Universidad de Stanford
Esta universidad es de un
interés especial, por la influencia que ha tenido en la emergencia del fenómeno
de Silicon Valley, una concentración muy elevada de industrias electrónicas
centrada en el valle de Santa Clara, situado a unos 50 kilómetros al sur de San
Francisco.
La
Universidad de Stanford, situada en Palo Alto, Condado de Santa Clara,
California, fue establecida por una Carta Fundacional redactada por su
fundador, Leland Stanford, magnate del ferrocarril, Gobernador de California y
Senador de los Estados Unidos, la cual fue aprobada por la primera Junta de
Gobierno (Board of Trustees) de la futura universidad el 14 de noviembre de
1885. La nueva universidad abrió sus puertas para el primer curso el 1 de
octubre de 1891.
El
matrimonio Stanford donó a la universidad la inmensa fortuna que el senador
había amasado, primero vendiendo provisiones a los mineros de oro, y luego
participando con sus tres socios en la construcción del Central Pacific
Railroad que se uniría con el Union Pacific para completar el primer
ferrocarril intercontinental.
La donación inicial incluía el rancho de 8.000 acres (unas 3.600 hectáreas) que los Stanford tenían en Palo Alto, y un capital de $21 millones para la construcción de los edificios y para asegurar el funcionamiento inicial. En la Carta Fundacional Stanford estipuló que la universidad nunca podría vender ninguna parte de sus tierras.
Es interesante para el lector
español recordar un poco de la historia de la California española relativa a
Palo Alto. A partir de la mitad del siglo XVI, los españoles establecieron una ruta comercial importante entre Méjico y las
Filipinas, y su interés en California era debido a que los galeones de Manila
navegaban a lo largo de la costa de California, con sus valiosos cargamentos
del Oriente, en la última etapa de la travesía del Pacífico hasta Acapulco.
Para proteger las manufacturas de seda de Sevilla, Felipe II decretó en 1593
que el comercio entre Méjico (oro y plata) y Manila (sedas y otras mercancías
de lujo de Oriente) se limitaría a un galeón por año. Para aumentar al máximo
los beneficios del viaje, el galeón iba cargado hasta los topes con mercancía,
la cual ocupaba espacio que debería haber sido reservado para agua y comida. El
viaje de Manila tardaba entre seis y siete meses, durante los cuales las
tripulaciones padecían horribles sufrimientos, debidos a la hambruna, la sed y
el escorbuto. Parecía necesario encontrar un puerto en la costa de California,
en el que el galeón anual de Manila pudiera recabar, para cargar agua y comida
y dar un descanso a la tripulación. Esto condujo al descubrimiento de la bahía
de Monterrey por Vizcaíno en 1603. Debe notarse que los vientos y las
corrientes hacían la navegación norte-sur relativamente fácil, mientras que era
muy difícil navegar en la dirección contraria.
La leyenda de Monterrey con su magnífico puerto natural, según Vizcaíno, permaneció en medio olvido. Esto fue debido a que las exploraciones iniciales no descubrieron ni oro ni un pasaje rápido hacia oriente, es decir, el mítico estrecho de Anián, que conectaba el Atlántico con el Pacífico. Más de 160 años más tarde, el Capitán Gaspar de Portolá, nacido en Balaguer, Cataluña, es puesto al mando de una expedición terrestre cuyo objetivo era encontrar y fortificar el puerto de Monterrey, avistado por Vizcaíno en 1603. Portolá no reconoció la bahía de Monterrey, pero descubrió en su lugar la bahía de San Francisco en noviembre de 1769. En su marcha hacia San Francisco, acampó a unos 50 km al sur, cerca de un secuoya gigante, que posteriormente fue designado como “el Palo Alto”. Este lugar de acampada está situado en un extremo del campus de Stanford. El Palo Alto sigue vivo y su efigie se utiliza en el anagrama de la universidad. El antiguo Camino Real (así se denomina también hoy) es en la actualidad una carretera urbana indescriptible con restaurantes, hoteles, y otros establecimientos variopintos, y separa el campus de Stanford de la ciudad de Palo Alto.
El mallorquín fray Junípero Serra fue contemporáneo de Portolá, y su
acompañante en la expedición de 1769, que se considera como el inicio de la
colonización española de California. Fray Junípero, el Apóstol de California
para los americanos, fundó una cadena de misiones desde San Diego a San
Francisco, y su tumba está al pie del altar en la iglesia de Nuestra Señora de
Carmel, Misión de Carmel (unos 80 km al sur de San Francisco), en donde se
conserva también parte de su biblioteca. La estatua de fray Junípero está en el Capitolio en Washington, junto a los
otros padres de la patria, y su biblia se usa en la ceremonia del juramento de
los gobernadores actuales de California. La veneración a fray Junípero es muy grande por su
ascetismo heróico, ya que cuando viajaba de una misión a otra se desplazaba siempre andando, a pesar de su
cojera debida a una úlcera crónica en una pierna. En su celda en Carmel se
conserva su camastro: unas tablas sin colchón.
Debemos señalar que el período de colonización
española de California, con su capital en Monterrey (Monterey con ortografía
americana), sólo duró unos 50 años, aproximadamente desde la expedición de
Portolá-Serra hasta su anexión por Méjico en 1821. A partir de 1807, cuando
Napoleón hizo prisioneros al rey Carlos IV y a la familia real, el contacto
entre España y California fue interrumpido casi por completo.[1]
La herencia española pervive en la cadena de misiones fundadas por fray Junípero, amorosamente
restauradas a su estado original por los americanos, ya que la secularización
de las misiones en la época mejicana las dejó en ruinas. Y en los nombres de los lugares: en la
actualidad Portola Valley es una comunidad residencial de lujo situada justo al
borde del campus de Stanford.
Es muy interesante reflexionar sobre la fundación de estas universidades privadas a finales del siglo XIX, Stanford y la Universidad de Chicago, fundada por John Rockefeller, de la que nos ocuparemos más adelante. Ambas nacen con vocación de perdurar hasta el fin de la civilización. Sus fundadores son hombres de relativa poca cultura, medida por los estándares de hoy, ya que no eran universitarios. Stanford, oriundo del estado de Nueva York, puede considerarse el más culto de los dos, ya que estuvo tres años como aprendiz en un despacho de abogados y ejerció luego la abogacía durante un tiempo breve (entonces no había facultades de derecho), antes de emigrar a California y dedicarse a los negocios. Esencialmente, la única formación que Rockefeller recibió, aparte de la escuela, fue su aprendizaje de contabilidad mientras trabajaba en una pequeña compañía. Sin embargo, el concepto inicial de sus universidades, basado en un espíritu de altruismo total, hace que ambos, con su inteligencia y sensibilidad naturales, sean capaces de buscar y encontrar a los asesores académicos idóneos, los cuales les ayudarán a contratar al personal clave adecuado para llevar a buen puerto la empresa, y crear grandes instituciones que perdurarán en el tiempo.
El
matrimonio Stanford fundó la universidad en memoria de su único hijo, Leland
Stanford Jr., muerto de fiebre tifoidea a los 15 años en marzo de 1884, en el
curso de un viaje de la familia por Italia. En la mañana en que murió su hijo,
al que había velado continuamente, Stanford cayó en un sueño intranquilo y al
despertarse le dijo a su mujer: “los jóvenes de California serán nuestros
hijos”.[2]
Estas palabras fueron el comienzo real de la Universidad de Stanford. A las
pocas semanas de la muerte de su hijo, los Stanford decidieron que, ya que no
podían hacer nada por él, utilizarían su fortuna para ayudar a los hijos “de
los otros”.
El
matrimonio Stanford regresó a América de su trágico viaje en mayo y, antes de
regresar a Palo Alto, visitaron las universidades de la Costa Este, Cornell,
Yale, Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Se
entrevistaron con el Presidente Eliot de Harvard, quién les aconseja crear una
universidad, y les asesora sobre los recursos necesarios, los terrenos, los
edificios y además sobre la necesidad de una dotación inicial de al menos cinco
millones de dólares.
