Las
patentes como medida del nivel tecnológico
Existe una gran cantidad de datos sobre patentes,
tanto nacionales como internacionales. Recientemente se ha creado la European
Patent Office para mantener un registro centralizado de patentes europeas.
Pero en la actualidad, la oficina más importante y con los datos históricos más
extensos (se remontan a 1790), es la United States Patent Office
(USPTO).[1]
Como toda invención científica o tecnológica de cualquier país con
posibilidades de explotación económica resulta en una solicitud de patente en
la USPTO, utilizo los datos de este
organismo sobre las patentes concedidas (no las solicitadas) para
obtener una radiografía del nivel tecnológico de España y de algunos países de
nuestro entorno.
Mi
objetivo es presentar los datos esenciales cuyo significado es transparente, y
no tablas extensas con multitud de parámetros que sólo dificultan la
comprensión. En la tabla siguiente se incluyen las patentes concedidas en el
período 1997-2001 a cuatro países europeos:
Tabla
1.1. Número de patentes concedidas por
la USPTO en 1997-2001
a
varios países europeos
|
Año |
España |
Suiza |
Francia |
Reino
Unido |
|
1997 1998 1999 2000 2001 |
97 203 146 153 173 |
1.446 1.395 1.549 1.610 1.894 |
2.753 3.448 3.491 3.702 4.054 |
843 1.171 2.209 2.590 2.731 |
|
Promedio
por año |
154 |
1.519 |
3.489 |
1.908 |
|
Promedio
por año por millón de habitantes |
4 |
208 |
59 |
32 |
El número de
habitantes de estos países (en millones) es: 40; 7,3; 59,3; 59,5.
Esta tabla contiene el número de
patentes concedidas a los países indicados, es decir, corresponden
a investigación y desarrollo realizados
en los países respectivos, lo cual es la medida más clara y fiable de la
actividad investigadora de cada país. Puede incluir, en principio, trabajos
realizados en los distintos países por investigadores extranjeros, aunque esto
no es un factor importante en Europa.
El listón actual para ser
considerado un país con tecnología propia, según Sachs, son 10 patentes por año
por millón de habitantes. Nuestra cifra actual es 4. Si se ajustan los datos de
estos cinco años a una línea recta por el método de mínimos cuadrados
(regresión lineal), se obtiene para España la recta de regresión:
y = 10.2 x + 123.8
en donde x es el tiempo en años
(1,2,3,...) y el año 1 corresponde a 1997, e y es el número de patentes por
año asignadas a España por la USPTO. De esta ecuación se puede estimar cuando
se alcanzará el objetivo de las 400 patentes por año para todo el país, si
sigue el actual ritmo de crecimiento. El listón se alcanzará en el año 2023,
es decir, dentro de unos 20 años.
Las
rectas de regresión para los cuatro países se muestran en la figura 1.1. Se recuerda que estas rectas han sido
construidas con los datos para el período de cinco años 1997-2001. Las abscisas
1,2,3, ..., corresponden a los años 1997, 1998, 1999, ....; el valor 6
corresponde a 2002 y el valor 10 a 2006. Las ordenadas tienen valores iguales
al número de patentes concedidas dividido por cien, de forma que el valor 10
corresponde a 1.000 patentes, etc.
El
mayor ritmo de crecimiento en el número de patentes es el del Reino Unido el
cual, a partir de un número inicial relativamente pequeño (843 patentes en
1997), sobrepasará a Francia en el año 2006 con unas 5.500 patentes. Suiza
registra en la actualidad un número de patentes muy alto (cerca de 2.000) en
relación con su población (7,3 millones); parece claro que su ritmo de
crecimiento en patentes está básicamente limitado por su población. España
registra en la actualidad menos de 200 patentes por año, y su ritmo de
crecimiento es el más bajo de todos. Los ritmos de crecimiento están medidos
cuantitativamente por las pendientes de las rectas de regresión, y los
resultados son desalentadores para España: el Reino Unido crece con un ritmo 52
veces superior al de España; Francia con un ritmo 29 veces superior y Suiza con
un ritmo 11 veces superior.

Figura 1.1. Patentes asignadas
por la USPTO a los distintos países
De la tabla 1.1 sorprende el
hecho de que Suiza, un país de 7,3 millones de habitantes, tenga un número de
patentes por millón de habitantes 52 veces superior al de España, 3,5 veces
superior al de Francia y 6,5 veces superior al del Reino Unido.
