 1999) alcanzan unos 600.000 ejemplares. Todo
científico que usa matemáticas ha utilizado este libro, en el que se describen
y se tabulan las funciones matemáticas más importantes.
Por último
citamos el trabajo de William D. Phillips que ganó el premio Nobel de Física en
1997, por el desarrollo de métodos para enfriar y atrapar átomos con luz láser.
Estas investigaciones han permitido la construcción de uno de los relojes más
exactos del mundo, el NIST F-1, con el que se mantiene el patrón de tiempo en
los Estados Unidos.
El NIST tiene
también como misión concreta la mejora de la productividad y la capacidad
comercial de las pequeñas empresas. Esto se consigue por medio de una red
nacional de centros locales que prestan asistencia técnica y comercial a
empresas pequeñas de fabricación, y por medio de programas de I+D en asociación con empresas privadas. Todos
estos objetivos tienen una aplicación tangible en la economía del país.
Si me he extendido
en la descripción de algunas de las facetas del NIST es para señalar de forma
clara lo siguiente: una organización funcionarial de investigación y
tecnología sólo tiene sentido cuando su misión es la investigación aplicada
dirigida a la obtención de objetivos nacionales muy concretos.
Lo que no es
aceptable es tener una estructura funcionarial para realizar investigación
básica en todas las ramas del saber, sin objetivos definidos. La
investigación fundamental, sin objetivos definidos por instancias externas, es
la esfera propia de las universidades con investigación.
Después de décadas de existencia, un organismo público de investigación y desarrollo debe poder señalar con nombres y apellidos cuáles han sido sus contribuciones al país, y no decir: hemos publicado X artículos científicos con un índice de impacto Y.
[1] Las tradiciones
y cultura de un país perduran durante mucho tiempo, quizás siglos. Así como en
los Estados Unidos se mantiene viva la memoria de la Gran Depresión de los años
30 (véase el capítulo 3), en España persiste la mentalidad funcionarial. La
relativa debilidad de la sociedad civil en España puede comprenderse mejor si
se considera lo siguiente. A finales del siglo XIX, Santayana (ob. cit.,
pág. 215) describía así las ocupaciones de los españoles: “Nadie tenía
“dinero”. Había algunos grandes terratenientes, y otros más pequeños; había
médicos y abogados; y el resto de la clase media, incluidos los ingenieros,
profesores, militares y curas, eran funcionarios del gobierno y esperaban
pensiones, no sólo para sus viudas e hijos menores, sino también para las hijas
solteras para toda la vida.” A pesar de la incorporación masiva de la mujer al
trabajo, todavía hoy hay algunas pensiones vitalicias para huérfanas solteras.
Es vital erradicar la mentalidad funcionarial de aquellas personas que quieran
dedicarse a la investigación y el desarrollo.
[2] La ciencia y la
investigación son intrínsicamente internacionales, no conocen ni fronteras ni
nacionalidades. Los centros mundiales de excelencia se caracterizan, entre
otras cosas, por tener un número apreciable de miembros de distintas
nacionalidades. En el CNRS francés, a pesar de la burocracia, el porcentaje de
investigadores-funcionarios extranjeros es del orden del 10% (véase www.cnrs.fr).
¿Por qué en el Consejo apenas hay profesores de investigación extranjeros?
Porque estos puestos son empleos en la nómina del Estado que se detentan en
propiedad, y como tales propiedades pertenecen a alguien. Estas
propiedades no se dan ni se adquieren siempre por mérito, sino que a veces se
otorgan a familiares directos de los funcionarios (véase en www.csic.es el caso del Centro de Biología
Molecular “Severo Ochoa”, en cuyo personal investigador-funcionario figuran dos
hermanas y un hermano). Comentando este hecho con un profesor de Stanford, me
dijo: “esto, como en las universidades americanas, debería estar prohibido formalmente”,
es decir, independientemente de los posibles méritos individuales. Sólo
conocemos a un profesor de investigación extranjero, el historiador inglés
Henry Kamen, autor de una biografía reciente de Felipe II, Philip of Spain,
Yale University Press, 1997.
[3] Véase www.cnrs.fr.
[4] Véase el portal de Internet de la
Fundación Nobel, www.nobel.se.
[5] En las citas
textuales he añadido el texto entre paréntesis para lograr mayor claridad;
asimismo, para mayor énfasis, he puesto en cursiva algunas de las expresiones
del original.
[6] Por un nuevo
modelo de universidad, Informe de la Comisión de Reflexión sobre el Futuro
del Ambito Universitario Catalán, marzo 2001, pág. 13.
[7] Entrevista en
El País, 7 de enero de 2001.
[8] Mariano
Esteban, Papeles y Memorias de la Real Academia de Ciencias Morales y
Políticas, núm. IX, febrero 2001, pág. 160.
[9] www.nist.gov.