La
idea de Stanford fue crear una gran universidad de nuevo cuño: coeducativa, en
una época en que las universidades sólo admitían a hombres; sin adscripción
religiosa y con un objetivo práctico: “formar a ciudadanos cultos y útiles”. Es
interesante notar que las ideas iniciales de los Stanford sobre la “educación
práctica” perviven hoy, ya que la universidad de Stanford es un vivero del que
han salido numerosas e importantes empresas, como describiremos más adelante.
Esta inclinación por la educación práctica estaba motivada por su experiencia
de que los jóvenes graduados universitarios de la Costa Este (con su educación
clásica en latín, griego, filosofía, etc.) eran de lo más inútil para triunfar
como profesionales en California. Sus
ideas sobre la educación no eran simplistas, como puede observarse en su
declaración: “Creo que la literatura es muy importante, no sólo para educar la
mente sino también para adquirir capacidad para los negocios. Para triunfar en
la vida, hay que cultivar la imaginación. Nadie puede construir nada que no sea
capaz de concebir.”
Expresó
también los objetivos de la universidad de la siguiente forma: “preparar a los
estudiantes para triunfar en la vida y para promover el bien público, por medio
de la adopción de los valores humanistas y de la civilización, e inculcar el
ideal de la libertad regulada por la ley. Promover el amor y la reverencia
hacia los principios de gobierno derivados de los derechos inalienables del
hombre a la vida, la libertad, y la búsqueda de la felicidad”.
Stanford
trató de contratar como primer presidente de su universidad al Presidente White
de la Universidad de Cornell, una de las principales de la Costa Este, situada en
el estado de Nueva York. Este no aceptó pero le recomendó a David Jordan,
presidente de la Universidad de Indiana, el cual aceptó el desafío y se
convirtió en el primer presidente de Stanford.
El Dr. Jordan, de 40 años de edad, era un zoólogo especialista en peces. A lo
largo de sus 22 años como presidente, la universidad creció y prosperó. Con el
ideal de crear algo nuevo, Jordan en su discurso ante los estudiantes el día de
la inauguración les dijo: “En el primer año de la universidad, es nuestro deber
como profesores y estudiantes poner los cimientos de una institución que
perdure tanto como la civilización... Ninguna tradición nos pone límites. La
dirección a seguir es adelante.”
Pero es interesante detenerse para relatar los graves escollos que la universidad tuvo que superar inicialmente. La primera clase estaba integrada por 559 estudiantes de ambos sexos, y el curso comenzó con 15 profesores, siete procedentes de la Universidad de Cornell. En el segundo curso, la facultad se expandió hasta 49 profesores. Siguiendo el modelo de Cornell, desde el principio se ofrecieron estudios de College (licenciatura) y post-graduados (tercer ciclo), con énfasis tanto en la enseñanza como en la investigación.
Inicialmente las dificultades fueron las esperadas: viviendas inadecuadas para los profesores, tardanza en la llegada de libros y microscopios de la Costa Este, etc., pero esto no fue nada comparado con los graves problemas que surgieron casi de inmediato. El Senador Stanford murió en junio de 1893, menos de dos años después de que la universidad abriera sus puertas. Como consecuencia, la universidad se vio envuelta en una crisis financiera muy grave. Hasta entonces, la mujer de Stanford había desempeñado un papel de apoyo a su marido, pero ahora fue ella la que tuvo que asumir la plena responsabilidad de las finanzas de la universidad. Y eso es lo que hizo con una fuerza insospechada.
Problemas
legales con la herencia del senador impidieron el acceso a la misma por parte
de la señora Stanford. Sus asesores le dijeron que tenía que cerrar la
universidad, al menos temporalmente. Después de dos semanas en reclusión, la
señora Stanford se reunió con Jordan y le comunicó su decisión de no cerrarla.
Ambos elaboraron un plan de supervivencia: reducción de gastos y de los sueldos
de los profesores, y congelación de la
contratación. La señora Stanford cobró una póliza de seguro por la muerte de su
marido de $10.000, y el tribunal le concedió una asignación de $10.000
mensuales mientras se decidía lo de la herencia. Estos eran los gastos que
tenía hasta entonces para sostener su tren de vida, con varias casas, criados,
coches de caballos, etc. Redujo sus gastos mensuales a $350, aproximadamente el
sueldo de un profesor, y entregó el resto al presidente Jordan para mantener la
universidad funcionando. Cuando esto parecía que resolvería la situación, en
mayo de 1894 el gobierno de Washington bloqueó la herencia indefinidamente al
reclamar $15 millones por préstamos hechos al Central Pacific Railroad. La
señora Stanford fue a Washington y apeló ante el presidente. Dos años más tarde
en 1896, el tribunal supremo rechazó la reclamación del gobierno sobre la
herencia de Stanford. El día de la publicación de la sentencia, los estudiantes
organizaron una manifestación de júbilo en medio de la lluvia. La señora pudo
finalmente disponer de la plenitud de la herencia en 1898, liquidó sus acciones
en el ferrocarril, y entregó $11 millones a la Junta de Gobierno de la
universidad. Como Jordan dijo, se había llegado al final de seis años “muy
largos”. Durante este período, añadió Jordan, “el futuro de la universidad
estuvo pendiente de un hilo: el amor de una buena mujer”.
En 1903, diez años después de la muerte de su marido, la señora Stanford entregó a la Junta de Gobierno el control de la universidad, el cual le correspondía como el único fundador superviviente, según establecía la Carta Fundacional. La Junta de Gobierno la hizo miembro y presidente de la misma. La señora proyectó dedicar toda su energía al programa académico, pero no iba a ser así. Murió en 1905 a los 76 años mientras se encontraba de vacaciones en Honolulu. Después del funeral, los estudiantes llevaron su féretro al mausoleo familiar en el campus, para su entierro junto a su marido e hijo. Se cerraba un ciclo en el que dos personas inspiradas por un ideal altruista habían creado un legado histórico valioso para las generaciones futuras de todo el mundo.
Como
se verá a continuación, hay diferencias
muy significativas entre Stanford y Harvard. Cada universidad es como un ser
vivo diferente, con tradiciones y objetivos propios enraizados en sus cartas
fundacionales. Su total autonomía ha hecho posible una evolución distinta que
responde a objetivos fundacionales distintos. Este dinamismo y diversidad
son, por definición, imposibles en sistemas centralizados y homogéneos, en
donde políticos y burócratas tratan de diseñar e imponer un sistema único que
no puede responder a las necesidades diversas de la sociedad. Lo de la
incompetencia de los políticos y burócratas no lo digo a la ligera. Los poderes
públicos, lo mismo que los fundadores privados, deben definir los grandes
objetivos de cada universidad pública (una por una), pero la consecución
de los mismos y la ejecución de las políticas necesarias para lograrlos tiene
que estar bajo el control de una Junta de Gobierno de la universidad que goce
de autonomía total y permanente del poder político. Por autonomía total
se entiende todo: régimen de gobierno, planes de estudios, política de
admisión de estudiantes, política de permanencia de estudiantes, política de
nombramiento del profesorado, selección del rector, creación y eliminación de
carreras, concesión de títulos propios, etc. El control de los poderes públicos
se ejerce de forma global y natural a través del presupuesto.
La
tradición de Harvard está enraizada en la formación humanista de pastores
puritanos y personal del gobierno de la colonia de Massachusetts. Este énfasis
en la educación humanista pervive con claridad hasta el final del siglo XIX, en
el que el College sigue siendo el núcleo de la universidad, y en el que las
facultades post-graduadas se empiezan a organizar. Pero todavía hoy la idea de
Harvard está asociada con una educación humanista general (manifestada en su
título principal del College, el Bachelor of Arts, AB), con la facultad de
derecho, con la facultad de administración pública y, más recientemente, con el
departamento de física, la facultad de administración de empresas, y la
facultad de medicina. Los graduados de Harvard más prominentes en la sociedad
americana son “generalistas”: políticos, abogados, directivos de empresas (y no
empresarios), profesores de universidad, etc.