La
USPTO mantiene datos sobre las patentes concedidas a los inventores
individuales, identificados por su país de origen. Por ejemplo, si la patente X
ha sido asignada a los inventores A y B, y si A es español y B francés, y el
trabajo ha sido hecho en Estados Unidos, esto cuenta como una asignación a un
inventor español y una asignación a uno francés, es decir, no cuenta para nada
el país en donde se ha llevado a cabo el trabajo. Estos datos indican con
bastante claridad la proporción de inventores de los distintos países que han
hecho su trabajo en la diáspora. Los datos son los siguientes:
Tabla 1.2.
Número de patentes concedidas por la USPTO en 1997-2001
a inventores individuales de los distintos países
|
Año |
España |
Suiza |
Francia |
Reino
Unido |
|
1997 1998 1999 2000 2001 |
239 363 340 378 424 |
1.407 1.638 1.706 1.803 1.913 |
3.467 4.320 4.472 4.621 4.942 |
1.435 2.075 3.872 4.748 5.062 |
|
Promedio
por año |
349 |
1.693 |
4.364 |
3.438 |
|
Promedio
por año por millón de habitantes |
9 |
233 |
74 |
58 |
El número de patentes asignadas
a inventores españoles es 2,25 veces superior al asignado a España (9/4); el
número de patentes asignadas a inventores suizos es sólo 1,12 veces superior al
asignado a Suiza; para Francia el factor es 1,25 y para el Reino Unido es 1,80.
Esto indica que los inventores españoles en la diáspora consiguen un número de
patentes por año, 195 (349-154), superior al de las patentes asignadas a
España, 154. Los inventores suizos se quedan casi todos en Suiza para hacer su
trabajo, los franceses se quedan en Francia casi en la misma proporción que los
suizos, mientras que hay un número considerable de británicos en la diáspora;
es decir, a las 1.908 patentes concedidas al Reino Unido hay que añadir las
1.530 conseguidas por los británicos que trabajan en el extranjero
(3.438-1.908).
Hay
que tener en cuenta que se asume la hipótesis de que las patentes asignadas a
los distintos países es por trabajos hechos por nacionales en sus propios
países. La fiabilidad de esta hipótesis varía según el país; por ejemplo, para
España la hipótesis debe ser casi exacta (¿cuántos científicos extranjeros
tienen plaza en propiedad en el CSIC o cátedras en las universidades?);
en Francia, cerca del 10% de los funcionarios-investigadores del Centre
National de la Recherche Scientifique (CNRS) son extranjeros; no tengo
datos para Suiza y el Reino Unido, aunque estos dos países tienen una tradición
muy abierta hacia los científicos y profesionales extranjeros.
Independientemente de la exactitud de esta hipótesis, las conclusiones
cualitativas son claras: los inventores españoles en la diáspora inventan más
que los de dentro de España (195 patentes vs. 154), luego siguen los británicos
con un número de patentes de la diáspora próximo al del interior (1.530 vs. 1.908),
luego Francia (875 vs. 3.489) y por último, Suiza (174 vs. 1.519).
Esto pone de manifiesto la gravedad de la
fuga de cerebros en el caso español, o lo que es lo mismo, la incapacidad del
país de crear estructuras eficaces de investigación y desarrollo. Parece claro
que la solución no es poner más dinero en las estructuras existentes, por su
demostrada ineficacia y estancamiento a lo largo de la historia, sino eliminar
estas estructuras (el funcionariado) y crear otras nuevas a las que asignar los
recursos crecientes del país.
En la figura 1.2 mostramos las rectas de
regresión correspondientes a los datos de la tabla 1.2, en la que se registran
las patentes asignadas por la USPTO a los inventores individuales de los
distintos países. El número de estas patentes es naturalmente superior al
número de las asignadas a los distintos países, porque incluye tanto las
patentes obtenidas por los nacionales que trabajan en sus países de origen,
como las obtenidas por los que trabajan en la diáspora. Como hemos comentado
antes, ambos números son casi iguales para Suiza y Francia (los científicos
suizos y franceses emigran poco), pero son muy distintos para los españoles y
los británicos.