La tradición de Stanford surge en California, un estado nuevo y sin desarrollar a finales del siglo XIX, que requería ingenieros y empresarios, en palabras de Stanford, graduados con “educación práctica” y no eruditos en latín, griego y filosofía, como eran entonces los graduados de las universidades de la Costa Este. Stanford, desde el primer año de funcionamiento, arranca con las dos secciones: estudios de licenciatura (undergraduate studies) y estudios post-graduados profesionales (graduate studies). La importancia de la educación humanista se reconoce explícitamente y forma parte de todos los estudios de licenciatura, pero el énfasis se pone en ingeniería y en la creación de empresas. El objetivo es lograr una formación técnica avanzada, al mismo tiempo que una educación social y cultural, necesaria para los ingenieros en una sociedad moderna. Debe notarse que hay licenciaturas en historia, ciencias políticas, lengua y literatura inglesa, etc., pero Stanford no es famosa por estas áreas. La política de la universidad fue expuesta recientemente por el presidente Hennesy, el cual, al ver una valla publicitaria que decía “Olvídese del francés, enseñe a su hijo a leer las cotizaciones de bolsa”, escribió sobre la necesidad de la educación humanista y sobre la diferencia entre educación y formación, resaltando la importancia de la educación en humanidades como fundamento para toda la vida. La formación técnica, al contrario, tiene una vida más corta debido a la rapidez de los cambios tecnológicos.
Los
estudios de licenciatura (undergraduate studies, la denominación college no se utiliza en Stanford) en
ingeniería resultan en títulos específicos: Bachelor of Science (SB) en
Ingeniería Química, en Ingeniería Civil y Medioambiental, en Ingeniería
Mecánica, en Ingeniería del Petróleo, en Ciencias de Materiales, en
Informática, etc. Como se especificará en lo que sigue, Stanford es el vivero
de empresas de alta tecnología más importante del país, algo que la distingue
marcadamente de Harvard.
Gobierno
de la universidad. La Carta Fundacional de la universidad estableció
la Junta de Gobierno (Board of Trustees), compuesta por un máximo de 35
miembros, cuyos poderes principales son: el nombramiento del presidente, la
custodia del capital (endowment) y de todas las propiedades, la gestión de las
inversiones, el establecimiento del presupuesto anual, y la elaboración de las
políticas de funcionamiento y control.
El presidente
de Stanford es ayudado en el gobierno académico de la universidad por un
gabinete, el cual está integrado por los decanos de todas las facultades. El
presidente nombra también a varios administradores, cuya misión es ayudarle en
la gestión de las cuestiones no académicas de la universidad. El personal
administrativo está integrado por 7.466 personas.
El presidente
actual de Stanford, John Hennesy, fue nombrado en septiembre de 2000. Por lo
que revela sobre el carácter y orientación de Stanford, es interesante dar
algunos datos de su curriculum vitae. Hennesy obtuvo el título de
licenciado en ingeniería eléctrica en la universidad de Villanova en 1973, y un
master y un doctorado en informática en 1975 y 1977, respectivamente, en la
universidad del estado de Nueva York, Stonybrook. Fue a Stanford en 1977 como
profesor en la facultad de ingeniería eléctrica. Durante un permiso de ausencia
de la universidad en 1984-1985, fue co-fundador de la empresa MIPS Technologies
Inc. Volvió a Stanford y fue nombrado full profesor (catedrático) en
1987. Sus intereses profesionales incluyen arquitectura de ordenadores, VLSI
(circuitos integrados a gran escala), y diseño e implementación de lenguajes de
programación. Sigue luego su progresión a través de una vía que puede
designarse como de administración académica: director del Computer Systems
Laboratory, jefe del departamento de informática, decano de la facultad de
ingeniería, provost (vicepresidente académico de la universidad) y
finalmente presidente.
Los profesores. Antes de entrar
en materia, es preciso indicar que la facultad de medicina dispone de un
hospital universitario único situado en el campus (Stanford Medical Center) y,
por consiguiente, el número de profesores de medicina es mucho más reducido que
en Harvard, con sus diversos hospitales asociados en el área metropolitana de
Boston.
Stanford opera
y administra para el gobierno federal el Stanford Linear Accelerator Center
(SLAC), un laboratorio nacional de física de alta energía con un acelerador de
partículas de dos millas de longitud en línea recta enterrado bajo tierra.
Tiene 43 profesores permanentes y un personal técnico y administrativo de apoyo
que asciende a 1.300 personas. Como otras grandes instalaciones de física de
alta energía, está a disposición de investigadores de todo el mundo, los cuales
realizan estancias de duración más o menos predeterminada para
llevar a cabo experimentos concretos. Esta instalación tiene un estatus
especial, y sus profesores lo son del SLAC y no del departamento de física; su
presupuesto corre a cargo del gobierno federal.[3]
Por último, hay
un instituto con un estatus especial y con un nombre grandilocuente, la
Institución Hoover para el Estudio de la Guerra, la Revolución y la Paz. Tiene
70 investigadores que se denominan asociados (senior fellows y
fellows) y no forman parte del profesorado ordinario de la universidad.
Dicho esto, el
total del personal académico asciende a 1.640 personas, en las que se incluyen
tanto los profesores ordinarios, como los de la facultad de medicina, SLAC y la
Institución Hoover. El sistema de nombramiento de profesores es bastante
distinto del de Harvard; en Stanford es mucho más normal que los profesores
contratados (tenure-line, en línea para nombramientos vitalicios) puedan
llegar a ser profesores vitalicios. La selección inicial de profesores
contratados es muy rigurosa.
La Junta de
Gobierno de Stanford ha establecido en 1997 el régimen de nombramiento de
profesores. Este es muy extenso y detallado, y comprende una gama compleja de
circunstancias y condiciones. Aunque un nombramiento vitalicio (tenure) tiene
normalmente su significado literal, en el reglamento se especifica que un
profesor vitalicio puede ser despedido en los supuestos siguientes: la verificación
de su incompetencia manifiesta, razones disciplinarias, una ausencia sin
permiso de larga duración debida o no a una discapacidad seria, y dificultades
financieras extremas de la universidad descritas específicamente en el
reglamento.
En términos
generales, un assistant profesor tiene un contrato por un plazo fijo, al
final del cual es considerado para un nombramiento vitalicio. Los profesores
vitalicios de su departamento votan individualmente a favor o en contra, teniendo en cuenta las cartas de recomendación
de profesores de otras universidades. La decisión del departamento a favor del
ascenso, unánime o mayoritaria, es comunicada al decano de la facultad, el cual
puede aceptarla o rechazarla. Dado que esto es una cuestión confidencial, el decano
no está obligado a dar las razones de su negativa a aceptar la recomendación
positiva del departamento. La decisión negativa del decano puede ser apelada
ante el provost (una especie de vicepresidente ejecutivo para cuestiones
académicas), el cual, si lo estima conveniente, puede referir el caso ante el
Consejo Académico, un organismo en el que se incluyen profesores de todas las
facultades. La recomendación del Consejo Académico, a favor o en contra, es
transmitida al presidente, el cual acepta generalmente dicha recomendación, con
lo que se pone punto final al asunto.
Por hacer una
comparación directa con Harvard, damos los datos sobre los catedráticos en
activo del departamento de física de Stanford. Estos son 23, de los cuales 20
(el 87%) obtuvieron el doctorado en otras universidades: dos de ellos son
antiguos profesores en el Instituto Lebedev de Moscú; de los tres catedráticos
que obtuvieron el doctorado en Stanford, uno de ellos tiene un nombre muy
conocido en España: Blas Cabrera, nieto del catedrático español de física del
mismo nombre en los años 30 y miembro de la Real Academia Española. Blas
Cabrera de Stanford alcanzó una cierta notoriedad hace algunos años, porque
realizó unos experimentos en los que se creía que había encontrado un monopolo
magnético. No fue así.[4]
En la selección
de profesores, como en Harvard, la nacionalidad del candidato no es ningún
escollo a salvar. Por ejemplo, el jefe actual del Departamento de Informática
(uno de los departamentos clave de la Facultad de Ingeniería) es Hector
Garcia-Molina, nacido en Méjico, en
donde hizo los estudios de ingeniería eléctrica (Instituto Tecnológico de
Monterrey). Obtuvo su PhD en informática en Stanford en 1979, y fue profesor en
el departamento de informática de la universidad de Princeton de 1979 a 1991, y
finalmente se incorporó a Stanford.
Los alumnos. Hay dos clases
de alumnos, los de licenciatura (undergraduate) que estudian para alcanzar un
título de Bachelor, y los post-graduados o de tercer ciclo (graduate)
que estudian para un Master o para el título máximo de PhD (doctor).
El número total de estudiantes en 1998 era 14.084 distribuidos de la forma
siguiente: 6.591 de licenciatura y 7.553 post-graduados.
Como en todas las
universidades privadas americanas de élite, el proceso de selección de los
estudiantes está basado en el mérito. Hubo 18.885 solicitudes para 1.606 plazas
de estudiantes de primer año de licenciatura. El 87% de los admitidos estaban
en el 10% superior de su clase de la escuela secundaria y casi la mitad tenían
matrícula de honor. La distribución geográfica de los nuevos estudiantes era:
California (37%), seguida por Tejas, Nueva York, Illinois, Oregon, Washington y
Nueva Jersey, y el 6% provenían de países
extranjeros. Es importante
señalar que Stanford
no usa cuotas de admisión para estudiantes basadas en la raza, la
religión, el sexo o la geografía.[5]
Siguiendo la
política pionera de Harvard en este respecto, Stanford ha adoptado una política
de admisiones ciegas, es decir, los estudiantes de licenciatura son
admitidos sin considerar los medios económicos de su familia. Esto da lugar a
que el 72% reciben ayuda económica en
forma de becas, préstamos a largo plazo, o empleos en la universidad (es
bastante común que algunos de los camareros en las cafeterías sean
estudiantes). En el curso 1996-1997 se concedieron $73 millones de ayudas a los
estudiantes, distribuidos de la forma siguiente: 77% en becas, 18% en préstamos
a largo plazo pagaderos después de la terminación de los estudios, y el 5% en
empleos durante el año académico.
Esta selección,
basada exclusivamente en el mérito,
resulta en que el 93% de los estudiantes matriculados en el primer curso
terminan sus estudios de licenciatura en cinco años o menos (el mínimo es
cuatro años). Por su interés, damos la distribución de los estudiantes
pertenecientes a minorías étnicas en la Clase del 2002: negros, 8%; de origen
mejicano, 9%; indios americanos, 1%; de origen asiático, 23%.
Es interesante mencionar a los estudiantes extranjeros,
por la luz que arroja sobre cómo se percibe Stanford en el mundo. En el curso
1998-1999, había 2.878 estudiantes extranjeros de los que el 74% eran
estudiantes post-graduados (de master y de doctorado), el 11% eran estudiantes de licenciatura,
y el resto eran post-docs (personas con el título de doctor que hacen una
estancia de investigación). Con respecto al total de estudiantes en la
universidad, los estudiantes internacionales constituían el 38% de los post-docs,
el 28% de los post-graduados y el 5% de los de licenciatura. Durante ya varios
años, el área de concentración de los extranjeros es, por supuesto, la
ingeniería.
Una diferencia importante entre las universidades
privadas de California y las de la costa este (Harvard, Princeton, Yale, etc.)
es debida al clima. El clima de Palo Alto, y en general de
California, es primaveral
durante todo el
año; es posible estar al aire
libre en camisa en diciembre. Esto resulta en una práctica generalizada de deportes
de aire libre por gran parte de la población, lo cual resulta a su vez en unos
programas muy importantes de deportes en las universidades. Las ligas
inter-universitarias en deportes como el fútbol americano, el baloncesto y el
tenis son de un nivel que no tiene nada que ver con el de las ligas
correspondientes en la universidades de la costa este. Para dar una idea, el
estadio de fútbol americano de Stanford tiene una capacidad de 80.000
espectadores y está, por supuesto, dentro del campus (fue utilizado en los
campeonatos mundiales de fútbol celebrados en Estados Unidos hace algunos
años). El partido de fútbol americano anual entre el equipo de Stanford y el de
la vecina Universidad de California, Berkeley, sólo es comparable a un partido
Barcelona-Real Madrid.[6]
Tratamos un tema no académico como éste por dos razones:
la primera es que Stanford recauda unos fondos considerables de las entradas a
los partidos de estas ligas; la segunda es que la población vecina muestra un
interés extraordinario por estas ligas deportivas. Este interés de la población
convierte a la universidad en un centro de atracción social muy importante. No
sólo en el tema de los deportes, sino también por la temporada de teatro,
conferencias de visitantes distinguidos, acceso a las bibliotecas, etc., todo
lo cual está abierto al público. Aunque parezca increíble a ojos europeos,
todas las instalaciones deportivas (canchas de tenis, piscinas, etc.) están
abiertas al público gratuitamente; por supuesto, cuando no están en uso
por los equipos de la universidad. Es común que cualquier persona acceda
a los vestuarios, se cambie de ropa, juegue al tenis, se duche, y vuelva a su
trabajo. En cierto sentido, la población vecina siente que la universidad es
algo suyo, lo cual resulta en donaciones multimillonarias por parte de
individuos para construir una cancha cubierta de baloncesto, una biblioteca,
etc. De ahí la expresión usada para referirse a las universidades: la sal de
la tierra.
En resumen, en Stanford hay becas atléticas. Se conceden
a atletas destacados de las escuelas secundarias y pagan el 100% de los
estudios completos de licenciatura. Los entrenadores de los distintos deportes
recorren el país en primavera para detectar y tratar de atraer a la universidad
a dichos estudiantes. Todo esto es como un círculo virtuoso: la gente disfruta,
los estudiantes-atletas reciben becas, y la universidad recauda fondos. Los
estudiantes con becas atléticas tienen un programa de entrenamiento muy
riguroso que puede llegar a las 20 horas por semana; como dice el refrán
americano: no hay tal cosa como una comida gratis.
El ideal de que los estudiantes de licenciatura vivan en
comunidad en las casas del campus no ha sido alcanzado en la misma medida que
en Harvard. Aunque casi el 92% de estos estudiantes viven en el campus, lo
hacen en condiciones diversas: en casas de la universidad con personal
académico residente, en dormitorios, en casas y apartamentos administrados por
los estudiantes, etc. Stanford tiene la tierra (3.600 hectáreas) pero Harvard
tiene el dinero.
El capital de Stanford. La tierra de Stanford (33,2
km2), cuya propiedad debe conservar a perpetuidad como manda la
carta fundacional, es utilizada por la universidad para sus fines
institucionales de la forma
siguiente: campus central y terrenos del SLAC, 7,2 km2; terrenos
para viviendas de profesores
y estudiantes, 3,6 km2; parque industrial y espacios abiertos, 18,9
km2; centro comercial de Stanford, 3,4 km2.
El parque industrial, denominado Stanford Research Park,
puede considerarse el origen de Silicon Valley. Fue creado en 1951 para
satisfacer la demanda de la naciente industria electrónica, la cual tenía una estrecha relación con la
Facultad de Ingeniería de la universidad. En aquella época, las finanzas de
Stanford no eran muy boyantes y muchos profesores tenían contratos sólo a
tiempo parcial, por lo que trabajaban en empresas de nueva creación cerca del
campus. Los estudiantes, al graduarse, empezaban a trabajar en dichas empresas,
y todo ello constituía un caldo de cultivo, una simbiosis idónea
universidad-industria. En la actualidad, en el parque industrial hay más de 150
compañías de electrónica, software, biotecnología y otras áreas de alta
tecnología. Ocupan más de 160 edificios con una superficie de un millón de
metros cuadrados, aproximadamente. La tierra se arrienda en contratos de larga
duración (típicamente 99 años), y las compañías son dueñas de los edificios
sobre la misma.