Figura 1.2. Patentes asignadas por la USPTO a los nacionales de los distintos países
La ecuación de la recta de regresión para los
españoles en la figura 1.2 es:
y = 38.5 x + 230
la cual tiene un ritmo de crecimiento
(pendiente) unas cuatro veces superior a la de España en la figura 1.1. Esta
recta de regresión ya no tiene el aspecto de un electroencefalograma plano como
la de la figura 1.1. Los ritmos de crecimiento correspondientes a los
nacionales de los otros países con respecto al de los españoles ya no acusan
diferencias tan marcadas como en el caso de la figura 1.1: el número de
patentes de los británicos crece con un ritmo 26 veces superior al de los
españoles; el de los franceses crece con un ritmo 8 veces superior y el de los
suizos con un ritmo 3 veces superior.
Utilizando
la ecuación de la recta de recesión anterior, el criterio de Sachs
(cuatrocientas patentes por año para el conjunto de España) se hubiera
satisfecho para x = 4.4, es decir, para mediados del año 2000 (se
recuerda que x = 1 corresponde a 1997). Esto implica que si los
investigadores españoles de la diáspora dispusiesen en España de un entorno
equivalente al que tienen en el extranjero, España podría ser en la actualidad
un país con tecnología propia. La solución no es, como demanda el
establecimiento científico español al gobierno, repatriar a los científicos en
el extranjero para meterlos en las estructuras de investigación existentes, en
especial en el CSIC, sino crear estructuras nuevas no funcionariales y
entonces, sólo entonces, repatriar a aquellos que quieran volver. Por supuesto,
esto sólo sería una parte de la solución, porque el sector privado también
tiene que jugar un papel esencial en el proceso.
Es interesante
analizar las 173 patentes concedidas a España en 2001. Como es normal, algunas
de ellas no tienen ningún contenido científico o tecnológico (por ejemplo, un
diseño nuevo de un lavabo) y no se consideran.
El número más elevado de
patentes científicas y tecnológicas se concentra en el área de las ciencias
biomédicas o farmacéuticas, sobre todo en el desarrollo de nuevos fármacos
o moléculas con propiedades terapéuticas. Esto demuestra la incardinación de
esta investigación con el alto nivel de la medicina española y sobre todo con
el alto nivel asistencial de la seguridad social. Se nota la presencia en esta área
de investigación de compañías españolas, de las multinacionales farmacéuticas
establecidas en España, y del CSIC.
Algunos datos (por orden alfabético) son los siguientes: Antibióticos S.A., 4 patentes; CSIC,
1 patente; Estivill Palleja, Xavier, 3 patentes (Instituto de
Investigación Oncológica, Autovía de Castelldefells, Km. 2,7,
Barcelona); Glaxo Wellcome S.A.,
1 patente; Helsint, S.A.L., 1 patente; Isomed, S.L., 1 patente; Laboratorios
del Dr. Esteve, 2 patentes; Laboratorios Hipra S.A., 1 patente; Lilly,
1 patente; Masterfarm S.L., 1 patente; Novosalud S.L., 1 patente;
PharmaMar S.A., 4 patentes; y Vita-Invest S.A., 2 patentes.
En el área de la tecnología
industrial destacan dos compañías de ferrocarriles: Construcciones y
Auxiliar de Ferrocarriles S.A., 2 patentes; y Patentes TALGO S.A., 2
patentes. En esta área figura también el CSIC con 2 patentes. En el área
de la industria aeronáutica y auxiliar: Construcciones Aeronáuticas,
S.A.; 1 patente; e Industria de Turbo Propulsores S.A., 1 patente.
Luego vienen Repsol Química S.A., 2 patentes; y Telefónica S.A.,
3 patentes.
El déficit europeo en la
utilización de los avances científicos como base para el desarrollo de nuevas
tecnologías es un problema conocido, lo cual pone a Europa en clara desventaja
con respecto a los Estados Unidos. Pero esta desventaja europea alcanza niveles
extremos en España. Todo el mundo quiere ser funcionario y hacer investigación
básica y publicar artículos científicos, pero lo que sigue después no interesa
a casi nadie. La investigación básica y la publicación de artículos son
necesarias y esenciales para el desarrollo de la ciencia; pero ésta tiene que
resultar en un desarrollo tecnológico posterior. Si esta evolución de la
ciencia a la tecnología no se produce a un nivel mínimo adecuado, algo está fallando
de forma trágica y condenando a nuestro país al subdesarrollo tecnológico
perpetuo. En la figura 1.1 se observa con claridad el abismo tecnológico que
separa a España de Suiza, Francia y el Reino Unido, y cómo este abismo no podrá
ser superado nunca, si se sigue con las estructuras y políticas actuales. La
figura 1.2 (véanse también los datos de las tablas 1.1 y 1.2) muestra que los
científicos españoles en el extranjero, cuyo número desconozco pero que
obviamente es muy inferior al número en el interior del país, producen más
tecnología que todos los que trabajan en España.