Por el mismo sistema de arrendamiento, se ha construido
un gran centro comercial en las tierras de Stanford, el Stanford Shopping
Center, el cual constituye otra fuente importante de ingresos para la
universidad.
En el año 1998, el capital de Stanford ascendía a $4,7
mil millones y la universidad recibió donaciones en metálico de $319,4
millones.
Ingresos y gastos. Recordamos que el número total de estudiantes es 14.000. El presupuesto de la universidad en 1998 se elevó a 1.500 millones de dólares (unos 270 millardos de pesetas). Esto incluye el presupuesto del SLAC, un laboratorio nacional de física de alta energía operado y administrado por la universidad con más de 1.300 personas en nómina, el cual no constituye propiamente una actividad académica; los fondos para el SLAC provienen enteramente del gobierno federal.
Las donaciones recibidas ascendieron a $319 millones, los contratos de investigación del gobierno sumaron $336 millones y otros contratos no gubernamentales importaron otros $63 millones. Aunque esto puede parecer jauja a primera vista, de hecho no lo es. Los contratos de investigación hay que ganarlos a pulso, hay que escribir propuestas para actividades de dos a cinco años de duración, éstas tienen que ser evaluadas y aprobadas por organismos nacionales ajenos a la universidad y, lo más importante, hay que obtener resultados. Si el rendimiento no es el adecuado, el profesor o grupo de profesores implicados no verán sus propuestas aprobadas en la próxima ronda, y otros grupos en cualquier universidad recibirán los próximos contratos. Es lo que se denomina tensión creativa. Nadie tiene nada asegurado permanentemente: la lucha por mantenerse a flote no cesa nunca. Hay que señalar también que los profesores en ciencia e ingeniería, y en economía, por encima de la necesidad de investigar y publicar, reciben un sueldo por 9 meses del año (los que dura el curso académico). Sin un contrato de investigación, no sólo carecen de los medios para investigar, sino que no cobran el equivalente de unos dos meses y medio de sueldo. La universidad permite en general a los profesores cobrar el equivalente de dos meses y medio de sueldo (de la misma cuantía del que cobran de la universidad), por el trabajo de investigación realizado durante el verano con cargo a un contrato.
Veamos algunos resultados de la investigación en Stanford, reflejados en los 23 premios Nóbel obtenidos por sus profesores:
2 en Medicina, entre los que señalamos el de Kornberg (1959) por la síntesis biológica del ADN y del ARN.
11 en física, de los cuales tres fueron obtenidos por profesores del SLAC por descubrimientos de distintas partículas elementales. Señalamos también el de Chu (1997) por métodos para enfriar y capturar átomos con luz láser.
4 en química, entre los que señalamos:
Flory (1974) por trabajos en moléculas gigantes o polímeros, constituyentes del caucho natural o sintético, fibras y plásticos.
Berg (1980) por investigaciones de la bioquímica de los ácidos nucléicos, en particular del ADN recombinante, base de avances posteriores en ingeniería genética.
5 en economía, entre los que señalamos:
Sharpe (1990) por un modelo de valoración de activos financieros, el cual se usa extensamente para asignar recursos y evaluar el rendimiento de inversiones.
North (1993) por la aplicación de teoría económica y métodos cuantitativos para explicar cambios económicos e institucionales.
1 en paz, ganado por Abrams y otros en 1985 por haber fundado la organización Médicos Internacionales para la Prevención de la Guerra Nuclear.
Folklore. Para comprender el carácter y la evolución de Stanford, es necesario hablar de Hoover, presidente de los Estados Unidos durante el cuatrienio 1928-1932, la época del derrumbe financiero de 1929 y del comienzo de la gran depresión económica de los años 30. Hoover fue miembro de la primera clase de Stanford y se graduó en 1895 con el título de AB (Bachelor of Arts), con concentración en ingeniería. De familia humilde, se pagó sus estudios en Stanford trabajando de mecanógrafo, ayudando en una lavandería y repartiendo periódicos. Al graduarse, trabajó brevemente de ayudante de minero y luego consiguió un empleo en las oficinas de una compañía minera en San Francisco. Más tarde, fue contratado por una compañía minera de Londres con actividades en varios países del mundo. Tuvo destinos en Australia y en China y, después de casarse en California en 1899 con una compañera de estudios de Stanford, regresó con su mujer a Peking en donde, al estallar la rebelión de los Boxer contra las concesiones extranjeras en 1900, tomaron parte en las acciones de socorro. Siguió una carrera independiente de ingeniero de minas, con oficinas propias en Londres, Nueva York y San Francisco. A partir de 1912, fue miembro de la Junta de Gobierno de la universidad y en 1914 construyó una casa en el campus de Stanford, porque tanto él como su mujer querían un hogar en California para sus dos hijos.
Es interesante señalar el significado de una formación en ingeniería, complementada por una educación en humanidades, como corresponde al título de AB (Bachelor of Arts) obtenido por Hoover. Antes de la primera guerra mundial, Hoover y su mujer dedicaron su tiempo libre durante cinco años a traducir del latín la obra De re metallica, publicada en 1556 y escrita por el hombre de ciencia alemán Georgius Agricola, el cual es considerado el fundador de la mineralogía. La traducción de los Hoover fue publicada en una edición privada en 1912, y en una edición profesional en 1950.
Habiendo
residido en Londres durante muchos años al estallar la primera guerra mundial,
Hoover inició una actividad de ayuda humanitaria que muchos consideran el logro
más grande de su vida. Poco después de 1914, consiguió que los aliados
permitieran el paso a través del bloqueo naval de ayuda humanitaria para
Bélgica y la zona del norte de Francia ocupada por los alemanes, los cuales
colaboraron en la distribución de esta ayuda a diez millones de personas. Al
entrar los Estados Unidos en la guerra en 1917, fue llamado por el presidente
Wilson para ponerse al frente de la producción y administración de alimentos.
Al terminar la guerra, fue nombrado por los gobiernos aliados para dirigir la
ayuda humanitaria en Europa, por medio de la cual se distribuyeron 23 millones
de toneladas de comida, ropa y medicinas.
Esto fue llevado a cabo mediante
la toma del control de las minas,
ferrocarriles, vías fluviales y puertos en la Europa del Este.
Testigo extraordinario de la hecatombe, Hoover organizó, durante la guerra y en la época posterior al armisticio, la recogida de documentos de todo tipo sobre la guerra de Europa y sobre los gobiernos, tanto establecidos como revolucionarios. Todos estos materiales históricos fueron depositados en Stanford y fueron el germen de la Institución Hoover para el estudio de la Guerra, la Revolución y la Paz. La impresión profunda causada por sus experiencias de la guerra moldeó sus ideas, a las que dio expresión en un librito titulado American Individualism (1922), en donde afirma: “nuestra sociedad está basada en los logros del individuo, pero se distingue de otras en que garantizamos a todos la igualdad de oportunidades, ..., libre de las divisiones de clase inamovibles.“[7]
Hoover fue elegido presidente de los Estados Unidos en 1928, cuando era el país más próspero del mundo. Esta prosperidad se derrumbó con el crash de la bolsa en octubre de 1929 y el comienzo de la Gran Depresión de los años 30.[8] Justamente o no, se hizo responsable a Hoover y su reputación se hundió. Cuando terminó su presidencia, su reputación en Stanford también se vio afectada; aunque los profesores más antiguos continuaron respetándolo, no fue así con las nuevas generaciones. Los más críticos fueron los profesores del departamento de historia. La famosa torre en el campus, sede de la Institución Hoover, por su forma peculiar fue denominada la última erección de Hoover. El departamento de historia inició una campaña para emascular a la institución, reduciéndola a un simple archivo y biblioteca al servicio del departamento. Los asociados (fellows) de la Hoover dejaron de ser considerados como miembros de la Facultad y sólo pueden enseñar si son invitados por algún departamento. Amargado por esta situación, Hoover retiró los documentos de su presidencia a su ciudad natal en Iowa y abandonó Stanford.
Una anécdota de la Institución Hoover fue su asociación con Alexander Kerensky, jefe del gobierno provisional de Rusia después de la caída del zar y antes de la toma del poder por Lenin. Kerensky, exiliado en Estados Unidos, estuvo algunos años en la Institución Hoover, invitado por el propio Hoover para organizar los documentos históricos de su gobierno. Murió olvidado en Palo Alto y la situación económica de su familia le obligó a vender sus papeles a la Universidad de Tejas.
La Institución Hoover está hoy en día considerada por algunos sectores de opinión como una institución de marcado carácter derechista. Sus archivos sobre la revolución rusa ocupan el segundo lugar sólo después de los de la misma Rusia. Recientemente, la Institución Hoover ha alcanzado un acuerdo con el gobierno ruso para recibir y archivar las actas de todos los congresos del partido comunista de la Unión Soviética.
Nuestro interés en recordar estos hechos es para poner de relieve la capacidad de universidades autónomas para desarrollar su propio carácter y generar actividades creativas únicas, lo cual es imposible en un sistema universitario centralizado y burocratizado.
Vale también la pena
recordar algunas personajes famosos que, después de haber ganado sus
laureles en otras universidades e
instituciones, fueron a Stanford a terminar sus carreras, atraídos
por el clima de Palo Alto, las magníficas casas en el campus que la universidad
facilita en condiciones ventajosas a los profesores, y por las posibilidades de
continuar su trabajo en un entorno productivo.
El primero de ellos es William Shockley, premio Nóbel de Física en 1956, por haber sido el co-inventor del transistor en Bell Telephone Laboratories de AT&T. Shockley fue contratado por Beckman Instruments de Palo Alto para fundar y establecer el Shockley Transistor Laboratory en 1955; ésta fue la primera empresa de semiconductores de Silicon Valley. En 1958 se unió a la facultad de ingeniería de Stanford, en donde estuvo hasta su jubilación en 1974. Shockley fue un personaje muy polémico y de carácter difícil; sus asociados en el Shockley Laboratory no pudieron aguantarlo y, como no eran funcionarios en una administración, abandonaron la empresa y fundaron sus propias compañías. Más adelante, Shockley comenzó a hacer estudios estadísticos en los que se comparaba el coeficiente de inteligencia (IQ) de la raza negra con el de la raza blanca, basados en datos recopilados por el ejército sobre los reclutas durante décadas. Sostuvo la opinión de que los coeficientes de inteligencia más bajos de la raza negra eran debidos a razones genéticas, y que el mayor índice de natalidad de la raza negra era un factor regresivo para la evolución de la raza humana. Se convirtió en persona non grata y, a partir de un cierto momento, no pudo presentarse en ninguna universidad a dar una conferencia, sin que los estudiantes se lo impidieran con sus abucheos y otras medidas de fuerza. Harvard y Yale prohibieron sus intervenciones como conferenciante.
Otro personaje
famoso que acabó sus días en Stanford fue Linus Pauling, premio Nóbel de
química en 1954, por su trabajo pionero sobre la naturaleza del enlace químico,
realizado cuando era profesor en el Instituto de Tecnología de California,
situado en Pasadena cerca de Los Angeles. Pauling aplicó la mecánica cuántica
para desvelar la naturaleza de los enlaces químicos. Su
obra, The Nature of the Chemical Bond, está considerada como el
libro de química más importante del siglo XX. Pero Pauling tiene otra faceta
que lo hace enormemente atractivo como ser humano. En la época más oscura de la
guerra fría, en los años 50 y 60, con el macartismo en pleno apogeo,[9]
desafió al gobierno y habló claro y alto y en público contra la guerra nuclear.
Sus esfuerzos para lograr la prohibición de los ensayos nucleares fueron
reconocidos al recibir el premio Nóbel de la Paz en 1962. Dejó un ejemplo de lo
que es luchar por un ideal, ignorando
por completo lo políticamente correcto. Su caso en cierto modo recuerda al de
Sakharov en la antigua Unión Soviética el cual, en la época de Brezhnev, habló contra la carrera de armas nucleares y
a favor de la coexistencia.[10]
Una figura conocida mundialmente, actualmente senior fellow en la Institución Hoover, es Milton Friedman, premio Nóbel de economía en 1976, por su teoría monetarista y por su demostración de la complejidad de las políticas de estabilización económica. Friedman obtuvo su doctorado en la universidad de Columbia en Nueva York en 1946, y luego se incorporó a la universidad de Chicago, en donde fue profesor desde 1946 hasta 1976. Se considera el fundador de la escuela monetarista de Chicago, en la cual se da una importancia especial a la masa monetaria (dinero en circulación) como instrumento de la política del gobierno y como causa determinante de los ciclos de la economía y de la inflación. Es un defensor a ultranza de la economía de mercado, la cual considera esencial para la preservación y la expansión de la libertad individual. Es un exponente de una filosofía desconocida en Europa: de tendencia derechista y conservadora de acuerdo con ciertos criterios, es al mismo tiempo un libertario que mantuvo en toda su vida su independencia ante cualquier poder. Ha sido, simplemente, un profesor. Una de sus obras más famosas es Capitalism and Freedom.[11]
Al retirarse de la universidad de Chicago en 1976, se incorporó como senior fellow a la Institución Hoover en 1977. En la actualidad, cercano ya a los 90 años, ha publicado sus memorias, Two Lucky People[12] , junto con su mujer Rose, coautora de algunos de sus libros.
Es esencial que mencionemos algo más de la historia de Stanford, sobre todo por lo que respecta a la cuestión de su financiación. Las universidades sin fines de lucro relativamente modernas, como Stanford y Chicago, son creadas por benefactores a finales del siglo XIX sin ningún apoyo público. La idea de los fundadores es que durante el período inicial las universidades se financien con las rentas o el uso del capital donado. Pero más adelante, las universidades deben financiarse a si mismas con los apoyos de todo tipo de la sociedad civil, y con o sin contratos de investigación del gobierno (no con fondos públicos fijos). El concepto es que, si no lo consiguen, no vale la pena que sobrevivan. La tradición de “yo te pongo en marcha, pero luego tu debes valerte a ti mismo” perdura hasta hoy. Uno de los ex-alumnos más famosos de Stanford, David Packard, co-fundador de Hewlett- Packard en 1939, ha aplicado esta filosofía filantrópica incluso con su familia. Para ayudar a dos de sus hijas, ambas biólogas marinas, pagó la construcción y equipamiento de un magnífico acuario en la ciudad de Monterey (Monterey Bay Aquarium) por un coste de $55 millones. Fue inaugurado en 1984. Pero antes de lanzarse al proyecto, preguntó “¿puede el acuario financiarse a si mismo con las entradas de los visitantes?”. La respuesta fue afirmativa, y por 1990 tenía cerca de 2 millones de visitantes por año.[13]
Después
del período inicial, durante la presidencia de Wilbur (1916-1943) llegó a su fin
la era en que la universidad podía financiarse con los ingresos de los alumnos
y con las rentas del capital fundacional. El valor de éste había disminuido
considerablemente como consecuencia de la inflación posterior a la primera
guerra mundial y de la gran depresión de los años 30. En 1934, se formó una
organización de ex-alumnos denominada “Stanford Associates” para recaudar
fondos para la universidad.
Durante
la presidencia de Sterling (1949-1968), se experimentó la prosperidad que
siguió al fin de la segunda guerra mundial y el aumento de la ayuda del
gobierno federal a la investigación, como consecuencia de la guerra fría. Esto
puso a Stanford en el grupo de universidades de prominencia nacional. Durante
estos años se construyeron muchos edificios importantes, entre ellos el
hospital de la facultad de medicina (Stanford Medical Center) y el acelerador
lineal subterráneo de dos millas de longitud (Stanford Linear Accelerator
Center, SLAC).