En el apéndice se dan y se comentan datos cuantitativos
sobre la investigación científica básica en estos cuatro países; pero es útil citarlos aquí, porque
demuestran de forma tajante la relación entre la ciencia básica y la
tecnología. El Institute for Scientific Information (ISI) de Filadelfia ha definido 21 materias amplias en ciencias
biológicas (biología, inmunología, bioquímica, etc.), medicina, ciencias
físicas y químicas, ingeniería y ciencias sociales. Utilizando sus bases de
datos que contienen millones de artículos publicados en las revistas
científicas y técnicas más importantes del mundo, el ISI ha compilado una lista
de los 250 autores (científicos e ingenieros) más
citados en el período 1981-1999 para cada una de las 21 categorías. El Reino Unido tiene
337 autores más citados; Suiza, 75 autores; Francia, 114 autores; y España, 11
autores. Estos datos demuestran de forma obvia que los países con un alto nivel
de ciencia básica tienen también un alto nivel de tecnología, puesto que hay
una relación directa entre el número de autores más citados y el número de
patentes de cada país. De la misma manera que el número de patentes de Suiza no
guarda proporción con su población, el número de sus autores más citados es
igual al de Francia.
El gobierno español y el
de las autonomías deben controlar, por
medio de las asignaciones presupuestarias, las áreas en que se concentran los
recursos de I+D del país. Las áreas como las partículas elementales,
astrofísica, fusión termonuclear, etc., que se sabe no van a incidir
nunca de forma significativa en el desarrollo tecnológico del país, deben
concentrarse exclusivamente en las universidades públicas; y las áreas que pueden tener un impacto
obvio sobre el desarrollo tecnológico como la biología molecular, química,
otros campos más aplicados de física, electrónica, etc., deben concentrarse en
las universidades, en el CSIC, y otros
laboratorios públicos y privados. Pero el funcionariado debe eliminarse y
objetivos tecnológicos deben ser definidos de forma cuantitativa. La vieja
obviedad de que la investigación básica es la base de la tecnología debe ser
llevada hasta las últimas consecuencias, es decir, a desarrollos tecnológicos
concretos por instituciones tecnológicas en contacto con las instituciones
científicas. Lo que no puede permitirse es que persista la situación actual en
que sectores importantes del establecimiento científico español se aferran a
sus argumentos de que “la ciencia básica es esencial para la tecnología ...”, pero es que al final resulta que nunca
hay tecnología. Algo debe estar muy mal planteado en el campo de la ciencia
básica, cuando no desemboca en una tecnología vibrante como es el caso de
nuestros vecinos, Suiza, Francia y el Reino Unido.
El maridaje
ciencia-tecnología se produce de forma natural alrededor de las universidades,
cuando algunos de los profesores tienen el afán de aplicar los
resultados de sus investigaciones a fines prácticos. Citamos dos ejemplos, uno
europeo y otro americano.
En los
alrededores de la Universidad de Cambridge (Inglaterra) hay un núcleo de 1.600
empresas de alta tecnología denominado Silicon Fen. Aunque disponen de
tecnologías propias de vanguardia, no se han podido desarrollar grandes
empresas por las restricciones de planificación urbana impuestas por las
autoridades regionales y por la deficiente infraestructura de transportes.
Recientemente, la
multinacional farmacéutica suiza Novartis ha decidido trasladar su laboratorio principal
de investigación al área de Boston, por el caldo de cultivo o entorno
científico extraordinario que existe en Boston en el área de las ciencias
biomédicas y farmacéuticas; este entorno es debido, por un lado, a la
Universidad de Harvard y al Massachusetts Institute of Technology (MIT)
y, por otro, a los laboratorios de ciencias biomédicas y farmacéuticas de las
compañías privadas que se han instalado a su alrededor. Esto demuestra que las
universidades deben abrirse al exterior para alcanzar su plena función de
transferencia ciencia-tecnología.