El
valor de las tierras de Stanford se hizo evidente con el crecimiento de la
industria electrónica de la zona, y resultó en la construcción del Stanford
Industrial Park y del Stanford Shopping
Center. A principios de los 60, se lanzó una campaña para recaudar $100 millones,
cuyo éxito comprometía a la Fundación Ford a donar otro tanto a la universidad.
El resultado fue alcanzado y esto puso a Stanford entre las seis mejores
universidades del país.
Pero esta época incluyó algunos de los años más duros de la guerra de Vietnam (1965-1972). La oposición de los estudiantes a la guerra fue violenta y se manifestó con continuas pintadas y roturas de cristales en los edificios de la universidad, ocupaciones de los edificios administrativos, etc. La tensión era muy alta. Se debía a que algunos proyectos de investigación aplicada tenían una finalidad de apoyo a la guerra. Sterling anunció su dimisión y dos meses antes de la misma, en septiembre de 1968, su oficina fue destruida por un incendio provocado.
El nuevo presidente, Pitzer (1968-1970), duró muy poco. La violencia y tumultos debidos a la prolongada guerra fueron en aumento y causaron su pronta dimisión. Lo sucedió Lyman (1970-1980), el cual fue capaz de controlar mejor la violencia en el campus, debido a sus reuniones a tumba abierta con los estudiantes más activistas. La situación financiera de la universidad no era boyante, por lo que Lyman introdujo un programa riguroso de control de costes y lanzó la “Campaña para Stanford” para recaudar $300 millones. Al cabo de cinco años, se recaudaron $132 millones para el capital de la universidad, y otros fondos para edificios, cátedras patrocinadas (endowed chairs, cátedras creadas a perpetuidad con el nombre del donante del capital necesario), y para ayudas económicas a estudiantes.
La presidencia de Donald Kennedy (1980-1992)
se caracterizó por dos acontecimientos: uno positivo para la universidad, y
otro bastante negativo. El positivo fue la Campaña del Centenario (1891-1991)
en la que se recaudaron $1,26 mil millones, el éxito más grande de recaudación
en la historia de las universidades hasta el momento.
El acontecimiento negativo fue la acusación contra Kennedy por la Oficina de Investigación Naval (órgano del gobierno federal responsable de la fiscalización de los contratos de investigación). Se le acusó de comprar muebles antiguos para la residencia oficial del presidente de la universidad (la antigua casa construida por Hoover), y de pagar estas compras con cargo a los gastos generales de los contratos de investigación. En julio de 1991, después de anunciar que la universidad reformaría la contabilidad de los contratos con el fin de mejorar la trasparencia en el uso de los fondos públicos, Kennedy anunció su dimisión. La disputa con la Oficina de Investigación Naval fue resuelta finalmente en 1994.
El presidente Casper (1992-2000) tiene la distinción de ser nativo de Alemania, donde obtuvo su licenciatura en derecho en la universidad de Hamburgo, su master en la facultad de derecho de Yale, y su doctorado otra vez en Alemania en la universidad de Freiburg. En los años de Casper, la universidad ya estaba muy consolidada, y es como si le lloviera el dinero de muchos donantes: David Packard y Bill Hewlett, dos de sus ex-alumnos más famosos (Hewlett-Packard), dan $77,5 millones para un nuevo complejo de ciencia e ingeniería; la fundación Gates dona los fondos para un nuevo edificio para el departamento de informática; el matrimonio Cantor dona los fondos para un Centro para las Artes Visuales, etc. Con esto llegamos al último presidente, Hennessy (2000-presente).
Esta historia
resumida ilustra la cuestión fundamental de la financiación de las
universidades privadas sin fines de lucro. La vitalidad y excelencia de una
universidad privada se mantienen con el apoyo financiero continuo de la
sociedad civil y, en menor grado, con el apoyo del gobierno federal a la
investigación. El hecho fundamental es que no tienen su financiación asegurada
ni por un capital estático y seguro, ni por los presupuestos generales del
estado. La lucha por recaudar los fondos esenciales para la supervivencia no
cesa nunca, y sólo tiene éxito cuando la sociedad juzga y valora los resultados
obtenidos por la institución. Si una universidad o centro de investigación
recibe la totalidad de su financiación del presupuesto del estado,
necesariamente se convierte en una burocracia estéril.
Mencionemos
algunos de los ex-alumnos notables de Stanford, del total de los 158.000 vivos.
Como hemos hecho con los de Harvard, la selección es subjetiva (también
excluimos a los políticos). En comparación con los de Harvard, se nota de forma
clara la presencia de fundadores de empresas importantes:
John Steinbeck, realizó estudios en Stanford en los años 20 sin llegar a terminarlos. Ganó el premio Nóbel de literatura en 1962. Fue uno de los más grandes novelistas de los Estados Unidos. Autor del clásico “Las Uvas de la Ira”, en el que describió la trágica odisea de una familia desposeída de granjeros de Oklahoma que se vieron obligados a emigrar a California durante la Gran Depresión, para trabajar como temporeros en las recogida de cosechas. En aquella época dramática, la Junta de Gobierno del condado de Kern prohibió “Las Uvas de la Ira” en las escuelas y bibliotecas públicas, y la asociación de empresarios agrícolas trató de extender, sin éxito, la prohibición. A pesar de esto, la novela ganó el premio Pulitzer y se convirtió en un enorme best-seller.[14]
William Hewlett y David Packard, ambos AB 1934; también
obtuvieron en 1939 el título post-graduado de ingeniero eléctrico. Fundadores
de Hewlett-Packard en 1939. Packard, fallecido en 1996, ha dejado la mayor
parte de su fortuna a la David and Lucile Packard Foundation (su capital en
1999 ascendía a $10.000 millones), dedicada especialmente al apoyo de
hospitales infantiles, a la educación, el control de la natalidad y el medio
ambiente. Hewlett, fallecido en 2001, también creó la William and Flora Hewlett
Foundation, la cual ha donado el 2 de mayo de 2001 $400 millones para aumentar
el capital de Stanford destinado a humanidades y ciencias. En Estados Unidos,
una persona puede testar a favor de obras o fundaciones benéficas, dejando a
los hijos una fracción de la herencia cuya cuantía decide libremente. Hewlett y
Packard fueron amigos y socios todas sus vidas. Su devoción a Stanford, su
alma mater, es legendaria. Siempre actuando juntos y con exquisita
sensibilidad, donaron en vida a la universidad más de $300 millones. La única
diferencia detectada en su servicio a Stanford es que Packard fue miembro de la
Junta de Gobierno (Board of Trustees) durante 15 años, mientras que Hewlett lo
fue durante 11 años. Las contribuciones de los dos matrimonios Hewlett y
Packard a la universidad sólo son comparables con las de los Stanford, el
matrimonio fundador.
William Rehnquist, AB 1948, LL.B. (licenciado en derecho) 1952, juez jefe del Tribunal Supremo.
Sandra Day O'Connor, AB 1950, LL.B. 1952, primera mujer juez del Tribunal Supremo
Derek Bok, AB 1951, JD (doctor en derecho) Harvard 1954, antiguo presidente de Harvard.
John Harsanyi, AB, ganó el premio Nóbel de economía en1994.
Dudley Herschbach, AB, ganó el premio Nóbel de química en 1986.
Charles Schwab, MBA, Presidente
y fundador de Charles Schwab Corp., el broker
en línea más grande de los Estados Unidos.
Vinton Cerf, AB, co-autor del protocolo de Internet, llamado “el padre de Internet”.
Ray Dolby, AB, diseñó métodos de reducción de ruido utilizados en sistemas de sonido.
Jim Plunkett, AB, ganador del Trofeo Heisman al mejor jugador universitario de fútbol americano. Durante su época gloriosa en los años 60, atrajo a muchos espectadores a los partidos de la liga inter-universitaria. La gente de Palo Alto, agradecida, dio el nombre “las duchas de Jim Plunkett” a los magníficos vestuarios construidos junto a las canchas de tenis con el dinero recaudado en los partidos.
Carleton Fiorina, AB 1976 (concentración en historia), MBA por la universidad de Maryland, SM (Master of Science) por MIT, presidente de Hewlett-Packard. Primera mujer que accedió a la presidencia de una de las grandes compañías de Estados Unidos.
Sandra Lerner y Leonard Bosack,
AB, fundadores de Cisco Systems. El trabajo inicial de desarrollo del hardware
y software especiales para conectar en red ordenadores variopintos lo
realizaron en el campus de Stanford. Como es bastante usual, los fundadores abandonaron
la compañía debido a su incapacidad para gestionar una empresa en fuerte
expansión.
Scott McNealy, MBA 1980, Presidente y co-fundador de Sun Microsystems en 1982. McNealy es un gran promotor de su compañía, especializada en redes con servidores y estaciones de trabajo con el sistema operativo Unix, y es conocido por su agresividad hacia Microsoft y Bill Gates. A veces, se ha referido a los PCs de forma despectiva, denominándolos “generadores de actividades inútiles”.
Jerry Yang, AB y MS 1990, y David Filo, AB 1990, fundaron Yahoo! en 1994, después de abandonar sus estudios de doctorado. Han resuelto el conocido problema de la falta de capacidad de gestión de los fundadores de una empresa de fuerte crecimiento, nombrando a un presidente y dándose a si mismos los títulos de Chief Yahoo y Cheap Yahoo, repectivamente.
Tiger Woods, AB, jugador de Golf.
También es de interés citar algunos de los profesores notables de Stanford:
Frederick Terman, AB (concentración en Química) e ingeniero eléctrico por Stanford, PhD (Doctor) en 1924 por MIT. Profesor, Decano de la Facultad de Ingeniería y Vice-presidente de Stanford, mentor de Hewlett y Packard, a los que animó a fundar su compañía. Estos establecieron en su memoria un fondo para apoyar la investigación de profesores jóvenes (Terman Fellows Fund). Está considerado como el “padre de Silicon Valley”, por su papel en la creación del Stanford Industrial Park en el campus de la universidad, y por haber estimulado a muchos profesores y estudiantes a fundar sus propias compañías.
Kenneth
J. Arrow, premio Nóbel de economía.
Gary
S. Becker, Senior Fellow at the Hoover Institution, premio Nóbel de economía.
Robert B. Laughlin,
premio Nóbel de física.
Douglas Osherof, premio Nóbel de física.
Martin Perl, premio Nóbel de física.
Burton Ritcher, premio Nóbel de física.
Myron S. Scholes, premio Nóbel de economía.
Henry Taube, premio Nóbel de química.
Richard E. Taylor, premio Nóbel de física.
El citar a profesores que han ganado el premio Nóbel no hace justicia a otros académicos eminentes en disciplinas para las que no existe este premio; por ejemplo, en matemáticas e historia. Lo interesante de esta relación de profesores eminentes es que se observa la ausencia del internacionalismo tan presente en la facultad de Harvard. El hecho geográfico de que Stanford está en la costa del Pacífico tiene probablemente su influencia: California mira más hacia Asia que hacia Europa.
[1] Walton Bean, California: An interpretive History, McGraw-Hill,
1973.
[2] Las citas relativas a la
historia de Stanford figuran en diversos documentos en el portal de Internet, www.stanford.edu.
[3] La existencia del SLAC y otros institutos universitarios que no tienen una misión universitaria tradicional de enseñanza e investigación, porque tienen una misión contratual específica y son financiados enteramente por organismos ajenos a la universidad, ha dado lugar a una figura típica de Stanford: la de profesores que, aunque con un contrato permanente por un lado, por otro no tienen un nombramiento permanente de la universidad. En resumen, si el gobierno federal suspende la financiación del SLAC, todo sus profesores y el resto del personal asociado se irían a la calle.
[4] Todos
los materiales magnéticos conocidos tienen dos polos, positivo o norte y
negativo o sur, de ahí su nombre en física, dipolo magnético. Lo que Cabrera
buscaba era un material magnético con un solo polo, es decir, un monopolo.
[5] Durante
casi dos generaciones, a partir de los 60, estuvo en vigor en California un
programa denominado de acción afirmativa, por el que las universidades
de élite establecían cuotas de admisión para estudiantes negros. En un
referéndum reciente (1996), California votó a favor de la eliminación de las
cuotas raciales de ingreso en las universidades públicas del estado. Algunos
estados, como California y el estado de Washington (en donde se aprobó un
referéndum similar en 1998), disfrutan de un régimen de democracia directa,
como en Suiza. Si reúne un número determinado de firmas, una iniciativa popular
puede ser sometida a referéndum y, si se aprueba, se convierte en ley. Una
definición útil de universidad de élite es la siguiente: aquélla que por su
reputación tiene muchas más solicitudes de admisión que plazas disponibles.
Aproximadamente un 25% de las universidades americanas son de élite, en el 75%
restante (como en las privadas españolas con fines de lucro) admiten a cualquiera
que se presente con un talón entre los dientes. No obstante, la diferencia
fundamental con respecto a algunas universidades privadas españolas laicas
persiste: las universidades privadas americanas no tienen fines de lucro.
[6] Aunque con mucho más espectáculo: en los 60 al inicio del partido se desplegaba sobre el césped un cañón de artillería antiguo y se disparaba (práctica suspendida por haber explotado el cañón y quedar gravemente herido el artillero), había una danza guerrera india ejecutada por un piel roja auténtico (práctica suspendida por ser políticamente incorrecta), desfiles de bandas de música, chicas pom-pom, etc.
[7] Enciclopaedia
Britannica,
1964.
[8]
Ningún acontecimiento
en la historia de Estados Unidos del siglo XX, ninguna guerra, ha dejado una
huella tan profunda como la Gran Depresión. A través de los descendientes de
los que la vivieron, su recuerdo está presente en la memoria colectiva del
país. Algunos comentarios de una estudiante becada de la Universidad de California
en Berkeley en 1936 revelan parte de la situación de entonces: “Muchos de mis
compañeros habían perdido a su padre. Se habían ido de casa en desgracia,
porque no podían mantener a la familia. Otros se habían suicidado, para que la
familia pudiera cobrar el seguro de vida. Algunas familias se desintegraron por
completo. Cada padre lo tomó como un fracaso personal”. [Studs Terkel, Hard
Times, Avon Books, Nueva York, 1971, págs. 131, 398]. Señalamos que el paro se elevó
al 25% de la población activa, y que
sólo en 1935 se creó el seguro de desempleo, a través de la nueva ley de
Seguridad Social. Véase también la nota 12 de pie de página del capítulo 3.
[9] El senador McCarthy saltó a la fama en 1950 (año del comienzo de la guerra
de Corea) cuando lanzó la acusación de que había 205 comunistas infiltrados en
el Departamento de Estado de Washington. Este fue el comienzo de su “cruzada”
anticomunista que duró hasta 1954. En este año, sus acusaciones sobre la infiltración comunista en el ejército
desembocaron en un debate televisivo de 36 días con el abogado que representaba
al ejército, en el que sus tácticas interrogativas, brutales y truculentas,
fueron expuestas a la luz y le desacreditaron ante la opinión pública. Poco
después fue censurado por el Senado, cayó en el alcoholismo y perdió por
completo su influencia ante el público. En los años del macartismo, las mejores
tradiciones sobre las libertades públicas fueron dañadas seriamente: gente
inocente perdió sus empleos, profesores universitarios fueron discriminados, se
confeccionaron listas negras de guionistas de Hollywood para su exclusión de futuras películas, etc.
[10] Andrei Sakharov, Progress,
Coexistence and Intellectual Freedom, Norton & Company, Nueva York,
1968.
[11] University of
Chicago Press, 1962.
[12] University of
Chicago Press, 1998.
[13] National Geographic, febrero de 1990.
[14] Walton
Bean, ob. cit.